miércoles, 10 de julio de 2013

Habla. Yo te creo. Yo te escucho.

Por: Alfredo González Reyes

Pero hoy usted y yo vamos a hablar de otra cosa. Porque hay muchos que no tienen voz.

Hay muchos que ni siquiera tienen boca.Hay quienes hablan, pero no son escuchados.
¿Quién los apoya? ¿Quién los defiende? ¿Quién los oye y les cree?Quiero hablarle de eso.
¿Están listos? Entonces comenzaré.



Yo soy sobreviviente de una experiencia de abuso sexual infantil.No me avergüenzo de decirlo. No es un “sucio secretito”. Tampoco se lo digo para que usted me tenga lástima y diga “ay, ¡pobrecitoooo!” o para apelar a su humanidad, recordándole de manera pedante y condescendiente, que (según algunos) este mundo es un abattoire (siempre he encontrado chocante la palabra “Matadero”).  Se lo digo por que es la verdad.

Es un hecho irrefutable que ocurrió decenas de veces, entre los 10 y los 13 años, perpetrado por un pariente cercano – usted lo sabe. A esa edad, nunca es un extraño.

Note usted que digo siempre sobreviviente, no víctima.

No me estoy exhibiendo. Esto no lo he ocultado nunca. Mis amigos y allegados lo saben.
Mi familia siempre lo supo.
Sólo soy uno, entre millones y millones que se suman todos los días.

Eso es lo que me da pánico y horror. Son millones. Y cada uno de esos niños o niñas, se siente solo en el mundo, aunque sea parte de una estadística que crece cada semana. Cada día. Cada año.

“Si dices algo, nadie te va a creer. Nadie te va a querer.”

Esto es lo que me decía mi violador todas las veces que me tocó. Nadie te va a creer. Y tenía razón. Nadie te va a querer. Cierto, así me sentía. Hace más de veinte años que terminó físicamente de hacerlo, pero las cicatrices que dejó siguen aquí. A veces no las veo. Otras, repentinamente se abren y supuran. Él era alguien en quien yo confiaba, alguien de mi familia, alguien a quien mis padres me enseñaron a querer.
Y resultó ser que tenía razón: cuando hablé, nadie me creyó. Y sentí que nadie me quería.

Todavía hoy hay quienes, aún en mi círculo familiar, no me creen.
Pero hoy ya no me importa que no me crean, o que no me quieran, tampoco.

Yo no vivo para ser querido. Me tiene sin cuidado. Ya no me importa.

Conforme te vuelves adulto, te vas fortaleciendo.
Es una mentira eso de que “lo superas y lo olvidas”. Eso no sucede.

No se te olvida nunca. Pero aprendes a vivir con ello. Es parte de tí.

Cuando te hacen esto, ya sea una sola vez o como fue mi caso en manos de ese sujeto, de manera repetitiva y sistemática, es algo que causa daño permanente, pero si tienes suerte y voluntad (¿ambas?) puedes crecer, hacer que tu horror se vuelva parte de tu fuerza: es parte de ti igual que tu lado luminoso. Te hace pensar no sólo en ti, sino en otros, otros muchos, que están expuestos.

¿Me entienden?

Por eso mismo, ahora pregunto: ¿Qué podemos hacer para ayudar a los niños? ¿Para prevenir esto? ¿Para detener a esta escoria?

Señalarlos. Hablarlo. Prevenir. No tener consideración ni piedad ni medias tintas.

El pedófilo no es un “enfermito”.
El pedófilo, el pederasta, es la peor clase de criminal alevoso que hay.

La imagen del agresor sexual que acecha a sus pequeñas presas en centros comerciales, parques de diversiones, o alrededores de colegios, es sólo una parte del cuadro. Hay mucho, mucho más. El violador no sólo está en la calle; como dije, en 9 de cada 10 casos, es alguien cercano, de casa. Alguien en quien el niño o niña confía: puede ser, por monstruoso que parezca, el padre, el padrastro, un tío, un primo o un amigo de la familia.

