lunes, 19 de octubre de 2009

¿CUAL SERÁ LA MEJOR PROTECCION?


Posiblemente su niño no sepa el peligro que puede correr al atender personas que llaman su atención y que el no conoce.

La atenta supervisión del niño es la mejor protección contra el abuso sexual.
El abuso sexual afecta a miles de niños cada año y en la gran mayoría de los casos los agresores son personas que ellos conocen y en las que confían, por lo que muchas veces se hace difícil prevenirlos de este tipo de ataques.

¿Cómo protegerlo del abuso sexual?
Es difícil proteger a sus niños del abuso sexual de miembros de la familia o amigos íntimos, pero usted puede estar alerta ante muchas situaciones potencialmente peligrosas.
Esté consciente de dónde está su niño y qué está haciendo: su atenta supervisión es su mejor protección contra el abuso sexual. Por supuesto, usted no puede estar con ellos todo el tiempo.
Pida a otro adulto responsable que los cuide cuando usted mismo no pueda cuidarlos.
Si usted no logra encontrar supervisión de adultos, haga arreglos para que los niños caminen o jueguen durante estos períodos.
Conozca a los amigos de sus hijos.
Especialmente aquellos que son un poco mayores que su hijo o hija.
Enseñe a sus niños a velar por su propia seguridad.
Enséñele a no aceptar dinero o favores de extraños.
Adviértales que no aceptan nunca pasear con alguien a quien no conocen.
Dígales lo que pueden hacer si alguien se les acerca.
Decirle a sus niños que busquen la ayuda de otro adulto persona mayor inmediatamente cuando un adulto les hace sentir incómodos o los asusta.
Explíqueles que es correcto llamar la atención, gritar y crear un escándalo en estas situaciones.
Recordarles que muchas niños son víctimas de personas que ellos conocen.
Decirles que ellos no tienen por qué estar de acuerdo con demandas para mantener contacto físico estrecho.
Asegurarles que es totalmente correcto decir no aún a parientes cercanos y amigos.
Anímelos a decirles a usted u otro adulto inmediatamente si cualquiera los toca o va hacia ellos en forma que parece extraña.
Háblales sin Asustarlos.
Si usted ha dado a sus niños con frecuencia reglas para su seguridad, tales como: Cómo atravesar una calle bulliciosa, qué hacer cuando ellos tienen un accidente y otras cosas por el estilo, las precauciones relativas al abuso sexual se convierten en una parte natural de sus conversaciones sobre seguridad en general.
Existen reglas apropiadas para cada edad del niño y ellas cambian a medida que el niño crece.
Si usted no quiere, no tiene por qué decir a los niños muy pequeños algo acerca del sexo cuando se discuten estas reglas. Simplemente explíqueles que algunos adultos pueden intentar tocarlos levantándoles o quitándoles sus ropas en una forma que hace que ellos se sientan incómodos.
Asegúrese de usar palabras que su niño comprenda. Responda sus preguntas totalmente, y hágales sentir que puede acudir a usted en cualquier momento para hablar acerca de cosas que son enigmáticas o inquietantes. Su serenidad sobre la materia le hará confiar en que ellos pueden compartir sus inquietudes con usted en el futuro.
Las reacciones de los niños al abuso sexual difieren con su edad y personalidad y con la naturaleza de la ofensa. Algunas veces los niños no son perturbados por situaciones que parecen muy serias para sus padres.
A menudo, los niños están atemorizados o confundidos por el abuso sexual. Muchos niños están temerosos de decir a cualquiera acerca del incidente por temor de ser culpados o castigados. En otros casos, los niños permanecen silenciosos debido a que ellos no quieren constituirse en un problema para el abusador.
Niños mayores pueden sentirse avergonzados para describir el incidente. Estos problemas son especialmente comunes cuando el abusador es alguno de la familia. Aun si un niño no le dice a usted acerca del abuso, usted puede tener la sospecha de que algo no anda bien.
Los cambios en el apetito o sueño pueden ser una señal, o el niño puede parecer inusualmente aislado, puede mostrarse muy perturbado cuando usted lo deja solo, o cuando el abusador está cerca. Sea sensible a cambios en la conducta de su niño e intente descubrir qué ocurre detrás de ellos.
¿Qué hacer si ya han Abusado de él?
Esté consciente de sus sentimientos acerca del incidente. Usted puede estar muy perturbado por lo que ha sucedido a su niño, puede sentirse culpable, rabioso o impactado. Si usted está molesto. Asegúrese que su hijo o hija comprendan que su rabia no es con él sino con el abusador.
Su primera reacción puede ser incredulidad. Los niños inventan historias, pero ellos muy rara vez informan relaciones sexuales imaginarias con adultos. Tome en serio la historia de su niño aun si el abusador es alguien en quien usted piensa que se puede confiar.
Muchos padres se sienten totalmente desesperanzados cuando su niño es abusado, pero usted realmente puede dar una gran ayuda. De hecho, su reacción será el más importante factor en la forma como su niño se reajusta.
No deje que lo manejen sus sentimientos recuerde que el bienestar de sus hijos es su prioridad. Si usted está muy perturbado, deténgase un momento a organizar sus ideas antes de hablar con su hijo del incidente. Explíquele a su hijo o hija que usted está perturbado por lo sucedido y que comprende que también él puede estarlo.
No lo presione a hablar pero dispóngase a escuchar cuidadosamente si ella o él quieren confiarle la experiencia. Responda cualquier pregunta y aclare cualquier mal entendido. Haga énfasis en que el abusador y no el niño es el responsable. Dígale que usted los protegerá (a él o a ella de tener una experiencia similar en el futuro).
Otros niños en la familia se pueden alterar or el incidente. Esté consciente de sus necesidades de atención y comprensión. Usted puede desear buscar ayuda médica. Las lesiones internas pueden ser difíciles de reconocer. Su niño o niña puede ser examinado sin costo alguno en una consulta de pediatría de un hospital general o de un hospital de niños o usted puede consultar a su médico particular.
Si el Abusador es un Familiar
Esta situación es bastante difícil para el niño y otros miembros de la familia. Usted puede experimentar fuertes conflictos y sentimientos acerca del abusador, pero la protección del niño debe continuar siendo su prioridad.
¿Quedara mi Niño Bien?
Los daños físicos permanentes como consecuencia del abuso sexual son muy raros. Su médico le dará información sobre su caso en particular. La recuperación emocional de su niño dependerá, en gran parte, de su respuesta al incidente.
El periodo de reajuste después del abuso puede ser difícil para los padres y el niño. Muchos jóvenes continúan atemorizados y perturbados por varias semanas. Pueden tener dificultades para comer y dormir, y pueden sentirse ansiosos al pensar en regresar a la escuela.
Con frecuencia los niños necesitan hablar acerca del incidente, no asuma que él lo olvidó y no pretenda hacer ver que nunca sucedió. Su apertura y compresión le ayudara a superar el desajuste emocional creado por el abuso.
Si su niño parece estar perturbado o si él o ella no logran volver a su rutina normal, busque ayuda profesional. Si toda la comunidad adquiere verdadera conciencia de la magnitud que ha alcanzado en los últimos tiempos en nuestro país el problema de abusos sexuales, de manera especial cuando se trata de niños, adolescentes y hasta de ancianos, será posible lograr frenar este tipo de delitos que tan graves secuelas pueden ocasionar, siendo muchas veces hasta causa de suicidios en gente joven.

miércoles, 14 de octubre de 2009

CASOS EN ECUADOR


Un 21,4 por ciento de niños, niñas y adolescentes de Ecuador ha sufrido en alguna ocasión algún tipo de abuso sexual, según se desprende de un estudio elaborado por el Instituto de la Niñez y la Familia (INFA) y el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), al que hoy tuvo acceso Efe.
La investigación, que estudió la situación de 2.567.101 niños, niñas y adolescentes, determina que 548.229 de los encuestados sufrieron al menos una situación de abuso sexual por parte, en su mayoría, de familiares, parejas o amigos.
Los resultados de la investigación también apuntan a que en la región amazónica y en las islas Galápagos se registraron mayores casos de abuso (27,7%) que en la región costera (21,8%) o en la sierra (20,3%).
Por ciudades, Quito, con 24,5 por ciento de casos, supera ligeramente a Guayaquil, la ciudad más poblada del país, que tiene un 23,3 por ciento de casos, mientras que el resto de las grandes ciudades registra un porcentaje del 20,3 por ciento.
Los tipos de abuso que más casos se registran son propuestas sexuales (68,2%), tocamiento de genitales (56,8%) o exhibición (49,9%), producidos sobre todo por personas en una franja de edad comprendida entre los 18 y los 30 años.
La mayoría de los niños, niñas y adolescentes que han sufrido esos tipos de situación sexual tienen entre 15 y 17 años de edad, seguidos de los que tienen 11 o menos.
El 28 por ciento de ellos no ha comunicado a nadie que sufrieron un abuso, mientras que el 34,7 por ciento optó por comunicarlo a algún amigo y el 15,5 por ciento a su madre.
Asimismo, entre los motivos que más llevaron a los menores a participar en las situaciones sexuales se cuentan que se trataba de una persona a la que ellos querían (36,90%) o porque les dijeron que era algo normal (19,20%), mientras que al 38,7 por ciento les generó un sentimiento de miedo y al 29,4 por ciento, vergüenza.
De acuerdo con el INFA, el objetivo de la investigación publicada es "contribuir a la revisión y rediseño de políticas y acciones dirigidas a enfrentar el fenómeno de abuso sexual a niños, niñas y adolescentes en el país", así como "establecer la magnitud del problema y determinar las principales características del fenómeno".
Desde 1991 no se había realizado en Ecuador un estudio sobre la problemática, pero en ese momento se centró únicamente en las dos ciudades más importantes de Ecuador, Quito y Guayaquil, mientras que el estudio actual es a nivel nacional.
Con estos datos, el INFA y el MIES se proponen trabajar para "establecer una legislación que no permita ninguna clase de impunidad", a la vez que implementar programas de prevención para fortalecer el respeto a los derechos de los menores, "uno de los grupos más vulnerables y descuidados por la sociedad y el Estado".
Los principales grupos receptores de esos programas serán las familias, las escuelas, las iglesias y los medios de comunicación.
Asimismo, se buscará "mejorar el sistema judicial, agilizar los procesos y mejorarlos" para evitar, por ejemplo, "la re-victimización de la persona agredida".
El INFA también se propone mejorar procesos de asistencia domiciliaria, mejorar programas de educación preventiva y establecer acuerdos y redes de trabajo entre instituciones.
Actualmente Ecuador cuenta con 43 Centros de Protección de Derechos de los menores de edad, donde se ha realizado una capacitación en atención especializada en abuso sexual.

lunes, 12 de octubre de 2009

¿VIOLENCIA INVISIBLE?


