lunes, 10 de mayo de 2010

cómo evitar el abuso sexual

El abuso sexual infantil es en muchas ocasiones sometido al secreto por la víctima y por su familia.

 El problema social es así un gran iceberg, una realidad oculta por falta de referencias oficiales y por las escasas denuncias formalizadas sobre el número de episodios reales.
En este contexto casi hermético o borroso, los educadores se plantean la necesidad de que los menores sepan detectar este tipo de agresiones a través de programas de prevención. Estos ensayos, que ya funcionan en países como Estados Unidos, Francia o Alemania, suscitan, sin embargo, dudas en algunos expertos que se cuestionan los efectos de programas como esos en niños ajenos a este tipo de agresiones. Reparos relacionados fundamentalmente con la edad. ¿A qué años se debe hablar de sexualidad con los niños? ¿Y de abusos?

"Trabajar la capacidad de los niños de decir 'no' y 'basta' son aspectos fundamentales para el desarrollo de una infancia saludable.

¿Funcionará una estrategia lúdica para activar las alarmas en mentes blancas? ¿Con qué sutileza se puede motivar a los niños ante algo tan cruel y crudo como las agresiones sexuales sólo con una historieta? "Es una excusa", explica la autora del cuento Isabel Olid. "Se trata de suscitar un diálogo necesario entre niños y adultos. Intenté escribir un relato emotivo, imaginativo y sugerente. Debe ser un motivo para sacar el tema con los niños, ver qué ideas tienen al respeto, cuándo creen que está bien pedir ayuda, cuándo tienen derecho a negarse a obedecer a un adulto".

La niña víctima en el cuento triunfa al conseguir parar los abusos, al actuar. Desde su experiencia Isabel Olid, también profesora y madre, escribió esa fábula de Estela que, con dibujos de Martina Vanda, ventila sin escabrosidad una cuestión gravísima, en buena parte aún sumergida o que ha sido tabú: los abusos sexuales y agresiones a menores. La narración en las aulas del cuento infantil, su versión participativa a través de cuentacuentos, se apoya con talleres y guías pedagógicas para profesores y padres. Se persigue estimular las alertas, reflexionan desde la Red de Ayuda a Niños Abusados (Rana), la entidad privada que preside Elizabeth Homberg, que implicó en esta campaña a instituciones educativas oficiales. Hay más de 450 personas implicadas en el proyecto.

Gema Izquierdo, madre de tres niños, periodista y portavoz de Rana, no tiene dudas sobre la eficacia de la divulgación en las escuelas del caso de Estela. "Debería alentar a muchos niños y niñas que hoy viven sometidos bajo el martirio del miedo y el silencio. Es una obligación legal y moral garantizar el derecho a un desarrollo pleno y el respeto a la dignidad infantil", señala Izquierdo.

Una opinión que no todos comparten. "Tengo mis dudas profesionales y particulares sobre la oportunidad de generalizar esas campañas de los cuentos para incitar las denuncias en todas las escuelas hasta los 10 años. No sabemos aún cual es el impacto entre menores de ese tipo de acciones", reseña B. un oficial de policía local, padre de dos niñas, especializado en colectivos en situaciones de riesgo adolescentes.

Hay interrogantes por resolver: ¿Está evaluado el efecto en los niños de una campaña directa para destapar las agresiones, para pararlas? ¿Y la eficacia de la pedagogía a la invitación a contar de inmediato los casos? ¿Suscitará efectos secundarios en quienes son ajenos?


Está analizado que "las víctimas que revelan sus experiencias más tempranamente pueden recibir ayuda antes y los efectos psicológicos negativos asociados a mantener el secreto durante años son mucho menores", advierte Noemí Pereda, profesora de la Universidad de Barcelona, del Grup de Recerca en Victimització Infantil i Adolescent (Grevia), un colectivo de investigación que evalúa en adultos las secuelas de abusos no desvelados. "Muchas de las consecuencias negativas que aparecen en la infancia perduran hasta la edad adulta, especialmente si la relación abusiva no ha cesado o si la víctima no ha roto el secreto", agrega Pereda. Los menores, creen los pedagogos, han de tener un adulto de confianza, un ancla, que les dé las referencias y les ayude a detectar "lo que está bien o mal, a discriminar las situaciones injustas", subraya Elena Quintana Murci.

Una médico pediatra y madre de un niño de seis años, que solicitó no ser identificada, mostró sus dudas sobre el alcance de la campaña de Estela: "Diría que estoy a favor de la experiencia del cuento con algún pero. Es muy difícil establecer la línea muy delgada para marcar cuándo y en qué ámbito infantil se han de explicar casi todo para dar las voces de alarma. A los seis años, creo que no se ha de divulgar toda la educación sexual. No se ha producido el efecto descubrimiento. Enseñar qué es el sexo, no deja de ser un tema complicado".

Desde Rana, que ha implicado a cerca de medio millar de colaboradores en esta operación de apertura a las escuelas para ayudar a desvelar los abusos, se sostiene que "se protege a los niños de un peligro real. La prevención en sí del abuso, aunque incipiente, no es algo inédito". En EE UU los programas de prevención y formación están integrados en el currículo educacional desde hace una década y también existen acciones específicas para los adultos víctima de abusos. "También en Francia, Inglaterra y Alemania nos llevan ventaja", subraya Elizabeth Homberg, presidente de red Rana.

Los testimonios de los niños pueden ser en estos casos una fuente veraz, porque componen "una parte de la información sobre casos reales que salta al mundo de los adultos", resalta el educador social Enrique Pérez Guerra, que estudió pedagogía y psicología y trabaja en la Fiscalía de Menores.

"El abuso en las víctimas pesa como una losa y no se pide ayuda a agentes externos. La mayor parte de los abusos no se confidencia, cuando se hace es años más tarde, cual fue mi caso", confiesa Pérez Guerra, que desveló que fue víctima en Las tardes escondidas. Memorias de la agresión sexual a un niño. Cuando su hijo se aproximaba a la edad en que él fue víctima de abusos -12 años- quiso advertirle. "Quería que conociera esa condición de mi persona. Me puse a escribir una carta. Fue abrir la caja de Pandora. Acabó siendo un libro".

El caso de Estela, la niña que destapa al agresor, nace de la experiencia y de la visión maternal de Olid. "Es un cuento escrito cuando mi hija mayor tenía poco más de un año, estando embarazada ya del segundo hijo. Creo que me proyecté más en la madre, que es la madre que me gustaría ser. La que escucha a sus hijos, la que les protege".

La incitación a la protección con el grito Estela sugiere el boca a oreja, crea otras referencias para que puedan levantar el velo del tabú y espantar el miedo a hablar de agresiones sexuales a menores. "No se trata el tema con ellos, con los niños", advierte Olid, "no se les alerta y no se les ayuda a protegerse. Todas las acciones de prevención de los abusos sexuales se quedan en el ámbito de los adultos, es una gran contradicción. Intento una aportación a la prevención directa con los niños".

El impacto de la campaña de Estela en las escuelas de Palma no ha sido evaluado porque está en pleno desarrollo. Pero su alcance llega más allá de las aulas ya que entidades sociales han solicitado también organizar sesiones lúdico-pedagógicas. Se trabaja en el ámbito de la prevención primaria, en actuaciones dirigidas a toda la población infantil y no a niños víctimas de abusos.

Prevenir enseñando "a detectar, discriminar y denunciar situaciones injustas" es el argumento que explican desde el departamento de Educación, Igualdad y Derechos. "La denuncia, la alerta, es el único medio que tiene la víctima para frenar una situación injusta y desigual. No necesita excusas, sí apoyo y protección familiar, siempre que sea saludable, y de las instituciones", insiste Elena Quintana Murci.

En la escuela se reúnen la totalidad de las víctimas. Si sólo un 10% de los casos de abuso sexual infantil sale a la luz, es evidente que existen sucesivos muros de silencio que bloquean el conocimiento de los hechos: el de la administración que no actúa porque ignora lo qué ocurre; el muro que bloquea a los menores abusados y el que imponen sus agresores.

