martes, 13 de abril de 2010

Los niños que se culpan a sí mismos...

Los niños que se culpan a sí mismos y a sus familias por haber sufrido abusos sexuales presentan unas mayores tasas de estrés post-traumático

Ésta es una de las conclusiones de una investigación realizada en la UGR en la que han participado 1.500 universitarias, el ajuste psicológico a largo plazo de las víctimas de abusos sexuales infantiles depende, en gran medida, de ciertos factores cognitivos y de la interacción entre ellos
Los niños y adolescentes que se culpabilizan a sí mismos (por ejemplo, pensando que el abuso se produjo debido a alguna característica suya) y a su familia (por ejemplo, pensando que deberían haber hecho más para protegerlo) por el abuso sexual sufrido en la infancia, recurren a un mayor empleo de estrategias de afrontamiento de evitación (por ejemplo, tratar de olvidar lo sucedido, tratar de dormir más de lo normal para no pensar en el problema, o el empleo de alcohol o drogas en el caso de adolescentes). Esto les provoca mayores secuelas a nivel psicológico: concretamente desarrollan unos mayores niveles de sintomatología de trastorno estrés post-traumático (TEP).


Éstas son algunas de las conclusiones de una investigación realizada por David Cantón Cortés, del departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la UGR, y dirigida por los profesores Fernando Justicia Justicia y José Cantón Duarte. Su trabajo –que han llevado a cabo en colaboración con la Universidad de Cambridge (Reino Unido)- ha analizado el papel desempeñado por diversas variables cognitivas en el desarrollo de sintomatología de estrés post-traumático en una muestra de víctimas de abuso sexual infantil (ASI).

Concretamente, los científicos han investigado el papel moderador de las estrategias de afrontamiento, de las atribuciones de culpa y de los sentimientos provocados por el abuso. Este trabajo ha demostrado que el ajuste psicológico a largo plazo de las víctimas de ASI depende, en gran medida, de ciertos factores cognitivos y de la interacción entre ellos, así como determinar bajo qué circunstancias (características del abuso) estos factores cognitivos tienen una mayor relevancia.

Para llevar a cabo este trabajo, los investigadores de la UGR realizaron una encuesta que, de forma anónima, contestaron 1.500 estudiantes universitarias. De este modo, lograron obtener información de un total de 160 mujeres que habían sido víctimas de ASI, las cuales compusieron la muestra de conveniencia final del estudio.

El trabajo de Cantón Cortés es pionero a nivel mundial ya que, a diferencia de estudios previos realizados, no solo analiza el papel de las variables cognitivas en el ajuste psicológico de las víctimas de ASI, sino que también lo hace en función de diversas características del abuso. Es decir, ha investigado las condiciones bajo las cuales estas variables cognitivas tienen una influencia más relevante en el ajuste.

A juicio del investigador, estos resultados “pueden ser de utilidad en la práctica clínica con víctimas de abusos sexuales infantiles, ya que permiten identificar tres áreas de intervención extremadamente útiles tanto por su relevancia en la adaptación como por ser susceptibles de cambio (estrategias de afrontamiento, atribuciones de culpa, sentimientos provocados por el abuso sexual)”.
Parte de los resultados de esta investigación serán publicados próximamente en la revista “Child Abuse & Neglect”, una de las revistas especializadas en el tema del abuso sexual infantil con una mayor relevancia e impacto.

lunes, 12 de abril de 2010

Ahora comienzo a vivir.

En 2008 escribí un artículo en esta columna titulado “Desde mi experiencia en el camino de la Sanación” para ese entonces me planteé muchas metas, hoy con mucho orgullo y con mucha ayuda comparto lo que hasta este momento he logrado.

Después de un tiempo de haber transitado por este proceso de recuperación emocional del abuso vivido en mi infancia, comienzo a sentirme VIVA. Es casi increíble poder hoy por hoy levantarme por las mañanas con energía, ver que amaneció y sentirme descansada; es una total delicia. Hoy siento que la luz del día ya no equivale a la tortura vivida de tener que despegarme sin fuerza alguna de la cama para poder ir a clases hace algún tiempo o al trabajo en la actualidad.

Hoy siento la fuerza no sólo para levantarme de mi cama por las mañanas sino también para hablar, para hacerme oír; siento una energía cada vez fuerte, energía que seguramente antes ocupaba para sobrevivir. El liberarme de las “piedras o montañas” que cargaba me permite hoy sentirme más ligera, más creativa, más amorosa, más viva. Hoy soy capaz de hablar del Abuso Sexual que yo viví y no solo de la teoría que me enseñaron en la universidad, hoy soy capaz de alzar mi voz y defender mis derechos, desde pedir un trato justo en el bus que me traslada diario a Managua, hasta decidir sobre mi cuerpo.

El camino no ha sido nada fácil, más de una vez pensé que no iba a lograrlo, muchas veces me dije a mí misma que era mejor morirme, sobre todo cuando me permití sentir la tristeza, la rabia y el dolor profundo por lo que me hicieron cuando apenas tenía siete años. Me dolió recordar a la niña que le temía a la oscuridad, a la niña que se sintió sola, abandonada y traicionada por las personas que supuestamente la cuidarían, me costó aceptar que nadie estuvo ahí para defenderme ante los abusadores, me he permitido enojarme con mi mamá porque no estuvo ahí; estoy aceptando que ella hizo lo que pudo conmigo y que no me pudo dar lo que a ella tampoco le dieron: Cuidado, protección y seguridad.

A lo largo del tiempo he podido ver que el abuso sexual era parte de una lista de temas entre muchos por los que tuve que pasar (extrema pobreza, violencia intrafamiliar, familia numerosa en hacinamiento, alcoholismo paterno, antecedentes de abuso ocultos en las mujeres de mi familia por el secretismo cultural en el que vivimos).

Sólo se necesitó de dos personas para que me marcaran la vida de manera terrible, pero he necesitado del acompañamiento personal y profesional de varias para poder hoy estar viva, más de veinticinco personas y contando para poder recuperarme de esa vivencia oscura, muchas de esas personas me llenaron de su luz y de su amor por la vida, otras me tendieron la mano cuando me hundía en el fango del pasado del cual creía que no iba a salir.

También necesité, como ya dije, del acompañamiento profesional de mis terapeutas, su acompañamiento incondicional y humano ha sido crucial en este camino, su muestra de sensibilidad ante el tema, su escucha en momentos de crisis y profundo dolor son impagables.

En conjunto con las mujeres del grupo me permití reconocer las secuelas que nos dejó esta cruel experiencia, juntas nos hemos acompañado por este vía crucis; a través de la práctica de la danza y del juego he aprendido que mi cuerpo podía sentir, pude demostrarme afecto, en estos espacios aprendí a arrancar las malas hierbas que sembraron en mí y comencé a sembrar flores en este terreno desolado, todas estas personas, espacios y momentos me han permitido poco a poco confiar, sentirme segura y poner límites, lo que hasta hoy en día sigue siendo una lucha.

Hago un llamado público a las personas para que nos sigamos sensibilizando ante el tema, pero sobre todo para hacernos co-responsables de lo que nos toca asumir, no podemos seguir haciéndonos los ciegos, debemos hacer todo lo posible y más para seguir creando un mundo libre de abuso sexual.

A los hombres (incluyendo a los representantes de Dios en la tierra) a que repiensen su ser hombre, es responsabilidad de ustedes trabajar el tema entre ustedes mismos. El alcohol y la violencia ya no pude seguir siendo su escudo o su escape, necesitamos verdaderos hombres que comiencen a repensar su ser hombre, por dicha hay muchos que ya están comenzando a abrir sus ojos y su corazón.