Marta tiene 38 años, una hija de 14 y una vida sentimental turbulenta. Ha tenido seis parejas y muchas otras relaciones esporádicas, entre las que figura el padre de su hija. Su vida laboral tampoco ha sido estable. ¿La causa? "Estoy en un estado de alarma permanente", dice. Pero no afrontó la raíz de esta inseguridad constante hasta que acudió a una psicóloga, hace unos años. Entonces recordó: cuando tenía cinco años, su padrastro y su hermanastro abusaron de ella. "Llevas eso escondido dentro, y no eres consciente de que te ha afectado toda la vida", se lamenta.

El de Marta no es un caso aislado, según el estudio del Programa de Atención a la Salud Sexual y Reproductiva (PASSIR). Muchas de las mujeres que solicitaban ayuda a este servicio arrastraban en su vida adulta las secuelas de los abusos que sufrieron de niñas.
Según el estudio, estas mujeres se sienten con más frecuencia presionadas para iniciar sus relaciones sexuales consentidas, son más proclives a mantener conductas de riesgo y tienen más embarazos en la adolescencia que las mujeres que no han sufrido abusos infantiles.

En sus relaciones muestran menos confianza hacia sus parejas, padecen más disfunciones sexuales y sufren más casos de maltrato. "Quien no ha sido cuidado en su infancia, más tarde tiene más dificultades para cuidarse", explica Lourdes Lopetegui, una de las autoras del estudio. Subraya, sin embargo, que esta relación no es causal ni aparece necesariamente.
Uno de los casos en que los abusos se repitieron es el de Rosario (nombre ficticio), profesora universitaria. Cuando tenía cinco años, un primo empezó a abusar de ella. Con 18, un compañero de universidad la violó. Ahora, con 33 años, teme que la relación con su marido se resienta de esos abusos. "Veo en él un reflejo de otros hombres", le mezclo "en una lucha que no va con él", dice, temerosa de "pasar de víctima a verdugo". Para evitarlo, hace poco que ha empezado a tratar con una psicóloga sus vivencias de niña.
Por eso y porque quiere "ofrecerle otro tipo de experiencia" a su hija de 10 meses. Las psicólogas también creen que, con terapia, se pueden paliar los efectos de los abusos infantiles que ellas han estudiado. "Es la violencia más oculta", explica López, que añade que esperan que su labor sirva para sacar a la luz las secuelas que puede tener el abuso sexual a largo plazo, precisamente para poder identificarlas como tales y tratarlas lo más pronto posible. Marta lo hace, y confía: "Estoy tomando las riendas de mi vida".

AUTOAGRESIONES


Brigitte Hauschild*
Los artículos que diferentes personas escribimos sobre el abuso sexual en la niñez causan muchas veces reacciones en personas sobrevivientes y nos llegan cartas, testimonios o solicitudes. Hoy quiero cumplir con una solicitud que me hizo una de estas sobrevivientes. Ella me invitó a escribir sobre las secuelas que me dejó el abuso, sobre autoagresiones como una de las expresiones más dolorosas que usamos muchas sobrevivientes.Como yo suelo escribir desde mi propia experiencia. Hoy quiero hablar de algunas condiciones que me atraparon durante mi infancia y profundizaron las secuelas. Mis autoagresiones:Mi madre se casó con mi padre a los 17 años, siendo adolescente, en contra de la voluntad de sus padres y sin ser preparada para ser esposa y madre. Aunque yo nací, cuando mi madre ya tenía 24 años, ella entonces ya tenía tres hijos, varios abortos naturales y estaba sobrecargada con el cuido de estos tres hijos en tiempos de post-guerra. Con un salario de miseria, mi padre tenía que garantizar la manutención de seis personas, que no era fácil. Además, la vida emocional de pareja entre mis padres no ha sido puras rosas. En algún momento de su vida mi madre me dijo que mi padre no aceptaba cuando ella se negó a tener relaciones sexuales con él, era “su obligación” como esposa, satisfacer sus deseos sexuales.Recuerdo la relación con mi madre muy fría, aunque de mi niñez entera no tengo muchas evocaciones. Por fin, logré reconstruir importantes piezas del rompecabezas de mi niñez durante mi proceso de recuperación emocional, tanto en una terapia individual como en “mi” grupo de apoyo mutuo, como con trabajo corporal.Ni mi mamá ni mi padre sabían educar con amor, cariño y ternura, si no llenaron nuestras necesidades físicas, es decir, nos daban de comer y nos mantenían limpios, pero nos hacía falta a cada uno de mis hermanos y a mí este trato de cariño que merecemos todos los niños del mundo: merecemos ser deseados y ser tratados con cariño y amor. Lo que conocí desde muy tierna edad eran prohibiciones, castigos y emociones poco agradables.

Nosotros, hijos/as única, como yo, sólo teníamos la tarea de obedecer, no molestar y quedarnos callados. No teníamos derecho a opinión propia y nuestros padres no nos confiaban. Yo siento que es muy cierto: “lo que uno no recibió difícilmente puede dar”. Y la respuesta que yo tengo al comportamiento de mis padres es que ellos mismos son hijos no deseados. La diferencia entre ellos y yo es que yo trabajé mi pasado y de esta forma me liberé de esta carga dolorosa y siento, que con el proceso de recuperación emocional logré romper el círculo de violencia: no sigo siendo violenta conmigo misma y sé amar, dar cariño y proteger a las que lo necesitan.No haber sido amada más el incesto (abuso sexual por parte de un familiar) que viví durante mi niñez hizo que yo “dejara de sentir” por muchos años, sin estar consciente de esto. Mi CUERPO muy difícilmente ha sentido algo: los castigos físicos no me causaron lágrimas de dolor, ni sentí enojo o rabia en mi cuerpo, sino era la CABEZA, que manejaba mis sentimientos. Lo puedo decir hoy con tanta claridad, ya que desde hace años mi cuerpo está recuperando lentamente su capacidad de sentir y esta experiencia es tan dulce, que doy gracias a la vida cada día por haber vivido el proceso doloroso de mi recuperación emocional. ¡Valía la pena! Hoy siento cada célula, cuando toco mi piel suavemente, tengo sensaciones en todo mi cuerpo y también en mis partes íntimas, que antes no conocí. Dejé de sentir en mi niñez, para no sufrir el dolor emocional y físico del abuso. A la vez, desarrollé odio hacia mí misma por ser en los ojos de mis padres una niña que no merecía su cariño y amor.Yo empecé a lastimarme durante mi adolescencia y lo hice de diferentes formas durante muchos años y las “razones” inconscientes de las autoagresiones veo hoy en la prohibición de expresar mi enojo, la falta de confianza en mis padres y otros adultos para hablar sobre lo que me estaba pasando y la profunda desesperanza de mí misma más el deseo fuerte de SENTIR ALGO y por último el deseo de CASTIGARME yo misma por ser una adolescente que no merece el amor de sus padres. Por suerte, aprendí en mi primer proceso terapéutico a no seguir lastimándome tan cruelmente. Aprendí “mecanismos” para poco a poco desaprender las autoagresiones, me ayudó mucho tener personas a mi lado que se hicieron “testigos empáticos”; por ejemplo, una de estas personas me ofreció que la puedo llamar antes de lastimarme. Aprendí hacerlo: llamarla y hablar sobre los problemas que tenía en este momento que me hicieron lastimarme hasta ver correr mi sangre. Por eso, invito a todas/os que suelen autolastimarse a buscar a una persona con la cual sienten la seguridad de ROMPER EL SILENCIO y hablar sobre lo que les está pasando, lo que sienten y el apoyo que necesitan. Los libros de Alice Miller, eran de mucha ayuda durante mi proceso de sanar.

Las autoagresiones me llevaron varias veces al borde de la muerte. Sobreviví a todo, tanto los abusos, la falta de amor y cariño de mis padres y los intentos suicidas. Quiero dar esperanza a todas aquellas y aquellos que se ven reflejados en mi experiencia, que tal vez se sienten tan desesperadas como yo estuve durante mi adolescencia y mi vida adulta: ¡hay una salida hacia un futuro feliz! Si nos permitimos enfrentar nuestro pasado, trabajar las vivencias dolorosas, ¡sí! podemos recuperarnos, sentirnos como personas enteras y completas, disfrutar en cada célula estos sentimientos dulces qué es una caricia, qué es un beso con ternura.

*Soy sobreviviente.Teléfono: 22510110

VERGUENZA,CULPA Y MIEDO.


Vergüenza, culpa y miedo. Son los tres muros que se alzan ante las mujeres que han sufrido abusos sexuales en la infancia y adolescencia cuando quieren compartir su experiencia con familiares o amigos. Sólo una de cada tres vence esos obstáculos, según un estudio elaborado por 24 psicólogas del Programa de Atención a la Salud Sexual y Reproductiva (PASSIR) que entrevistaron a 1.015 mujeres, de las que 365 habían sufrido abusos. Lourdes Lopetegui, una de las autoras del análisis, dice que la mayoría de niñas que pasan por ese calvario "se sienten responsables y temen que no se las crea o se las juzguen negativamente". Muchas tienen el recuerdo dormido: el 30% de las mujeres que en la entrevista confesó haber sufrido abusos lo contó en su día a familiares, amigos o psicólogos.


Las que optan por guardarse el secreto se sienten indefensas y callan por miedo a represalias. "Muchas veces el abusador amenaza a la víctima con actos agresivos y la avisa de que, si confiesa, puede causar problemas en la familia, como la separación de sus padres", dice Lopetegui. "Ese temor al desequilibrio familiar unido al miedo de ser consideradas responsables del abuso" amedrenta a las jóvenes.