La profesora Noemí Pereda significa que "los casos más frecuentes, a menudo intrafamiliares o llevados a cabo por conocidos del menor, que duran años y en los que la violencia utilizada no es tan visible, sino mucho más psicológica y sibilina, imponen al menor un silencio que impide que puedan revelarse y que sean detectados". Pese a sus heridas y secuelas largas y penosas las agresiones en el entorno familiar parecen aún más blindadas.

¿Por qué existen tantos escándalos tapados? El debate cuestiona pilares tradicionales porque se ampara al agresor en detrimento de la propia víctima, menor. Isabel Olid observa que "con la familia, el sistema funciona perfectamente: si un niño cuenta que está sufriendo abusos sexuales por parte de un familiar, la misma familia lo ve como un elemento disruptor que amenaza con destruirla y, por lo tanto, se silencia al niño y se ignora lo que ha pasado o, sigue pasando". Por ello Elizabeth Homberg, presidente de Rana, advierte que "la protección y la seguridad del menor debe estar por encima de una estructura familiar cimentada en el abuso del indefenso".

Las voces abiertamente partidarias de las operaciones de apertura y transparencia desde la infancia destacan que el menor víctima y su familia pueden cultivar el miedo a quedar estigmatizados a sumar un plus de culpable y de sensación de vergüenza.

Los expertos del grupo de investigación de las victimización infantil y adolescente (Grevia) de la Universidad de Barcelona afirman que "la vergüenza, la culpa y la estigmatización son tres emociones negativas que presentan prácticamente todas las víctimas de abuso sexual. Haber participado en actividades prohibidas y socialmente inaceptables, haber mantenido el secreto de esta relación, incluso responsabilizarse de la destrucción de la familia o de lo que le suceda al abusador en caso que el abuso sea descubierto conllevan en la víctima este tipo de emociones, completamente destructivas y que son muy difíciles de eliminar".

Estela se convertirá en un símbolo, en una marca ariete contra la ocultación de los abusos y la violencia sexual a los niños. En el cuento se utiliza un código de lenguaje propio del menor, es una fábula y procura crear una herramienta privada de protección ante la agresión. Rana y los pedagogos aplican un programa "para afianzar en el niño el mensaje de que nadie, sea quien sea, puede someterles a chantaje", según la psicóloga Beatriz Benavente.

El educador social y ex víctima infantil Enrique Pérez, respalda la campaña de Estela y resalta que se han de combatir "los procesos amnésicos, frecuentes" porque el menor víctima tiende "al silenciamiento a sí mismo de una parte de la memoria autobiográfica, prescinde de recuerdos inaceptables para sí mismo". Con Estela se buscan "aspectos de gran importancia para el desarrollo de la autoestima y la empatía de los niños, sin traumas. No me planteo dudas ni riesgos, todo es positivo", resume la pedagoga impulsora de la acción Elena Quintana.

sábado, 8 de mayo de 2010

“síndrome de alienación parental” (SAP)

El peligro que entrañan las teorías pseudocientíficas del SAP como base de las decisiones judiciales


El denominado “síndrome de alienación parental” (SAP) fue propuesto por Richard A. Gardner (1985) como una alteración que ocurre en algunas rupturas conyugales muy conflictivas. En ella, los hijos presentan conductas que consisten en censurar, criticar y rechazar a uno de sus progenitores, descalificación que es injustificada y/o exagerada. A la hora de intentar una explicación de esas conductas, se ha considerado al SAP como un trastorno caracterizado por un conjunto de síntomas que resultan del proceso por el cual un progenitor transforma la con­ciencia de sus hijos, mediante distintas estrategias, con objeto de impedir , obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor.

Hasta aquí podríamos considerar que se trata de una definición neutra, ya que podría aplicarse en cualquier dirección. Sin embargo, merece la pena que nos dediquemos a una reconstrucción del origen y los propósitos del denominado SAP.

Quien es Richard Gardner?

Es un psiquiatra infantil de New Jersey , que dedicó la primera etapa de su vida profesional a desempeñarse como perito judicial en los juicios por abuso sexual que se seguían contra padres, profesores y miembros de congregaciones religiosas. Fue capitán y psicólogo de militares que combatieron en la guerra de Corea, especializándose en técnicas de desprogramación de soldados estadounidenses prisioneros de guerra.

Una revisión de los casos que luego presentó para avalar su teoría de la existencia del SAP, lo muestra como habitual perito de parte, contratado por los acusados de abuso. Es decir, que su trabajo consistía en demostrar que el abuso no había existido (y para eso le pagaban sus clientes).

Lo más frecuente es que fuera el padre quien contratara a Gardner en respuesta a las alegaciones de la madre de que había abusado de su hijo/a. El psiquiatra entonces etiquetaba a la madre como "alienadora parental", y proporcionaba al Juzgado los argumentos para acusarla y evitar así que ella estuviera con los niños diagnosticados de SAP.

Los instrumentos que usó y sus informes periciales, cuestionaron la credibilidad de las victimas y fueron valorados como prueba de la inocencia de los acusados y de la culpabilidad de los denunciantes por falsedad en sus declaraciones y denuncias. Estas periciales las aplicó a las denuncias por abuso sexual en litigios sobre guarda y custodia, régimen de visitas y ejercicio de la patria potestad.

Sus trabajos han sido permanentemente cuestionados por la comunidad científica, dado que sus teorías no se basan en métodos de investigación estandardizados, ni han sido sometidos a estudios empíricos de validación. La prueba de ello es que ningún trabajo de Gardner ha sido aceptado para su publicación en una revista científica. Habría que agregar que todos sus libros han sido publicados por una editorial de su propiedad: Creative Therapeutics.

En la actualidad, sus trabajos son profusamente difundidos en los sitios de Internet patrocinados por organizaciones de padres presuntamente abusadores que reivindican su inocencia mediante los argumentos proporcionados por Gardner, utilizando denominaciones encubridoras tales como “padres privados del contacto con sus hijos”.

Cuál es la ideología que sustenta la teoría de Gardner?

Dado que el denominado “síndrome de alienación parental”, como ya quedó dicho, no se sustenta en criterios científicos validables, es necesario buscar sus bases en criterios ideológicamente fundados.

Un método posible para analizar la ideología subyacente es tomar las afirmaciones contenidas en la descripción del SAP y preguntarnos ante cada una de ellas cual es el sesgo ideológico que se evidencia.

Veamos:

Según los seguidores de Gardner, algunos de los indicadores típicos del “síndrome de alienación parental” son:

 Impedir que el otro progenitor ejerza el derecho de convivencia con sus hijos.

En la aplicación ideologizada del concepto, la responsabilidad por el impedimento es adjudicada en la casi totalidad de los casos a la madre, pasando por alto las decisiones judiciales fundamentadas en la conducta abusiva del padre, y desvinculando el derecho de convivencia de la voluntad de los hijos e hijas. Es decir, hay un fuerte énfasis en los derechos del padre, en detrimento de los derechos a la protección de sus hijos/as que pueda ejercer la madre.

 Desvalorizar e insultar al otro en presencia de los niños, mezclando cuestiones de pareja que nada tienen que ver con el vínculo parental.

Cuando se esgrime el concepto de “alienación parental”, solamente se perciben estas conductas en una única dirección. Es decir, se refieren a cuando la madre insulta al padre, pero no a la inversa.

 Implicar al entorno familiar propio y a los amigos en el ataque al ex cónyuge.

Siendo que es ésta una conducta predominantemente masculina, sin embargo, cuando se utiliza el concepto de “alienación parental”, es una conducta adjudicada a la mujer.

 Ridiculizar o subestimar los sentimientos de los niños hacia el otro progenitor.