A nuestros gobernantes, a que implementen y mejoren la protección a nuestros niños/as, no solo bastan las buenas intenciones, necesitamos mucho más que una pista de patinaje sobre hielo una vez al año.

Soy una sobreviviente de abuso sexual que está logrando salir adelante, que está comenzando a sentir su fuerza, no me voy a callar, no me voy a detener, esta lucha la seguiré librando, sé y siento que no estoy sola, esta vez no.

Georgina Molina Rivera
END - 20:14 - 11/04/2010
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domingo, 11 de abril de 2010

la exposición del niño ante la justicia lo afecta .

‘Mi hijita Micaela (nombre protegido) me contó lo que el profesor de natación le había hecho y recordé que un año atrás, cuando tenía 3 años, había llegado escaldada y llorosa de la guardería. Nuestra odisea comenzó cuando decidimos poner la denuncia”, dice Cristina (nombre protegido), sobre el abuso sexual a su hija.

“Se debe crear conciencia social frente a la violencia sexual”, enfatiza Sandra Cervantes, del Consejo Metropolitano de Protección Integral a la Niñez y Adolescencia (Compina). “Las estadísticas nos muestran que por lo menos tres de cada 10 niños han sufrido alguna forma de abuso sexual en el país. Pero las denuncias en la Fiscalía son mínimas”.

“Cuando estaba en cuarto grado, el profesor Rodrigo quería manosearnos, a mí no pudo tocarme pero a mis amigas sí les manoseaba, él quería amarcarnos para poder escribir en el pizarrón. Cuando nos íbamos al baño él sabía ir atrás de nosotras para poder abusarnos. Creo que sigue manoseándole a su grado”.

El relato es de una pequeña de 11 años. Lo escribió a lápiz, en una hoja de papel, durante un taller en el Compina, luego de observar una película sobre prevención de abuso sexual.

En la Unidad de Vigilancia y Exigibilidad Legal del Compina se llevan casos de abuso sexual a menores que en su mayoría son víctimas de sus profesores.

“En la dinámica del abuso sexual el victimario es mayoritariamente una persona conocida por el niño, niña o adolescente”, refiere Cervantes. “Hablamos de más del 90% de los casos en los cuales el abusador es papá, padrastro, hermano, tío, amigo, profesor, jefe de culto, etc.; alguien que ejerce autoridad frente al niño”.

Ella identifica tres momentos: primero, la construcción de complicidad, con regalos, afectos y otros aspectos que ayudan a aproximarse a los niños. Después viene el abuso en sí. Finalmente, la amenaza. De esta forma, los niños no hablan, se sienten culpables. “No siempre es una relación sexual, pero manosear a la niña, tocarla, ya es un abuso”.

Cuando Cristina escuchó a su pequeña de 4 años no pensó en ir a la Policía. La llevó a una casa de salud en el sur de Quito. “Fuimos al reconocimiento del cuerpito con un médico, pero ese examen no fue válido. Nos mandaron a realizar otra vez el examen con un médico forense de la Policía”.

“En ese examen el médico no tuvo ningún cuidado. No la trató como a una niña, sino como una adulta. Le dijo ‘abra las piernas’ y para mí fue un ‘shock’, pero así se hizo la evaluación. El médico dijo que no hubo penetración, que ¿de qué me preocupaba? Me indigné con esas palabras pero me armé de valor y seguí con la denuncia a través del Cepam (Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer), ellos nos patrocinan”.

En el artículo 80 del Código de la Niñez y Adolescencia se señala que los exámenes médico legales a un menor se practicarán en estrictas condiciones de confidencialidad y respeto a la intimidad e integridad físicas y emocional del paciente. También que se prohíbe volver a someter a un niño víctima de alguna de las formas de maltrato a un mismo examen o reconocimiento médico legal.

Contempla además que los exámenes practicados por profesionales de establecimientos de salud públicos o privados tendrán el valor legal de informe pericial.

Hasta el 2008, el examen médico legal para víctimas de agresión sexual también se realizaba en el dispensario médico que operan en las instalaciones de la Policía Judicial. Para Fabián Pólit, quien se dedicó a esta tarea por 26 años, las pruebas se realizan con respeto y confidencialidad.

La fiscal Moreno reconoce que la primera evaluación en los casos de abuso sexual es la ginecológica. Posteriormente, se realiza “la valoración psicológica, que es un elemento muy importante, y que es tan científica como la médica, pero con la experiencia que he tenido no se valora mucho al examen psicológico”.

Para la psicóloga Martha Ortega, los procesos de evaluación médica o psicológica profundizan el trauma sufrido por la víctima en un abuso. “Reviven el momento una y otra vez, cada vez que las examinan o que les toman las versiones. Se revictimiza a los menores; a veces, más que el abuso, les trauma el profesional”, dice Ortega, doctora en psicología a cargo del Departamento de Psicología de la Dinapen en Pichincha.
Ella resalta la importancia de efectuar una evaluación psicológica con métodos especiales. “Utilizamos diferentes técnicas, trabajamos con muñecos, juegos, dibujos. Presentamos un informe técnico para que sea una prueba dentro del proceso legal”.

No todos los menores reciben un tratamiento adecuado. Al Departamento de Psicología de la Dinapen solo llegan los casos solicitados por la Fiscalía.

Cristina relata una experiencia traumática en la Fiscalía. “Estuvimos cinco veces en la Fiscalía para que mi niña reviviera lo que pasó, pero siempre faltaba alguna autoridad y no se hacía nada. Micaela estaba en tratamiento psicológico y revivir eso le hacía mal”, dice la madre y llora.

“Después la secretaria tomó su versión. Al profesor ni siquiera le llamaron a declarar. Saqué a mi hija de la guardería. Micaela no está bien todavía. Un niño le empujo en la nueva escuela y ella retrocedió emocionalmente, tiene miedo a todo. Duele que haya sido tratada como victimaria; que tenga que demostrar que fue la víctima. Es una niña pequeña, pero a nadie le importa”.

jueves, 8 de abril de 2010

EL ABUSO SEXUAL INFANTIL Y LOS JUECES

Los jueces no están dispuestos a juzgar este tipo de hechos. Se amparan en que en muchas ocasiones no es evidente el maltrato. Puede que los rastros físicos menores, como eritemas e incluso fisuras anales, sean atribuidos a los pañales y la higiene del niño, y que desgarros discretos en los labios vaginales sean juzgados como dudosos por algunos servicios médicos de urgencias.

Los jueces solamente contemplan la violación del menor como penetración y laceraciones importantes. No se han parado a informarse que el abuso a niños tan pequeños está más cercano a la seducción que a la violación física.

Tampoco se toman la molestia de pedir a sus psiquiatras forenses un análisis del estado mental del acusado (al igual que debería hacerse también con el acusador). Todo queda circunscrito a un rastreo superficial del victimario y de las condiciones de vida del mismo, pasando por alto que la mayoría de los abusadores infantiles de primera infancia abusan exclusivamente de sus hijos (casi siempre de las niñas), todos ellos tienen antecedentes de violencia de género, además de tener en su conducta hábitos de consumo de alcohol y cocaína.

Si la Justicia quiere saber lo que juzga ha de ampararse más en sus peritos psiquiatras y en la obligación de rastrear conductas de riesgo presentes y pasadas en el abusador. Y poner remedio social y sanitario. No creo que una condena penal arregle la situación. Lo que hemos de buscar es una imposición legal de tratamiento del victimario, amén del resto familiar de víctimas.