Las víctimas prevén una reacción negativa de su familia y lo cierto es que sólo la mitad de las que reveló su experiencia recibió apoyo. Una de cada cinco fue culpabilizada del abuso y el resto recibió indiferencia. "Algunas familias lo aceptan, pero otras se convencen de que no es grave, y que es mejor olvidar", cuenta Lopetegui. El 33% de las madres de las víctimas reaccionó de esa forma.
Tres de cada cuatro víctimas menores de 13 años recurren a sus madres. Y reciben más apoyo a esa edad que en la adolescencia. "Una niña no tiene la capacidad de mentir sobre esos temas. Y la madre, aún muy ligada emocionalmente a su hija, se siente obligada a responder contundentemente", sostiene la Lopetegui.El estudio, elaborado con la colaboración del Instituto de Investigación en Atención Primaria Jordi Gol, coincide con las conclusiones de otros trabajos americanos que subrayan que la madre cree más a la hija cuando el agresor es el padre biológico o un familiar próximo -el 75% de los abusos estudiados por las psicólogas- que cuando se trata de su nueva pareja. "A una mujer que ya ha roto una relación le cuesta más aceptar el abuso en su nueva familia. Admitirlo supondría otro fracaso y por eso lo niega, es una forma de proyectar su culpa", arguye Lopetegui. Ante una confesión, la madre busca fórmulas para sentirse inocente. Por ejemplo, le cuesta más creer la acusación si está en casa durante los hechos. Su presencia la hace, en cierto modo, cómplice con el agresor y por eso prefiere cerrar los ojos.
Los amigos cobran protagonismo en la confesión de los abusos entrada la adolescencia. Las mujeres entrevistadas que explicaron su historia cumplidos los 13 años lo hicieron, en igual porcentaje, a madres que a amigos. "En la adolescencia, los abusos suelen ser más graves y las jóvenes que los sufren", apunta Lopetegui, "son consideradas a veces incitadoras". Sólo el 10% de las mujeres que reveló su experiencia escogió a psicológicos o terapeutas como confidentes. La ocultación de los hechos hace disminuir la confianza de la víctima e incrementa su culpa. "La joven sufre fuertes sentimientos negativos, no sólo hacia el agresor, sino hacia sí misma por no haber sabido defenderse".
Rescatar del olvido estas historias y atender a las víctimas de la mejor manera posible es el objetivo de las psicólogas del PASSIR. El equipo de investigación, dirigido por Sílvia López, insiste en que el abuso sexual en la infancia es "un problema social y de salud pública que tiene repercusiones en la vida y la salud física y mental de muchas mujeres a corto, medio y largo plazo". Detectarlos a tiempo y tratarlos profesionalmente, dicen, evitaría desigualdades y contribuiría a la "prevención primaria de la violencia machista".

viernes, 9 de octubre de 2009

EL A.S.I EN COLOMBIA



Como todas las tardes, Lisbeth hizo sus tareas y tomó su bicicleta.
Paseó cerca de su casa. Hacía calor. Hizo una parada en casa de su tía. Entró, abrió la refrigeradora y bebió agua. Su tío político la llamó gritando: “¡Lisbeth, sube!”.
La niña, de nueve años, obedeció de inmediato. En la habitación, su tío le tapó la boca, la tiró a la cama y abusó de ella. Luego, él la bañó y ella huyó donde Silvia, su madre. Cuando Lisbeth llegó no dijo nada, solo lloraba.

La madre entendió lo ocurrido cuando, al revisar a su hija, vio su ropa interior ensangrentada.
La violación fue denunciada. Ahora este caso se tramita junto con otros 1.785, presentados durante el primer semestre de 2008, por la misma causa: abuso sexual infantil.Aunque sobrepasen las mil, las acusaciones apenas representan una pequeña parte de la magnitud del problema. Eso si se toma en cuenta que un informe, recientemente publicado por INFA y Defensa Internacional de los Niños (DNI), asegura que en el país más de medio millón de niños han sufrido esta agresión.La situación se agrava, de acuerdo con quienes tratan a las víctimas, si es que el afectado y su familia no reciben ayuda psicológica para superar el trauma. Pero únicamente los niños que denuncian reciben ese apoyo profesional y por ello pocos acceden a él.
“La víctima debe ser atendida en su crisis emocional, no solo de emergencia. Habrá gente que necesite ayuda toda su vida”, explicó Carola Cabrera, coordinadora del DNI en Guayaquil.Y Sofía Rodríguez, sicóloga del Centro Ecuatoriano de Promoción a la Mujer (Cepam) respaldó esa postura al agregar que “siempre se requiere tratamiento en un caso de violencia sexual, por el impacto a corto, mediano y largo plazo”.Ambas especialistas aseguraron que el trabajo no solo es con la víctima, sino también con la familia, ya que en el hogar se presenta una crisis. Más aún si hubo incesto.Silvia y Lisbeth son el ejemplo. El abusador está prófugo y su esposa, la hermana de Silvia, está desaparecida.“La familia estaba en una encrucijada. Una hija se fue con un violador y la única nieta fue abusada”, afirmó Vilma Torres, presidenta de la Fundación Voces del Silencio, una ONG que ayuda en este caso y otros similares.Actualmente madre e hija reciben terapia en la maternidad del Guasmo, al sur de Guayaquil.

INFA ofreció sus servicios a la familia, pero la rehusaron. No está claro por qué. Torres cree que el local de esta institución está lejos y como la familia es de escasos recursos, “movilizarse les cuesta”.El informe de INFA y DNI señaló que los niños abusados “atraviesan períodos, a veces muy largos, de profundo sufrimiento que nadie entiende” y crecen con sentido de desprotección y la crisis se extiende al resto de la familia.En el país hay 40 centros de protección del INFA. En estos lugares se atiende la violación de los derechos de los niños. Allí también están las víctimas de abuso sexual.En el puerto principal, Cepam también colabora. “Tenemos un equipo: una abogada y dos sicólogas y trabajadoras sociales”, explicó Anabelle Arévalo, coordinadora de este servicio.Estos profesionales se encuentran en la Fiscalía para atender las denuncias. Las sicólogas dan atención en emergencias porque, según Rodríguez del Cepam, “a veces se quiebran, entran en crisis y hay que contenerlos”.
Las trabajadoras sociales además recopilan información, que le servirá al fiscal como prueba. Además, verifican la situación familiar de la víctima, cuando es incesto, o si la víctima o el agresor deben salir de la casa.La ayuda dura hasta cuando el juez emite su fallo, “que sucede en pocas ocasiones”, reconoció Arévalo pero ellos continúan brindando la protección. Aun así, este apoyo solo llega a quienes llevan su caso ante la justicia y “la defensa común es huir o abandonar el proceso”, afirmó Torres, quien también es jueza de la Niñez y la Familia.Ella conoció un ejemplo que la escandalizó. Julia tiene tres hijas, una de 17, otra de 10 y una de dos. Conoció a Carlos, con quien procreó a Martha. Carlos violó sistemáticamente a todas, incluida a la más pequeña, su propia hija.A esto se suma que la mayor, la de 17, tiene una hija de dos años, presumiblemente de Carlos. “La madre es alcohólica. Pusieron la denuncia, pero nunca más vinieron. El proceso está abandonado”, informó Torres.Para ella, falta la presencia del Estado en estos casos, para evitar la deserción. “No hay políticas -se quejó- y hay que ir de un lado al otro, y no hay dinero para eso”.Sin embargo, Lorena Chávez, coordinadora de Protección Social de MIES-INFA, aseveró que está en vigencia la agenda nacional de la Niñez y un plan para erradicar el abuso sexual en escuelas. Pero aceptó que “aún falta mejorar la legislación y el sistema judicial. Incrementar las campañas de prevención”.Pero para Torres la legislación es clave: “La sanción en algo mejora la vida de la niña”. Lisbeth y Silvia, aún la esperan, y mientras tanto tienen miedo, pues creen que al abusador nada le impide volver.

EL A.S.I EN MÉXICO VA EN AUMENTO


México registra altos índices de abuso sexual infantil, en donde las víctimas son en su mayoría niñas y el promedio de edad de los afectados es de 5.7 años, reveló Ruth González Serratos, especialista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Al participar en el Simposio Repercusiones Clínicas y Psicológicas del Abuso Sexual, en el tercer día de actividades del VII Congreso Latinoamericano y II Iberoamericano “Sobre la Violencia contra Niñas, Niños y Adolescentes”, la especialista sostuvo que la sexualidad es utilizada como un instrumento que marca la imposición del poder y la ira sobre otro ser.

En su ponencia Síndrome Postraumático Inmediato y Mediato en Menores y Sobrevivientes de Violencia Sexual en la Infancia, la catedrática de la Facultad de Psicología de la UNAM, refirió que de junio de 1994 a mayo de 2002 la institución atendió 894 casos, de los que el 48.9 por ciento son sobrevivientes de abuso sexual en la infancia que no recibieron ningún tipo de ayuda y el 21.8 por ciento tuvo acceso a apoyo.

La edad promedio de la víctimas es de 5.7 años y el 77 por ciento son mujeres, mientras que en todos los casos la víctima conocía al agresor: el hermano en 19 por ciento; el padrastro en el 18 por ciento; el tío en un 16 por ciento y el padre en un 15 por ciento.
González Serratos manifestó que los menores abusados sexualmente presentan un síndrome de estrés postraumático que se manifiesta en alteraciones en los hábitos escolares en el 40 por ciento de los casos; en hábitos del sueño 10 por ciento y presentan además miedo a salir en un 70 por ciento; miedo a algún hombre en específico, a adultos en general, a que la madre sea agredida y a salir a jugar en un 60 por ciento.
GRAVES SECUELAS PSICOLÓGICAS

La especialista dijo que en el síndrome de estrés postraumático en sobrevivientes de abuso sexual en la infancia, es decir las personas que fueron abusadas cuando eran menores y no recibieron ningún tipo de tratamiento, encontramos que el 85.3 por ciento hay una sensación de fealdad, sensación de no ser uno mismo 74 por ciento; usar ropa que esconda el cuerpo un 70 por ciento.
Respecto a su sexualidad, añadió, el 73 por ciento experimenta dificultad para integrar la sexualidad con las emociones y se sienten sucias sexualmente.
Hay auto devaluación en un 90 por ciento, sensación de ser diferentes 88 por ciento, enojo constante en un 91.3 por ciento, necesidad de controlar a otros 86.7 por ciento, incapacidad de decir “no” 86.7 por ciento, sentimiento de culpa en un 90 por ciento.
Por otra parte el doctor Jorge R. Pérez Espinosa, del Centro de Atención Psicoterapéutico para Mamás (CAPSIM) de la Facultad de Psicología de la UNAM, expuso que el 90 por ciento de las madres violentas fueron abusadas en su infancia y fueron además maltratadas por su madre o padre.
Expuso que estas madres tienen problemas para establecer el vínculo afectivo entre ellas y sus hijas e hijos, lo cual es resultado de la falta de atención que sufrieron cuando niñas.