Lo que es peor; en el caso de familiares, muchas veces las madres y los padres lo saben y optan por ignorar la situación (en algunos casos está documentado que a veces son también víctimas del mismo agresor), por “guardarlo en el olvido”, de este modo voluntariamente colaborando con su mutismo a la destrucción del espíritu y de la mente de sus hijos.

Algunas veces pienso que mis padres no quisieron encarar esto, no por crueldad o mezquindad, sino porque es más fácil hacer como que “no sucede” para no tener que enfrentar su propio horror ante el fracaso de su responsabilidad. El silencio manda. La ignorancia es dicha. Es lo único que no está a mi alcance perdonarles. No porque no quiera. Es porque una cosa como estas está más allá del perdón (También está más allá del amor que les podamos tener a nuestros padres. Es complicado. Tal vez no lo entiendan, pero solo así me ha funcionado. Solo así puedo seguir siendo su hijo y queriéndolos, aunque nunca los perdone).

Hace algunos años, en Mayo de 2007, acudi como oyente al Primer Congreso Iberoamericano contra el Maltrato Infantil, bajo el lema: El Abuso Sexual Infantil, Un Problema Global.

Con este tema, se impartieron conferencias y se distribuyó material para alertar a la población, mas específicamente a los padres, a los maestros, a los amigos de menores en grave riesgo o inclusive, ya víctimas de abuso. Uno de los listados que UNICEF ha distribuido es el siguiente, que reproduzco ahora:

“Algunas señales que debemos aprender a ‘leer’ el abuso sexual en menores de edad”.

En la apariencia física:

- Dificultades para caminar o sentarse.

- Ropa rota, especialmente la interior o presencia de sangre en ella

- El niño empieza a tocarse mucho, jalarse el pantalón o la falda, repetitivamente.

- Trauma en los senos, nalgas, parte baja del abdomen, en los muslos.

- Embarazo.

- Durante juegos, clases de educación física, práctica deportiva, etc., hay movimientos que se le dificultan al niño o niña.

- Infecciones venéreas. La más común es el condiloma que se presenta como una verruga dolorosa que se deben tratar con cremas o cauterizaciones. Cuando el niño es portador lo acompañarán siempre, especialmente cuando se le bajen sus defensas.

En el estado emocional:

- El niño puede volverse muy retraído y silencioso, algunos desarrollan mutismo. O por el contrario, su comportamiento es agresivo y rebelde en exceso.

- Repentina caída en el rendimiento académico.

- Alucinaciones visuales, táctiles o sensoriales en general.

- Depresión permanente.

- Ponerse ropa sobre ropa, necesidad de utilizar muchas prendas de vestir para dificultar el abuso.

- Después de que el niño ya aprendió a ir al baño vuelve a la etapa de no poder controlar esfínteres. En algunos casos puede retener las heces para que el abusador sienta incomodidad y no lo intente nuevamente.

- Aversión al acto de acostarse, sueños alterados o con pesadillas, no quiere dormir solo, ni que lo dejen solo en su habitación.

- En relación con otros niños, sus relaciones son pobres: no participan en sus juegos .

- Son “muy buenos niños” porque se acostumbraron a complacer.

- No les gusta ir a visitar la casa de algún familiar o amigo. Quiere evitar los viajes familiares o las reuniones. Manifiestan angustia en presencia de algunas personas.

- Comportamientos y comentarios de adulto con referencias abiertamente sexuales.

Si conocen o sospechan de algún caso de abuso, investiguen, pregunten, confronten, denuncien.

La denuncia es el primer paso.

Si un niño les dice que algo sucede, créanle. Podrá parecer imposible, pero recuerden; la vida futura del niño depende de la confianza demostrada por parte de ustedes, los padres. Una vez perdida la confianza del niño, no podrán recuperarla del todo jamás. Lo digo por experiencia.