También en este caso, la experiencia muestra que este tipo de conductas es típica de los padres durante el régimen de visitas con sus hijos/as. Sin embargo, una conducta tan poco probable en las madres, como ridiculizar los sentimientos de sus hijos/as, les es adjudicada cuando se trata de aplicar el criterio de “alienación parental”

 Premiar las conductas despectivas y de rechazo hacia el otro padre

Toda la experiencia acumulada en casos de mujeres maltratadas que han podido terminar la relación abusiva, muestra lo frecuente que resulta que sus hijos/as reproduzcan las conductas de maltrato psicológico, con el beneplácito del padre durante el régimen de visitas. Además, resulta mucho más probable que los conflictos sean más intensos con quien conviven que con quien no conviven. Sin embargo, en el alegato de “alienación parental” se invierten los criterios probabilísticos y se atribuyen estas conductas a la madre conviviente.

 Asustar a los/las niños/as con mentiras sobre el otro.

Cuando se utiliza el concepto de “alienación parental” solamente se considera que la madre es capaz de utilizar estas armas. Sin embargo, la experiencia muestra que cuando los/las niños/as regresan a sus casas luego de haber salido con su padre durante el régimen de visitas, es cuando se exacerban los ataques a la madre, en virtud de los mensajes recibidos por parte del padre.

 En los/las niños/as: si no pueden dar razones o dan explicaciones absurdas para justificar el rechazo por el padre

La negativa de los/las hijos/as para relacionarse con uno de sus progenitores adquiere auténtica trascendencia en el momento en que se expresa en un juzgado y los mecanismos jurídicos y judiciales entran en funcionamiento. Es entonces cuando el “no quiero” es interpretado como infundado o absurdo. Simplemente porque expresa un sentimiento de rechazo y no se traduce en una fundamentada lista de razones que no son propias del modo de funcionamiento psicológico de niños/as y adolescentes. Nuevamente, para la doctrina de la “alienación parental” no hay que creerle a los/las niños/as, sino suponer que hay “algo detrás” de sus decisiones.

Este breve e incompleto recorrido por algunas de las bases que sustentan la descripción del SAP, muestra a las claras que no se trata de un concepto neutro, sino que se halla atravesado por dos de los grandes sistemas de creencias que caracterizan al orden patriarcal: el sexismo y el adultismo.

Según J.E.B. Myers, profesor de la Universidad del Pacífico (California) y reconocido especialista en la fundamentación de sentencias judiciales, “...en mi opinión, muchos de los escritos de Gardner, incluyendo su Parental Alienation Syndrome, son discriminatorios y prejuiciosos contra la mujer. Esta parcialidad de género “infecta” el síndrome, y logra una poderosa herramienta para menoscabar la credibilidad de las mujeres que denuncian abuso sexual infantil. Porque el PAS perpetúa y exacerba la discriminación de género contra la mujer, yo considero que el síndrome arroja mucha más sombra que luz sobre este difícil tema...”

Los primeros trabajos de Gardner estuvieron plagados de comentarios misóginos. Luego, a raíz de las críticas recibidas, adoptó un discurso políticamente correcto, pero sin renunciar al fondo ideológico de su teoría. Básicamente ignora lo que organismos internacionales e investigaciones sociales han enfatizado en los últimos 20 años: que el problema de la violencia de género es una epidemia y que la población afectada por dicha violencia son las mujeres. Al intentar invertir la carga de la prueba, busca eliminar toda perspectiva de género en el análisis del problema, lo cual ha sido aprovechado extensamente por diversas organizaciones machistas y misóginas.

Además de ser una teoría sexista, la doctrina de la “alienación parental” es profundamente adultista.

Se entiende por adultismo al sistema de creencias que, introduciendo una estructura rígida de jerarquías entre adultos y niños/as, entiende a estos/as últimos/as como objetos de adiestramiento y no como sujetos de derecho.

El “síndrome de alienación parental” presupone a los niños y a las niñas como entidades pasivas susceptibles de ser moldeadas en sus pensamientos y sentimientos por adultos malévolos que les “introducen” ideas sin que cuente su propia percepción de la realidad.

Esta imagen de la niñez no solamente va en la dirección opuesta de todos los estudios científicamente validados dentro de la psicología evolutiva, sino que contradice profundamente el espíritu mismo de la Convención Internacional por los Derechos de la Niñez.

Habría que explicarles a los jueces y las juezas que basan sus sentencias en informes derivados de la doctrina de Gardner, que los niños y las niñas no son marionetas de los adultos, que tienen derecho a expresar sus pensamientos y sentimientos y que, además, no son mentirosos/as por naturaleza, como parecen sugerir las pericias basadas en estas teorías pseudocientíficas. No existe un fenómeno tal como el de una confabulación madre-hijo/a para perjudicar al padre. Lo que existen son niños/as que, habiendo experimentado diversas formas de abuso primario o secundario (ya sea como víctimas o como testigos), experimentan temor y rechazo por quien ha ejercido esos abusos.

Como consecuencia de estas creencias, otra forma de vulnerar los derechos de los niños y las niñas es obligarlos/as compulsivamente a revincularse con aquella persona a quienes temen y rechazan, con el argumento de asegurar los derechos del padre no conviviente.

En la legislación argentina, la sanción de la Ley 26061 ha intentado actuar sobre este problema, cuando en su artículo 3º señala que “Cuando exista conflicto entre los derechos e intereses de las niñas, niños y adolescentes frente a otros derechos e intereses igualmente legítimos, prevalecerán los primeros.”

Los intentos de invertir la carga de la prueba, poniendo en el banquillo de los acusados a las víctimas de diversas formas de abuso y malos tratos, es una estrategia que tenemos la obligación de denunciar, comenzando por desvelar la carencia de sustancia de estas teorías pseudocientíficas que han venido a fundamentar el movimiento conocido como “backlash”.

El backlash es un movimiento conservador que intenta retrotraer el conocimiento logrado acerca del problema del abuso sexual infantil a la etapa previa del ocultamiento y el secreto. Es impulsado por sectores tales como la iglesia y los sectores políticos de derechas, intolerantes con el avance en las reivindicaciones de los derechos de los sectores tradicionalmente marginados, como las mujeres, los niños y las niñas. Mientras se trate de casos que involucren a sectores socioeconómicamente excluidos, la reacción no se hace sentir. Pero comienza a adquirir virulencia cuando los casos denunciados involucran a personas cercanas a ámbitos de poder (jerarcas de la iglesia, empresarios, políticos). Y es a estos sectores que las teorías pseudocientíficas de Gardner les han venido como anillo al dedo. Les permiten justificar sus abusos, contraatacando con denuncias de falsas denuncias, con insistencia en el concepto de “alienación parental” (que en realidad lo limitan a una “alienación marental”) y descalificando los testimonios de los niños y las niñas. Ni más ni menos que una reacción tendiente a conservar un poder que perciben menguante.

Generalmente, los factores de poder tienden a aliarse y, de este modo, quienes luchan por la defensa de sus legítimos derechos se suelen encontrar en una especie de trampa sin salida, en la que las víctimas son las que terminan acusadas y diagnosticadas con rótulos psiquiátricos. En lugar de darles apoyo, las instituciones conservadoras las investigan y las colocan en un estado de indefensión.

Para concluir, digamos que cuando las decisiones judiciales se apoyan en los instrumentos pseudocientíficos del backlash quedan sentadas las bases para una segunda victimización, tanto para las niñas y niños, como para las madres que luchan por protegerlos.

Qué dice la ciencia sobre el abuso sexual infantil


EL PEDÓFILO O PAIDÓFILO

Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales vigente (DSM IV), el pedófilo es un individuo que fantasea, se siente excitado o atraído sexualmente hacia menores de 13 años por un periodo de al menos seis meses. Según la Asociación Americana de Psiquiatría, la mayoría son hombres. El pedófilo puede ser heterosexual, homosexual o bisexual. Sentir esa atracción no es un delito, pero los especialistas recomiendan que quien la siente busque ayuda psicológica o psiquiátrica, ya que ese deseo, con el tiempo, puede salirse de control y traducirse en una acción de abuso sexual contra un menor. “Lo que lleva a un pedófilo a la acción es un pobre control de impulsos. Hay una función cerebral que se da en los lóbulos frontales donde se ejerce el control de impulsos. Cuando no hay uno adecuado, se deja ir el impulso de manera incorrecta”, afirma la doctora Rosalía Fernández y de la Borbolla, médica cirujana con especialidad en psiquiatría, maestría en neurociencias por la Universidad de Barcelona, además de psicoanalista y pionera en educación sexual en México.



