martes, 12 de octubre de 2010

Estoy construyendo mi vida

Tengo 45 años. Tenía 11 años cuando el esposo de una tía, que vivía en nuestra casa en Managua, se metió en mi cama una noche y abusó de mí. Siguió haciéndolo durante no sé cuanto tiempo. Desde entonces he estado escondida y huyendo. Soy una sobreviviente de abuso sexual. Hace apenas un año decidí que debía parar y hacer algo con mi vida porque no podía seguir viviendo escondida, llorando, llena de dolor, de odio, de rabia, de miedo y de vergüenza, aterrorizada. Me acerqué a través del grupo Movimiento Contra el Abuso Sexual, con mucho miedo. Me costó mucho hacerlo. Vencer el miedo a hablar, desnudar el miedo y el dolor en que había vivido tanto tiempo ha sido un enorme triunfo.

Hablar de abuso sexual siempre es difícil. Pero para las mujeres de mi edad es mucho más. Cuando yo crecí ni siquiera se mencionaba el sexo en público, solamente para chistes de mal gusto, y el abuso jamás, mucho menos si era incestuoso. Crecí convencida de que había sido mi culpa, de que era sucia, mala, de que no servía, de que no merecía nada, sin confiar en nadie, avergonzada, sin entender que no era mi culpa. Debido a las circunstancias de este país, mi familia y yo estuvimos fuera varios años. El escape perfecto porque estuve fuera, lejos del abusador. Todo eso reforzó mi conducta de escape, de huida, de escondite.

Al regresar a Nicaragua, a los 17 años, me encontré con que tenía que ver al abusador. Pero también encontré un ambiente que propiciaba el consumo de alcohol e incluso lo toleraba como algo divertido. Fueron muchos años de escape en los que usé enormes cantidades de alcohol para vivir anestesiada del miedo y del dolor. El miedo a ver al abusador que vivía en mi propia familia y yo sin poder decir nada y el dolor y la vergüenza que he llevado todo este tiempo. Y sin embargo, funcionaba más o menos normalmente. Estudié, tuve pareja, tuve un hijo, me separé, comencé a trabajar, seguía bebiendo, tomando malas decisiones porque no me merecía tomar las buenas, con la autoestima siempre por el suelo. Las peores decisiones, a sabiendas de que me iban a dañar, pero de todas formas no importaba porque mi vida tampoco importaba. No hice el esfuerzo suficiente para lograr muchas cosas porque yo no valía la pena. Sé que muchas personas que me conocen me censuran todas las cosas que hice: tuve muchas parejas, bebía demasiado. Pero para mí eso no tenía importancia ni la tiene: lo peor no era eso, siempre fue el peso de vivir con ese secreto horrible, saber lo mala y sucia que yo era.

En algún momento, a inicios de los 90, se me vino el mundo encima y tuve la terrible necesidad de gritarle al mundo que yo había sido abusada. Se lo dije a mi entonces pareja y a mi familia más cercana. Nadie supo qué hacer conmigo, cómo ayudarme, y yo menos. Mi vida se destruyó otra vez y nuevamente hice lo único que sabía hacer, salir corriendo y esconderme. Me escondí con mi segunda pareja formal, con quien pasé quince años de mi vida. Otra vez una mala decisión a sabiendas de que era lo peor que podía hacer. Pero lo único que importaba era huir y esconderme debajo de una piedra, porque no me atrevía a darle la cara al mundo, estaba demasiado sucia como para que alguien me viera.

Ahora veo hacia atrás y veo todas las secuelas del abuso. Lamento no haber hablado antes, pero también estoy clara de que cuando lo hice no encontré apoyo sencillamente porque en esa época no había. Nadie sabía qué hacer ni cómo ayudarme. Logré sobrevivir a pesar de todo. Pero nadie me va a devolver todo lo que no viví. No voy a volver a tener quince, ni 20 años ni a alcanzar los sueños que no alcancé. La vida que perdí no la voy a recuperar. El dolor que me ha acompañado y que también he causado no lo puedo devolver a su lugar de origen.

Quisiera que la persona que abusó de mí fuera castigada por todo lo que me quitó, por todo el sufrimiento que me causó y por toda la vida que no viví, la vida que me desbarató. Que nadie crea que es una buena persona si no que es un delincuente, que ha destrozado sin remedio al menos una vida, mi vida. No sé si ese castigo pueda suceder.

Por el momento busco cómo curarme yo reconociendo las ventajas que tengo y las fortalezas que me ha dado el ser sobreviviente. A pesar de todo, siempre me las arreglé para ser buena estudiante, siempre tuve fama de inteligente, de producir muchas buenas ideas, y quien me conoce actualmente cree que soy una persona exitosa. Pero estoy clara de que no estoy reconstruyendo mi vida porque no hay nada que reconstruir, sólo hay escombros. Estoy construyendo una vida totalmente nueva, en la que me siento limpia, sin miedo y sin vergüenza, aliviada, tranquila, sin huir de nadie.
 
Autora: Soy Sobreviviente END - 19:12 - 10/10/2010.
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