El abuso sexual es un crimen que se queda impune casi siempre por el silencio que lo rodea y el silencio es el peor de los cómplices, porque es el silencio avergonzado de quienes se suponen deben defender al niño. Es el fallo de los padres, que deberían de ser los protectores principales.

Consulten con organismos como UNICEF o www.pedofilia-no.org para saber de qué manera pueden ayudar.

Si conocen de un pedófilo, adviertan a los padres y mantengan una cercana atención a los niños. No importa que parezca alguien inofensivo, o incluso contrito, que alegue “enfermedad”. Advertir es un paso importante para proteger. No importa si es un familiar. O un amigo.

Enseñen a sus hijos a hablar claro. A no temer a decir la verdad.

Un espíritu roto puede volver a pegarse, me consta. Pero toma mucho tiempo y no siempre queda igual.

Hay algunos, más vulnerables, que no lo consiguen nunca. Muchos, muchos son los que se mueren en silencio, siguiendo sus muertes-en-vida sólo para no mortificar, tachados de mentirosos, señalados como criminales, mientras el verdadero predador es recibido por las familias incluso con genuino afecto. “Cosas de niños, ¿cómo creer algo semejante?” Lo digo por experiencia. Mi violador sigue suelto. Sus hijos se rehúsan a aceptar que les hizo lo mismo que a mí durante sus infancias. El que yo hable de esto abiertamente siempre que tengo oportunidad de hacerlo, ha provocado que mucha gente de mi familia me vea con incomodidad y pongan cara de “este cabrón, otra vez con lo mismo.”

No me importa. No voy a callarme por nada. No voy a olvidar nunca.

No sólo es por el niño finalmente indefenso que fui. Es por todos los demás que vienen detrás. Esto es algo que no puede seguir.

No debe.

No va a seguir.

No si abrimos los ojos y la boca y sacamos la verdad a la luz, más allá del pudor impuesto, la vergüenza o incluso el dolor oxidado, del rencor, del secreto familiar.

Si tu experiencia sirve para salvar a otro, entonces acaso el que nadie te creyera y nadie te quisiera, no fue en vano.

No te calles.

Y no te avergüences nunca. No es culpa tuya.


Habla. Yo te creo. Yo te escucho.



martes, 9 de julio de 2013

Recuerdos inciertos.

¿Porque recuerdos inciertos?, pues es sencillo.

Tras haber vivido una experiencia desagradable lo único que quiera era olvidar la pesadilla, no se bien cuando empezó, tampoco se como se mantuvo el mismo problema por tanto tiempo, lo que si se es que por mas que he querido pensar que solo fue una pesadilla se que sucedió, paso y fue horrible, el acto en si no es de mayor relevancia, los moretones, las heridas sanaron, el cuerpo se repone fácil, es mas al parecer físicamente no se me notaba nada, lo difícil es todo lo que conlleva, la confusión entre los sentimientos de afecto, de asco, de repulsión hacia un ser intachable, el mejor de su clase, ¡mi hermano!, el que me cuidaba, el que me quería y que estaba a mi lado siempre que me enfermaba aunque finalmente me enfermo mas.

Los recuerdos empiezan cuando mi papá me abrazaba y me tapaba en las mañanas cuando se iba a trabajar, los minutos mas ricos del día, el cariño mas grande del mundo, solo que crecí y lo hacia cada vez menos, yo anhelaba que el regresara y me abrazara pero ya no pasaba.

