viernes, 22 de julio de 2011

ACTIVIDAD: IMAGINANDO LO QUE NO SÉ


Algunas veces puedes obtener información si tomas una perspectiva un tanto más indirecta. Vuelve a leer las instrucciones sobre hacer un collage. Haz un collage de “cosas que no sabes aún”. Mientras empiezas a revisar algunas revistas pregúntate a ti misma(o), “¿Qué no puedo recordar? ¿De qué no puedo hablar?”. Sin pensar o sin cuestionar tus decisiones, recorta palabras, frases, o imágenes. No trates de dilucidar por qué has seleccionado ciertas cosas. No te preocupes por saber qué significa. No cuestiones si tus decisiones tienen sentido. Suspende tu juicio. Deja a tu inconsciente hacer las elecciones. Mantente cuestionándote a ti misma(o) “¿Qué no puedo recordar? ¿De qué no puedo hablar?” Sigue recortando cosas hasta que sientas que has terminado. Luego acomoda las cosas que recortaste sobre un pliego de papel grande. Pégalas cómo creas que van bien. Luego responde las preguntas siguientes:
• ¿Cómo me sentí al hacer este collage?
• ¿Fui capaz de dejarme llevar mientras recortaba las revistas? ¿Hubo cosas que hubiera querido recortar pero no lo hice? ¿Qué eran?
• ¿Qué sentimientos quedaron expresados en mi collage? ¿Cómo me siento cuando lo veo?
• ¿Mi obra tiene sentido? ¿Qué relaciones logro ver? ¿Qué no entiendo?
• ¿Está terminado? ¿Qué le falta?
• ¿Qué cambiaría, dejaría o agregaría? 
• ¿Qué puedo aprender de mi collage?

¿QUÉ TE SUCEDIÓ?
Este ejercicio poderoso fue desarrollado por Ellen Bass en los talleres Yo Nunca le Dije a Nadie. Lo incluimos en El Coraje de Sanar y ha tenido una retroalimentación tan positiva que decidí [Laura Davis] incluirlo aquí. Si tú ya has hecho este ejercicio, considera hacerlo otra vez. A menudo nuevos sentimientos y recuerdos surgen cada vez que lo haces.
Muchos sobrevivientes han encontrado que es muy difícil decir a las personas que fueron abusados sexualmente. Cuando ellos lo dicen, es a menudo en términos muy generalizados: “Yo fui abusado por mi hermano”. “Fui violada a los diez años”. Rara vez tú compartes los detalles, parcialmente porque quieres mantener la audiencia. No te quieres imponer. 
Pero la declaración concisa “Mi padrastro abusó de mí” no es la forma cómo tú vives con el abuso, ni la forma cómo tú lidias con los recuerdos. Eso no es un indicativo de los sentimientos espeluznantes que tienes cuando algo detona tus recuerdos. Lo que recuerdas es la forma cómo la luz caía sobre la escalera, la pijama que estabas usando, el olor del licor en su aliento, la sensación de la grava entre tus omóplatos cuando fuiste derribada, la risita aterradora, el sonido de la televisión en el piso de abajo. Cuando escribas, incluye todos los detalles sensoriales como puedas. 
Si tu abuso abarca mucho tiempo y muchos agresores para escribir todo en media hora, sólo escribe lo que puedas. No te preocupes acerca de con cuál experiencia empezar. Comienza lo que se siente más accesible o con lo que sientes que más necesitas lidiar. Este es un ejercicio que puedes hacer una y otra vez.
Si no recuerdas lo que te pasó, escribe acerca de lo que sí recuerdas. O escribe acerca de ll que puedas recordar que se acerca más al abuso sexual –la primera vez que sentiste vergüenza o te sentiste humillada(o), por ejemplo. Recrea el contexto en el cual el abuso ocurrió, incluso si no recuerdas los detalles específicos del abuso en sí. Describe donde vivías cuando eras niño(a). ¿Qué pasaba en tu familia, en tu vecindario, en tu vida? Empieza con lo que tengas. Cuando utilizas lo que tienes plenamente, generalmente obtienes más.
Si llegas a cosas que sientes muy difíciles de decir, muy dolorosas o humillantes, trata de escribirlas de todas formas. No tienes que compartirlas con nadie si no quieres, pero a fin de sanar debes ser honesta(o) contigo misma(o). Si hay algo que sientas absolutamente que no puedes escribir, entonces al menos escribe que hay algo que no puedes o no escribirás. De esa forma dejas la marca para ti, reconoces que hay un lugar difícil. 
Si te vas por la tangente, no te fuerces a volver abruptamente. A veces lo que puede parecer irrelevante nos lleva a algo más esencial. A pesar de que quieras seguir con el tema, hazlo con las riendas sueltas.
No hay una forma correcta de hacer este ejercicio. Tu escritura puede ser lineal, contar tu historia en orden cronológico. Puede ser un lavado de sentimientos y sensaciones. O pueden ser piezas o pedazos vagos, dispersos. Como todos los ejercicios escritos, trata de no juzgarte o censurarte. No sientas que te debes ajustar a ningún estándar y no compares tu escritura con otros. Ésta es una oportunidad de descubrir y sanar, no de desarrollar o llenar las expectativas de nadie –ni siquiera las tuyas.
Vuelve a leer las reglas para la escritura libre. Luego pon un cronómetro o reloj con alarma para un periodo de 20 minutos y escribe acerca de tu experiencia sobre ser abusada(o) sexualmente en la infancia. 
Cosas para reflexionar:
• ¿Cómo me sentí al escribir acerca de mi experiencia cuando era niña(o)? ¿Qué me ayudará a asimilar lo que acabo de escribir?
• ¿Hay alguien con quien yo podría compartir lo que escribí? (Si no estás lista(o) para leer tus palabras a otra persona, considera leerlas en voz alta para ti).
• ¿Hay algo sobre lo que yo quiera regresar y escribir más en otro momento? Si es así, ¿sobre qué es?
REFLEXIONES: RECORDANDO
Muchos niños bloquean las memorias de haber sido abusados sexualmente. Esas memorias pueden estar reprimidas por años. Para muchos sobrevivientes adultos, una de las más dolorosas, aterradoras partes del proceso de sanar es recordar los sentimientos, sensaciones y experiencias que ellos tuvieron cuando ellos estaban siendo abusados.
Recordar es como ensamblar un rompecabezas; imágenes, recuerdos y memorias sensoriales y corporales que se ensamblan para crear una película del pasado. No todos los sobrevivientes recordarán de la misma manera, pero todos los sobrevivientes se pueden recuperar de los efectos de largo plazo del abuso. Incluso si tus recuerdos son vagos o poco claros, tú todavía puedes sanar.
El proceso de recuperación de recuerdos puede ser abrumador. Es crucial que no revivas los recuerdos en soledad. Necesitas acercarte y hablar con alguien que te escuche, que escuche lo peor y que te crea. Necesitas cuidar de ti y que otros cuiden de ti. Estás comprometida(o) en un trabajo agonizante y esencial. Mereces apoyo.
Aquí hay algunas preguntas que te ayudarán a evaluar tus sentimientos presentes, metas y necesidades en torno al tema de recordar:
• ¿Qué sentimientos tuve mientras trabajaba en este capítulo?
• ¿Qué estoy sintiendo ahora? ¿Qué sensaciones estoy experimentando en mi cuerpo?
• ¿De qué edad me sentí mientras trabajaba en este capítulo? ¿De qué edad me siento ahora?
• ¿Qué resultó difícil para mí en este capítulo? ¿Qué fue confuso? ¿Qué no comprendí?
• ¿Qué aprendí? ¿Qué compromisos he hecho? ¿Qué pasos he dado?
• ¿Qué hice de lo que esté orgullosa(o)?
• ¿Qué queda todavía pendiente para mí? Si lo hubiera ¿qué quisiera volver a trabajar o darle seguimiento?
• ¿Qué necesito para cuidar de mí ahora mismo?
Espera los ejercicios acerca de CREER QUE PASÓ.