Precisamente porque el abuso de primera infancia se basa más en los tocamientos y en las coerciones verbales del abusador, no dejando apenas huellas físicas, y porque el menor no tiene credibilidad jurídica al declarar, he intentado diseñar un protocolo psicométrico de medida del Trastorno de Estrés Postraumático, que es la manifestación emocional al sufrir el trauma. En estos niños de primera infancia es diferente del de los adolescentes y adultos.

El abuso se sigue dando con la misma frecuencia, pero ahora la gente tiene más información y cree tener más derechos.

Es cierto que la afluencia a nuestro servicio de Psiquiatría Infantil sufrió un crecimiento exponencial: el primer año vimos 12 casos y el segundo 50.
Creo que se debe a que las organizaciones que “cuidan” de estos problemas se han sintonizado excesivamente con los jueces y circula el planteamiento de que “Si es verdad, ya se manifestará en toda su gravedad más adelante”. Estos profesionales han olvidado que el TEPT infantil por abuso pederástico deja secuelas indelebles, manifestándose en los trastornos del comportamiento graves de la adolescencia tales como el coqueteo con las drogas, las conductas de promiscuidad y riesgo y, por supuesto, en un fallo estruendoso en el paso a la edad adulta tanto en el plano académico como de adaptación social.

La falta de implicación y pusilanimidad por parte de los servicios sociales que han orientado a los jueces, motivando que todo se ralentice y se produzca una segunda y una tercera victimización del niño, que jamás ha sido explorado con detenimiento y, mucho menos, por los adultos que le rodeaban. Gracias a esta tibieza, durante este tiempo la mayoría de los abusadores ha seguido teniendo “el derecho inalienable de ver a sus hijos”.
La segunda victimización se produce cuando el denunciante no es escuchado, tratado como un delincuente potencial de levantar falsos testimonios y amenazado con perder la tutela de su hijo.
La tercera victimización la provocan aquellos servicios de detección que no se implican ni escuchan a las víctimas, enlenteciendo el proceso y volviéndolo insidioso.

De ser víctima yo también de la tibieza de los jueces que, al no proteger a la víctima condenando u obligando al abusador a tratamiento emocional y de drogas, permiten con ello que el agresor denuncie al perito. Es cada vez más frecuente la denuncia de los abusadores a los colegios profesionales y a los centros de trabajo, etc. A los profesionales que hacen peritajes de Psiquiatría-Psicología y a los de la Sanidad.

Se necesita tiempo y buenos profesionales para dirimir correctamente si ha existido abuso sexual. El menor ha de ser explorado lo más sutilmente que se pueda y en un solo proceso e, igualmente, han de ser observados quienes le rodean. Las sanciones al delincuente han de ser de tipo social y sanitario. Hay que empezar a olvidarse de las condenas penales.

Tal como están las cosas ¿vale la pena denunciar? ¿Hay suficientes garantías de que se resuelva favorablemente para los intereses del menor?

Hoy por hoy no hay garantías. Ya hemos hablado del dolor de la impotencia de sentirse desamparado durante años por la Justicia y de los que les siguen el juego. Y lo costoso del proceso. No nos olvidemos que muchos abogados sin escrúpulos han hallado en la tibieza y en la insidia de los jueces una mina de oro.

Entrevista a Isabel Quiles, publicado en Salud mental pertenece a Joan Montane Lozoya.

EL ABUSO SEXUAL INFANTIL EL ABORDAJE TEORICO

El abuso sexual infantil se considera una conducta en la que un menor de edad es utilizado como objeto sexual por parte de una persona adulta con quien generalmente mantiene una relación de desigualdad, sea en cuanto a la edad, a la madurez o a las relaciones de poder. Los abusos sexuales no son sucesos
aislados sino que ocurren a lo largo de mucho tiempo, meses o años. La sexualidad abusiva se produce en el momento en que el menor pierde el control sobre su propia sexualidad para ser instrumentalizado en beneficio del placer del adulto.

Lamentablemente, se trata de un problema universal presente en todas las culturas y sociedades.
El abuso sexual constituye un fenómeno complejo por las huellas profundas que deja en la memoria de la víctima ya que es una experiencia traumática vivida por el menor como un atentado contra su integridad física y psicológica.

Si la víctima no recibe un tratamiento psicológico adecuado, puede arrastrar sus efectos hasta la adultez.

La gravedad de esta situación suele favorecer su ocultamiento, sumándose a esto que la mayoría de lo abusos se producen sin testigos, por lo que la única vía para su revelación es la declaración de la víctima. Además, la condición de menor del abusado implica que pocos casos sean los denunciados, ya sea por su incapacidad para comunicarlos, por el miedo que sienten o por que no son conscientes de haber sido sometidos al abuso sexual.

A esto se agrega el hecho de que la mayoría de este tipo de abusos se produce en el interior de las familias o en círculos muy próximos al menor y frecuentemente se crean eficaces estrategias de ocultamiento induciéndole la idea de que lo que ha ocurrido es un secreto compartido.

Es decir que el silencio del menor obedece a diversos motivos entre los que se encuentran el miedo a no ser creído, los chantajes por parte del adulto, la vergüenza, los sentimientos de culpa, el temor, la manipulación que ejerce el adulto sobre su sistema perceptivo mediante la confusión. Respecto de esto
último, el menor es inducido a dudar de sus propias percepciones, a negar su autenticidad hasta lograr que no sepa qué está experimentando, cuáles son sus sensaciones reales, perdiendo la noción de lo que es correcto. Entonces, el menor se persuade de que la realidad más acertada es la del adulto que la interpreta para él y no la suya. Esta negación del propio sentimiento, a veces puede generar trastornos psíquicos de menor a mayor gravedad.

Con todo esto, los menores tienen graves problemas para comunicar esta experiencia con coherencia y de manera inmediata. No obstante esta falta de verbalización de los sucesos, es posible que el menor revele el abuso de manera enmascarada a través de síntomas de tipo psicosomáticos y conductuales.

La violencia puede provocar dolor físico y por tanto generar reacciones de rechazo, miedo o terror. Las segundas pueden ser de distinto tipo, hasta el punto de que algunos niños ni se percatan de que un adulto los ha tocado o los ha tratado de manera impropia.

Los tipos específicos de abusos sexuales pueden ser con o sin contacto físico.Cuando se producen sin contacto físico, se utiliza la exhibición, la masturbación delante del menor, observación del niño desnudo y/o la narración al menor de historias con contenido erótico o pornográfico. Mientras que se produce contacto físico mediante tocamientos, masturbación, contactos bucogenitales y/o penetración.

Un menor de edad víctima de abusos sexuales puede perder sus puntos de referencia afectivos y sufrir una alteración del equilibrio psíquico presente y futuro provocando la pérdida de su autoestima, la incapacidad de establecer relaciones afectivas armoniosas y las dificultades para acceder en el futuro a
una vida sexual y paternal satisfactoria.
Las consecuencias del abuso sexual a corto plazo son en general devastadoras para el funcionamiento psicológico de la víctima. Las consecuencias a largo plazo son más inciertas, aunque existirá una correlación entre el abuso sexual sufrido en la infancia y la aparición de alteraciones emocionales o de perturbación en los comportamientos sexuales durante la edad adulta.

Existen dos grandes tipos de indicios que pueden sugerir la existencia de abusos sexuales sobre un menor. Por un lado, los problemas conductuales como el fracaso escolar, la negativa a hablar o a interrelacionarse afectivamente con los demás, la tendencia a la mentira, la promiscuidad y la excesiva reactividad sexual, los ataques de ira, las conductas autolesivas, la a la fuga y el vagabundeo. En segundo lugar, se presenta dificultades como la depresión, la ansiedad, la baja autoestima, los sentimientos de impotencia, la desconfianza, síntomas psicosomáticos como la aparición de dolores en diversas partes del cuerpo, trastornos del sueño o deseo constante de refugiarse en él.