Su autoestima, añadió, es muy baja y se autodefinen con “demonios”, “mala mujer”, “chantajistas” y “perversas”, ya que asumen conductas de intolerancia con sus hijos e hijas y porque muchas veces no han perdonado a sus padres y madres y a quienes abusaron de ellas.
Sostuvo que es importante la perseverancia de estos programas ya que el problema de la madre que maltrata a sus hijos no es sólo un asunto relacionado con la condición económica o nivel educativo, sino que se presenta en todos los estratos sociales y académicos.
En el mismo simposio, el maestro en Salud Pública, José Rubén Ramírez, indicó que la violencia hacia los niños, niñas y adolescentes es una obstrucción para el desarrollo de una sociedad con equidad.
EL SUICIDIO COMO SALIDA AL DOLOR
Expuso que es común encontrar que las niñas y los niños abusados sexualmente tengan repercusiones negativas como la muerte prematura por suicidio, homicidio o infecciones de transmisión sexual.
Así como problemas de salud física como lesiones, discapacidad, baja autoestima, comportamiento sexuales de riesgos para su salud, embarazos no deseados, abortos en situaciones de riesgo, lo que incrementa la mortalidad infantil y adolescente.
En este sentido, el especialista universitario consideró necesario crear modelos de atención multi-interdisciplinarios que deben ser obligatorios para los hospitales que atiendan a niñas, niños y adolescentes.

EL TEMOR A NO QUE NO LE CREYERAN


La madre de Sara descubrió que su hija estaba siendo ultrajada sexualmente por su padre cuando, de forma accidental, lo sorprendió abusando de ella en su dormitorio. La madre tomó varias medidas para que el abuso no continuara y para que el agresor saliera de la casa.


Pero al hablar con Sara lo primero que preguntó fue: ¿Por qué no me lo dijiste antes?

Siguieron otras preguntas, pero al referirse a esto Sara dice, con mucha tristeza y angustia, que ella siente que nunca debió hablar, que “era mejor cuando nadie más lo sabía”, porque antes no la culpaban, no se sentía acusada y sobre todo sentía que no le creían.Estos elementos inciden para que el silencio que guardan las niñas, niños y adolescentes que viven o han vivido abuso sexual se mantenga, por meses, por años y a veces para toda la vida. Y pueden llevar a una niña, niño o adolescente a retractarse, para negar el abuso.

El abuso sexual, siendo uno de los más grandes horrores que viven la niñez y la adolescencia, también es reconocido como “el secreto mejor guardado”; por qué ocultar una realidad tan dolorosa y que conlleva secuelas tan severas para las personas que lo viven y para su familia.


Según diversos estudios, el ocultamiento del abuso sexual se mantiene fundamentalmente a partir de dos factores, en este artículo me referiré solamente al primero de ellos: El poder que el ofensor sexual mantiene sobre la niña, niño o adolescente.Los mitos que históricamente se han construido en la sociedad y que son sostenidos como verdades por el sistema social.El poder de dominio que el ofensor sexual ejerce sobre niñas, niños y adolescentes se manifiesta en que los hombres desde temprana edad asumen que son dueños del poder y que las mujeres, niñas, niños y adolescentes son seres de segunda categoría a los que él puede y debe mantener sometidas/os y controladas/os.De tal manera que el agresor va a construir el silencio de su víctima sobre el abuso, desde el inicio del mismo. Para ello, podrá utilizar el acercamiento, afecto y confianza, en la que se identifica ante la persona que abusa como su protector, cuidador o bien seductor. Utilizará expresiones de control que le permiten asegurar el silencio. Algunas expresiones del agresor pueden ser:“Esto no debe saberlo nadie, porque mami se va a poner celosa porque no juego así con ella”.“Este es un secreto de nosotros dos, si se dan cuenta te pueden regañar porque van a pensar mal de vos”.


En este sentido, es necesario agregar el factor afectivo, que es aprovechado por el agresor, ya que la manipulación ha sido posible a partir de la tergiversación que él hace de los sentimientos, de ahí que el silencio también es impuesto en nombre del amor.Este control puede ser a través de gestos, miradas, acciones directas o indirectas (la compra de regalos, las atenciones o prohibiciones excesivas para él o ella), que estarán en todo momento minando la fortaleza, confianza y seguridad de la niña/o o adolescente, limitando así sus posibilidades de buscar apoyo.


El tiempo es un elemento que va a sustentar este silencio, ya que en la medida que este transcurra, la niña/o se siente más atrapada/o en el secreto que ahora comparte con su agresor, y por lo tanto se verá más limitada/o de buscar apoyo; viviendo una situación en la que siendo la víctima, a su vez el agresor la hace sentir su principal cómplice.De tal manera que el silencio es uno de los factores traumáticos que lleva a niñas, niños y adolescentes a continuar atrapadas/os en la condición de abuso que viven o han vivido; ya que aunque el abuso termine, las víctimas optan por guardar silencio, lo que conlleva una carga de autoculpabilización, vergüenza y temor que genera diversos síntomas en ellas y ellos.Los elementos hasta aquí expuestos van a incidir para que una vez revelado el abuso sexual, no le crean a la niña o adolescente. Considerando que:Mienten sobre el abuso.Inventan porque tienen una mente muy fértil.
Han sido quienes sedujeron a su abusador.
Les ha gustado la experiencia vivida y por eso lo callaban.Sara ya tiene 25 años, aunque ha iniciado su proceso personal para superar las secuelas del abuso, se refiere de esta forma a la situación que vivió cuando el abuso fue revelado a la madre:“Siento que el daño que me provocó el abuso sexual no sólo llevó a que mi madre dudara de mí, sino a que yo misma me desvalorizara y no creyera en mí. Ahora puedo decir que para la niña que yo era en aquellos momentos, era muy importante no solo que mi madre, sino todas las personas creyeran en mí. Ahora sé que la principal razón por la que no podía decir lo que me ocurría era por el temor a que no me creyeran”.


*Psicólogahablemosde.abusosexual@gmail

EL A.S.I EL MÁS GRAVE Y EL MÁS FRECUENTE


El abuso sexual de niños y adolescentes es uno de los maltratos más graves y frecuentes, y, sin embargo, de eso no se habla.
Se considera abuso infantil cuando un adulto --o un adolescente mayor-- utiliza a un menor para satisfacer sus deseos sexuales aprovechando su poder y el vínculo que los une.
Más de 80,000 casos anuales de abuso sexual a niñas/niños se reportan en Estados Unidos, pero el número es aún mayor porque las víctimas temen decirlo y el proceso legal para validarlo es difícil.
El abusador empuja a la víctima a la sexualidad sin que ésta llegue a entender de qué se trata ni cómo defenderse, mientras es obligada a guardar silencio bajo tremendas amenazas. Niñas y niños desprotegidos, con baja autoestima, que carecen de educación sexual, son las presas preferidas del abusador.
El abuso es una situación asimétrica y desigual, ya que el poder está en manos de un adulto en quién la víctima confía. Frecuentemente es el padre, el abuelo, un tío, un hermano o hermanastro con el cual existe una relación estrecha y fuertemente afectiva.


``Mi abuelo me daba caramelos, me hacía tocarlo allí y después se tocaba rápido y hacía ruidos'', cuenta Cecilia, de cinco años.
Así comienza y, en la medida en que la niña/niño no se rebela, el abusador se apodera más y más del infante sometido y puede pasar de los toqueteos a la penetración.
La niña --es más frecuente el abuso femenino-- se da cuenta de que ``eso'' no está bien, pero la dependencia la obliga a callar creyendo que ella es la culpable. El silencio está también garantizado porque el abusador la amenaza con que si habla su madre o su padre morirán; el miedo a perder toda protección adulta la obliga a callar y es una mordaza que puede durar muchos años.
La frecuencia de abusos y su sentimiento de culpabilidad la van acostumbrando al dolor, que se hace rutina; una adecuación que la ayuda a tolerar el maltrato y le permite conservar la ``protección'' del adulto violador y no quedar solita.
La sumisión es extrema y dura hasta que un familiar, vecino o educador hace la denuncia; o una escalada en el abuso supera el miedo y la víctima busca ayuda. ``Cuando mi hermanita me confesó que papá también se lo hacía, no pude más''.
Los abusos reportados en las guarderías infantiles --daycares-- a niñas y niños absolutamente indefensos son un alerta de que el silencio debe terminar. El especialista doctor Alberto Goldwaser afirma que los abusadores de niños son los que más reinciden; conocemos las denuncias contra religiosos que parecen evidenciar que el sistema es enfermo.
Para evitar el abuso es necesario hablar con el niño o la niña y repetirle que nadie puede tocar su cuerpo si le incomoda o disgusta. Saber que puede decir o gritar NO y diferenciarlo del sí. Asegurarle que no es culpable y que siempre contará con la protección de aquellos adultos que lo quieren bien.
Dejar al infante desinformado y simplemente esperar que nada ocurra es una conducta imprudente y peligrosa. Para defender a nuestros menores, hablemos con ellos. •


(La Dra. Blasco es médico, psicoanalista y sexóloga, y autora de `Camino al orgasmo' y `Menopausia, una etapa vital'.)
dsb@doctorasoniablasco.com

UNA TRAICIÓN A LA CONFIANZA.