Con el tiempo, es probable que algunos pedófilos den el paso a pederastas, como lo publicó un estudio realizado en la Clínica de Comportamiento Sexual de la Universidad de Toronto en el 2002, pues encontró que 44 por ciento de los pedófilos estudiados se volvieron pederastas al entrar al rango de edad que va de los 40 a los 70 años, aunque es importante subrayar que no todos los pederastas son necesariamente pedófilos. Así lo afirma Michael C. Seto, autor de varios libros sobre abuso sexual y profesor asociado de la Facultad de Psiquiatría de la Universidad de Toronto, en el Annual Review of Clinical Psychology de 2009: “Muchos pedófilos no han tenido ningún contacto sexual con niños y tal vez la mitad de los agresores sexuales de niños (pederastas) no coincidirían con el criterio diagnóstico para pedofilia”.



EL PEDERASTA

El pederasta es un adulto (o alguien con una ventaja de cinco años o más respecto al infante) que abusa sexualmente de un menor de edad. Cualquier acercamiento sexual hacia un menor, en cualquiera de sus formas —tocamientos, besos, exhibicionismo, desnudez, juegos eróticos forzados, hasta sexo oral o penetración—, es considerado un abuso sexual y está tipificado como delito. “El delito es tener cualquier acercamiento de índole sexual con niños, sin importar si la preferencia sexual del abusador es de tipo heterosexual u homosexual”, afirma Luis Perelman, especialista en sexología educativa y presidente de la Federación Mexicana de Educación Sexual y Sexología (Femess).


Podría pensarse que las personas que se sienten muy atraídas hacia niños no encontrarán atractivas o no tendrán relaciones sexuales con personas adultas, pero sólo el siete por ciento, según publicó en su página de internet la organización Child Molestation Prevention, son pedófilos exclusivos (que sólo se sienten atraídos por menores). El 93 por ciento pertenece a la categoría de pedófilo no exclusivo: se sienten atraídos por personas menores y adultas; en muchos casos, tienen pareja o están casados.



DETONADORES CULTURALES

En un perfil sobre pedofilia —realizado por un experto del departamento de Psiquiatría del hospital Johns Hopkins para la publicación Mayo Clinic Proceedings de abril de 2007—, se citan diversas fuentes científicas que confirman que la pederastia “no es necesariamente sinónimo de pedofilia” y que afirman que “el abuso sexual infantil no es un diagnóstico médico” que implique discapacidad mental. “No es una patología que amerite justificarlo, el pederasta es una persona con juicio y que debe responder de sus actos”, dice David Barrios, médico y psicoterapeuta sexual, director de Caleidoscopía (espacio de cultura, terapia y salud sexual), y añade que “son excepcionales los casos que pueden atribuirse a alguna afección cerebral o patología clínica”. Barrios destaca como principales factores detonantes del abuso sexual contra infantes elementos de índole cultural. “En nuestras culturas hay, por un lado, un machismo exacerbado, y parte de ese machismo, que incluye a los clérigos católicos, por cierto, consiste en ejercer un poder sobre los demás, particularmente sobre menores. A los hombres, en esta cultura, se nos ha educado para tomar lo que queremos”. También lo atribuye a un ejercicio irresponsable del poder, punto en el que coincide Perelman.

Barrios afirma que desde una figura de poder cualquier pederasta puede incluso “sin amenazas físicas lograr que un menor se someta”. Para Berenice Mejía-Iturriaga, psicoanalista, doctora en Ciencias Sociales y catedrática de la Facultad de Psicología de la UNAM, “aunque el abusador reciba de alguna manera ‘el consentimiento explícito o implícito del menor’, es al adulto a quien va primeramente dirigida la prohibición de gozar de un menor”.


LAS VÍCTIMAS

Se calcula que uno de cada cuatro mujeres sufrió algún tipo de abuso sexual en la infancia y en hombres, uno de cada 11. Según diversas fuentes citadas en el texto dedicado al perfil del pedófilo del Mayo Clinic Proceedings, “los niños que sufrieron abusos experimentan mayor daño psicológico cuando el abuso proviene de una figura paterna (vecinos, sacerdotes, maestros) o involucra fuerza y/o contacto genital”.

Según datos oficiales de EU, 27 por ciento de los pederastas son familiares y se estima que en ese país sólo uno de cada 20 casos de abuso es reportado; en países como el nuestro (donde hay que sumar la desconfianza que la población tiene hacia el sistema judicial) la cifra puede ser mayor. “Las consecuencias para el niño o niña son terribles porque puede vivir en su vida adulta una sexualidad llena de culpa, vergüenza o temor”, afirma Fernández y de la Borbolla. Subraya que “se le debe creer al niño”, así como crear puentes de comunicación y confianza para que pueda expresarse sin miedo. Para Perelman la sociedad ha operado como facilitadora para los abusadores, “porque propiciamos que no se hable de sexo y hablar de sexo es vergonzoso… ese es un clima perfecto para el abusador. Seguramente esto ha sucedido durante mucho tiempo, pero sólo hasta ahora, cuando comienza a haber un clima de mayor apertura, más y más gente está verbalizando y saliendo a denunciar estos abusos”.


TRATAMIENTO PARA PEDERASTAS

La Cámara de Diputados —faltando la ratificación ante el Senado— ha tipificado por primera vez en el Código Penal federal a la pederastia como delito, con penas de nueve a 18 años de cárcel a quien cometa abuso sexual contra niños, inhabilitando al agresor por el mismo tiempo para ocupar cargos públicos y ejercer su profesión. La socióloga Mejía-Iturriaga no considera saludable para la sociedad que los pederastas religiosos tengan privilegios ante una ley laica. “Todas las personas son ciudadanos de un Estado y por lo tanto son sujetos jurídicos. Si alguien comete un delito debe ser sancionado por la ley. Suponer que un pederasta religioso es una excepción lo coloca entonces fuera de la ley y eso implicaría que la ley vale sólo para algunos”.

Independientemente de que sea procesado y purgue una pena como dicta la ley, existen tratamientos clínicos para pederastas (en algunos países son obligatorios) que elevarían las probabilidades de éxito en la prevención de reincidencia. “Fundamentalmente hay dos enfoques terapéuticos para pederastas, uno tiene que ver con procesos de psicoterapia para que no vuelva a ocurrir. Eso está sujeto a una valoración constante del terapeuta que se compromete a seguir el proceso”, afirma Barrios.

El segundo enfoque terapéutico consiste en tratamiento farmacológico que a su vez puede ser de dos tipos, ambos enfocados a inhibir el deseo sexual impulsivo. Los explica Barrios, experto mexicano en ese tema: “Uno es la castración terapéutica a partir de hormonales antiandrógenos. La testosterona es el principal factor biológico que promueve el impulso. Evidentemente en un pederasta ese deseo está alterado. Entonces se mandan inhibidores de la testosterona”. El otro esquema de tratamiento “que también ha dado buenos resultados, tanto en pederastas como en agresores de adultos, es el de inhibidores de la recaptura de la serotonina. Usualmente los empleamos los médicos como antidepresivos, pero en estos casos tienen como objetivo modular el impulso y ha dado buenos resultados”.

Respecto a los niños que han sufrido abuso, dice Fernández y de la Borbolla: “Algunos lo superarán y podrán tener una vida sexual placentera y sin miedos, pero generalmente se queda esta parte del temor hacia una relación con intimidad”. Los expertos coinciden en la importancia de que los sobrevivientes de abuso sexual infantil busquen algún tipo de psicoterapia. “Se puede salir adelante. Queda la herida, pero hay muchas formas de seguir adelante”, concluye Perelman.
Milenio 25 de abril de 2010.

ESTADISTICAS DE A.S.I EN MÉXICO


En México entre 30 mil y 60 mil infantes son víctimas de abuso sexual cada año. A nivel mundial, el panorama es de 73 millones de niños y 150 millones de niñas menores de 18 años quienes sufren de violencia sexual o relaciones sexuales forzadas.