Una noche sentí que alguien me abrazo, ¡estaba feliz!, creí que era el cálido abrazo de mi papá pero no, este era un abrazo diferente, en lugar de cobijarme me destapaba, y ante eso no supe que hacer. Quede helada, pasmada y no entendía nada, ese día morí, solo recuerdo que era pequeña calculo haber tenido alrededor de los 7 años de edad cuando él, mi hermano mayor se coloco sobre mi empezando lo que fue una cadena de amargura, de llanto en silencio por las noches, noches completas sin dormir, bajo rendimiento escolar y regaños en casa siempre por ser una irresponsable que no iba bien en la escuela, que no cumplía con las tareas y que tenia que aprender a él que cuando estuvo en la primaria y en la secundaria siempre fue cuadro de honor, que nadie tenia que corretear-lo para que hiciera sus deberes, él, tan serio, tan recto, tan impecable, el mejor hijo que cualquiera quisiera y el hermano que todos envidiaban, el me compraba dulces en la tienda, pasaba tiempo cuidándome de mi otro hermano, el que supuesta-mente me maltrataba y me golpeaba solo él hacia caso para defenderme siempre que podía jugaba conmigo poco a poco esos juegos se convirtieron en acosos pero como quejarme si yo debía de ser como el porque era el mayor, el perfecto que me defendía de las injusticias que me hacia mi otro hermano, mi mamá nunca me defendió, a la que regañaba era a mi por estar cerca de ellos en una casa con serios problemas de hacinamiento en el que no existió jamás un espacio para mi, siempre me toco compartir mi espacio con alguien mas.

Así pasaron varios años, alguna vez mi mamá me pregunto si alguien me hacia algo pero yo por miedo porque era la oveja negra de la familia, siempre tan rebelde y mal portada con tan bajas calificaciones mejor no decía nada. Todo lo malo lo hacia yo, era de lo peor según decían en mi casa, mala influencia para otros niños de mi edad, siempre distraída y con ganas de jugar no de otra cosa solo jugar, algunos notando que era inteligente, algunos profesores de la primaria mandaron cita-torios a mi mamá, sabían que algo estaba mal en mi me mandaron al psicólogo pero ella nunca hizo caso, nunca me llevo porque no tenia tiempo.


Si mi hermano me tocaba las pompas o las piernas y yo le decía a mi mamá lo que ella decía era que yo tenia la culpa, que yo me había acercado aunque en la casa era muy complicado que no estuviera cerca de ellos, nunca tuve una recamara, todos los espacios de mi casa fueron violentados incluso el baño, mi hermano cuando me dejaban con el y yo entraba el se asomaba y se burlaba de mi, por años me sentí culpable, oprimida y con el tiempo el dolor incrementaba y los abusos de mi hermano ya no eran solo sexuales, me hizo sentir una persona sin valor, me decía golfa mientras me tiraba al piso y se aventaba sobre mi, su peso era mucho mayor al mío lo que me impedía moverme, nunca hubo nadie cerca y en las noches tenia miedo de gritar y despertar a mi mamá temía que me regañara me daba miedo, ya no solo era que me usara a su antojo sino que me insultaba y golpeaba como se le daba la gana, pero no, nadie me iba a creer si el me cuidaba cuando me enfermaba y me compraba dulces, era el hermano ejemplar era inteligente sabia cuando molestarme y sabia que le tenia fobia a los regaños de mi mamá.

Pasaron varios años cada vez con mas dolor tristeza y soledad, en automático de haber sido una niña alegre y sociable (aun mi mamá me reprocha por haber perdido ese encanto de la noche a la mañana), me convertí en una niña huraña y gruñona, pocas personas me soportaban, esas personas aun siguen con migo, dándome amor y viendo siempre la persona que soy en realidad, me quieren mucho, lo siento y me lo demuestran.

Hoy cuento mi historia que aun me provoca dolor y tristeza pero hoy se que es el pasado, han pasado muchos años, inicie terapia psicológica en el 2006 era otro secreto, en mi casa nadie sabia nada, es más, solo una a miga a la que le tenia confianza, mi terapeuta y un oso de peluche que fue testigo de todo supieron las cosas hasta hace poco, estuve 4 años en terapia y un día decidí decirle a mi mamá el tipo de hijo que tiene, le conté las cosas como fueron y lo único que hizo fue decirme que no le dijera a nadie esa reacción me la esperaba, pero ese tiempo de terapia me sirvió para decirle eso a mi mamá y que esa reacción de ese ser que debiera ser el que saca las uñas por sus hijos en ese caso no existiera y aunque si me dolió ver la preferencia una vez mas no me tiro, lo que si me dijo es que no le contara  a nadie ( cosa que ultimada-mente es mi decisión)  y mucho menos a mi papá porque quien sabe de que seria capaz, poco tiempo después deje la terapia, aunque no tarde mucho en regresar.