Sandra, al igual que muchas niñas, soñaba con el día en que se convertiría en una señorita.
Tal vez pensaba que su papá le organizaría una fiesta de 15 años por lo menos le daría un regalo, pero muy pronto tendría que enfrentarse a una triste realidad: Su padre la violó.
Cada 14 minutos un niño colombiano es víctima de abuso sexual. Solo en el último año el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Foren-ses realizó 16.120 dictámenes sexológicos en menores de edad, lo cual representó el 86 por ciento del total de casos reportados por violencia intrafami-liar a los niños.
El informe también revela que el 41 por ciento de los abusos reportados fueron cometidos por los padres; que de cada 10 casos que se registran a dia-rio, tres son de incesto.En cuanto al periodo de enero a julio del presente año se han registrado 3.408 casos, de los cuales 932 fueron cometidos por parte del padre y 1.026 por el padrastro.Estas estadísticas recuerdan el más escandaloso caso de incesto en el país que, el pasado 2 de octubre, permitió que el Juez Único Penal de Fresno, Tolima, condenara a 15 años y siete meses de prisión a Arcedio Álvarez Quintero, más conocido como el “Monstruo” de Mariquita, por su responsabilidad en los delitos de acceso carnal violento agravado e incesto. Fue hallado responsable de abusar de su hija durante 29 años, con quien tuvo siete hi-jos.La directora ejecutiva de la Asociación Afecto contra el maltrato infantil Isabel Cuadros, señaló que las agresiones sexuales, sin embargo, no sólo son cometidas por los padres o los padrastros, existen otros familiares con grados cercanos de consanguinidad quienes también pueden ser victimarios como es el caso de los tíos.“Los casos de abuso son más frecuentes por parte de padres y padrastros. También hay casos por parte de los hermanos, los tíos, los abuelos, en sí son atacados por sus conocidos”, afirmó Cuadros.En ese sentido, Medicina Legal reportó que 514 ataques sexuales son cometidos por los tíos (as), 439 por los primos (as), 265 por los abuelos (as), 215 por los hermanos (as), 10 por la madre y seis por la madrastra.
La problemática, más allá de las cifras, es muy grave no sólo por los daños que deja en los menores, los cuáles repercuten en todos los aspectos de su vida, sino también por los victimarios, ya que las conductas incestuosas son de origen psicológico ocasionadas en la mayoría por una “cadena” de mal-trato y violencia intrafamiliar.“Es una patología abusar de un niño, es una conducta en la que se presenta pedofilia y en otras no hay una concepción clara de sexualidad, pero esto no quiere decir que no sea imputable”, aseveró la psicóloga.El abuso sexual en concurso con incesto debe mantener en alerta a profesores, familiares, psicólogos y a todas las personas cercanas a los niños.“El abuso sexual en Colombia de niños y niñas es muy grave, es un problema epidémico. Estamos hablando de alrededor de 17 mil niños víctimas de abuso anualmente”, enfatizó Isabel Cuadros.“Es una traición a los niños, cuando alguien de toda confianza, que los tiene que respetar y hacer respetar, comete semejante barbaridad”, calificó la concejal de Bogotá Martha Ordóñez al referirse al incesto.
PatologíaAunque se siente repudio por estas situaciones, es precisó conocer que muchas veces quienes hoy son victimarios, muy posiblemente en su infancia también fueron víctimas.De acuerdo con los expertos, el abuso sexual es una cadena que por no recibir tratamiento se mantienen esos sentimientos guardados y, con el tiempo, al estar frente a un niño (o sus hijos), los liberan y es ahí cuando se presenta el abuso.Expertos dicen que una persona que no ha asistido a tratamiento puede llegar a tener relaciones disfuncionales con sus parejas, o son muy depresivos, hipersensibles, e incluso hay quienes tratan de quitarse la vida. Estas últimas buscan explicaciones y nunca han entendido porqué les ha pasado a ellas.
Por regiones
El 25 por ciento de las denuncias ocurren en Bogotá. Antioquia registra el 14 por ciento, Cundinamarca el 10 por ciento, Valle el ocho por ciento, pero esto no indica necesariamente que se-an estas zonas donde más casos ocurren, lo que sucede es que son ciudades con mejores mecanismos de denuncia.De todas maneras, estudios académicos afirman que las regiones con mayores casos sin denunciar pueden ser Cundinamarca, Nariño, Santander, Boyacá, el eje cafetero y la “zona paisa” en donde la problemática es muy grave.Cabe destacar que aunque la mayoría de las víctimas son las niñas, en los últimos años se ha determinado que los varones también han sufrido de incesto, sin embargo, son los que menos denuncian por temor o porque incluso, hay algunos que han considerado los ataques como normales.
“El hombre (niño) no denuncia mucho. Hay casos de adultos que sufrieron de incesto o de abuso sexual durante su infancia por parte de familiares muy cercanas que no denuncian no sólo por temor, sino porque creían que no era para tanto, y, por el contrario, se sentían honrados de que una mujer adulta los estuviera iniciando en la sexualidad”,


aseveró la concejal de Bogotá, Martha Ordóñez Vera.

LA LABOR DE LOS MAESTROS EN FRENTE DEL A.S.I


El lugar que tiene una maestra o maestro frente a la problemática del abuso sexual es privilegiado para la prevención, detección y denuncia de este delito.
Para las madres y padres son una fuente de apoyo en todo lo relacionado a la educación de las y los hijos, aliados en el desarrollo de valores, forjadores de personas útiles a la sociedad.
Maestras y maestros podrían detectar que un estudiante está viviendo abuso si están pendientes de estos signos:
1. Cuando un alumno empieza a bajar inesperadamente su rendimiento después de haber sido un/a estudiante excelente o regular, les cuesta concentrarse, comprender la explicación de las clases y a veces desertan o fracasan en el estudio.
2. A veces, el abusador vive en su casa (es decir, es parte de la familia o es alguien de mucha confianza), quisieran hacerse “invisibles” para que no lo notaran y no le agredieran de nuevo, quisieran no tener que regresar a la casa donde experimentan dolor y miedo, aparece el llanto sin causa aparente, tienen cambios bruscos del comportamiento habitual o se quedan callados por mucho rato, se aíslan en el recreo.
3. Algunos niños se vuelven agresivos o apartados, tímidos y temerosos. Otros empiezan a tener conductas muy sexualizadas para su edad, se nota prematuro su comportamiento en cuanto a ser seductores o “atrevidos” con las niñas o niños menores. Todos estos son efectos del abuso vivido.
4. Cuando el maestro o maestra habla con la madre (o padre) sobre los cambios del comportamiento del niño le debe preguntar si ha notado estos cambios y si tiene además otros problemas, por ejemplo, para dormir, temor a estar solo/a, insomnio, pesadillas, sonambulismo. O si le ha visto cambios en las maneras de hacer su higiene personal, por ejemplo: lavarse o bañarse continuamente o descuidar casi completamente la limpieza corporal.
5. Si el niño o niña no quiere quedarse solo o sola con una persona específica hay que ponerle atención, si le tiene miedo o se enoja con mucha frecuencia hay que ahondar en los motivos.
Otros problemas también se dan en la alimentación, puede ser que esté presentando trastornos gástricos y ansiedad, comer en exceso o no querer comer.Desafortunadamente en demasiadas ocasiones estos cambios son interpretados como malacrianza, vagancia o rebeldía, pero hay que escarbar un poquito más a fondo para conocer si detrás de todo este comportamiento existe un abuso sexual no revelado.Intervenir a tiempo es muy importante y aunque abundemos en decirlo, es mejor prevenir que lamentar. Si sospecha que uno de sus alumnos o alumnas está siendo víctima de abuso, acoso o chantaje sexual, abórdelo directamente y exprésele que ha notado que se comporta diferente. Dígale que puede confiar en usted y que cualquier cosa que sea hará lo posible para apoyarle. Es importante que cuando prometemos esta confianza la cumplamos, ya que si no es así lo que lograremos es que no vuelva a confiar en nadie más y el abuso continúe.
1. Escúchele, crea en lo que el niño o niña le cuenta; los relatos de abuso no son inventados, sobre todo por los detalles que dan, los cuales de no ser testigos y víctimas de ello no podrían hacerlo.
2. Dígale que ha hecho muy bien en contarlo y que ha sido muy valiente al hacerlo. Asegúrele que no tiene la culpa, el único culpable es el abusador, quien se vale de su edad, fuerza y engaños para manipularle.
3. Explíquele que hay personas que causan daño y que para que pare el abuso es necesario que su familia lo sepa, dígale que es posible que se ponga una denuncia y detengan a su agresor. Asegúrele que en ningún caso como adolescente o niño es responsable de lo que pase con éste.
4. Acompañe al niño o niña a contarle a sus padres. Si es víctima de incesto y el abusador es uno de sus progenitores hable con el que no le abusa. Establezca una alianza con la persona o personas que lo/la protegen para buscar ayuda adecuada.
5. Ofrezca apoyo a la familia en el caso de ser citada o citado como testigo. Y si la familia no quiere denunciar, la violencia sexual puede ser denunciada ante la Policía, Comisaría de la Mujer y la Niñez o Fiscalía, quienes deben llevar el caso de oficio.Es importante que como sociedad reconozcamos que todos y todas somos responsables por el bien superior de la niñez, que debemos prevenir la violencia y que callar, a pesar de tener conocimiento de un abuso, profundiza la victimización y hace que la impunidad crezca.Una buena maestra o maestro puede ser aliado de los derechos de la niñez.Jornada Nacional “Alto al Abuso Sexual”Integrante de la Red contra la ViolenciaMiembro del Movimiento contra el abuso sexual

jueves, 1 de octubre de 2009

INICIATIVA PVEM


El diputado del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) , Pablo Escudero Morales, propuso reformar los artículos 19 y 73 de la Constitución mexicana, así como el 261 y 366 del Código Penal Federal en materia de abuso sexual de menores de edad.

El objetivo, explicó, es que la federación enfrente los problemas de abuso sexual infantil y los haga de su competencia, a través de mecanismos legales que cancelen estas prácticas, y que implemente severos castigos.

Asimismo, dotar de mejores herramientas a los gobiernos locales para diseñar y ejecutar acciones efectivas en materia de combate al índice delictivo de abuso sexual de menores de 18 años.

Y es que de acuerdo con el Sistema Nacional DIF y la Procuraduría General de la República (PGR) , en 2008 entre 30 mil y 60 mil menores de edad fueron víctimas de abuso sexual y hasta junio de este año existían mil 249 averiguaciones previas relacionadas con ese tipo de delito.

Lo que representa que en promedio se cometen 6.9 delitos de abuso sexual contra menores cada día y son situaciones que, no sólo a corto plazo sino también a futuro, tienen efectos adversos en el desarrollo de las víctima