La mayoría de las víctimas infantiles de abusos sexuales tienen dificultades para crecer con autonomía, pueden tener excesos de estimulación debidas a las brutales manipulaciones y presentar emociones perturbadas o frustrantes que los dejan en un estado sensorial confuso y evanescente, con sentimientos de ser prisioneros de la voluntad ajena, sintiendo una constante amenaza.

Para los especialistas, todas las referencias sensoriales, afectivas y representativas se confunden cuando un menor es víctima de un abuso.Cuando un adulto usa su propia fuerza y poder, el menor no puede oponerse en un plano de igualdad. El adulto utiliza al niño como objeto sexual, asustándolo y sobreexcitándolo cuando aún no es libre de elegir, cuando aún no está en condiciones de simbolizar las experiencias a nivel cognitivo, de verbalizarlas y de valorarlas por lo que son. El impacto de la agresión sexual produce una petrificación emocional con consecuencias graves cuyos efectos pueden hacerse sentir durante muchos años.

Los especialistas explican que las víctimas quedan emocionalmente alteradas después de la agresión. Los efectos que se producen a corto plazo pueden ser los siguientes: reacciones ansioso depresivas, fracaso escolar y en la socialización y conductas violentas. Es decir que las consecuencias son las características de cualquier trauma, entre ellos, los pensamientos intrusivos, el rechazo a estímulos relacionados con la agresión, alteraciones del sueño, pesadillas, irritabilidad, dificultades de concentración, miedo, ansiedad, sentimientos de culpabilidad, que pueden materializarse físicamente en forma de dolores en algunas partes del cuerpo como el estómago o la cabeza.

Se han identificado además cuatro variables como causas principales del trauma por abuso sexual:

 a) la sexualización traumática, ya que el abuso produce una interferencia en el desarrollo sexual normal;
 b) la pérdida de confianza hacia el agresor y también al resto de personas cercanas que no fueron capaces de impedir los abusos;
 c) la indefensión, ya que la víctima se considera incapaz de defenderse ante cualquier situación provocando actitudes pasivas y de retraimiento;
 d) la estigmatización por los sentimientos de culpa o vergüenza, que minan su autoestima.

Respecto de los efectos a largo plazo, el trauma no solo no se resuelve sino que suele transitar de una sintomatología a otra. Los fenómenos más regulares son las alteraciones en el ámbito sexual, como la inhibición erótica, disfunciones sexuales y menor capacidad de disfrute, falta de control sobre la ira, hipervigilancia en el caso de tener hijos, incluso la adopción de conductas de abuso o de consentimiento del mismo y los síntomas característicos del estrés postraumático. Puede suceder también que el abusado experimente retrospecciones, la aparición de recuerdos traumáticos que se imponen vívidamente en contra de la voluntad, inestabilidad emocional, trastornos del sueño, hiperactividad y alerta constante. También puede ocurrir que la víctima se aísle, que se vuelva insensible afectivamente, que se produzcan trastornos en su memoria y en la concentración, fobias, depresión y conductas autodestructivas. A raíz del abuso del que ha sido víctima, el inicio de su vida sexual es traumático por lo que puede presentar sensaciones y conductas distorsionadas en el desarrollo de su sexualidad y trastornos de la identidad sexual.

Incluso las víctimas pueden olvidar las agresiones sexuales o tener recuerdos invasivos de los sonidos del acontecimiento y simultáneamente ser incapaces de recordar las imágenes o viceversa, o pueden recordar los sentimientos experimentados durante el abuso, pero no los acontecimientos exactos que los
provocaron.

Respecto de los abusadores, en términos generales, suelen ser del sexo masculino, heterosexuales y homosexuales, entre treinta y cincuenta años, -aunque pueden presentar conductas proclives al abuso sexual desde la adolescencia-. Su apariencia es la de una persona de inteligencia y vida normales. Este tipo de personas utilizan la confianza y familiaridad que tienen con el menor, acercándose mediante el engaño y la sorpresa como estrategias para someterlo y son individuos conocidos para el menor con los que tiene una relación de asimetría de algún tipo. El agresor sexual suele usar a los menores como sustitutos de adultos.

Se ha señalado que la personalidad del abusador que disfruta sometiendo a un niño y causándole sufrimiento, se encuadra dentro de lo que se denomina estructura psicológica perversa.

Sólo unos pocos pueden ser diagnosticados como psicópatas sexuales. Generalmente suelen ser personas razonablemente integradas en la sociedad sin antecedentes delictivos. Su actitud habitual ante el hecho abusivo es negarlo o minimizarlo, con el objeto de no ser identificado por la sociedad e impedir la intervención judicial ya que el abuso sexual de menores es un delito incluido en las legislaciones nacionales y también a nivel internacional que prevén sanciones con pena de prisión, en caso de condena.

Todos los días se producen actos de esta naturaleza, sin embargo, muy pocos y en contadas excepciones, salen a la luz y menos aún, se imparte justicia.

miércoles, 7 de abril de 2010

Resulta dañino revelar el abuso sexual después de cierto tiempo

La mitad de los sobrevivientes de abuso sexual esperan hasta cinco años antes de revelar que fueron víctimas, según un estudio en colaboración de la Université de Montréal, la Université du Québec à Montréal y la Université de Sherbrooke publicado en The Canadian Journal of Psychiatry.

"El número de víctimas que nunca revelan sus secretos o que esperar muchos años para hacerlo es muy alto", dice la co-autora Mireille Cyr, profesora de psicología de la Universidad de Montreal.

"Esto es lamentable, porque cuanto más tiempo se espere para revelar el abuso, el más duro y más duraderas serán las consecuencias.

" El equipo de investigación encuestó a 800 hombres y mujeres de Quebec y encontró que un 25 por ciento de los encuestados nunca divulgó haber sufrido abusos sexuales siendo niños.

Los científicos también encontraron un fuerte contraste entre los sexos: el 16 por ciento de las mujeres permanecen en silencio sobre los abusos, aunque el 34 por ciento de los hombres nunca comparten sus secretos.
La investigación encontró que el 22 por ciento de las mujeres y el 10 por ciento de los hombres declararon ser los sobrevivientes de abuso, que van desde abuso sexual hasta la violación, que es comparable a los resultados de estudios anteriores sobre el tema.

La angustia psicológica de las víctimas incluye ansiedad, depresión, problemas de concentración e irritabilidad.

Algunas víctimas sufren de trastorno de estrés post-traumático, algunas reviven el abuso psicológico mientras que otros han embotado emociones o se convierten en hiper-vigilantes.

Los datos sugieren que las víctimas son más propensas a denunciar a su agresor cuando él o ella es un extraño.

Lamentablemente, en la mayoría de los casos, los abusos graves, como la violación es cometida por amigos o familiares.

Esto es cierto en el 85 por ciento de los casos de las mujeres víctimas y el 89 por ciento de las víctimas masculinas.

La Profesora Isabelle Daigneault, del Departamento de Psicología de la Universidad de Montreal, realizó un estudio por separado encontrando correlación de la probabilidad de que las víctimas jóvenes se conviertan en las víctimas adultas de abuso sexual o físico.

Publicado en The International Journal of Child Abuse & Neglect, su muestra examina 9.170 mujeres y 7.823 hombres en todo Canadá.