Tomado de El Coraje de Sanar, libro de ejercicios, de Laura Davis.

Uno de los mecanismos disponibles más efectivos.


Puedes utilizar la siguiente guía para ayudarte a armar tus memorias. Escribiendo las pistas que ya tienes, ganarás valiosa información y harás nuevas conexiones.

Lee los ejemplos que siguen y luego empieza a completar las piezas de recuerdos que ya tienes, a tu propio ritmo. Hazlo lo más completo que puedas, pero ve lentamente. No esperes completar estas listas en una sola sentada. Reflexionar en sólo una o dos pistas será suficiente. Mientras recuerdas otros incidentes o sentimientos, siempre podrás regresar y agregarlos a lo que ya has escrito.
Responde tantas categorías como te sea posible.
• Piezas de memoria:
Recuerdo saber más de sexo que otros niños. Cuando alguien quería saber algo acerca de “hacerlo”, ellos venían a preguntarme.
Recuerdo estar escondido en el sótano mientras mi tío golpeaba a mi primo con el cinturón.
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• Historia familiar conocida:
Todos en la familia se reían siempre y decían que Jim y yo éramos primos besucones.
Fui llevada al doctor por una infección vaginal cuando tenía 8 años.
Mi abuelo solía inspeccionar todos los bustos de las chicas cuando llegaban a la pubertad.
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• Pistas sensoriales:
Detesto el olor del Chanel No. 5
Cada vez que escucho que alguien abre mi puerta durante la noche, me paralizo.
Cuando veo una ambulancia o escucho una sirena, empiezo a temblar.
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• Recuerdos corporales:
A menudo siento que no estoy en mi cuerpo.
Cuando me despiertan, me siento inmediatamente disgustada.
Cuando tengo un orgasmo, siempre empiezo a llorar.
Cuando hago el amor, no soporto el peso de mi pareja sobre mí.
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• Sentimientos espeluznantes:
Cuando veo un padre con su hijo caminando por la calle, estoy seguro que él abusa del niño. 
Cada vez que leo acerca del incesto, surgen oleadas de náuseas en mí.
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• Lagunas en la memoria:
No recuerdo nada entre los 8 y los 15 años.
No recuerdo haber sido niño.
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Cada vez que agregues nuevos aspectos a esta lista, tómate unos minutos para responder las siguientes preguntas:
¿Hay algunas cosas que yo no consideré recuerdos pero que ahora puedo reconocer como recuerdos? ¿Cuáles fueron?
¿Qué patrones, si los hay, emergieron en las cosas que escribí? 
¿Algún recuerdo me guió a otros? Si fue así, ¿A dónde me llevaron las asociaciones?
Cuando junto las piezas de memoria ¿Éstas me dan una mejor idea acerca de qué fue lo que me pasó? __ Sí __ No __ No estoy segura(o).
Sí es así, ¿Qué es lo que aprendí?
¿Cómo me siento en relación con esta nueva información?
¿Hay alguien con quien pudiera compartir estos recuerdos? Si es así, ¿quién?
Cosas para reflexionar:
• ¿Mis ideas acerca de los recuerdos cambiaron? Si es así, ¿cómo?
• ¿Qué me sorprendió al hacer este ejercicio? ¿Sobre qué me gustaría regresar después?
• ¿Qué necesito hacer para absorber la nueva información que a penas descubrí?



Y SI NO RECUERDAS
Hay muchas razones por las que los sobrevivientes sufren amnesia. La severidad y la duración del abuso, la edad a la que sucedió, las condiciones circundantes al abuso y la forma cómo el abuso fue tratado pueden influenciar tu habilidad de recordar. Dependiendo de esos y otros factores, puedes o no puedes tener recuerdos claros de lo que te sucedió.
Si tú no recuerdas claramente y quieres hacerlo, esto puede ser extremadamente frustrante. Es natural querer hechos innegables. Los sobrevivientes que no recuerdan a menudo sienten celos de aquellos que sí lo hacen. Sin embargo, lo opuesto también puede ser cierto. En un taller, varios sobrevivientes se lamentaban por no tener recuerdos. Finalmente, luego que ellos habían hablado varias veces, otro sobreviviente estalló ira: “¡Deberían agradecer no recordar! Tengo recuerdos todo el tiempo. Mi vida se siente fuera de control. Lo odio. Yo creo que ustedes son los afortunados”.
El resultado final es que no puedes controlar que sí o que no recuerdas. Puedes hacer ejercicios como los que siguen, y ellos te proporcionarán pistas adicionales de información, pero no necesariamente te darán la clase de “prueba” que buscas. Hazlos de todas formas, y mantén en mente el hecho más importante –que tú puedes sanar ya sea que recuerdes o no.
¿A qué le temo?
Un factor que puede influenciar el recordar es la disposición. Su tú no tienes apoyo en tu vida, no estás listo(a) para manejar la información, o ya estás abrumado(a), no recordar puede ser una forma de protegerte a ti mismo(a).
Nuestras defensas realizan una importante función. En lugar de derribarlas, es de sabios respetarlas y aprender a trabajar con ellas. Echando un vistazo a las razones por las que temes recordar, puedes aprender de qué te estás protegiendo a ti mismo(a).
Completa las siguientes oraciones sin pensar acerca de lo que vas a escribir. Escribe la primera cosa que venga a tu mente, aun si no tiene sentido. No te juzgues.
Si yo recuerdo el abuso, yo moriría.
Si yo recuerdo el abuso, mi padre vendría y me atraparía.
Si yo recuerdo el abuso, terminaría en el hospital.
Si yo recuerdo el abuso, me suicidaría.
Si yo recuerdo el abuso, perdería a mi familia.
Si yo recuerdo el abuso, significaría que mi mamá estaba mal.
Si yo recuerdo el abuso, ...
Si yo recuerdo el abuso, …
Si yo recuerdo el abuso, …
Si yo recuerdo el abuso, …
Si yo recuerdo el abuso, …