LOS PEORES COMPONENTES DE LO MÁS SINIESTRO. EL A.S.I



Lo primero a considerar respecto de todo abusador sexual infantil son las circunstancias puntuales que hacen a su singular subjetividad. Podemos decir que nos encontramos ante individuos perversos y sin freno social, utilizándose en relación a ellos términos tales como depravación, protervia, perversidad, inmoralidad, entre otros. Y hablamos de conductas corruptas y de obstinación en la malignidad, ya que poseen un claro entendimiento del grave daño que ocasionan en niños y jóvenes. Pero la pregunta concreta está dirigida no a los aspectos personales, sino a causas más genéricas para el abordaje de esta temática aún considerada tabú en nuestra sociedad.
Al referirnos a “padres” -en tanto jefes de familia o como integrantes del clero- no puede caber duda que el abuso sexual al que nos abocamos se produce en un contexto donde el ofensor es consciente de su poder y ascendencia sobre el menor a su cargo. Estos niños y jóvenes suelen ser tomados como propiedad o pertenencia de sus padres y cuidadores, en un evidente resabio de las más viejas prácticas paternalistas que todavía no han desaparecido por completo. En algunos ámbitos aún sigue sin comprenderse que los chicos deben ser considerados como sujetos plenos de derechos y no como meros objetos de consumo o, desde la óptica abordada, como objetos de comercio sexual.
Esos niños y adolescentes se encuentran absolutamente “cosificados” por un padre que los trata como objetos destinatarios ya sea de sus improperios, ya sea de sus deseos incestuosos y perversos. La vulnerabilidad del menor y su dependencia con respecto a la figura paterna lo dejan en un estado de indefensión que, en casos como los que aquí nos ocupan, favorecen el advenimiento de sentimientos de confusión y alienación intensos. El abuso sexual infantil es un proceso a través del cual el adulto se aprovecha de la confianza que el niño ha depositado en él, conduciéndolo de un modo seductor y engañoso a satisfacer sus más bajos instintos de sometimiento y satisfacción sexual.
Nuestra antigua legislación consideraba al niño como un menor incapaz, y así lo siguen haciendo quienes han legitimado y naturalizado a los malos tratos psicofísicos como medio de disciplinar y educar a los que están a su cuidado. Aquellos que siguen sosteniendo esos sistemas de neto corte despótico y autoritario, no han querido enterarse que nuestro país suscribió, en el año 1990, la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño. Su art. 3º protege a los chicos contra toda forma de violencia, perjuicio, explotación o maltrato físico o mental -incluido el abuso sexual- mientras se encuentren bajo la custodia de sus padres, de un tutor o de cualquier otra persona que los tenga a su cargo.
Importante es destacar que la dinámica del abuso sexual infanto-juvenil no se agota en el hecho abusivo, sino que además conlleva en su práctica un maltrato psicológico del menor sometido que dejará en su psiquismo huellas traumáticas graves y duraderas. Tal forma de detentar el poder por parte de un padre de familia o de un sacerdote a cargo olvida que la política moderna procura constituir espacios de libertad frente al autoritarismo violento que ha impuesto el patriarcado, incluso a través de los malos tratos y del abuso sexual. Hoy rige el Interés Superior de los Niños al considerarlos sujetos activos de derechos, dada su condición de personas en desarrollo (cfr. Ley Nro. 26.061).
Respecto de los padres en un grupo familiar primario, digamos que poco tiempo atrás apareció en diversos medios de comunicación el caso del chacal de Mendoza, similar al del austríaco Josef Fritze, quien violó reiterada y sistemáticamente a su hija durante 24 años y tuvo con ella siete hijos. En nuestra provincia andina, Armando Lucero fue denunciado por una de sus hijas, abusada por él durante una veintena de años y habiendo engendrado también siete hijos-nietos. Si bien la causa judicial está en plena investigación procesal, cabe presumir el muy probable encubrimiento de esa situación absolutamente irregular por parte de la madre de la denunciante y a la vez concubina del imputado.

Los peores componentes de lo siniestro -con sus características inesperadamente espantosas- se han presentando en todas las situaciones precedentemente señaladas, sea dentro de una familia o en el ámbito eclesiástico. Los interrogantes son: ¿puede un padre violar sistemáticamente a una hija sin que la madre de la niña sospeche sobre ese aberrante proceder? ¿No habrá al lado de cada padre violador una madre que entrega a su hija o, al menos, que mira para otro lado? Y por su parte, en relación a la madre Iglesia, ¿no podemos hacernos estas mismas preguntas? En cuanto a la protección de la niñez, ¿cómo intercede aquélla ante ese paternalismo abusivo de algunos curas?
Afortunadamente, en ambos contextos aparece siempre un portavoz cuyas palabras y acciones permiten, finalmente, descifrar semejantes anómalas conductas y perversos procederes. Abogamos porque ello así continúe, junto a la numerosa y moderna legislación que viene produciéndose en el país desde hace algunos años. Es de destacar que para lograr el pleno respeto de la niñez es ineludible no sólo la responsabilidad gubernamental, sino que todos habremos de sumarnos desde nuestras respectivas responsabilidades familiares y con la ineludible participación comunitaria, necesaria a los fines de la tutela integral de los derechos y de las garantías de nuestros niños y jóvenes.

Por Ronaldo Wright (Psicólogo Social – Abogado)
Fuente: Revista La Tecla Eñe (/lateclaene.blogspot.com)

martes, 22 de septiembre de 2009

CENTRO CONTRA EL ABUSO INFANTIL


El Centro Contra el Abuso Infantil de Laredo y Webb se ha convertido en el mejor aliado de los niños que sufren violaciones y maltratos, al reducir de manera notable el trauma de una denuncia y una investigación, además de otorgar servicios de rehabilitación.

Creado en 1995 bajo el liderazgo del ex Fiscal de Distrito José Rubio Jr., en este sitio hay especialistas que se encargan de dar terapias físicas, sicológicas y tratamientos adecuados para niños que fueron víctimas de abusos horribles.

Sylvia Bruni, directora del centro, dijo que cuando llega un caso a este lugar, de inmediato se reporta al Departamento de Policía, al Departamento del Sheriff o bien a los Servicios de Protección Infantil.

"Si los casos llegan primero a dichas agencias de la ley se refieren con nosotros y comienza el proceso de la investigación con una entrevista forense realizada por personal entrenado especialmente para este trabajo", indicó.

Además, el policía encargado del caso puede observar la entrevista en un cuarto especial y todo el proceso se graba para usarlo como evidencia cuando se requiera acudir ante una corte.

A los niños se les ofrece consejería inmediata y todos los servicios que el estado tiene disponibles, incluido refugio, terapias familias e individuales.

Bruni dijo que en el centro se conforma todo un equipo encargado de investigar cada caso y prepararlo bien para hacer la determinación si habrá cargos criminales contra un abusador.

En este equipo se incluyen investigadores y abogados asistentes del Fiscal de Distrito Isidro Alaniz, quienes asesoran para preparar casos fuertes, con evidencias contundentes que ayuden a procurar justicia.

El centro proporciona además servicios educativos a través de un programa especial donde se visitan escuelas para enseñar a los infantes a cuidar su cuerpo y a estar alertas contra posibles abusadores.

El año escolar pasado los especialistas de este centro dieron capacitación y educación a seis mil niños de 10 escuelas de la localidad y de acuerdo con Bruni, la meta es visitarlas todas las que operan en Laredo y Webb.

Mientras en el 2007 se reportaron 661 casos de abuso contra niños, en el 2008 fueron 511 y ahora van casi 600 pero Bruni indicó que por cada caso denunciado hay otros 10 que no se reportan, que permanecen en secreto.

"Todos tenemos la obligación moral de cuidar a los niños y denunciar posibles abusos, necesitamos romper este círculo vicioso que está dañando a nuestros niños", afirmó Bruni.

mismo hogarLAREDO, TEXAS.- Ante la preocupación de las autoridades, los casos de abuso contra niños en Laredo y Webb van en aumento y lo más lamentable, es que en un 99.9% el enemigo de ellos está muy cerca, en su propio hogar.

Sylvia Bruni, directora del Centro Contra el Abuso Infantil en Webb, dijo que hay dos puntos de vista sobre este fenómeno; primero es preocupante porque hay más casos y segundo es importante que los abusos se denuncien, que no queden escondidos.

"Las familias deben saber que hay servicios para ayudar, que tenemos programas de apoyo para los menores que sufren todo tipo de abuso, en especial el sexual", indicó Bruni.

Sólo en este año, de enero a agosto ya se reportaron casi 600 casos de abuso infantil mientras en todo el 2008 fueron 511 y en el 2007 la cifra llegó a 661, una de las más altas desde que se abrió el Centro Contra el Abuso Infantil de Webb en 1995.

Un 64% de las víctimas son mujeres y en un 79.2% recibieron abuso sexual.

"El abuso contra niños es horrible y es algo que está pasando en los hogares, un 99.9% de los perpetradores son familiares o conocidos de las víctimas", aseguró Bruni.

Refirió que los abusadores hacen que este delito sea un secreto, amenazan a los niños para no decir nada, los presionan y los asustan para que callen, por esta razón muchas denuncias tardan años en presentarse ante las autoridades.

"Es un delito que no nos gusta escuchar a nadie porque se trata de niños lastimados, pero es bueno que estén denunciando los abusos para poder darles servicios de apoyo", señaló.

Bruni dijo que particularmente este año ha sido de aumentos notables en los casos y en junio se registró la cifra más alta de abusos reportados en un mes con 84, lo más alto desde 1995.

"Es lamentable que los abusadores son los padres, los hermanos, los primos, los tíos, los abuelos, los padrinos, los padrastros o los vecinos y amigos, el enemigo prácticamente está en las mismas casas", advirtió.

Bruni mencionó que por ley federal cualquier persona que sepa de abusos contra un infante debe reportarlo de inmediato ante las autoridades, en este caso llamando primero a la policía en el (956) 795-2800.

"La meta es detener poco a poco los abusos contra los menores, es una labor donde todos podemos colaborar porque tenemos la obligación de cuidar el tesoro más precioso de una sociedad que son los niños", dijo.

TABLA:

Enemigo en casa

- En un 99.9% de los casos de abuso sexual contra niños, el perpetrador está en el hogar y puede ser un pariente o un amigo cercano de la familia.

- La primera señal de abuso en un infante es un cambio de actitud, portándose mal e inclusive siendo agresivos.

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- Los niños abusados se tornan serios, son aislados, lloran, pelean, bajan calificaciones, se orinan y no comen bien.

- En este año ya se registraron 600 casos de abuso contra infantes.

- En un 79.2% de los casos el abuso es sexual.

- Un 64% de las víctimas son niñas.

- El número principal para denunciar abusos contra infantes es el (956) 795-2800

EL PSICÓLOGO JURÍDICO.


Para los estudiosos del comportamiento humano, las primeras edades de todo individuo (incluyendo con éste término a mujeres y hombres), son determinantes en el desarrollo de los estilos de interacción o personalidad que éste pudiera desarrollar en edades más avanzadas, específicamente en la adultez. De esta concepción parte la importancia de preservar la estabilidad psicológica de niños y adolescentes.
Esta estabilidad pudiera estar comprometida por muchas variables, la presencia de factores protectores en la niñez y adolescencia son fundamentales para el cuidado del desarrollo psicológico de estos próximos adultos. Entre las variables o hechos que atentan contra esta integridad psicológica tenemos: el abuso sexual infantil.

El abuso sexual infantil es un acontecimiento que sin duda alguna trae repercusiones a la victima, no solo a corto plazo sino que las secuelas del mismo pudieran estar presentes luego de muchos años de acontecido el hecho, afectando de esta manera distintas esferas en el individuo: la psicológica, la conductual, la fisiológica y la social, tomando en consideración que el ser humano es un ente bio-psico-social.