Respecto a maltrato infantil, en 2009, el Sistema Nacional DIF recibió 59 mil 186 denuncias, de las cuales se comprobó el agravio en 33 mil 994 casos, pero únicamente cuatro mil 656, poco menos del 10 por ciento, se presentaron ante el Ministerio Público.

Por ello, la diputada Paz Gutiérrez Cortina (PAN) se manifestó por que se cree una Fiscalía Especializada dedicada a dar atención integral a las víctimas de violencia y abuso sexual en contra de menores, así como la procuración de justicia en estos casos.

Es indispensable, dijo, contar con un mecanismo para enfrentar los problemas de abuso sexual en menores; que el Estado vele por el bienestar de sus niños y aplique las penas y sanciones actualmente establecidas por el Código Penal Federal a quienes lo lleven a cabo.

La secretaria de la Comisión de Educación Pública y Servicios Educativos mencionó que la Fiscalía Especializada y un programa de concientización y prevención de los delitos sexuales en contra de menores son un primer paso que hay que tomar.

Mencionó que desde comienzos de los años 90 se desarrollaron a nivel mundial los procedimientos a gran escala para prevenir la pederastia y responder de manera eficaz a las denuncias, y que en la actualidad, una cultura de ‘tolerancia cero’ que ponga fin a los casos que se presenten, “es lo menos que podemos hacer por nuestros niños”.

Las estadísticas de abuso sexual infantil, destacó, son alarmantes: una de cada 4 niñas es abusada de manera sexual antes de cumplir 18 años y, en los niños, es uno cada 6 niños. Además, casi el 70 por ciento de todos los casos de abuso sexual es a niñas o niños menores de 17 años, y el 35 por ciento de los casos es por algún miembro de su familia.

Son innumerables, agregó, los casos de niños y algunos actualmente ya mayores “que sufren en el anonimato las consecuencias del abuso sexual infantil, perpetrado por adultos en quien se había depositado la confianza como puede ser un maestro, un ministro de culto, el padre, o algún familiar dentro de los muros del hogar”.

Gutiérrez Cortina puntualizó que la legislación, tanto nacional como la establecida por tratados internacionales, presenta una plataforma y exige mayores medidas y atención en estos casos.

De ahí, enfatizó, que sea urgente poner en práctica medidas de protección de los menores, “aún estamos a tiempo de salvar a millones de niños de que se conviertan en víctimas del abuso sexual convirtiéndose en una estadística más y en una probabilidad más de caer en depresión, dependencia del alcohol, drogas, trastornos de pánico y estrés postraumático o peor aún, suicidios”.

Finalmente, se pronunció por una cultura de prevención del delito, pues “es imprescindible ya que la capacitación de los niños y de las niñas en la conciencia y el conocimiento de sus derechos, hará que sean capaces de defenderse y hacer que se respete su integridad”.

El abuso sexual infantil no es un fenómeno nuevo de la realidad humana

 Existió en todos los tiempos de la historia de la humanidad. No obstante, algo alentador de la época histórico-social que nos toca vivir es que existe una tendencia creciente hacia la denuncia de los abusos. Aunque nos cause espanto, el tema es expuesto con mayor asiduidad en diferentes medios: la prensa, la televisión, la escuela, la iglesia.
• El abuso sexual infantil no reconoce barreras sociales, intelectuales ni religiosas. Lo encontramos en todos los ámbitos. De maneras más sutiles o groseras, más ocultas o más expuestas, tanto ricos como pobres, académicos como iletrados, religiosos como seculares, “cristianos” como no cristianos, casados, solteros, viudos o separados, pueden ser abusadores de niños, niñas y adolescentes.
 • El abuso sexual infantil tampoco es la conducta habitual y exclusiva de los homosexuales. Este mito ha proyectado, muchas veces, sospechas infundadas e injustas sobre los homosexuales, y ha propiciado el ocultamiento e impunidad de personas heterosexuales, padres de familia, con fachada de “respetabilidad”. Homosexuales y heterosexuales pueden ser, eventualmente, actores del abuso sexual infantil.
• La mayor parte de los abusos contra menores se realizan dentro del entorno de los mismos (familia, escuela, iglesia, clubes, etc.). El 85% de los abusos sexuales contra niños, niñas y adolescentes, son cometidos por las personas –en su inmensa mayoría varones- más próximas a ellos (pares, padrastros, tíos, primos, pastores, sacerdotes, maestros, amigos de la familia, vecinos), dado que se perpetran sobre la base de la seducción, la confianza, la dependencia y el sometimiento del niño, sin necesitar de mayor violencia; por esta misma razón se perpetúan en el tiempo. Por otra parte, los abusos cometidos por personas fuera del entorno habitual de los menores, suelen configurarse como experiencias únicas y más violentas.
 • El abuso sexual infantil y adolescente deja, por lo general, daños a corto, mediano y largo plazo. Cabe aclarar que los menores no mienten ni inventan fantasías sobre el abuso. Tampoco es un juego para los chicos ni disfrutan con esta actividad impuesta por un adulto para su satisfacción egoísta y perversa. Por el contrario, es una experiencia penosa y secreta que provoca variedad de daños que se proyectan a la vida adulta (depresión, pérdida de la confianza, baja autoestima, angustia, culpa, vergüenza, confusión en la identidad sexual, soledad, desesperanza, etc.). Se lo ha llamado, y con razón, el “crimen secreto”.

 • El abuso sexual infantil es un problema de todos. Debemos dejar de considerarlo un tema privado para constituirlo como una problemática sobre la cual todos y todas debemos tomar conciencia, adoptar medidas conducentes a la prevención y sanción de los responsables.
Sobre la autora: María Elena Mamarian, Coordinadora del Centro Familiar Eirene

viernes, 30 de abril de 2010

A LOS SENADORES DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS.

GRACIAS POR APROBAR POR UNANIMIDAD LA REFORMA INTEGRAL PARA TIPIFICAR EL DELITO DE PEDERASTIA.

A CLAUDIA CRUZ,Directora del Instituto de Acción Ciudadana para la Justicia y la Democracia, a JOSÉ BONILLA Director de la Fundación de la mano con la Justicia,a JOAQUÍN AGUILAR MÉNDEZ,SNAP miembro de laRed de Sobrevivientes de Abuso Sexual ,a AIDÉ GARCÍA Coordinadora de Políticas públicas deCatólicas por el Derecho a Decidir, a LETICIA VALDÉS MARTELL,ERICK BARRAGÁN,JESÚS ROMERO COLÍN y MÓNICA RUIZ.

Abusar sexualmente de un menor significa someterlo a un delito horrendo que deja profundas cicatrices para toda su vida.

Casi todos sistematicamente mostramos horror al escuchar o leer casos de abuso sexual a menores, sobre todo ahora que el abuso sexual en la infancia ha irrumpido en los medios y empieza a formar parte de la conciencia social.

Ahora más que nunca los niños deben saber que tienen derecho a que se respete su cuerpo y que si se sienten acosados han de comentárselo a los mayores, que les escucharán con atención y les ayudarán.

Así como también deberían sentirse protegidos por las legislaciones locales de donde viven.

Sólo hay que echar un vistazo a las cifras de varios estudios para comprender la magnitud del problema: entre un 20% y un 25% de las mujeres, y entre un 10% y un 15% de hombres han sufrido abusos sexuales en la infancia.

Es la única manera de que estas víctimas no entren en la cárcel del silencio. Una prisión que, muchos, tardan años en abandonar.

A.S.I NUNCA MÀS.
MIGUEL ADAME VÀZQUEZ

CIDETEC A.C

jueves, 29 de abril de 2010

ESTADISTICAS DE A.S.I


El maltrato físico y los delitos sexuales contra infantes representan para México 14.5 por ciento del Producto Interno Bruto y afectan la productividad nacional, de acuerdo con el estudio Impacto económico de la violencia contra la niñez en el país, realizado por investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).
Los investigadores sostienen que la información sobre violencia sexual infantil no está sistematizada; sin embargo, la más reciente Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (2006) reveló que de 25 mil 56 adolescentes entrevistados, 59 por ciento reconoció haber sido agredido físicamente y 17 por ciento haber sufrido otros ataques, incluyendo el abuso sexual.
Las estadísticas son preocupantes: "Tan sólo en California, aproximadamente 237 mil niños hispanos han reportado ser víctimas de abuso, 50 mil de esos niños están sufriendo abuso o descuido y 16 mil son retirados de sus padres y ubicados en casas de crianza u hogares sustitutos por causa de este abuso y abandono", dijo Jennifer Rodríguez miembro de la mesa directiva de CASA.