Cosas para reflexionar:
• ¿De qué me estoy protegiendo a mí misma(o)? ¿A qué le temo?
• ¿Cuáles de mis miedos son realistas?
• ¿Puedo estar en paz con el hecho de que tal vez nunca llegue a recordar con claridad el abuso? ¿Por qué sí o por qué no?




Tomado de El Coraje de Sanar, libro de ejercicios, de Laura Davis. 

RECORDANDO


Uno de los mecanismos disponibles más efectivos para enfrentar el abuso por parte de los niños y niñas es bloquear los recuerdos, olvidar el abuso. Algunos sobrevivientes siempre han recordado lo que les pasó, pero muchos adultos han olvidado completamente la experiencia. Entonces, veinte, treinta o cuarenta años más tarde, algo sucede y ellos repentinamente empiezan a recordar. Un día despiertas y dices, “Fui sexualmente abusada(o)”. Estás viendo imágenes de tu padrastro en tu cuarto en la noche, o tienes sueños vívidos de tu hermano encima de ti. Cuando habías olvidado el abuso por años, es fácil descalificar esos recuerdos –¿De dónde vienen? ¿Qué significan? ¿Cuándo se detendrán?– o incluso, cuestionar tu propia salud mental. Pero bloquear el abuso, y luego recordarlo, es una habilidad de sobrevivencia que tiene sentido.
Cuando eras joven, tú no podías soportar el recordar lo que te estaba pasando. Como un niño o niña de 8 años, tú no hubieras podido sentarte a la mesa con tu padrastro en la mañana con tu cereal si recordaras lo que había pasado la noche anterior. Tú olvidaste a fin de poder vivir con ello.
Una vez reprimidos, los recuerdos pueden resurgir en cualquier momento. Los cambios de la vida –nacimiento de un hijo, menopausia, envejecimiento, divorcio, pérdida de alguna clase– frecuentemente detonan los recuerdos tempranos del abuso sexual. De la misma manera que sucede con la sobriedad. Cuando dejas de tomar o de usar drogas, la primera cosa que surja pueden ser los recuerdos del abuso. Tratamiento médico –una visita al dentista, un examen ginecológico o urológico, cirugía o cualquier otro procedimiento médico intrusivo– pueden desenterrar sentimientos e imágenes enterradas. Las experiencias en la adultez de victimización –un asalto, una violación– a menudo remueven recuerdos de abusos anteriores. Los padres a veces recuerdan su propio abuso cuando su hijo(a) es abusado, o cuando su hijo(a) llega a la edad que ellos tenían cuando ocurrió el abuso. Los sobrevivientes recuerdan mientras hacen el amor, se ejercitan, o reciben un masaje. O cuando ellos ven un programa de televisión, escuchan la historia de un amigo, o leen un libro como éste [El Coraje de Sanar, libro de ejercicios por Laura Davis].
Si tú siempre has recordado el abuso, los recuerdos que recuperes probablemente tienen más que ver con sentimientos que con eventos específicos. Frecuentemente los sobrevivientes pueden enumerar rápidamente los detalles del abuso como objetos en una lista del supermercado, pero están desconectados de la forma como el abuso realmente se sintió. En esos casos, recordar involucra reconectar con esos sentimientos.
Recordar es un proceso continuo de descubrimiento. Involucra ir hacia atrás y escarbar los primeros años de tu vida –juntar las piezas y reinterpretar las cosas que ya sabes, empezando por conectar sentimientos con imágenes que siempre has tenido, experimentando sensaciones corporales desconocidas. Al mismo tiempo que experimentas imágenes retrospectivas (flashbacks) en las cuales revives aspectos del abuso o vuelves a experimentar los sentimientos que tuviste en aquel momento –terror, extremo dolor físico, aislamiento tremendo. Estas experiencias pueden ser devastadoras y aterradoras. Puedes responde con conmoción, horror o incredulidad. Puedes sentir pánico o tener ideas suicidas, aliviada porque finalmente sabes la verdad acerca de tu vida.
Los ejercicios en esta sección fueron diseñados para ayudarte a aprender más acerca de tu infancia. Bien si tienes recuerdos, recuerdos vagos, o sólo sentimientos extraños, este capítulo te ayudará a llegar a un acuerdo con lo que recuerdas y con lo que no recuerdas. Obtendrás información acerca del proceso de recordar, requerirás ampliar tu idea de lo que es un recuerdo y tendrás la oportunidad de reexaminar tu experiencia desde una nueva perspectiva. Y finalmente, serás alentada(o) a desarrollar un sentido de respeto por tu propio proceso interno –qué recuerdas, cómo recuerdas, si y cuando recuerdas. 
Trabajar a través de los ejercicios en este capítulo es como remover nuevos recuerdos y sentimientos. Aunque ellos son una parte natural del proceso de sanar, estos sentimientos y recuerdos pueden ser abrumadores. Antes de que vayas más lejos, toma unos minutos para revisar las listas que hiciste en las secciones de habilidades de sobrevivencia de los ejercicios anteriores. [Si no los has hecho, búscalos en la sección Foro del Grupo de Apoyo Mutuo para Sobrevivientes de Abuso Sexual Infantil en Facebook]. Recuérdate a ti mismo(a) que hay personas a las que puedes llamar, formas de sentirte más seguro(a), opciones si entras en pánico. Tu lista de “Cosas que puedo hacer cuando me siento abrumado(a)” [Revisa los ejercicios anteriores en el Foro] te puede proporcionar una guía paso a paso si empiezas a tener nuevos recuerdos o imágenes retrospectivas (flashbacks).
¿QUÉ ES UN RECUERDO?
Muchos sobrevivientes me llaman [a Laura Davis] para pedirme permiso de venir a talleres porque ellos temen no calificar para asistir. Ellos no tienen recuerdos claros de su abuso, sólo un sentimiento repulsivo o intuición. Suenan campanas cuando ellos leen acerca de abuso o hablan con otros sobrevivientes, pero ellos no tienen imágenes visuales de lo que ocurrió. Ellos se desesperan porque no saben cuándo van a sanar porque ellos no saben exactamente qué pasó.
Siempre que tengo esta clase de llamadas, tranquilizo al sobreviviente. Le digo, “Sí, ven. Muchos adultos no recuerdan qué les pasó” De todas formas ven. Mereces sanar ya sea que tengas recuerdos o no. De hecho, puedes sanar de los efectos del abuso incluso si nunca recuerdas”.
Los sobrevivientes a veces están preocupados por su falta de recuerdos que desearía poder ofrecerles videocintas rotuladas “tu abuso sexual” que pudieran ser puestas en una video casetera y vistas de principio a fin, mostrándoles claramente lo que les pasó. Así ellos tendrían pruebas. No tendrían más dudas. 
Sin embargo, hay mucho más que los recuerdos de instantáneas nítidas, imágenes de cine, o diapositivas Kodak de los incidentes: tu padrastro sujetando un cinturón, tu hermano bajando tus pantalones, el pene del sacerdote. Los recuerdos visuales son sólo una forma de memoria. Tú podrías no tener ningún recuerdo visual de tu abuso porque quizá nunca viste nada. Tu cara fue empujada contra la tapicería. El abuso ocurrió en la obscuridad, así que no había nada que ver. Tenías tanto miedo que cerraste los ojos. No hay imágenes que recordar.
En nuestra cultura orientada a la visión, es difícil validar otras formas de memoria, pero el hecho es que es que almacenamos recuerdos con todos nuestros sentidos. Olores, sonidos, sabores y texturas, todos pueden evocar recuerdos poderosos. De igual manera puede hacerlo el contacto físico. Los recuerdos son almacenados en nuestro cuerpo, y a menudo, cuando somos tocados de un modo particular, los recuerdos surgen de nuevo. 
El proceso de recordar es como armar un rompecabezas. Cuando expandes tu concepto de memoria, encuentras que tus recuerdos se expanden también: tú eras feliz y alegre en quinto grado, pero para el tiempo en que cursabas sexto grado, estabas deprimido(a) y tenías pensamientos suicidas. Ese es un recuerdo –algo te pasó en aquel verano. Cada vez que tu pareja te toca de una forma particular, tu cuerpo se entumece y tú sientes pánico. Sientes como si estuvieras en el techo, mirando hacia abajo. Te sientes como un niño asustado. Esos son recuerdos. Sientes náuseas terribles cada vez que hueles bourbon en el aliento de alguien. Tienes un ataque de ansiedad cada vez que regresas a casa. Odias cuando tu padre trata de abrazarte. Tienes pesadillas y no puedes dormir con la luz apagada. Checas bajo la cama cada noche para asegurarte que no hay un monstruo o un violador debajo. Cuando recibes un masaje, empiezas a llorar incontrolablemente. 
Todos esos son recuerdos. No son instantáneas. No son películas. No son sostenibles en una corte, pero cuentan. Y cuando empiezas a colocar las piezas juntas, terminas con un substancial cuerpo de evidencia que te ayudará a creer que el abuso realmente ocurrió. Si empiezas con lo que sabes y partes de ahí, frecuentemente encontrarás la validación que buscas.