El psicólogo jurídico es el especialista, que posee conocimientos tanto de las ciencias de la conducta como de las ciencias jurídicas, lo que posibilita un abordaje más integral del fenómeno del abuso sexual infantil, esto se fundamenta en la premisa de que un psicólogo clínico puede abordar los problemas psicológicos -conductuales y sociales generados por éste hecho, tomándose en consideración tanto a la victima como al victimario.
De esta forma, el psicólogo clínico no tendría el bagaje jurídico necesario para canalizar las implicaciones legales que conlleva el abuso sexual infantil, limitándose la actuación del mismo a sólo la evaluación e intervención de la esfera psicológica y conductual de victimas y/o victimarios.
Por otra parte un jurista o abogado, con su conocimiento en leyes y normas (las cuales son particulares de cada país o compartidas de acuerdo a tratados internacionales), pueden abordar la problemática del abuso sexual infantil sólo desde el ámbito legal, sin considerar las particularidades psicológicas-conductuales y sociales que éste hecho conlleva tanto para la victima como para el victimario.
Dada estas circunstancias, el papel del psicólogo jurídico es determinante en el abordaje del llamado abuso sexual infantil, ya que el mismo esta capacitado para abordar este hecho desde las perspectivas psicológica y jurídica, haciendo su presencia muy importante en el ámbito legal, ya sea como asesor de abogados, jueces, fiscales, etc o cómo terapeuta tanto de las victimas como de los victimarios. Esta ponencia va estar dirigida a las posibilidades de acción que tendría el psicólogo jurídico en el abordaje del abuso sexual infantil; se tendrá en consideración tanto a la victima como al victimario.
El abuso sexual infantil es un hecho que esta presente en todas nuestras sociedades latinoamericanas a pesar de su altísimo rechazo social, sin embargo en el caso venezolano, las estadísticas no llegan a reflejar a cabalidad la incidencia de esta problemática. Pero para hablar de Abuso Sexual Infantil, lo primero que se debe hacer es definirlo.
El Abuso Sexual Infantil (ASI) ha sido definido a través del tiempo de diferentes formas, una de ellas es la reciente definición aportada por La Academia Americana de Pediatría (AAP) de los Estados Unidos de América (EE.UU.) la cual define al ASI de la siguiente forma: "Ocurre una abuso sexual cuando un niño es comprometido en actividades sexuales que éste no puede entender y para el cual no esta preparado, ni puede dar consentimiento consciente y que viola las leyes y/o las prohibiciones sociales. Las actividades sexuales incluyen todas las formas de contacto genital-bucal o anal con o hacia el niño, así como los abusos sin contacto, tales como exhibicionismo, voyeurismo, o el utilizar al niño en la producción de material pornográfico" (AAP, 1999).
En referencia a quien comete el ASI, no sólo se puede considerar la figura de un adulto sino que inclusive éste hecho pudiera ser llevado a cabo por otro menor de edad, así que cuando concebimos al victimario debemos tomar en cuenta que el mismo esta caracterizado por estar en una situación de ventaja física o de desarrollo psicológico, el cual le permita manipular a su victima para que de forma voluntaria o bajo la amenaza realice algún comportamiento de contenido sexual, ya sea de manera activa o pasiva.

Como es bien sabido, quien frecuentemente lleva a cabo el ASI son familiares muy cercanos a la victima, tales como padre, padrastro, primo, entre otros, o son personas que tienen acceso relativamente fácil a ésta, cómo por ejemplo un amigo de la familia. Algo que se debe acotar es que a pesar de que generalmente el victimario el del sexo masculino, no es de sorprender que existan casos de ASI en donde el victimario sea una mujer, éstos, aunque son escasos pudieran presentarse. Otro aspecto a tener en consideración, es que las victimas de ASI pueden ser tanto del sexo femenino como del sexo masculino.
Para no dispersarme en consideraciones conceptuales del ASI, haré referencia a aspectos asociados con la intervención que pudiera llevar a cabo el psicólogo jurídico en este hecho. En primer lugar, se deben reforzar los factores o medidas de protección de la niñez y adolescencia en contra del ASI, ya que considero que la acción del psicólogo jurídico puede ir más allá de la intervención psicológica de la victima.
En cuanto a Prevención Primaria del ASI, el psicólogo jurídico, esta capacitado para trabajar de la mano con instituciones como Ministerios de Educación, Secretarias de Educación, Misterios de Familia, Institutos de Menores, (el nombre dependerá de cada país), para el desarrollo de políticas preventivas, donde el refuerzo de los factores de protección se encuentre presente, cómo por ejemplo: la familia; ésta es el primer factor protector contra el ASI, una familia sólida, con bases morales y simbiótica, que permita el desarrollo personal de sus integrantes, especialmente de niños y adolescentes.
Una familia con estas características, establece medidas de control y protección ante cualquier hecho que atente con la integridad física y psicológica de niños y adolescentes, estas políticas informativas que pudiera desarrollar el psicólogo jurídico, con todo su conocimiento en ciencias de la conducta, permite establecer predicciones sobre que variables aumentan las probabilidades de que un hecho de Abuso Sexual Infantil se produzca, por ejemplo: la presencia de un padre alcohólico, el desarrollo físico prematuro de la niña (un acontecimiento que por ejemplo en Venezuela acontece con mayor frecuencia), menores que pasan mucho tiempo sólo en sus casas, padre y/o madre fármacodependientes, menores con pocas habilidades sociales o con poca autovaloración o autoeficacia; estas y otras variables, las encontramos de una u otra forma en los casos de abuso sexual infantil.
Así que al tener el conocimiento de estas variables, el psicólogo jurídico debe proveerlas a todos aquellos actores que se interrelacionen con los menores de edad además de estos últimos. Familiares incluyendo madre, padre, abuelos, hermanos, etc, así como maestros, vecinos e integrantes de las comunidades deben tener conocimientos sobre el abuso sexual y las variables que predisponen a dicho acto, de esta manera se pueden ir creando redes de protección para los niños y adolescentes en contra de hechos como el ASI.

Aportar información pertinente al ASI, permite que los sujetos (adultos y niños), desarrollen formas algo más efectivas de afrontar y prevenir este hecho social; por ejemplo: si en una familia hay la presencia de un sujeto alcohólico, con manifestaciones de conductas violentas (lo que nos permitiría considerar la presencia de problemas en el autocontrol conductual), y a su vez, es primo de una niña de 11 años de edad quien ha comenzado a desarrollarse, asimismo, aquel no mantiene una relación de pareja estable, lo que hace que sus contactos sexuales sean escasos; con estas variables pudiéramos considerar la presencia de una situación de riesgo.

A partir de este cuadro se debe dar información sobre diferentes hechos de violencia domestica incluyendo el ASI, tanto a los integrantes de esa familia, como a las personas que habitan en esa comunidad. La misma estaría dirigida a: familiares tales como, la madre (en caso de que la figura paterna no esté presente, como acontece en la mayoría de los casos en Venezuela), la abuela, la tía, etc, u otros actores como los vecinos, e inclusive los actores principales: la misma niña, (potencial victima) así como también al primo alcohólico (potencial victimario).

Esta información sería de contenido preventiva-legal referida a hechos de violencia doméstica (resaltando sutilmente el ASI), de esta forma, estos actores pudieran obtener herramientas para afrontar mejor dicha situación, cómo por ejemplo: buscando ayuda para el primo alcohólico, o disminuyendo las probabilidades de acceso por parte de éste (cuando se encuentre tomado) a la menor de edad, así como otra actividad desarrollada por los familiares, comunidades o autoridades competentes.
No es que ya se éste culpabilizando a alguien por una acción no cometida aún, pero al hacer una campaña informativa sobre hechos de violencia doméstica, incluyendo el ASI, se están realizando medidas preventivas, las cuales se basan en informar a las personas, disminuyen así las probabilidades de que acontezcan estos hechos de violencia desagradables.

Lo anteriormente descrito, no involucra la erradicación del ASI, pero si una disminución en las probabilidades de que se presenten casos de ASI. La información es una herramienta muy útil que los Psicólogos, ya seamos Jurídicos, Clínicos, de la Salud, Sociales, etc, manejamos para realizar intervenciones en los ámbitos donde estemos trabajando.

Una de las variables psicológicas que consideró, facilitan la manifestación de hechos de ASI, es el tabú que existe en nuestras sociedades latinoamericanas acerca del sexo; a nuestros niños y jóvenes no se les habla del sexo, como una actividad integral del ser humano, como una actividad que es inherentes al ser humano, y esto lamentablemente es así, por que a su vez a los padres no se les hablo del sexo como tal, haciendo del sexo un tema vedado través de las generaciones; sin duda alguna esta situación ha traído como consecuencia una vulnerabilidad por parte de los niños y adolescentes frente a hechos como el abuso sexual infantil o inclusive el embarazo precoz.

Nuestros niños y adolescentes latinoamericanos, deben cada día recibir información pertinentes al sexo, así les estaríamos aportando herramientas para afrontar situaciones en donde las probabilidades de ocurrencia de hechos que atentan contra el desarrollo psicológico de los sujetos, tal y como acontece con el ASI.

Son frecuente los casos de ASI donde las victimas en consulta psicológica han reportado que tenían la impresión de que lo que estaba haciendo o pidiendo el victimario era malo, pero no tenían la seguridad, o no sabían que hacer, o que accedían a las peticiones bajo amenazas de éste y no sentían que nadie los pudiera ayudar, entre otras explicaciones.
Por otra parte cuando el ASI ya ha acontecido, el abordaje por parte del Psicólogo Jurídico con la victima va a depender de la particularidad de la misma y del hecho en sí; en primer lugar se debe obtener información del evento de ASI, esto nos da una perspectiva de la terapéutica a desarrollar además del pronóstico de rehabilitación psicológica de la victima, factores como la edad, frecuencia de abusos, forma del mismo (con penetración, sin penetración, etc, con agresión, sin agresión), hasta la identidad y relación del victimario con la victima, son importantes para el conocimiento del psicólogo jurídico que atienda el caso; esta información puede ser aportada tanto por el médico forense que haya atendido previamente el caso, los familiares de la victima así como la misma victima, siempre y cuando esto no implique para ésta revivir nuevamente la experiencia traumática, convirtiéndose la consulta psicológica y más aún, la figura del psicólogo aversiva para la victima.
Ya al evaluar esta situación, y luego de establecido el rapport necesario en toda interacción psicológica profesional, se procede al desarrollo de la intervención, la misma estaría fundamentada en la problemática presentada por la victima, generalmente los síntomas exhibidos son similares (claro con ciertas particularidades por el caso) a los manifestados por personas con el llamado estrés postraumático, pero también se pueden presentar síntomas tales como: déficit en habilidades sociales especialmente con el establecimiento y mantenimiento de relaciones con el sexo opuesto, falta de asertividad, trastornos psicofisiológicos, problemas emocionales, déficit en la autovaloración y/o autoeficacia, conductas evitativas, hasta llegar a conductas depresivas y suicidas entre otras.
El abordaje psicológico pudiera estar fundamentado en la instigación (con el sumo cuidado profesional) de reportes verbales referidos a la situación de abuso sufrido como por ejemplo la expresión de emociones, también el reforzamiento positivo de la autoimagen de la victima, entrenamiento en habilidades sociales, modelaje de conductas sociales y asertivas, técnica dirigidas al control de la activación fisiológica, tales como algún tipo de técnica de relajación, llegando hasta técnicas compuestas como la desensibilización sistemática entre otras.