En el 2012 por medio de un ángel que llevaba ya varios años ayudándome mediante el blog haciéndome saber que había personas que salían adelante a pesar de haber estado muertas como yo, me contacto con otro ángel con quien entendí que soy valiosa y que luche arduamente lo que me hace sentir orgullosa de mi. Llegar hasta este punto no fue fácil, ya pasaron varias letras que resumen mucho dolor, varios eventos indescriptibles e imágenes en mi mente que pudieron aturdirme, hoy no puedo decir que el recuerdo se borro, ese sigue ahí y creo que no se ira nunca, la diferencia esta en que hoy ya no me limitan ni me aturden como antes, me duele esa niña herida, sola, triste y abandonada pero al estar bien yo, al haber enfrentado ese dolor hoy puedo decirme a mi misma que no estoy desamparada, que afortunadamente soy una persona inteligente, fuerte y capaz de enfrentarse a la vida.



Y si lo escribo hoy es porque a mi me sirvió saber que otras personas salieron de la pesadilla de algún modo y me gustaría que estas historias fueran cada vez menos.

El abuso sexual es un sometimiento injusto mas cuando se trata de un niño que no encuentra elementos para defenderse, crecí sin elementos pero busque ayuda y hoy me siento orgullosa porque fui yo la que busco salir del hoyo y lo conseguí, los recuerdos no se borran, se enfrentan y se superan.  

Anónimo.

domingo, 7 de julio de 2013

Santa

Crecí en una familia católica, en el santoral el día de hoy se celebra el día de Santa María Goretti (incluso creo que quisieron ponerme Goretti como uno de mis nombres, que bueno que no), quien murió por defender una virtud inculcada por la fe cristiana... A los 12 años su vecino intentó violarla pero ella se opuso y finalmente él la apuñaló, ella falleció en el hospital pero conservó su pureza.

Nunca me había hecho tanto ruido esto, tal vez sea porque junto con mi sanación emocional estoy en el camino de mi sanación espiritual. Lo siento como una cachetada en lo más profundo de esa parte de mi... ¿será otra faceta de la culpa? esa que nos rodea por la religión. Una de sus oraciones dice así:

"Señor Dios,
que eres fuerza de las almas inocentes y te complaces en los corazones limpios,
tú que otorgaste a santa María Goretti la palma del martirio en la edad juvenil,
concédenos, por su intercesión, la constancia en tus mandamientos, el perdonar a los que nos ofenden... y darnos a nosotros tambien, así como a esta virgen le diste la victoria en el combate, la posibilidad de que podamos librar el nuestro, tomados de la mano de Maria
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo y Señor Nuestro
Que vives y reina en unidad con el Espiritu Santo
Por los siglos de los siglos....
Amén"

... ¿martirio?... ¿victoria?
Pienso en mi abuela, que tanto me taladró con este tema... ¿acaso ella hubiera preferido que yo corriera con la misma suerte?
Y el tema del perdón... bueno, eso lo tengo claro, pasará si es necesario para mí... punto.

Sé que hay muchas personas que han encontrado en la religión el camino para sanar de los ASI y también hay quienes se han vuelto ateos, pero no es mi caso, no me considero atea ni encuentro paz en mi religión, en consecuencia siento un vacío que no he podido llenar. Ir a misa me incomoda, hacer una novena ni pensarlo y durante la semana santa me hago la muerta para que nadie me hable del tema, me molesta mucho tratar con gente que se da golpes de pecho en la iglesia pero que anda fastidiando al prójimo, y qué decir del asunto de pederastia en el clero...