Tomado de El Coraje de Sanar, libro de ejercicios, de Laura Davis. 


TRADUCCIÓN: CONY DIAZ.

¿Qué es la recuperación?


Empezar no tenemos idea de qué se supone que es sanar pero lo único que pensamos es que nuestra vida es horrible, es caótica, que vivimos en un infierno y no creemos bajo ninguna circunstancia que nuestra vida puede ser diferente, que puede cambiar, que podemos vivir tranquilos, felices, tener una vida estable que merezca la pena ser vivida.

Así que ¿Qué es la recuperación? ¿Qué podemos esperar de un proceso de recuperación? ¿Cómo sabremos que hemos sanado?

Para empezar la recuperación no es algo que ocurre de la noche a la mañana ni es fácil. Es un proceso arduo que implica el deseo y el compromiso constante de sanar. En tanto no sanemos, los efectos del abuso seguirán haciéndonos daño y se seguirán sumando a la larga lista de pendientes a sanar cuando nos decidamos a comenzar el viaje hacia la plenitud.

Mi caso no fue extraordinario. No creía que hubiera otra cosa. Simplemente así era mi vida. La eterna sensación de “hay algo mal en mí” y el constante meterme en situaciones dañinas que cada vez me hacían más difícil la existencia y me llevaban a cuestionarme una y otra vez “¿por qué tiene que ser así?”, “ya no aguanto más”, “no vale la pena vivir”, “quisiera estar muerta”… y en una de tantas crisis generada por una de las tantas discusiones con mi agresor, con quien vivía y convivía diariamente y a quien “le debía respeto”, de pronto mi voz cambió, las palabras que salían de mi boca no eran las habituales; una niña había tomado la palabra y empezó a reclamarle “tú me tocaste…”. Yo me escuchaba y no me reconocía, no reconocía los hechos que narraba, estaba a punto de volverme loca… Él, de pie frente a mí, simplemente dijo: “Sí, y ¿qué? Soy tu padre y es mi derecho”.

¡Creí volverme loca!

Así fue como llegué a la primera terapia. Simplemente estaba desesperada, mi vida no tenía sentido y quería morir a cada instante. Mi familia se dividió para siempre. Aun con la afirmación de mi agresor, no sabía exactamente qué fue lo que me pasó pero empecé a sanar con lo que tuve a mano. Fueron 10 años de terapia, durante un par de los cuales tomé antidepresivos (no de muy buen grado). Tuve que leer cientos de libros sobre el tema, hacer miles de ejercicios escritos, trabajar en grupo e individualmente, caer una y otra vez en crisis y sentir muchas veces que iba como los cangrejos para atrás, pero nunca desistí, seguí y seguí hasta que finalmente empecé a ver la luz.