Cada año alrededor de 905 mil niños son víctimas de abusos o descuidos, según los casos confirmados por el servicio de protección infantil (Child Protective Services).

Todos los niños son vulnerables, pero las principales víctimas de abuso infantil son los menores de 3 años. Estos representan el 75.5% de la totalidad de abusos, debido a que son más más dependientes y tienen poca capacidad de defenderse a sí mismos.

La única manera de prevenir el abuso infantil es a través de la comunicación y la educación, ya sea en la escuela, comunidad o en la propia casa con ayuda de los padres. Un niño que cuenta con esto y además tiene todo el cariño y la atención de sus seres queridos es difícil que pase por este tipo de situación.

sábado, 24 de abril de 2010

Dormí... ¡estoy sanando!


*Laura Jiménez
De repente abrí mis ojos y me sorprendí gratamente al ver que eran las 12 del día. ¡Dormí casi 10 horas!... Diez horas sumamente conciliadoras, aunque mis hombros me dolían un poco, pero mi mente y mi cuerpo agradecían profundamente este valioso regalo que mi subconsciente y mi largo proceso de sanación como sobreviviente, me había regalado.
Sé que para la mayoría de las personas no hay nada de extraordinario en lograr dormir diez horas un domingo, pero para quienes hemos pasado casi 20 años con dificultad para dormir es algo realmente fascinante. Recuerdo de niña las largas horas de noche estando despierta, tratando de dormir pero sin poder lograrlo. En el preescolar, a la hora de la siesta era la única niña que no podía dormir. Todos mis compañeros y compañeras estaban bien dormidos y yo tenía ganas de jugar o hacer cualquier otra cosa, pero la profesora me decía "Laura, es hora de dormir", y me quedaba acostada, intentando dormir pero sin dormir. ¿Es eso normal? Por supuesto que no.

En esa época y durante mucho tiempo no sabía la causa de mi trastorno. Ahora sé que he pasado buena parte de mi vida en hipervigilancia, es decir, con una ansiedad permanente y una necesidad de estar despierta porque era mi manera de estar alerta a poder defenderme en caso de que apareciera el abusador sexual que pudiera hacerme daño.
Esta es sólo una de las secuelas que me dejó el abuso sexual: Mi lucha está en decirme cada día que merezco descansar. Durante mucho tiempo me he provocado daño inconscientemente por mi necesidad de estar alerta y de cumplir con todo, con estudiar, con aprender, con ser buena hija, con ser buena profesional. Ese estado de alerta latente me ha enfermado del estómago, de la presión, de la garganta, y me mantiene cansada casi todo el tiempo. Me está costando mucho hacerle entender a mi cerebro que descansar también es algo sumamente valioso y no una pérdida de tiempo.
Sé de otras mujeres jóvenes que tienen alguna conducta similar a la mía aunque con otra manifestación. Por ejemplo, alguien para quien estar dormida es su mecanismo de defensa, pues el abusador sexual no podía atacarla si ella estaba dormida. La lucha de ella es por mantenerse despierta, en decirse cada día que vale la pena ver el sol y seguir adelante.

Ahora estoy muy orgullosa de mí misma porque en el 2010 estoy comenzando a dormir. Algo tan normal, una función propia de todo ser humano, pero lacerada en mi existencia y en la de tantas mujeres y algunos hombres que tuvimos la desdicha de sufrir abuso sexual en nuestra infancia. Mi proceso de sanación ha sido tan doloroso, tan complejo y tan retador porque me ha hecho fuerte. Me he dado cuenta que de niña fui fuerte, más fuerte que ese abusador que se aprovechó de mi inocencia de 4 años. Yo logré sobrevivir a la tortura que me sometió durante el abuso, y a las secuelas que todavía siguen siendo una tortura. Logré estudiar, estoy logrando trabajar y sigo fuerte. Ahora estoy cada vez más fuerte porque he estado sanando poco a poco, aunque lamentablemente sanar ha implicado que me ha tocado sacar, sentir, llorar, gritar todo lo que tuve que callar en mi subconsciente para sobrevivir en mi infancia y a lo largo de toda mi vida.

Estoy tan contenta porque dormir y descansar ha sido un gran logro para mí. Hablar con mi grupo de sobrevivientes y reconocerme como sobreviviente ante otras personas, también han sido otros pasos importantes. Ahora estoy en el de persuadir a mi consciente de mi propia fortaleza y de autofelicitarme por todo lo que he logrado, todo esto, frutos que he conseguido después de tres años desde que comencé la terapia individual. Cada vez me siento más libre, aún con mucho por sanar pero confiada en que llegará el día en que estaré completamente sana. Esa seguridad también la he conseguido gracias a cada una de las personas que me han apoyado y me siguen apoyando en mi proceso, mi psicóloga, mi grupo de sobrevivientes, mi terapeuta corporal y compañeras que me han acompañado en este camino tan doloroso, porque duele, y mucho.

*Soy sobreviviente.
aguasbravas_nicaragua@yahoo.com
yotecreo@gmail.com
hmailto:hablemosde.abusosexual@gmail.com

miércoles, 21 de abril de 2010

Los lugares “más seguros”

Entre los mitos que socialmente se han establecido tenemos que los abusadores son personas extrañas, sucias, barbudas, borrachas; es decir, de muy mal aspecto. Igualmente, se ha creído que el abuso sexual ocurre en lugares solitarios, oscuros; que es más frecuente en el sector rural y no en la ciudad.

Mensajes como estos son los que regularmente se le proporcionan a las niñas, niños y adolescentes, a quienes además se les indica que no deben hablar con extraños, como una alternativa de prevención del abuso sexual.

Históricamente también se ha asumido que la casa, la escuela y la iglesia son los “lugares más seguros” para niñas, niños y adolescentes, particularmente para prevenir el abuso sexual.

Evidentemente, esto no proporciona ninguna garantía para que las niñas, niños y adolescentes no vivan el abuso sexual, porque se ha logrado comprobar en los estudios realizados a nivel nacional e internacional, que el abuso sexual es cometido en el mayor porcentaje, por personas conocidas, cercanas, con quienes hay una relación de confianza y afecto.

El mayor número de denuncias refleja que el abuso sexual ocurre en la casa y que mayoritariamente, los abusadores son los padres y padrastros. También presentan un porcentaje significativo los tíos, abuelos, hermanos, primos, novios, amigos de la familia. En la escuela, los abusadores son los maestros, los instructores de educación física, cuidadores, conductores de recorrido o jardineros.

Puede decirse que en la Iglesia, en cualquiera de sus denominaciones, se presentan menos denuncias de abuso sexual; lo que no significa que su ocurrencia sea menor que en otros espacios considerados “seguros” para niñas, niños y adolescentes.

Considerando la relación de poder como causa para el abuso sexual, es obvio que siendo un sacerdote o pastor el abusador, hay menos posibilidades de denuncia. Es un espacio donde se junta el temor al abusador y el temor al castigo divino; el abusador se encarga de integrar este elemento en su estrategia de abuso, para someter y controlar.

El abusador aprovecha la investidura religiosa para cometer el abuso sexual. Utiliza su figura de poder, su autoridad para sexualizar niñas, niños y adolescentes. Esto no determina que sea diferente que otros abusadores, los abusadores son tan solo eso: Abusadores sexuales.

Se ha tratado de desvirtuar la ocurrencia del abuso sexual, a partir de diferentes conceptos como pederastia o pedofilia, la intención es justificar su ocurrencia o de hacer ver que puede tratarse de personas enfermas. En realidad, estamos ante el mismo hecho: es un abuso sexual y quien lo comete es un abusador.