En esta entrada de mi blog cuento un poco de mi historia al respecto


Creo que la vida de los santos en algunos casos son ejemplos de los cuales podemos tomar algunas cosas y aplicarlas a nuestras vidas, pero en este caso ¿qué haces cuando tienes 4 años? ¿qué haces después cuando ya estás atrapada en la celda que te han impuesto? ¿qué haces cuando te dicen que Dios tiene un plan para ti? ¿qué haces cuando te dicen que no desperdicies la vida que Dios te ha dado sufriendo por algo que ya pasó? Te dicen que el valiente vive hasta que el cobarde quiere, pero en el caso de los ASI... ¡¿QUÉ?!

¿Ya no somos puros? ¿ya no somos inocentes?

No escogí morir, no he perdonado... mi parte racional me dice que son palabras y creencias que provienen del medio en el que crecí, pero mi parte espiritual está en guerra. Son demasiadas las contradicciones.

En fin, una cosa la tengo muy clara: no tengo madera de santa... amén!


sábado, 6 de julio de 2013

Con el alma desquebrajada

viernes, 21 de junio de 2013

Guardar silencio, sentir culpa, no, nunca más.

Se levantó, la espalda estaba llena de arena, el rostro un tanto quemado por el sol y los pies húmedos, sí, estaba solo en la playa, quizá el único lugar donde podía encontrar un poco de paz, lejos de todo aquello que con frecuencia la memoria le provocaba una revolución de emociones. 

Imposible de olvidar el sentimiento de abandono y de rechazo, pareciera que desde niño he sido culpado, no aceptado por quienes debieron de haberme amado. Quizá por eso me he refugiado en mi propio mundo, donde de alguna manera he pretendido tener el control de lo que me rodea, pero no ha resultado hasta ahora. Algunas circunstancias similares a mis oscuros recuerdos me hacen actuar como antes, lastimándome de nuevo, pareciera que con la misma intensidad. Lo que para muchos es perder el tiempo y las oportunidades por la edad que no se detiene, para mí es todo lo contrario. Sé que retomar mi vida es en mi propio tiempo y entendimiento, con sus propios espacios, aunque quizá tenga que soportar el peso de la crítica por la lentitud de mis decisiones, claro, en la opinión de ellos. A partir de aquella ausencia de amor y lo que implicó como consecuencia, en la búsqueda de ser abrazado de niño, es decir, el abuso sexual, sé que todo se hizo diferente para mí, sí, muy complicado y confuso, es así como retomo mi vida y mis proyectos, desde una triste realidad, para poder edificar-me con gran fuerza, pero sí, duele mucho,  algunos días se hace insoportable», pensaba en su interior. 

Sin duda alguna, caminar solo es muy difícil vivir, yo le llamaría sobrevivir entre el pasado y el presente, un abandono que se hace más intenso, no permitiendo que lo más bello del interior fluya en armonía con la vida.
Creo que necesitamos de donde sostenernos, de quien alimentarnos, pero para ser independientes, conociendo y entendiendo nuestro interior, para retomar con fuerza, lo que quizá hemos abandonado, nuestra vida, una hermosa persona que otros han lastimado en la inocencia, cuando tan solo debimos de ser amados. 

Gracias a todos aquellos que trabajan por apoyarnos día a día, por ti y por mí, gracias Miguel Adame por tu constancia, por tu generosa entrega, por no olvidar que también nosotros somos seres humanos. 

 Guardar silencio, sentir culpa, no, nunca más.
Juan M. Castro
abandonadosenlaoscuridad.blogspot.com/

La herida que cicatrizo en la oscuridad


La herida que cicatrizo en la oscuridad.
Sobrevivir al abuso sexual infantil representa todo un reto. Una vida diferente a la de los demás, aprender a sobrellevar una herida profunda que sangra continuamente y cuya cicatrización tiene que llevarse a cabo en el silencio, en la soledad y en el llanto ahogado en la lágrima que solo rueda oculta por la oscuridad de la noche que parece interminable. 