¡No era magia! No se trató de un cambio dramático. A veces estaba irritable a más no poder, otras estaba totalmente devastada. La depresión era un estado habitual. Las lágrimas se me derramaban solas a la menor provocación. ¿Dónde estaba esa sonrisa que todos recordaban de mí? A las personas les gustaba más antes cuando me resultaba fácil fingir que mi vida era perfecta y no ahora cuando no podía disimular que todo había estado mal por años. Pero paradójicamente ahora que no sonreía, era cuando iba por mejor camino. El camino de la recuperación.

Empecé a tener una vida que me gustaba más. Empecé a seleccionar mejor a mis parejas y a mis amistades, aprendí a decir no, a no permitir lo que no quería permitir, a poner límites, a respetarme y no permitir que nadie me faltara el respeto, a validarme, a aceptarme. No fue precisamente decir un día "ya sané" ni tampoco recibir un diploma de graduación y terminar la terapia, sino que fue un gradual irme sintiendo mejor e ir teniendo herramientas y habilidades que me permitieran hacer mejores elecciones en mi vida y poner fin a situaciones que de algún modo no eran favorables para mí. Y eso invariablemente me ha llevado a sentirme bien con mi vida y con mis elecciones. No es que sea perfecta, no es que ya no haya nada que me lastime jamás, no es que sea rabiosamente feliz todo el tiempo, es que si algo no funciona lo arreglo, si algo funciona lo disfruto, si quiero algo sé que puedo y que me lo merezco y voy por ello. 

La recuperación no significó olvidar el abuso, ni siquiera perdonar al agresor. Yo no creo que sea necesario perdonar. Pero sí significó que me dejara de doler, que dejara de pensar en el abuso a todas horas, que dejara de sentirme "rara, diferente, mala o que algo anda mal conmigo", que dejara de sentirme víctima. Que condenara toda mi vida al fracaso y a la autodestrucción por algo que me otro hizo hace muchos años. La recuperación fue aprender a poner límites y a hacer elecciones en mi beneficio, a quererme y a partir de ahí a querer a otros, a confiar en mí primero que nadie y luego a confiar en otros; a disfrutar sin sentirme culpable; a tomar el control de mi vida en mi beneficio.

C. D.

martes, 12 de julio de 2011

Perfil psicosocial del pedófilo

Antes de analizar las tipologías pedófilas, es viable dar a conocer al público los indicadores de abuso sexual en niños/as. Los padres y/o educadores deben estar atentos si los siguientes síntomas y signos se evidencian en el menor:

•Cambios en el comportamiento, cambios bruscos de humor, retraimiento, temor y llanto excesivo.

•Orinar en la cama, pesadillas, temor de ir a dormir u otras perturbaciones durante el sueño.

•Conducta sexual impropia, interés inusitado en cuestiones sexuales.

•Expresión súbita de sentimientos o comportamiento agresivo o rebelde.

•Regresión o retroceso al comportamiento infantil.

•Temor a ciertos lugares, personas o actividades, especialmente de estar a solas con ciertas personas.


No se debe forzar a los niños a ser afectuosos con un adulto o con un adolescente si no quieren. Esté atento a signos de que su hijo o hija está tratando de evitar a alguien, y escuche cuidadosamente cuando le cuenta cómo se siente con respecto a otras personas. Dolor, picazón, hemorragia, secreción o irritación en las áreas privadas. Siempre existe la posibilidad de que un niño o niña pueda revelar actos pasados de abuso o sentimientos generales de temor. Si eso ocurre, esté preparado para ayudar a su hijo o hija.


Siga los siguientes consejos si su hijo o hija indica que podría haber sido víctima de abuso o explotación sexual:


 NO reste importancia a la información revelada ni la minimice.

 NO se alarme ni reaccione exageradamente ante la información.

 NO critique ni le eche la culpa al niño o a la niña.

 Respete la privacidad del niño o niña.

 Apoye la decisión de su hijo o hija de relatar lo ocurrido.

Muestre afecto físicamente y exprese amor, compasión y apoyo con palabras y gestos. Esfuércese en permanecer tranquilo, sin hacer críticas ni emitir juicios.

Explíquele que él o ella no ha hecho nada malo. Ayude a su hijo o hija a comprender que la responsabilidad no es suya, sino del transgresor.

Recuerde que los niños rara vez mienten sobre actos de explotación sexual.

Mantenga abiertas las líneas de comunicación. Busque atención médica adecuada para su hijo o hija. Haga la denuncia a la policía. Alerte en cooperación con la policía a los organismos de protección de menores.

Considere la necesidad de tratamiento o terapia para su hijo o hija y toda la familia. Pida a las otras personas que lo están ayudando que le den recomendaciones para profesionales competentes.



Normalmente, el abuso sexual no es fruto de la casualidad. Con mucha frecuencia se da en niños que han sufrido otras adversidades: maltrato emocional, otros tipos de abuso, una relación con los padres inadecuada; la existencia de conflictos y privaciones, sexismo, etc. Esto sucede por varias razones. Por un lado, la existencia de agresores en el entorno familiar o social, asociada a otros problemas, como el abuso de alcohol, los conflictos interpersonales, los maltratos a la esposa, los problemas siquiátricos y el estrés social (Finkelhor, 1979). Estas patologías sociales y familiares a menudo facilitan la aparición de los agresores o los impulsan a actuar.



En segundo lugar, los niños que han sido víctimas de abuso sexual son, por lo general, niños que han sufrido privaciones –sus padres los han ignorado, han abusado física o emocionalmente de ellos o de otros niños o miembros de la familia– o se han visto inmersos en un conflicto familiar.



Actualmente, muchos estudios han demostrado que los padres que abusan de sus hijos suelen ingerir sustancias tóxicas, padecen problemas psiquiátricos, tienen peleas maritales, o son padres muy punitivos y distantes. Por sí solas, estas condiciones originan daños psicológicos, pero también ponen al niño en situación de riesgo porque son escasamente atendidos a la vez que están condicionados a aceptar la violencia y la victimización, y se vuelven vulnerables a las estrategias de los agresores –quienes les ofrecen atención y afecto a cambio de sexo–. De este modo, muchos niños que han sufrido abuso sexual han sido psicológicamente dañados antes incluso de que este se produzca.