Sus conclusiones son sorprendentes: las mujeres sobrevivientes de abuso sexual infantil son entre tres y cuatro veces más probables de ser víctimas de abuso físico o sexual cuando adultos.

"Es la primera vez que se combinan los datos sobre el abuso sexual durante la infancia y los problemas de relación posibles", dice Daigneault.

Los hombres sobrevivientes de abuso sexual infantil son tres veces más probables de ser víctimas de abuso físico siendo adultos.

Sin embargo, pocos hombres reportaron abusos sexuales siendo adultos, como para establecer una correlación estadísticamente significativa.

CUANDO LA LEY HACE VÍCTIMAS A LOS MENORES POR PARTIDA DOBLE





La historia de Miguel Adame es la de un ciudadano que, desesperado ante la impunidad del abuso sexual contra su hija, emprendió una lucha por castigar al responsable. Pero se topó con una pared: descubrió que la ley es una pesadilla
para los menores agredidos.
No se quedó cruzado de brazos. Decidió intentar lo que fuera para acabar con ese abuso de la ley y evitar que los menores fueran víctimas por partida doble. Sus amigos le decían que estaba loco, que nada conseguiría, pero no desistió. Después de casi cuatro años, logró que en la Cámara de Diputados se presentara una iniciativa de reforma para que los niños no sean obligados a carearse con su agresor y para que les permita denunciar el delito una vez que hayan cumplido la mayoría de edad. La idea es acabar con la violencia institucional que los hace víctimas por segunda ocasión.


... Un día de diciembre de 2006, el hombre se acercó a su nietade seis años y la acarició de una forma que la hizo sentir incomoda,En ese momento la familia explotó como un meteorito.
Miguel Adame, padre de la niña, sentía ganas de tomar al abuelo materno de su hija y hacerlo pedazos. Pensó en hacerse justicia por mano propia. Se detuvo a tiempo, prefirió
recurrir a la ley para castigar al abusador. Entonces conoció el otro abuso: el de la ley.
El padre de la menor, un hombre de clase media que trabaja en una firma financiera, tomó su auto y manejó hasta llegar al búnker de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal, donde lo atendió una mujer, a quien le explicó lo sucedido.
–¿Hubo violación? –le preguntó. –No –contestó.–Si no hubo violación, entonces no le pasó nada –dijo la empleada y siguió; su voz parecía un taladro ante los oídos de Miguel Adame.
–Mire, si quiere denunciar tiene que venir con la niña y no se lo recomiendo porque va a tener que pasar a un peritaje médico, que es una exploración vaginal y anal, y lo pueden hacen médicos hombres. Va a tener que pasar con la policía judicial y regresar con el ministerio público varias veces.
Miguel Adame salió del edificio como si cargara en hombros las toneladas de cemento que pesa el búnker de la policía. Y empezó a buscar ayuda profesional para su hija. “No fue sencillo encontrar un psicólogo para niños, no supe a dónde acudir para ver qué tanto había sido afectada.
Me metí a internet a buscar ayuda y no encontré nada. Me dieron la dirección de una clínica de atención que está en la calle de Pestalozzi, en la Colonia Del Valle, pero me daban
la cita hasta dos meses después”. Cuando por fin encontró auxilio profesional, la psicóloga
le aconsejó no llevar a su hija a declarar ante las autoridades porque podría ser un evento más traumático que lo que ya había vivido.
“No he podido meterlo a la cárcel porque no hay condiciones y no lo quiero hacer a costa de la estabilidad emocional de mi hija. No vale la pena”, dice el padre de la niña, que ahora tiene 10 años....

Han pasado cuatro años desde que ocurrió el abuso. La familia se alejó del abuelo, pero Miguel Adame está dispuesto a llevar su caso hasta que se haga justicia. Un día comentó a sus amigos que para poder conseguirlo sin que eso implicara revictimizar a los niños, había que cambiar las leyes.
–Estás loco –le contestaron–. Es tarea de los diputados y los senadores. No vas a poder hacer nada, eso es como querer cambiar el mundo. Mejor no te desgastes. No lo convencieron. “Yo no debería estar haciendo esto, pero ante el vacío de la ley alguien lo tiene que hacer. Pensé que se podía y empecé a tocar las puertas de las organizaciones de defensa de los derechos de los niños. Es muy triste ver que las que en realidad sirven se pueden contar con los dedos de las manos, porque las organizaciones civiles tienen muchos compromisos con sus patrocinadores, por ejemplo, los gobiernos locales. Hay organizaciones que dicen que las políticas públicas no les importan porque son difíciles de cambiar. Aunque hay gente muy valiosa, como Margarita Griesbach, de la Oficina de Defensoría de los Derechos de la Infancia, que para mí es la número uno en este tema”.


Miguel Adame estuvo un año enfrascado en una lucha en el ciberespacio, enviando correos electrónicos a la Presidencia de la República, a los partidos políticos y a cerca de 500 organizaciones no gubernamentales. Logró acercarse a Raquel Pastor, de Infancia Común. Ella lo contactó con el legislador panista Agustín Castilla Marroquín. “Al diputado Castilla lo conocí un año después del abuso sexual. Me dijo que sabía lo sucedido a mi hija y que estaba interesado en ayudarme”. Así nació la primera iniciativa para intentar modificar la ley local desde la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. “Cuando se presentó, pensé que se aprobaría fácilmente, pero no fue así. El cabildeo de la iniciativa sólo lo hicimos el diputado Castilla y yo”. Busqué, dice Adame, el apoyo de las organizaciones civiles. Raquel Pastor me llevó a una reunión y no quisieron respaldar la iniciativa. “Decían que se iban a empanizar. Nunca hicieron nada. Sentían que si la apoyaban, estaban ayudando al PAN. Y el PRD dijo que había algunos puntos anticonstitucionales.


Y sí, mandé las observaciones, se hicieron algunas correcciones, pero al final no hubo voluntad política para que pasara la iniciativa”, dice el creador de la página de facebook “Así nunca más”, donde se debate y se proporciona información sobre el abuso sexual infantil.En noviembre de 2009, ya como legislador federal, el diputado Castilla presentó en la Cámara de Diputados la iniciativa para modificar el Código Penal Federal, de modo que los niños no tengan que carearse con los abusadores; que identifiquen a sus agresores desde recintos separados, ayudados por medios electrónicos; que toda persona pueda denunciar un abuso sexual contra menores. Además, se busca que al momento de rendir declaración los niños cuenten con apoyo psicológico y de personal especializado.


Lo mismo cuando se les practiquen exámenes físicos. Uno de los aspectos centrales de la
propuesta de reforma es que pretende que sólo hasta que el menor víctima de la violencia sexual cumpla la mayoría de edad empiecen a correr los plazos legales para la prescripción
del delito.


En la iniciativa se ejemplifica: actualmente, si una adolescente de 13 años es víctima de abuso sexual sin que concurra violencia (si hay violencia se persigue de oficio), la joven tiene un año para querellarse. Si no lo hace en ese plazo, prescribe el delito. Con la reforma se plantea que el plazo de un año comience a correr a partir de que la joven cumpla 18 años, por lo que puede querellarse incluso a la edad de 19 años y no máximo a los 14 años, como actualmente está obligada.


Esto permitiría que las víctimas puedan ejercer la acción legal por sus propios medios, pues se estima que hasta 80 por ciento de los abusos son cometidos por familiares en línea directa o personas con autoridad sobre el menor de edad, lo que evita la denuncia. “Todos los partidos se sumaron a la iniciativa. Con el escándalo de los abusos del padre Maciel y Jean Succar Kuri, hemos logrado que haya un compromiso de todos los grupos de que este tema debe ser prioridad”, dice Castilla en su oficina del Palacio Legislativo.