Algo que debo señalar nuevamente, es que estas técnicas no se deben utilizar como una receta de cocina, su uso dependerá de la problemática presentada por la victima, y de hecho se pudiera dar el caso que la victima no presentará ninguna problemática al momento, por lo que la intervención más adecuada sería aquella que no se da, en estos casos de debe respetar el tiempo del sujeto, de la victima, sólo se le hace entender, que si en cualquier momento necesitará la ayuda, la misma se le proporcionaría oportunamente.
Otro actor presente en un hecho de abuso sexual infantil es el victimario. Recordemos que existe una división en cuanto a los sujetos que comenten abuso sexual infantil: los pedofílicos o primarios y los secundarios o situacionales, los primeros son aquellos que buscan mantener contactos sexuales exclusivamente con menores de edad, especialmente niños, (estos presentan regularmente un patrón conductual más patológico). Los segundos son aquellos que no persiguen mantener encuentros sexuales con menores de edad, pero por alguna circunstancia en particular (por ejemplo: estrés, efectos de algún tipo de sustancia como el alcohol o la drogas, falta de encuentros sexuales con personas adultas), cometen el abuso sexual infantil, auque su patrón regular de contactos sexuales haya sido con personas de edad adulta.

En cuanto al abordaje de personas que hayan cometido ASI, se puede decir que han existido a lo largo de la historia dos enfoques para su abordaje psicológico, estos son: el experimental y el clínico. En cuanto al enfoque experimental sólo haré referencia a los experimentos psicológicos basados en los principios del condicionamiento clásico y operante, por ejemplo, en uno de ellos: al victimario se le coloca un aparato que mide la erección peniana, luego se le colocan o imágenes o videos de niños y/o adolescentes ya sea desnudos o realizado actos sexuales, los mismos pudieran darse con agresión o sin agresión, si el sujeto tiene una erección (respuesta) ésta es castigada a través de un shock eléctrico, el cuál pudiera darse en el mismo pene o en otra parte. Con este experimento se busca extinguir o disminuir al máximo la respuesta de excitación sexual de parte del abusador hacía los menores de edad.

El otro enfoque es el clínico, en este punto podemos decir, que los abusadores primarios o pedofílicos a nivel general, tienen un peor pronóstico en comparación con los secundarios o situacionales, ya que aquellos como mencione anteriormente presentan una distorsión en la percepción de la realidad, y de las interacciones que socialmente un adulto pudiera mantener con un niño u adolescente.

Aquí llegamos al punto en donde la acción del psicólogo jurídico en el campo legal es muy importante, ya que las actividades que éste pudiera desempeñar serían por ejemplo: la asesoría a jueces o fiscales pasando por abogados en cuanto al comportamiento y pronóstico de rehabilitación del sujeto que haya cometido ASI.

En el caso específico de jueces, el psicólogo jurídico puede fungir como experto al sugerir el tiempo de reclusión (si en la legislatura del país lo contempla) que debería tener el acusado de abuso sexual, partiendo de un análisis psicológico exhaustivo, así como también, acerca del lugar donde el imputado debería cumplir la pena, el cual pudiera ser o un penal o un centro de rehabilitación psiquiátrica, y por último el tipo de rehabilitación qué el abusador debería obtener, entre otras materias.

En el caso específico de la rehabilitación psicológica del abusador, las primeras acciones están referidas al establecimiento de un control de estímulos, instaurando en éste sujeto las habilidades sociales que por un lado, les permita el acceso a interacciones sociales reforzantes con personas adultas y del sexo opuesto (la mayoría de estos sujetos se les dificulta el acercamiento social con estas personas adultas incluyendo las del sexo opuesto), así como también una interacción adecuada con los menores de edad, asimismo de debe trabajar en el control de los impulsos sexuales socialmente inadecuados, esto se puede trabajar a través de cualquier técnica de disminución de la activación fisiológica, la resolución de problemas, la extinción de pensamientos distorsionados acerca de las interacciones con menores por medio de la reestructuración cognoscitiva y finalmente, entre otras, la resolución de problemas y la mejora de la autovaloración y autopercepción.

El uso de estas técnicas va a depender de la particularidad de cada caso, no se deben usar como recetas de cocinas, ya que ante todo se esta trabajando con seres humanos.

El Abuso Sexual es complejo, debido al elevado rechazo social que éste conlleva, mi pretensión fue mostrarles de manera muy general la acción del psicólogo jurídico en el ámbito del abuso sexual infantil, fueron muchos las consideraciones y aspectos que quedaron por fuera, pero a grandes rasgos considero que tenemos muchas cosas que hacer en cuanto éste tema.
Psic. Gilberto Aldana Sierralta.

domingo, 20 de septiembre de 2009

REACCIONES DE LA FAMILIA, ANTE EL DESCUBRIMIENTO DEL ABUSO SEXUAL INFANTIL.



Cuando el abuso sexual sale a la luz, los miembros de las familias suelen negar o no creen lo que está sucediendo, sobre todo cuando el agresor es un miembro de la familia.
Cuando el agresor no es de la familia, la reacción es muy diferente; la familia actúa inmediatamente y expresan su repulsión ante el hecho.

Lamentablemente la mayoría de los casos de abuso son producidos por los miembros de la familia, por lo tanto la familia trata de negarlo para protegerse o no asumir las consecuencias.

Varios autores identifican 4 tipos de negación, las cuales pueden presentarse en forma independiente o simultánea en las familias:Negación de los hechosSe niega la ocurrencia del abuso, ya sea por el agresor, la familia o la misma víctima.

La víctima puede negar el abuso por temor a las consecuencias.Este tipo de negación es más difícil de enfrentar en especial cuando todos los miembros de la familia niegan colectivamente los hechos y corroboran una historia alternativa.

Negación de la concienciaEl agresor y la familia aceptan la ocurrencia del abuso pero niegan la conciencia del hecho. Por ejemplo, puede afirmar que “estaba borracho”.


En el caso de la víctima puede negarlo diciendo que “no está seguro si pasó en verdad porque estaba dormida y no sabe si estaba soñando”.Negación de la responsabilidad.

El agresor y la familia aceptan el abuso, aceptan que fue consciente pero se le quita la responsabilidad al agresor. Por ejemplo, el agresor puede decir que es culpa de la esposa “por no tener relaciones sexuales con él”, o que es culpa de la víctima porque “lo seducía o le hacía preguntas sexuales”.

Negación del impacto:

El agresor y la familia aceptan el abuso, aceptan que fue consciente, aceptan que el agresor es el responsable, pero minimizan el impacto o efecto del abuso. Por ejemplo, el agresor puede decir que “no fue grave”, “fue solo una vez”, “el niño/niña es muy joven y no se acordará en el futuro”, etc.


Escrito por Luis Aveiga Cinthia Escandón basado en "Todo lo que todos y todas debemos saber sobre el abuso sexual infantil

viernes, 18 de septiembre de 2009

ESPIRAL



El proceso tortuoso que se pone en macha desde que se detecta un caso de abuso sexual infantil hasta que el presunto agresor comparece ante la Justicia es el argumento de Espiral.
Este es el título del cortometraje que presentó ayer en Huelva la Consejería de Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía para hacer reflexionar a los profesionales implicados en el desarrollo de esta espiral.
La desafortunada protagonista de la película es la historia que se repite hasta 7 veces en un periodo que se estima entre dos y cuatro años. La madre, la pediatra, la trabajadora social, la Policía, el forense, el Servicio de Asistencia a las Víctimas, el juez y el abogado de la Defensa forman parte de la lista de implicados a los que la víctima, menor de edad, una niña, tiene que relatar los hechos. La directora general de la Infancia y Familias de la Consejería de Igualdad, Carmen Belinchón, explicó ayer que se trata de una idea de la Fundación Márgenes y Vínculos con el objetivo de hacer reflexionar sobre "lo que estamos haciendo y los pasos que tenemos que dar para proteger a la víctima".El corto es una llamada de atención contra la llamada victimización secundaria o doble victimización, que se produce cuando el menor debe recordar y relatar una y otra vez los abusos a los que fue sometido; es decir, el efecto nocivo de una inadecuada actuación por parte de los profesionales y del sistema. Ante esto, Belinchón pidió a los agentes públicos un esfuerzo para que la intervención con estas víctimas, "menores de edad, sea mínima para evitar que se convierta en un espiral desde que se detecta la agresión hasta que se prueba que lo ha sido". El sistema debe mejorar y el camino está en "acortar los tiempos; algo que es necesario y para lo que tenemos medios", afirmó ayer la directora general.La otra cara de la moneda está en los resultados que, a juicio de Carmen Belinchón, está logrando el sistema que ha demostrado que "con una detección a tiempo y su inmediata intervención con estos menores podemos reparar los daños".
El avance se ha logrado, en los últimos años, gracias a herramientas como el teléfono de atención a la infancia, la formación y coordinación de profesionales. Estas medidas han hecho que en Andalucía se hayan detectado 538 casos de abusos sexuales a menores. Desde el pasado mes de noviembre en la provincia de Huelva la Junta de Andalucía ha intervenido en 53 casos con menores víctimas de abusos sexuales, de los que 18 (el 34%) están en fase de tratamiento. Este tipo de maltrato infantil, que no es el único, es "difícil de detectar porque los niños lo manifiestan en silencio mediante actitudes y comportamientos; el riesgo es mayor cuando se trata de menores con familias en las que este tipo de comportamiento se ha podido normalizar, afortunadamente este estas actitudes que podíamos calificar de anónimas cada vez se hacen más visibles", explicó Belinchón. Los estudios, que existen sobre estas agresiones, estiman que alrededor del 23% de las niñas y el 15% de los niños sufren en su infancia algún tipo de violencia sexual. Maltrato que no es el único pues también existen casos de agresión física, privación de alimento o maltrato emocional.Junto a este corto y al protocolo de actuación establecido en el año 2000, la Consejería de Igualdad y Bienestar Social tiene decidido implicar a cuantos departamentos sean necesarios para mejorar el proceso. Ya se han suscrito procedimientos de coordinación con las consejerías de Educación y Salud y las distintas fuerzas de seguridad del estado con cuerpos especializados en estas agresiones. Además, se prepara un protocolo con la de Justicia.Cerca de 200 profesionales de distintos ámbitos (salud, seguridad, justicia, educación y social) visionaron ayer en el salón de actos del centro de mayores Mora Claros el cortometraje Espiral para reflexionar y actuar dentro de sus posibilidades.