Un dato interesante y para tener muy en cuenta es que hay que estar atentos en los supuestos casos de abuso sexual en donde hay intensos conflictos maritales y pedidos de resarcimiento. Muchas veces han ido a la cárcel personas inocentes denunciadas por abuso sexual, que han sido víctimas de la acción desleal de la pareja, quien tiene por objetivo perjudicar, vengarse o quitar dinero de forma malintencionada. Otro aspecto de importancia es que la no evidencia de daño físico en el menor no siempre significa falta de abuso sexual. En el 50% de los casos no se encuentran signos físicos de actividad sexual. Esto se debe a que muchos pedófilos solo usan caricias, besos, manoseos con el niño/a; de este modo no queda evidencia física visible. Es fundamental no concebir el abuso sexual como una cuestión únicamente concerniente a la sexualidad del individuo, sino como un abuso de poder fruto de esa asimetría. Una persona tiene poder sobre otra cuando le obliga a realizar algo que esta no deseaba, sea cual sea el medio que utilice para ello: la amenaza, la fuerza física, el chantaje. La persona con poder está en una situación de superioridad sobre la víctima que impide a esta el uso y disfrute de su libertad. Pero igualmente importante es entender que el “poder” no siempre viene dado por la diferencia de edad, sino por otro tipo de factores. El abuso sexual entre iguales es una realidad a la que no debemos cerrar los ojos. En este caso, la coerción se produce por la existencia de amenazas o porque hay seducción, pero la diferencia de edad puede ser mínima o inexistente. Aun así, se consideraría abuso sexual.



PSICOLOGÍA DEL PEDÓFILO


Algo que hay que entender es que al pedófilo no le atrae sexualmente un cuerpo infantil, sino más bien lo que la niñez “simboliza”, es algo sicológico. La pedofilia es, en esencia, un autoerotismo. El pedófilo utiliza el cuerpo del niño para masturbarse en él. De ahí el éxito de internet entre los pedófilos: ofrece sin un cuerpo, el sexo anónimo, masturbatorio. Los niños en el ciberespacio son meras representaciones, a menudo nada más que fotos eróticas.


Los varones agresores están socializados para dominar: los niños les resultan atractivos debido a su baja capacidad de dominación –relación con inmadurez, baja autoestima y agresividad del agresor–. Los pedófilos comienzan como personas “normales” y luego descubren para su angustia que son atraídos por prepúberes. La adolescencia es clave en el nacimiento de esta sicopatología. “Si el joven se excita con estímulos atípicos, como imágenes infantiles, puede acabar asociando placer sexual con niños”, aclara Enrique Echeburúa, un reconocido sicólogo español. Esa hipótesis la corrobora Santiago Redondo, profesor de Psicología y Criminología de la Universidad de Barcelona: “El adolescente se inicia en el sexo pensando en niños.



El problema es que reproduce esa experiencia en su imaginación”. Ellos/as suelen tener un sistema de creencias disfuncionales a las que le llamaremos “distorsiones cognitivas”, como ejemplo citamos algunas:



1) Las caricias sexuales no son en realidad sexo y, por ello, no se hace ningún mal.

2) Los niños no lo dicen debido a que les gusta el sexo.

3) El sexo mejora la relación con un niño.

4) La sociedad llegará a reconocer que el sexo con los niños es aceptable.

5) Cuando los niños preguntan sobre el sexo, significa que él o ella desean experimentarlo.

6) El sexo práctico es una buena manera de instruir a los niños sobre el sexo.

7) La falta de resistencias físicas significa que el niño desea contacto sexual.



Estas distorsiones o formas de pensamiento erradas son las que mantienen la conducta desviada de estos agresores minimizando o negando su responsabilidad, presentándose a los demás como sujetos “normales”, y neutralizando la seriedad de sus agresiones a través de ciertas justificaciones. A menudo la única lógica posible de estos crímenes es interna. Solo el abusador sabe por qué comete sus actos perversos. Los abusadores sexuales no siempre cometen sus crímenes de la misma forma. En el mundo de las mentes tenebrosas, la tenebrosidad ciertamente es infinita. Cualquier explicación de por que ciertos individuos poseen una sexualidad violenta es incompleta si se ignora la variable más importante, el criminal mismo. Cada persona es un producto único de naturaleza y crianza, destino genético e influencias ambientales. Lo que tiene un gran impacto en una persona puede no tener efecto en otra. Por lo tanto, un número de factores contribuyen en la génesis de un abusador sexual, nunca es un solo elemento la causa de la conducta desviada.



Una de las figuras clave de la cristiandad temprana, San Agustín, en su libro “Confesiones”, escribió que el pecado es un producto de “cinco pasos”. Primeramente, la mente concibe una acción. Luego se considera la acción como algo relacionado a los sentidos –¿podría obtener placer de esto?–; luego, el individuo considera la posible consecuencia de su acto. Si él/ella está dispuesto a arriesgar los resultados, se decide a actuar según su pensamiento. Por último, una vez que el acto ha tenido lugar, su mente racionaliza el comportamiento –la racionalización es un mecanismo de defensa que consiste en justificar las acciones (generalmente las del propio sujeto), de tal manera que eviten la censura. Se tiende a dar con ello una “explicación lógica” a los sentimientos, pensamientos o conductas que de otro modo provocarían ansiedad o sentimientos de inferioridad o de culpa–. Esta descripción hecha por San Agustín podría describir muy bien el proceso que despliegan muchos criminales sexuales. Los crímenes sexuales se originan en la fantasía del criminal. En la fantasía todo es “posible”. Con el tiempo, esas imágenes sexuales se convierten en obsesión y compulsión, que anulan la voluntad de la persona.



Muchas veces no puedo evitar sentir compasión por estos desviados sexuales, ya que suelen padecer de una “tortura interior”, por la intensidad y dominación que tienen sobre ellos las fantasías sexuales. Por más que quieran, no pueden deshacerse de ellas. Es una adicción.



Según muchos investigadores, la quinta parte de la población tiene fantasías sexuales con niños; es mucho más común de lo que suponemos; sin embargo, son pocos los que “cruzan” la línea y se convierten en abusadores sexuales.



El aspecto y comportamiento “normal” no tiene nada que ver con la posible ausencia de pedofilia. La mayoría de los pedófilos tienen buen aspecto, son considerados como buenas personas y son queridas por la comunidad. Muchos de ellos/as son introvertidos y tímidos, pero a pesar de estos rasgos esconden una conducta peligrosa. Mantienen sus intenciones “bajo tierra” y nunca hablan del tema. Los pedófilos son irresponsables y sicológicamente inestables. Su sentido de la autoestima es volátil y desregulado. Es probable que sufran de ansiedad y miedo al abandono, y sean muy dependientes de la pareja u otras personas. Cualquier persona puede ser abusador/a, especialmente las que trabajan y conviven con los niños: niñeras/os, profesores, pediatras, chofer de transporte escolar, sacerdotes, vendedores de golosinas, entrenadores deportivos, profesionales de la salud mental que trabajan con niños, orientadores, etc. Esto se debe a que mucho de estos criminales eligen profesiones que les acerquen a los niños/as. Por eso, recomiendo que las personas que van a trabajar en esas áreas sean evaluadas por sicólogos con especialidad en el área forense y, sobre todo, con experiencia en esta temática.