Aunque el mismo diputado reconoce que la confrontación  entre el PRI y el PAN por la revelación del acuerdo entre ambos partidos para aprobar el paquete fiscal del presidente Felipe Calderón a cambio de no hacer alianzas electorales en el Estado de México aleja la posibilidad de que se vote pronto el dictamen.
El diputado Castilla enfatiza: aunque es un problema bastante serio, no existen estadísticas sólidas sobre este tema en México. “El DIF nacional estima que entre 30 mil y 60 mil niños son víctimas de abuso sexual cada año, mientras que la Secretaría de Seguridad Pública federal señala que en México existen unos 100 mil sitios de pornografía infantil. El DIF-DF recibe en promedio dos denuncias de estos casos al día”, explica el diputado federal.


Y eso no es todo. El legislador comenta que 80 por ciento de los delitos sexuales contra los niños se realizan en el entorno familiar. “En el Distrito Federal los delitos sexuales ocupan el cuarto lugar de incidencia y, en su mayoría, son cometidos por familiares o conocidos de la víctima”.


En la Ciudad de México, dice Castilla, aproximadamente 10 mil niños de la calle han sido víctimas de abusos sexuales, y muchos de ellos son explotados por pedófilos, según datos de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal. “En 2009 se integraron mil 249 averiguaciones previas. Y la Secretaría de Educación Pública ha investigado 204 casos relacionados con abuso sexual en el DF en los últimos seis años, de los cuales 173 fueron denuncias contra maestros, dos contra directores y el resto implica a otro tipo de personal de los centros educativos”.


la iniciativa, pero está consciente de que falta apoyo. “Hay muchos activistas de los derechos de los niños, como Lydia Cacho o José Bonilla (director del bufete que representaba a los hijos mexicanos de Marcial Maciel Degollado), pero falta que nos unamos en un frente común. Cada quien jala agua para su molino”. Y sigue: “Sé que no me va a alcanzar la vida para cambiar las cosas, pero sé que sí se puede allanar el camino para otros niños”.
En estos años, ha conseguido tejer una red social de apoyo solidario a las víctimas a través de un blog (www.migueladame.blogspot.com) que ha ayudado a personas en México, Argentina y Chile. “Mi meta es que el blog sea el más competo en información sobre abuso infantil y que la gente pueda encontrar orientación y apoyo”. 


Ahora, cada tanto Adame manda al diputado Castilla correos electrónicos con los casos de otros niños que fueron abusados o violados. “Me llama y me dice que es para que no se me olvide y siga impulsando la iniciativa hasta que se apruebe”, cuenta el diputado, integrante de la Comisión de Gobernación. Miguel Adame demanda a los legisladores que, en medio de su apretada agenda, encuentren la sensibilidad para voltear a ver a los niños que han sido víctimas. Mientras ese día llega, sigue trabajando de lunes a viernes en la casa de bolsa y alimentando el blog en su tiempo libre. Justicia, eso espera. Y está dispuesto a esperar con tal de que llegue.




VANESSA JOB

martes, 6 de abril de 2010

Cómo prevenir el abuso de menores

Las estadísticas arrojan un número estremecedor: Se estima que, en el año 2006, 905,000 niños en los Estados Unidos fueron víctimas del abuso y la negligencia. Es una cifra preocupante, pero es importante subrayar que siempre es posible prevenir el abuso y la negligencia de menores. Siempre se puede hacer algo. Los estados, los gobiernos locales, las organizaciones comunitarias y los ciudadanos ya están tomando cartas en el asunto para proteger a los niños.

Según los investigadores, los padres y cuidadores que cuentan con el apoyo de sus familias, amigos y comunidades tienen más posibilidades de construir un hogar seguro y saludable para sus hijos. Pero cuando los padres se sienten aislados o carecen de este apoyo es más probable que tomen malas decisiones que pueden llevar al abuso o al descuido de un menor.

Cada vez más los ciudadanos y las organizaciones se están dando cuenta que la mejor manera de prevenir el abuso de menores es cuando los padres encuentran ayuda para desarrollar sus habilidades e identificar los recursos que necesitan para proteger a sus hijos. Los padres que reciben esta ayuda están en mejor posición para entender las necesidades físicas y emocionales que juegan una parte importante en el desarrollo de sus hijos.

Programas de prevención
Muchos estados, gobiernos locales y organizaciones religiosas llevan a cabo actividades de prevención. Los servicios que proveen varían ampliamente. Hay servicios de prevención diseñados para un público general, tal como los anuncios de servicio público en español (en la tele o la radio) para concientizar al público sobre el abuso de menores. Otros servicios están específicamente dirigidos a individuos y familias donde existe un mayor riesgo de abuso o negligencia de menores. Una clase sobre la maternidad responsable para madres jóvenes y solteras es un buen ejemplo de estos servicios. Algunos servicios están diseñados específicamente para familias donde ha ocurrido el abuso o la negligencia, y sirven para prevenir su reincidencia o para aminorar los efectos negativos. Todos podemos hacer algo para prevenir el abuso y la negligencia de menores. Estas son algunas de las actividades y campañas que organizan con frecuencia los programas de prevención, y que usted podrá encontrar en su comunidad o en su condado:

Concientización pública
Por medio de anuncios de servicio público en español, pósters y folletos que promuevan un cuidado infantil saludable y responsable; información sobre la seguridad de los niños y consejos para denunciar el abuso de menores.

Programas escolares
Para que los niños desarrollen destrezas y habilidades, y para que aprendan sobre la seguridad y cómo autoprotegerse. Muchos de estos programas se enfocan en la prevención del abuso sexual

Educación para los padres
Para ayudarlos a desarrollar habilidades positivas de cuidado infantil y para identificar y reducir comportamientos relacionados al abuso y la negligencia de menores

Grupos de apoyo para que los padres puedan trabajar juntos y para que fortalezcan sus familias y construyan redes de apoyo social

Visitas a domicilio
Para promover la seguridad de los niños ayudando a las madres embarazadas y a las familias con recién nacidos y niños pequeños para que aprendan más sobre cómo ser buenos padres y sobre el desarrollo de los niños

Programas de crisis y de apoyo
Para el cuidado de los niños que ofrecen asistencia a corto plazo a los padres o cuidadores que pasan por situaciones difíciles o estresantes

Otro aspecto clave para garantizar el éxito de un programa de prevención es su capacidad para proveer servicios basados en evidencia, en datos duros. Esto quiere decir que se investigan todos los temas de manera exhaustiva, y que se busca la evidencia para demostrar que el servicio impacta de manera positiva a los niños y a las familias para quienes fue diseñado. Es decir, van más allá del “sentido común” (”este programa no puede ser malo”) y buscan resultados verificables. Esto hace que los proveedores de servicios tengan más confianza en su trabajo. También puede ser una manera de justificar la existencia del programa y el presupuesto necesario para financiarlo cuando los recursos públicos son escasos.

Factores de protección
Por mucho tiempo el enfoque de los programas de prevención ha sido reducir el impacto de los llamados factores de riesgo, o circunstancias que los investigadores han asociado con el abuso y el descuido en las familias. Por otra parte, los servicios de prevención también reconocen cada vez más la importancia de los llamados factores de protección, que a su vez son circunstancias familiares o comunitarias asociadas a la salud y al bienestar en las familias. Donde hay más factores de protección, hay menos factores de riesgo, y esto es bueno para las familias.

jueves, 1 de abril de 2010

El abuso sexual en la infancia ha irrumpido en los medios y empieza a formar parte de la conciencia social.