En las últimas semanas se ha estado presentando el debate sobre el abuso sexual en la Iglesia Católica y ésta se ha pronunciado desde su más alta autoridad, el Papa Benedicto XVI. Consideramos que éste es un buen momento para que la Iglesia desde sus diferentes denominaciones tenga un mensaje más amplio al respecto, es una oportunidad para abordar el tema desde lo que también ocurre en nuestro país, en ese espacio considerado “más seguro” para niñas, niños y adolescentes.

Desde el Movimiento contra el abuso sexual, no queremos hacer ningún tipo de confrontación, ni que se aduzca que somos algún tipo de amenaza para la Iglesia; lo que sí queremos es aprovechar la palabra del Papa Benedicto XVI para poner en el debate el abuso sexual que históricamente ha sido muy invisibilizado.

Para promover que los/as religiosos/as faciliten la visibilización del problema, apoyen a las niñas, niños y adolescentes que revelan haber vivido abuso por parte de religiosos y promuevan una efectiva prevención del abuso sexual por parte de religiosos.

En este aspecto, no se trata de culpabilizar a la institución eclesiástica por el abuso que han cometido personas –aunque sean religiosas- se trata más bien de comenzar a reconocer que efectivamente el abuso ocurre con frecuencia y que estas personas se aprovechan del espacio y la autoridad de la institución, a la vez abusan de la autoridad que esta les confiere.

El abuso sexual ha seguido ocurriendo en este momento en la Iglesia, a pesar de la condena que hizo de este hecho su máxima autoridad; no como se dijo hace algunos días en un medio de comunicación, al referirse al abuso sexual que ocurre en la Iglesia: “Son hechos que ocurrieron en el pasado, con personas que ahora son adultas”. En la medida que los abusadores se sienten en la impunidad, van a continuar abusando.

Mientras la Iglesia guarde silencio, tratando de mantenerse al margen del problema, estará enviando un mensaje de no aceptación de la ocurrencia del abuso por parte de sus sacerdotes y pastores; mientras se busquen justificaciones o se traten de asumir como enfermos, se estará protegiendo a un abusador que se sentirá autorizado para seguir abusando niñas, niños y adolescentes.

Para la Iglesia de todas las denominaciones religiosas, éste es un buen momento para apoyar firmemente a niñas, niños y adolescentes, develando la realidad del abuso sexual por parte de religiosos. Tienen la palabra.

*Psicóloga
lornanorori@hotmail.com

martes, 13 de abril de 2010

Los niños que se culpan a sí mismos...

Los niños que se culpan a sí mismos y a sus familias por haber sufrido abusos sexuales presentan unas mayores tasas de estrés post-traumático

Ésta es una de las conclusiones de una investigación realizada en la UGR en la que han participado 1.500 universitarias, el ajuste psicológico a largo plazo de las víctimas de abusos sexuales infantiles depende, en gran medida, de ciertos factores cognitivos y de la interacción entre ellos
Los niños y adolescentes que se culpabilizan a sí mismos (por ejemplo, pensando que el abuso se produjo debido a alguna característica suya) y a su familia (por ejemplo, pensando que deberían haber hecho más para protegerlo) por el abuso sexual sufrido en la infancia, recurren a un mayor empleo de estrategias de afrontamiento de evitación (por ejemplo, tratar de olvidar lo sucedido, tratar de dormir más de lo normal para no pensar en el problema, o el empleo de alcohol o drogas en el caso de adolescentes). Esto les provoca mayores secuelas a nivel psicológico: concretamente desarrollan unos mayores niveles de sintomatología de trastorno estrés post-traumático (TEP).


Éstas son algunas de las conclusiones de una investigación realizada por David Cantón Cortés, del departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la UGR, y dirigida por los profesores Fernando Justicia Justicia y José Cantón Duarte. Su trabajo –que han llevado a cabo en colaboración con la Universidad de Cambridge (Reino Unido)- ha analizado el papel desempeñado por diversas variables cognitivas en el desarrollo de sintomatología de estrés post-traumático en una muestra de víctimas de abuso sexual infantil (ASI).

Concretamente, los científicos han investigado el papel moderador de las estrategias de afrontamiento, de las atribuciones de culpa y de los sentimientos provocados por el abuso. Este trabajo ha demostrado que el ajuste psicológico a largo plazo de las víctimas de ASI depende, en gran medida, de ciertos factores cognitivos y de la interacción entre ellos, así como determinar bajo qué circunstancias (características del abuso) estos factores cognitivos tienen una mayor relevancia.

Para llevar a cabo este trabajo, los investigadores de la UGR realizaron una encuesta que, de forma anónima, contestaron 1.500 estudiantes universitarias. De este modo, lograron obtener información de un total de 160 mujeres que habían sido víctimas de ASI, las cuales compusieron la muestra de conveniencia final del estudio.

El trabajo de Cantón Cortés es pionero a nivel mundial ya que, a diferencia de estudios previos realizados, no solo analiza el papel de las variables cognitivas en el ajuste psicológico de las víctimas de ASI, sino que también lo hace en función de diversas características del abuso. Es decir, ha investigado las condiciones bajo las cuales estas variables cognitivas tienen una influencia más relevante en el ajuste.

A juicio del investigador, estos resultados “pueden ser de utilidad en la práctica clínica con víctimas de abusos sexuales infantiles, ya que permiten identificar tres áreas de intervención extremadamente útiles tanto por su relevancia en la adaptación como por ser susceptibles de cambio (estrategias de afrontamiento, atribuciones de culpa, sentimientos provocados por el abuso sexual)”.
Parte de los resultados de esta investigación serán publicados próximamente en la revista “Child Abuse & Neglect”, una de las revistas especializadas en el tema del abuso sexual infantil con una mayor relevancia e impacto.

lunes, 12 de abril de 2010

Ahora comienzo a vivir.

En 2008 escribí un artículo en esta columna titulado “Desde mi experiencia en el camino de la Sanación” para ese entonces me planteé muchas metas, hoy con mucho orgullo y con mucha ayuda comparto lo que hasta este momento he logrado.

Después de un tiempo de haber transitado por este proceso de recuperación emocional del abuso vivido en mi infancia, comienzo a sentirme VIVA. Es casi increíble poder hoy por hoy levantarme por las mañanas con energía, ver que amaneció y sentirme descansada; es una total delicia. Hoy siento que la luz del día ya no equivale a la tortura vivida de tener que despegarme sin fuerza alguna de la cama para poder ir a clases hace algún tiempo o al trabajo en la actualidad.

Hoy siento la fuerza no sólo para levantarme de mi cama por las mañanas sino también para hablar, para hacerme oír; siento una energía cada vez fuerte, energía que seguramente antes ocupaba para sobrevivir. El liberarme de las “piedras o montañas” que cargaba me permite hoy sentirme más ligera, más creativa, más amorosa, más viva. Hoy soy capaz de hablar del Abuso Sexual que yo viví y no solo de la teoría que me enseñaron en la universidad, hoy soy capaz de alzar mi voz y defender mis derechos, desde pedir un trato justo en el bus que me traslada diario a Managua, hasta decidir sobre mi cuerpo.

El camino no ha sido nada fácil, más de una vez pensé que no iba a lograrlo, muchas veces me dije a mí misma que era mejor morirme, sobre todo cuando me permití sentir la tristeza, la rabia y el dolor profundo por lo que me hicieron cuando apenas tenía siete años. Me dolió recordar a la niña que le temía a la oscuridad, a la niña que se sintió sola, abandonada y traicionada por las personas que supuestamente la cuidarían, me costó aceptar que nadie estuvo ahí para defenderme ante los abusadores, me he permitido enojarme con mi mamá porque no estuvo ahí; estoy aceptando que ella hizo lo que pudo conmigo y que no me pudo dar lo que a ella tampoco le dieron: Cuidado, protección y seguridad.