También es importante reconocer que los pedófilos prefieren tener relaciones sexuales con los niños, pero pueden tener y tienen relaciones sexuales con adultos. Algunos pedófilos tienen relaciones sexuales con los adultos como parte de su esfuerzo por ganar o mantener su acceso a los niños. Por ejemplo, puede tener relaciones sexuales ocasionales con una madre soltera para asegurar el acceso continuo a sus hijos.


Tipos de pedófilos


Si bien no existe un perfil acabado del abusador sexual, es importante conocer los últimos avances de la investigación en relación a estos sujetos. Expondré la tipología creada por Kenneth V. Lanning, M.S., agente retirado del FBI y ex miembro de la famosa Unidad de Ciencias del Comportamiento de la FBI –uno de los mayores expertos en el mundo en esta temática– y por el Dr. Park Dietz, su colaborador investigativo. Ellos dividen a los abusadores sexuales de niños en dos categorías:


Abusador situacional (pederasta)
Este tipo de abusador suele tener baja inteligencia y provenir de medios socioeconómicos bajos, aunque también puede ser inteligente y de medios socioeconómicos altos. Puede ser diagnosticado como portador de trastornos de personalidad del tipo, sicopático/antisocial, narcisista, esquizoide y sádico. También podría padecer de sicosis, retraso mental o senilidad. Podría ser un adolescente que no tiene amigos de su edad o un solitario que aún vive con sus padres. A menudo cuenta con antecedentes criminales varios. Le gusta la pornografía violenta. Es impulsivo, actúa bajo impulsos lujuriosos y/o situaciones estresantes. Su acto criminal suele ser espontáneo. Este es el tipo de abusador que suele llegar a raptar, dañar físicamente e incluso matar a su víctima. Basa su acción en la disponibilidad de algún niño/a y en la oportunidad, para ejercer su ataque. Este tipo de abusador sexual no tiene una preferencia exclusiva por los menores. Puede cometer su crimen por una variedad de razones, muchas veces como un sustituto sexual de su pareja habitual. Su modus operandi suele ser la coerción, la manipulación, el uso de la fuerza. Es un sujeto que abusa de la gente: esposa, amigos, compañeros de trabajo, no solamente de los niños. Suele mentir, robar, engañar. Molesta a los niños por una simple razón –¿por qué no?–. Sus víctimas suelen ser desconocidas para él, aunque a veces puede ser su propio hijo o algún hijo de un amigo, vecino, etc. Suelen correr muchos riesgos, usar armas y cometer errores en la ejecución de su crimen, por su estilo impulsivo de comportarse.



Abusador preferencial (pedófilo)
Los abusadores de niños/as preferenciales tienen una preferencia sexual definida por los menores. Sus fantasías sexuales y las imaginaciones eróticas se enfocan en los niños. Casi siempre tienen el acceso a los menores, molestan a múltiples víctimas. Suelen ser más inteligentes que los pederastas y provenir de medios socioeconómicos más altos. En este grupo se encuentran muchos –padres, tíos, primos, hermanos, abuelos–; este dato es incómodo y sumamente perturbador, pero su realidad es innegable. Muchas veces el “enemigo” se encuentra en nuestra propia casa. A menudo tienen más de una parafilia. Su conducta sexual es compulsiva, ejecutan su crimen por una “necesidad” que les lleva a desplegar actos ritualísticos sexuales, que podrían ser como los siguientes: elegir solo una determinada edad o sexo, ejecutar el acto se cierta manera, usar objetos, hablar de forma abusiva, rara ante su víctima, etc. El motor se su accionar son sus fantasías.



Es mentiroso y manipulador. Planea eficientemente su delito. Evalúa sus experiencias. Suele usar tecnología moderna para excitarse –computador, video–.



Muchas veces coleccionan pornografía infantil –impresa y/o videos–. Se acerca al niño/a de forma seductora, prodigándole atenciones. Manipulan a su víctima, dándole regalos, prometiéndoles cosas. No aceptan su responsabilidad. Ocultan de manera astuta su perversión. Tienen mucha facilidad para entender y manejar a sus víctimas, detectan fácilmente las necesidades de estas. Este tipo de abusador es crónico y, por lo tanto, es menos probable que puede modificar su conducta desviada.

 Susana Balao.

La graduacion de sexto año.

¡El resumen esta mal hecho! Quiero que te quedes a la salida para que tú y yo revisemos tu desempeño.


Gaby tiembla con esas palabras, el estomago se le revuelve y a pesar del calor de Los Cabos empieza a temblar por que ella sabe que no van a revisar sus trabajos, que no “Profe” no le va a explicar las fracciones que tanto se le dificultan. Se le llenan los ojitos de lagrimas por que ya sabe que va a suceder.


Como no va a saberlo si todo empezó desde 5to. primero le ayudaba con los trabajos, un día mientras revisaban unas fracciones el metió la mano por debajo de su falda, ella brinco pero el la detuvo y le dijo tajante “te aguantas o repruebas el año y a ver como te va con tu mamá” Y asi siguió el año escolar entre abusos, amenazas y vejaciones.


A principios del 6to año Gaby le planto cara y le dijo que no, el maestro mando a llamar a su mamá para decirle que estaba muy decepcionada de la niña, que no ponía de su parte, que siempre platicaba en clases, que no cumplía con los trabajos, que si llevaba promedio aprobatorio era por que el no la quería perjudicar y al llegar a su casa su mamá le da una tunda que no le dejo ganas de decir nada.


Y así llego la salida de clases, sus compañeros se comenzaron a retirar, quiso salirse entre “la bolita” pero el maestro la detuvo “te dije que te quedaras” ella se volvió a sentar para esperar que todo pasara rápido, pensaría como siempre en otras cosas, que su papá iba a regresar del "gabacho" e iría a una escuela linda, que estaba muy cerca la secundaria donde no tendría que volver a ver al profesor… pero esta ocasión fue distinto, aparte de tocarla y obligarla a tocarlo la puso contra la pared y sintió un dolor profundo, que le quemaba, mientras el le decía “ Es tu regalo de graduación, pa’ que te acuerdes de mi cuando dejes la primaria”

Cuando su madre la vio llegar con solo verle los ojos apagados comprendió todo, por que las malas notas, la falta de apetito, el insomnio…

Y ahí empezó un peregrinar de Ministerio Publico en Ministerio Publico por que no tenían tiempo de atenderlas y en ese camino Gaby y su mamá conocieron a Fernanda y a Hilda, más o menos de la misma edad de Gaby pero de otras primarias. Sus historias son muy parecidas, igual de dolorosas.