Abusar sexualmente de un menor significa someterlo a un delito horrendo que deja profundas cicatrices para toda su vida.

Casi todos sistematicamente mostramos horror al escuchar o leer casos de abuso sexual a menores, sobre todo ahora que el abuso sexual en la infancia ha irrumpido en los medios y empieza a formar parte de la conciencia social.

Ahora más que nunca los niños deben saber que tienen derecho a que se respete su cuerpo y que si se sienten acosados han de comentárselo a los mayores, que les escucharán con atención y les ayudarán.

Así como también deberían sentirse protegidos por las legislaciones locales de donde viven.

Los Gobiernos deberían saber que es A.S.I es un problema de salud Pública grave, ya que las víctimas de abusos sexuales que no han recibido ayuda pueden padecer problemas de relaciones sociales, de sexualidad, dificultades de entregarse sanamente a la pareja, baja auto estima.

Poco a poco los gobernantes se ven forzados a incluir en sus políticas públicas procesos que contemplen la atención y la procuración de justicia en estos casos.

Sólo hay que echar un vistazo a las cifras de varios estudios para comprender la magnitud del problema: entre un 20% y un 25% de las mujeres, y entre un 10% y un 15% de hombres han sufrido abusos sexuales en la infancia.

El abusador suele ser, además, alguien cercano al niño. Una persona de su familia -un tío, el hermano, el padre- o de su entorno -vecinos, amigos de los padres, profesores, la mayor parte de abusos y malos tratos a niños se dan en las familias.

Profesionales y víctimas llaman la atención sobre la necesidad de la prevención y la detección, mucho tenemos que avanzar en esta faceta de la educación.

Es la única manera de que estas víctimas no entren en la cárcel del silencio. Una prisión que, muchos, tardan años en abandonar. Otros no la dejarán nunca.





MIGUEL ADAME VÁZQUEZ

ABUSO SEXUAL INFANTIL, NUNCA MÁS.

martes, 23 de marzo de 2010

el silencio agrava las secuelas

Cincuenta años de trabajo terapéutico han sido insuficientes para que Pilar recupere la “esperanza expropiada” por un abuso sexual cuando tenía siete años. Cientos de libros de temas religiosos fueron los únicos testigos de la “perversidad” de un diácono que la arrinconó entre los estantes, se masturbó en su presencia a cambio de una caja de lápices de colores.


“Hay daños que no cura ninguna terapia”, lamenta Pilar, quien ahora se dedica a dar apoyo a hombres y mujeres que fueron víctimas de abuso sexual y violación durante su infancia.

Ella relata que, por esos días, iba a hacer su primera comunión y tuvo que confesarse ante el sacerdote de la escuela de monjas a la que asistía. “Desde que salí de la biblioteca me sentí sucia. Sabía que había cometido un pecado y se lo dije al padre”. La respuesta que recibió del religioso marcó por años su relación consigo misma.

El enemigo del alma

“Me dijo muy serio y enojado: ‘¿tú qué habrás hecho?’”. Esa acusación la señaló como la culpable. Desde entonces, recuerda que se distanció de su cuerpo. De día y de noche se reprochaba haber acudido a la biblioteca sin saco. Pensaba que su uniforme era provocador. “Me culpé porque mi cuerpo de mujer había ‘invitado’ al diácono al pecado”.

Su postura fue tan radical que llegó a considerar al cuerpo como el enemigo del alma. El único camino que encontró para flagelarlo, darle penitencia y negarle sus derechos, fue la vida religiosa. El dolor no se curó con años en el convento y claudicó. “Enfoqué mi vida en el servicio a los demás, pero con una visión más democrática”.

En mi experiencia -revela- te puedo decir que nunca se repara el daño. A mí me expropiaron la esperanza y la credibilidad en el ser humano.

Hace cinco años una adolescente al borde del suicidio llegó a la Red Latinoamericana de Católicas por el Derecho a Decidir, en la que milita Pilar Sánchez. La joven solicitó asesoría porque esperaba un hijo del sacerdote de la comunidad.

A sus 13 años y con un embarazo no deseado que le impedía desarrollarse como sus amigas, la menor de edad, se sentía culpable por haber “seducido” al hombre de 70 años, “emisario de Dios” y enfrentaba el rechazo de su familia y sus vecinos.

De la frustración al suicidio

Desesperada, intentó quitarse la vida, pero su hermana, apenas unos años mayor, la detuvo. Faltaban unos días para el alumbramiento cuando acudieron en busca de ayuda.

La adolescente repudió a su hijo el primer año. Lo señalaba como el culpable del rechazo de la gente. Lo despreciaba porque tuvo que recluirse en su casa y abandonar la escuela, la diversión y sus planes de una “hermosa fiesta de 15 años”.

Pilar recuerda que un grupo de terapeutas asesoró a la menor de edad y a su familia cuando se supo en la colonia que el sacerdote de la comunidad era el padre del niño.

Los hechos ocurrieron en una zona de alta marginalidad en el Distrito Federal. El párroco impidió que la familia de la adolescente asistiera a la iglesia y por eso buscaron ayuda para que el sacerdote se hiciera responsable y los apoyara con una pensión alimenticia.

Actualmente, ella tiene 17 años, continúa en terapia y todavía no recupera la confianza de salir a la calle sin pensar que será rechazada por la comunidad. La escuela y los proyectos personales se cancelaron porque tiene que hacerse cargo del hijo que no planeó.

Los cambios rumbo a la sanación

Especialistas de la Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas (Adivac) aseguran que cualquier tipo de abuso sexual puede sanar.

Explican que las secuelas psicológicas en menores pueden generalizarse, pero adoptarán rasgos característicos dependiendo de si el abuso provino de una figura de autoridad como un padre o de un sacerdote.

“En los niños de tres a cuatro años se presenta el rechazo a las personas que los agredieron, miedo, soledad, reproducción de escenas con contenido sexual no propias de su edad, la no regulación de esfínteres y ansiedad”, explica Verenice Díaz, coordinadora de atención psicológica a la infancia y adolescencia de Adivac.

En los menores de seis a ocho años se presenta un aislamiento, baja escolar, incluso pérdida de cabello y cambios en la alimentación, pues suben de peso en exceso o adelgazan para que sus cuerpos no resulten atractivos.

Si el abusador fue una figura de autoridad, un sentimiento ambivalente de odio y amor se presentará. “Cuando un menor es abusado por un cura, existe de manera marcada la culpabilidad en el niño, pues la figura de bondad y cercanía con Dios proyecta a un ser bueno que es tentado. La carga es mayor porque la vida sexual en el contexto religioso tiene una connotación pecaminosa”, dice la especialista.

Seducción en redes sociales

Las alteraciones psicológicas y emocionales son particulares si un menor es “abusado sexualmente por alguien a quien conoció en Internet, pues habitualmente el agresor crea un vínculo de aparente amistad con la víctima.Cuando ellos se conocen en persona y el menor es abusado sexualmente y en el mejor de los casos la víctima pudo escapar de una situación de cautiverio, los niños se sienten traicionados por los adultos, pierden la confianza, pero también experimentan una gran culpa debido a que ellos accedieron a ser amigos e incluso conocerse de manera directa”, dice Verenice.

Si, por el contrario, la víctima de cualquier edad padeció secuestro y tortura, puede desarrollarse un Síndrome de Estrés Postraumático, un trastorno de ansiedad a consecuencia de la exposición a un evento traumático con un daño físico.