A lo largo del tiempo he podido ver que el abuso sexual era parte de una lista de temas entre muchos por los que tuve que pasar (extrema pobreza, violencia intrafamiliar, familia numerosa en hacinamiento, alcoholismo paterno, antecedentes de abuso ocultos en las mujeres de mi familia por el secretismo cultural en el que vivimos).

Sólo se necesitó de dos personas para que me marcaran la vida de manera terrible, pero he necesitado del acompañamiento personal y profesional de varias para poder hoy estar viva, más de veinticinco personas y contando para poder recuperarme de esa vivencia oscura, muchas de esas personas me llenaron de su luz y de su amor por la vida, otras me tendieron la mano cuando me hundía en el fango del pasado del cual creía que no iba a salir.

También necesité, como ya dije, del acompañamiento profesional de mis terapeutas, su acompañamiento incondicional y humano ha sido crucial en este camino, su muestra de sensibilidad ante el tema, su escucha en momentos de crisis y profundo dolor son impagables.

En conjunto con las mujeres del grupo me permití reconocer las secuelas que nos dejó esta cruel experiencia, juntas nos hemos acompañado por este vía crucis; a través de la práctica de la danza y del juego he aprendido que mi cuerpo podía sentir, pude demostrarme afecto, en estos espacios aprendí a arrancar las malas hierbas que sembraron en mí y comencé a sembrar flores en este terreno desolado, todas estas personas, espacios y momentos me han permitido poco a poco confiar, sentirme segura y poner límites, lo que hasta hoy en día sigue siendo una lucha.

Hago un llamado público a las personas para que nos sigamos sensibilizando ante el tema, pero sobre todo para hacernos co-responsables de lo que nos toca asumir, no podemos seguir haciéndonos los ciegos, debemos hacer todo lo posible y más para seguir creando un mundo libre de abuso sexual.

A los hombres (incluyendo a los representantes de Dios en la tierra) a que repiensen su ser hombre, es responsabilidad de ustedes trabajar el tema entre ustedes mismos. El alcohol y la violencia ya no pude seguir siendo su escudo o su escape, necesitamos verdaderos hombres que comiencen a repensar su ser hombre, por dicha hay muchos que ya están comenzando a abrir sus ojos y su corazón.

A nuestros gobernantes, a que implementen y mejoren la protección a nuestros niños/as, no solo bastan las buenas intenciones, necesitamos mucho más que una pista de patinaje sobre hielo una vez al año.

Soy una sobreviviente de abuso sexual que está logrando salir adelante, que está comenzando a sentir su fuerza, no me voy a callar, no me voy a detener, esta lucha la seguiré librando, sé y siento que no estoy sola, esta vez no.

Georgina Molina Rivera
END - 20:14 - 11/04/2010
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domingo, 11 de abril de 2010

la exposición del niño ante la justicia lo afecta .

‘Mi hijita Micaela (nombre protegido) me contó lo que el profesor de natación le había hecho y recordé que un año atrás, cuando tenía 3 años, había llegado escaldada y llorosa de la guardería. Nuestra odisea comenzó cuando decidimos poner la denuncia”, dice Cristina (nombre protegido), sobre el abuso sexual a su hija.

“Se debe crear conciencia social frente a la violencia sexual”, enfatiza Sandra Cervantes, del Consejo Metropolitano de Protección Integral a la Niñez y Adolescencia (Compina). “Las estadísticas nos muestran que por lo menos tres de cada 10 niños han sufrido alguna forma de abuso sexual en el país. Pero las denuncias en la Fiscalía son mínimas”.

“Cuando estaba en cuarto grado, el profesor Rodrigo quería manosearnos, a mí no pudo tocarme pero a mis amigas sí les manoseaba, él quería amarcarnos para poder escribir en el pizarrón. Cuando nos íbamos al baño él sabía ir atrás de nosotras para poder abusarnos. Creo que sigue manoseándole a su grado”.

El relato es de una pequeña de 11 años. Lo escribió a lápiz, en una hoja de papel, durante un taller en el Compina, luego de observar una película sobre prevención de abuso sexual.

En la Unidad de Vigilancia y Exigibilidad Legal del Compina se llevan casos de abuso sexual a menores que en su mayoría son víctimas de sus profesores.

“En la dinámica del abuso sexual el victimario es mayoritariamente una persona conocida por el niño, niña o adolescente”, refiere Cervantes. “Hablamos de más del 90% de los casos en los cuales el abusador es papá, padrastro, hermano, tío, amigo, profesor, jefe de culto, etc.; alguien que ejerce autoridad frente al niño”.

Ella identifica tres momentos: primero, la construcción de complicidad, con regalos, afectos y otros aspectos que ayudan a aproximarse a los niños. Después viene el abuso en sí. Finalmente, la amenaza. De esta forma, los niños no hablan, se sienten culpables. “No siempre es una relación sexual, pero manosear a la niña, tocarla, ya es un abuso”.

Cuando Cristina escuchó a su pequeña de 4 años no pensó en ir a la Policía. La llevó a una casa de salud en el sur de Quito. “Fuimos al reconocimiento del cuerpito con un médico, pero ese examen no fue válido. Nos mandaron a realizar otra vez el examen con un médico forense de la Policía”.

“En ese examen el médico no tuvo ningún cuidado. No la trató como a una niña, sino como una adulta. Le dijo ‘abra las piernas’ y para mí fue un ‘shock’, pero así se hizo la evaluación. El médico dijo que no hubo penetración, que ¿de qué me preocupaba? Me indigné con esas palabras pero me armé de valor y seguí con la denuncia a través del Cepam (Centro Ecuatoriano para la Promoción y Acción de la Mujer), ellos nos patrocinan”.

En el artículo 80 del Código de la Niñez y Adolescencia se señala que los exámenes médico legales a un menor se practicarán en estrictas condiciones de confidencialidad y respeto a la intimidad e integridad físicas y emocional del paciente. También que se prohíbe volver a someter a un niño víctima de alguna de las formas de maltrato a un mismo examen o reconocimiento médico legal.

Contempla además que los exámenes practicados por profesionales de establecimientos de salud públicos o privados tendrán el valor legal de informe pericial.

Hasta el 2008, el examen médico legal para víctimas de agresión sexual también se realizaba en el dispensario médico que operan en las instalaciones de la Policía Judicial. Para Fabián Pólit, quien se dedicó a esta tarea por 26 años, las pruebas se realizan con respeto y confidencialidad.

La fiscal Moreno reconoce que la primera evaluación en los casos de abuso sexual es la ginecológica. Posteriormente, se realiza “la valoración psicológica, que es un elemento muy importante, y que es tan científica como la médica, pero con la experiencia que he tenido no se valora mucho al examen psicológico”.

Para la psicóloga Martha Ortega, los procesos de evaluación médica o psicológica profundizan el trauma sufrido por la víctima en un abuso. “Reviven el momento una y otra vez, cada vez que las examinan o que les toman las versiones. Se revictimiza a los menores; a veces, más que el abuso, les trauma el profesional”, dice Ortega, doctora en psicología a cargo del Departamento de Psicología de la Dinapen en Pichincha.
Ella resalta la importancia de efectuar una evaluación psicológica con métodos especiales. “Utilizamos diferentes técnicas, trabajamos con muñecos, juegos, dibujos. Presentamos un informe técnico para que sea una prueba dentro del proceso legal”.

No todos los menores reciben un tratamiento adecuado. Al Departamento de Psicología de la Dinapen solo llegan los casos solicitados por la Fiscalía.

Cristina relata una experiencia traumática en la Fiscalía. “Estuvimos cinco veces en la Fiscalía para que mi niña reviviera lo que pasó, pero siempre faltaba alguna autoridad y no se hacía nada. Micaela estaba en tratamiento psicológico y revivir eso le hacía mal”, dice la madre y llora.

“Después la secretaria tomó su versión. Al profesor ni siquiera le llamaron a declarar. Saqué a mi hija de la guardería. Micaela no está bien todavía. Un niño le empujo en la nueva escuela y ella retrocedió emocionalmente, tiene miedo a todo. Duele que haya sido tratada como victimaria; que tenga que demostrar que fue la víctima. Es una niña pequeña, pero a nadie le importa”.