Estas tres familias ganaron un poquito de paz cuando se dicto el auto de formal prisión, pero se dice en las escuelas donde este hombre trabajaba que esta apoyado por funcionarios de la Procuraduría General de Justicia.


Yo me pregunto: ¿Habrá justicia?

lunes, 11 de julio de 2011

Hablemos claro del Abuso Sexual Infantil

Poco se habla del abuso sexual infantil y mucho menos de forma clara y directa, existe confusión respecto a lo que se considera un abuso, en muchos de los casos las víctimas o familiares le restan importancia al considerar no ocurrió un abuso por lo que es necesario concientizarnos y hablar claro de este delito que cada día carcome y desestabiliza las estructuras principales de nuestra sociedad: “Los niños”.

Lo que se considera abuso sexual infantil.

El abuso sexual es toda acción sexual que una persona adulta, hombre o mujer, impone, sea con engaños, chantajes o fuerza a un niño que no tiene la madurez para saber de lo que se trata.

El abuso sexual va desde miradas, palabras, mostrar imágenes, videos etc., tocar o pedir ser tocado, caricias en el cuerpo o en los genitales hasta la penetración.

De ahí la tendencia a confundir abuso sexual con violación. En realidad la violación y el incesto son formas extremas de abuso sexual.

El abuso sexual incestuoso es cualquier interacción sexual entre un niño o niña y un adulto con el que se tiene una relación familiar.

En este punto presento el testimonio de dos mujeres en edades distintas, que fueron víctimas de abuso y que por desconocimiento, el crimen no fue considerado abuso sexual y mucho menos fue denunciado y castigado.

Mabel X 30 años casada: “Tengo la imagen es como un sueño, yo era muy pequeña 5 años creo, mi primo mayor, haciendo que yo le tocara los genitales e hiciera cosas” Aquí en este punto se tuerce las manos y dice, “eres la segunda persona a quien le confieso esto, hay muchas cosas que no recuerdo, y me da miedo”.

Mabel tuvo que confesar este episodio a su esposo, ya que había ciertos momentos durante su vida en los que a presentado distintos síntomas y problemas.

Vic X 13 años: solo fue que me manoseó y enseñó pornografía infantil, gracias a Dios no hubo violación... 

Para ambas mujeres no está claro que lo que sufrieron fue Abuso Sexual Infantil, y que son “victimas” de dicho delito, que en ambos casos el pederasta no cometió la violación. Pero que las dos forman parte de las estadísticas de niños abusados, y que el abuso les cobrara la factura en algún momento de sus vidas a través de secuelas que no podrán reconocer como provenientes del abuso sexual.

Y tú ¿que tan claro hablas del Abuso Sexual Infantil?

Elizabeth Suarez

Periodista y Psicóloga

Florida International University

domingo, 10 de julio de 2011

Asesinato del alma


PERU
Por Jorge Bruce
Fui invitado por la Asociación Solidaridad Países Emergentes (ASPEm) a comentar una investigación, realizada por Gina Arnillas, sobre “Factores de riesgo frente a la ocurrencia de abuso sexual a niños y niñas en barrios tugurizados de Lima Metropolitana”. Algunos datos duros. Se llama “colecho” a situaciones en las cuales adultos o adolescentes comparten la cama en la que duermen, con niños o niñas. En los cuatro AAHH en los que se realizó el trabajo –Virgen del Carmen, Bello Horizonte, Santa Isabel y Amauta 1– el promedio de quienes viven en colecho es del 70%.
Si a estas condiciones de hacinamiento crítico se añaden factores culturales e individuales, como el hábito de la violencia doméstica y el maltrato infantil, por un lado, así como personalidades impulsivas y poco integradas, por el otro, tenemos montado el escenario para la proliferación del abuso. Esto no ocurre solo en los estratos socioeconómicos más desfavorecidos. Los psicoterapeutas escuchamos historias de abuso sexual infantil en mujeres de diversos niveles sociales. Pero es obvio que en circunstancias como las mencionadas, fabricadas por la pobreza, la frecuencia y naturalización de este “asesinato del alma”, como lo llamó hoy mi colega brasileño Leopold Nosek, en un coloquio sobre Psicoanálisis y Libertad, son pavorosas.
Todo esto lo sabemos pero no lo pensamos. La razón es la inmensa angustia que estos hechos producen. Entonces los negamos, los desmentimos. Pretendemos que ocurre lejos, que no nos concierne. Pero es falso. La lejanía puede atenuar la angustia, en la medida que nos sentimos menos involucrados con esos actos de agresión y daño a una infancia desprotegida. No por eso es menos intolerable y vergonzosa. Además esto ocurre, en lo que a los limeños se refiere, en el corazón de Lima Metropolitana: los cerros de El Agustino. Sin embargo, muchos lo sentimos como si sucediera en una montaña tan distante que ni la divisamos.
Cuando te confrontas con los factores que están facilitando, mientras ustedes leen esta nota, que se abuse de niñas y niños en nuestras narices, no puedes evitar hacerte preguntas. ¿A qué se refiere el presidente García con ese alardeo incesante de la dramática disminución de la pobreza? Si esto es así, ¿por qué la mayoría de viviendas, en el medio de la ciudad, carecen de servicios elementales como un baño propio?, ¿por qué la privacidad es un lujo inaccesible para la mayoría de estos conciudadanos?
Esta situación escandalosa arroja una luz siniestra sobre la “gestión” de Alexis Humala en Rusia. Hemos elegido a su hermano para combatir el abandono de los más débiles. El daño que le hace al proyecto de Gana Perú, cuyo eje es la inclusión de gentes irónicamente llamadas urbano-marginales, dado que, en este caso, moran en el núcleo de la ciudad, es tremendo. La prueba es que a Alan García le parece bien. ¡Claro que no ve nada de malo! Más bien celebra que el futuro gobierno siga sus pasos, negando lo evidente, nepotismo incluido.
La investigación identifica 30 factores de riesgo y da recomendaciones viables. Por ejemplo, los abusadores suelen pertenecer al entorno familiar. Qué coincidencia: los corruptos también.