En ese síndrome se revive el evento; eso perturba las actividades diarias. Existen sentimientos de despreocupación e indiferencia, dificultad para concentrarse, respuesta exagerada a las cosas que causan sobresalto, irritabilidad o ataques de ira y dificultad para dormir, fiebre y dolor de cabeza.

Afirma que si un niño se trata inmediatamente, es posible sanar y volver a una vida sin alteraciones mayores.

“Si la persona fue abusada a los seis años y la atención terapéutica llega cuando es adulta, la carga de problemas a resolver es mayor”, dice Virginia Archundia, coordinadora de atención psicológica al adulto de Adivac.

Es el caso de Gloria Martínez, una mujer que recuerda que a sus seis años fue tocada por su papá de una manera diferente a las expresiones de amor que conocía de padres a hijos. Él la llevó a un baño público y se bañaron juntos. En vez de sentarla en sus rodillas para enjabonarla, la colocó de espaldas a él, muy cerca de su cuerpo.

“De inmediato sentí el bulto de sus genitales contra los míos; fue muy significativo a pesar de que mi padre nos educó sin culpa por el desnudo. Él caminaba sin ropa por la casa y decía que era natural, que la sexualidad no debía ser morbosa”, recuerda.

El acoso creció cuando ella llegó a la adolescencia. Entraba por las noches a su cuarto para acariciarla. Ella decidió acusarlo ante su madre cuando tenía 15 años. “Mi mamá lo único que hizo fue preguntar si era cierto; mi papá respondió que sí, que lo sentía mucho, que no volvería a hacerlo”.

Durante ese periodo del abuso, Gloria se volvió introvertida para huir de su realidad. Experimentó tristeza y olvidaba palabras. Con mucho trabajo pudo terminar la secundaria.

Luego de la acusación, su padre la dejó de tocar, pero optó por espiarla cuando se bañaba. “Me sentía perseguida, fue así como a los 20 años me salí de casa por la puerta falsa del matrimonio. Al año, mi padre murió, bendito sea Dios, que lo tiene a fuego lento. Y que en paz descanse”, dice.

Nunca es tarde

Virginia Archundia explica que, habitualmente, los niños que son abusados en la infancia presentan conflictos para relacionarse en la adultez y que, frecuentemente, en las relaciones sexuales con sus parejas presentan crisis debido al recuerdo del abuso.

En el caso de Gloria no fue así debido al manejo no pecaminoso de la sexualidad que el padre les enseñó. Su matrimonio duró 15 años y tuvo dos hijos. Hoy tiene 41 años y hace dos que asiste a Adivac para sanar. Ahí ha entendido que, más que perdonar a su padre, tiene que comprender las situaciones que a él le tocaron vivir para cometer incesto. Además de haber establecido una relación afectiva importante, Gloria vive feliz y en paz.

“Tengo una mujer que llegó a los 84 años y preguntó si aún era tiempo para la recuperación. La edad no importa, las cargas se pueden aligerar; llegas con una herida grande que limpiaremos hasta que quede una cicatriz; no olvidas, pero resignificas tu vida a partir de lo que haces para enfrentar el abuso”, explica Virginia Archundia.
 
Evangelina Hernández y Natalia Gómez

El Universal.

CARTA DE FRANCISCO

Después de contarlo deje de sentirme avergonzado. Quería que más personas supieran las razones y el origen de todo mi mal. Salió algo de mi que llevé durante tiempo y que solía dirigir contra personas que de algún modo me dañaban. Lo peor de todo es que esto me destruía por dentro. Es el odio, no estoy seguro, pero esto en gran parte te lo debo a ti. Así que dirigí todo el odio y la rabia acumulada durante años sobre ti. Hablé y hablé; era una forma de vengarme de ti. A la vez empecé a maldecirte. El momento más crítico fue saber que no fui el único. Esto me lleno de más furia que dirigí sobre mi padre por culparle de muchas de las cosas que me ocurrieron, incluida su manera de educarme. Si supe de esto fue por contar algo que me ocurrió el día de mi cumpleaños, cuando recibí algunos golpes, uno de ellos muy fuerte en el estomago. Parece una locura contar esto pero fue como el presagio de tu final. 138 días duró desde que empezó todo hasta que dejaste de existir. Mientras yo hablaba, tu agonizabas de un mal que tenías donde yo recibí el golpe.

Me sentía poderoso y a la vez creía estar volviéndome loco. Cuando supe que dejaste de respirar, sentí algo que no entiendo, supongo que me alegraba. Llegué a creer que fui yo quien te llevó hasta tu final. Pero esto me llevó a la locura. Creía que no podías tener alma pero al mismo tiempo temía que si y que vendrías a buscarme. Todas las crisis que tuve entonces tenían que ver con esto. Pensé que te apoderarías de mí, pero había algo mas fuerte que no dejaría que ocurriera, no estaba solo, luche y esta vez te gane.

Con el tiempo empecé a pensar que la venganza mas positiva seria que llegara a superar todos los estragos que me causantes, que fuera feliz. Muchas veces creía que mi mayor triunfo sobre ti seria borrarte de mi mente, cosa inútil. Mi hundía para volver a levantarme. Si algo he ganado durante este tiempo es tener personas que han estado a mi lado, que me han apoyado y ayudado. Me han dado fuerza para seguir, y una muy especial me animó aunque en mi mente anidaban muchas dudas. La idea era enfrentarme con el lugar, ir hasta allí. Estar frente a tu puerta. No me sentía solo, creía tener detrás de mi un ejercito de personas dignas que clamaban justicia. No se explicar que pensamientos pasaron por mi cabeza. Llegué a tener un miedo injustificado, al principio, cuando los niños que vivían en mi antigua casa se acercaron a tu puerta. Lo bueno es que me hicieron recordar cuando yo jugaba en mi casa. Me he llegado a odiar a mi mismo por no contarlo antes creyendo que podías hacer daño a otros niños. Me quedé muy tranquilo sabiendo que nunca más te acercaras ni a estos ni a ningún niño más.

Después de aquel momento me tocaba enfrentarme solo a mis miedos. Volví aquel lugar que me llevaste, a la playa, ¿te acuerdas? Aquel lugar tranquilo y solitario alejado de la ciudad. Volví allí, no había tranquilidad, el mar estaba enfurecido y el sol salía tímido entre las nubes. Cuantas veces he pensado en este lugar y como con el tiempo intentaba evitar ir a la playa sin saber muy bien a que se debía. Y por la noche volví, llovía y el miedo me atrapó, me agarraba al paraguas y escondía mi cara. No entiendo que me pasó, pero recordé más adelante que era algo que me pasaba de niño cuando salía del colegio y volvía a mi casa. Pase por el portal y cuando me alejé, junto aquel lugar debajo de la platanera, me agache y cogí una de las hojas que estaba en la acera. Lo hice sin pensarlo, supongo que para intentar borrar aquel recuerdo, justo donde me obligaste a callar y a guardar el secreto.

Después de todos esos momentos que viví, de aquellas palabras que tu vecino pronunció: “el ya no esta” que se me quedaron grabadas, llegaron los pensamientos y los sueños. No me he enfrentado a ti pero mis sueños se encargaron de hacerlo. Algunos eran horribles, otros que no entiendo y pensamientos y miedos de ser como tu. Pero con la diferencia que todas las dudas las resuelvo. Y saber que mi mundo se llena de cosas que tú jamás disfrutaste, porque una persona sin alma es incapaz de ver ni sentir. Mi última batalla la he ganado, y que casualidad que has desaparecido de mis sueños, esos en los que conseguías que la cadena siguiera. ¡Malditas cadenas! El mundo esta llenas de ellas y hay que romperlas.
Publicado por Joan Montane martes 23 de marzo de 2010