La confusión de una niña que cree que es normal, que es parte de ser mujer, que todas las  mujeres son tocadas así por los adultos, que aun  y cuando hay algo en la parte inconsciente que dice que eso no es normal. es algo tan cotidiano tan repetitivo que se convierte en la única forma de ser tocada, en medio del dolor y la nausea y el auto rechazo al propio cuerpo que hace sentir que después de eso de que otra forma podría ser tocado, que toda sensación es mala, ya que al final se reduce al dolor ese dolor que arde, que quema por dentro que da nausea y un deseo de ser limpiada de todo eso de tallar tan fuertemente la piel, la carne, el musculo y limar el hueso  hasta desaparecer hasta  quitar la ultima sensación de asco y desprecio hacia sí misma.


Esa herida incomprendida porque no se ve, cuyo dolor es ignorado porque no sangra, y sin embargo supura tanta pus que produce un tumor que invade todo el cuerpo. Que cambia al llegar a la adolescencia, al percibir la mirada lascivia  y la admiración o los comentarios que hacen notar que es atractivo la sensación se agudiza aun mas, llegando incluso al deseo de mutilar los pechos, las piernas y las nalgas,  cortar el pelo, vestir masculina hablar rudo, destruir todo aquello que diga soy mujer, porque desde niña aprendí que ser mujer es sinónimo de vulnerable, sinónimo de ser un blanco de estar rodeada de letreros que señalan y dicen: atacar, vulnerable, débil, presa fácil, atacar, VIOLABLE, PUTA.

La llegada a la edad adulta no fue lo que soñé de niña, como el paraíso perdido donde nadie me dañaría, donde sería tan grande y fuerte que nunca más se repetiría la misma experiencia, y realmente no se repitió, no en la experiencia, si en las sensaciones la vulnerabilidad y la sensación de no tener nada que ofrecer como mujer por no poseer esa tan valorada virginidad que las tradiciones, la sociedad y la familia tanto inculcan en mi país México, que por ser mujer tienes que salir de blanco y derechito al altar. 

Pronto entendí que esa historia no seria para mí, eso es para las niñas bien, para las virgencitas, para las que son educadas con el cuento y las historias de la princesa, para las perfectas creía yo, no para las estigmatizadas por una herida que si bien no estaba en la cara, si en el alma y en un inexistente y codiciado himen cuya ausencia  según yo me desvalorizaba. Las primeras experiencias sexuales no fueron del todo desagradables sin embargo tenían algo distinto a aquello que yo conocí en mi lejana infancia era un toque distinto, había algo hasta entonces desconocido, creo que se llama amor, era un toque que tenia implicado cuidado, protección, afecto, sin el menor atisbo del deseo de dañar, me dejaban en la piel el deseo de seguir impregnada por el aroma, la sensación, el sudor, la caricia, la saliva y porque no decirlo de sentir el semen de mi pareja haciendo efervescencia, que distinto fue para mí todo aquello, sin embargo, surgió algo que hasta ahora entiendo, mi madre también fue violada, y mi mayor temor se manifestó, el temor de heredar eso como si se tratase de un gen dominante, algo que impregna cada célula, la posibilidad de tener un hijo o hija cuyo destino estaba escrito aun antes de ser concebido, el repetir la historia de su madre (yo) y de su abuela (mi madre), entendí entonces que la única forma de evitarlo, es evitar la concepción, hacer todo lo posible por no tener hijos, y si tenía una relación estable, naturalmente el hombre que compartiera mi vida querría tener hijos, que aberración, parir hijos que serán violados. INCONCEBIBLE completamente INIMAGINABLE.

Esta fue mi historia, cuyo origen no puedo cambiar, pero si el destino, aprendo de ella y crezco, me hago responsable de mi persona me empodero y valoro como mujer, que tiene mucho sentir, expresar, experimentar, que habita un cuerpo hermoso, sano, delicado y principalmente femenino.

  

Anónimo.

jueves, 20 de junio de 2013

Uno, Dos, Tres por mí por todos mis compañeros.


1, 2, 3 por mí por todos mis compañeros.

1, 2, 3 por mí por todos mis compañeros que están escondidos en el ropero, tras la puerta, bajo la mesa, bajo la cama, tras un trabajo excesivo, bajo la influencia de sustancias prohibidas, tras la fachada de “el alma de la fiesta”, bajo una montaña de antidepresivos, dentro de una talla XXXL, bajo un pseudónimo, en un blog…


Ya somos un millón tocando base, un millón que gritamos “ya pueden salir”, “ya pueden alzar la voz”. Un millón de visitas al blog, un millón de miradas, un millón de voces que ya no callarán, un millón de voces que hablan por los millones que aún no pueden hablar. Un millón de voces que han decidido decir NUNCA MÁS GRITOS SIN VOZ.

Nos aislaron, nos unimos.
Nos callaron, gritamos.
Nos amenazaron, denunciamos.
Nos ultrajaron, nos ponemos de pie.
Nos lastimaron, sanamos.
Nos traicionaron, somos leales con nosotros mismos.
Nos abusaron, prevenimos.


Somos un millón que estamos haciendo frente a los perpetradores y a sus encubridores porque ya nos hartamos de guardar el secreto y porque ya nos hartamos de ver más inocencias fracturadas.

Hemos decidido acabar con este flagelo que destroza vidas que apenas comienzan, uniremos nuestras voces para hablar de abuso sexual infantil, para hablar de prevención, para pasar la voz, para observar la aplicación de las leyes y para exigir leyes que protejan a niños y niñas.


Tenemos noticias para los perpetradores, ya no somos vulnerables, ya crecimos. Ya no estamos solos, estamos unidos. Ya no guardamos silencio, escribimos blogs, tenemos páginas de Internet, tenemos grupos en redes sociales, nos reunimos en domicilios particulares, restaurantes y cafeterías para hablar de abuso sexual infantil y prevención.


1, 2, 3 por mí y por todos mis compañeros que juntos estamos luchando para que no haya más niñas y niños escondidos en un rincón llevando pesados secretos en sus corazones.

1,000,000 de voces están gritando abuso sexual, nunca más.   

Muchas gracias.

Cony Diaz.


Se le debe creer

Los pederastas y pedófilos son como camaleones monstruosos que se ocultan fácilmente en la sociedad. Los hay de traje y corbata, de jea-ns y zapatillas, con ojos claros u oscuros, rubios o morochos, altos o bajos, gordos o flacos, con o sin hijos, familiares o amigos, vecinos o amigos, conocidos o desconocidos, mujeres o varones, no hay formas de distinguirlos, es por eso que debemos estar atentos a nuestro alrededor y a las señales que dan los mas chiquitos.

“Es sumamente importante saber que un niño es incapaz de crear en su mente un abuso sexual porque a tan corta edad la sexualidad no esta instalada en su cabeza, por eso inmediatamente se le debe creer”, afirman las especialistas consultadas.

A los pedófilos, en el noventa por ciento de los casos, les interesa contactarse con niñas que buscan a través de Internet. Crean un perfil falso en las redes sociales y se hacen pasar por un par, de esa forma logran el contacto que esperaban, ya que lo único que les interesa es obtener imágenes de ellas. Por lo general después de hablar un tiempo, el pedófilo, termina contando su verdadera edad y es ahí cuando la víctima se asusta y quiere cortar el vínculo. Pero muy rara vez puede lograrlo, ya que la amenaza con mostrar las fotografías que previamente le mandó.

“Los pederastas llegan a sus víctimas a través de regalos, amenazas, por su “encanto” u otras cuestiones. Lo cierto es que una vez que se consumó el hecho es muy difícil que los delaten, lo que hace que el abuso perdure en el tiempo porque la persona que lo sufre suele pensar que van a culparlo por lo que le pasó y prefiere no contarlo.