domingo, 25 de octubre de 2009

EXISTE UN INCREMENTO EN LOS DELITOS DE ABUSO SEXUAL


Existe un incremento en los delitos de abuso sexual
Aumentaron los abusos. Las estadísticas son dinámicas, tenemos un porcentaje alto en relación al año pasado tenemos en este segundo semestre ya un aumento de entre el 10 y 15 por ciento.
Lo que ocurre es el incremento de la difusión, tanto de denuncias, no podemos decir que haya más hecho, hay más denuncias en cuestión de que hubo mayor difusión de la temática.
Los medios han difundido y esto hizo que el gobierno tanto local como nacional ha permitido la inserción en la comunidad de la temática, también hay hospitales específicos que nos informan la recepción de caso, después la policía han creado unidades de recepción de eso, últimamente la oficina de violencia, la corte nos deriva. Hay gabinetes de apoyo y de contención de seguimiento después de la denuncia. Acción terapéutica y médica para acompañar a la víctima.

¿Qué ocurre cuando el abusador es un menor de edad?No lo podemos dar respuesta de la parte legal, no solamente por un problema de inimputabilidad sino porque tenemos que ver cual es el problema central por el cual descarga su violencia a través de eso, que lo lleva a desplegar esa actividad con su pares, con los chicos de su misma edad. Lo que desnuda en primer termino es la falta de responsabilidad de los organismo que deberían ocuparse de ellos. Además una alerta importante para el futuro por que si desplega esa violencia y no es atendido, el problema va a ser cuando si sea mas grande y tenga una fuerza mayor, porque esto se instala como metodología, entonces es fundamental el asesoramiento terapéutico y médico, no represivo ni nada que tenga que ver con la legislación. Con la víctima se trata como en los demás casos. Lo que hay que analizar es donde se produjeron estos casos para orientar la política en ese aspecto.

¿Cómo tratar el problema cuando los abusos ocurren en una institución como la escuela u otros?
El docente no debe ocupar el lugar de los padres, si bien es complementario. Se deben realizar reuniones entre padres y docentes para organizar una red de contención, o estrategias y empezar a estudiar porque pasa, porque esto es un emergente, algo está pasando que los chicos manifiestan la violencia de esta forma, como puede ser trasladado arma desde la casa a la escuela o solucionar los conflictos por medio de los golpes, o atacando a sus compañeros de esta manera tan particular. Tratar a un menor con la faz represiva es agudizar el problema, porque se suma el problema de violencia que tiene con el del sistema penal o el sistema mal llamado de contención, que son los institutos, por eso tendríamos que evitar y tratar a los menores desde la raíz, el problema que los lleva a cometer esto.

¿En qué ámbitos se producen la mayor cantidad de abusos?
Tenemos mayor cantidad de denuncia de abusos intrafamiliar y más de familias ensambladas, es decir de los padrastros o compañeros de la madre, tíos, abuelos que viven juntos; y en un menor porcentaje los intrafamiliares pero también hay que destacar que esta cruzando la línea de las diferentes clases sociales, no debemos creer que se da solo en los grupos marginales. La diferencia es como reaccionan las clases medias y altas, que canalizan la cuestión en ámbitos privados, no en el hospital. No es un tema de marginales y de borrachos, es un problema de toda la sociedad.
¿Cómo podemos detectar cuando un menor es abusado y no manifiesta por temor?Analizar los cambios de conductas del menor en relaciona la asistencia a esos lugares, conversar con, la observación del padre a los cambios, actitudes. Verificar si otras madres no tienen el mismo problema.¿Cómo podemos evitar que los menores deban revivir los sucesos tantas veces en los procesos judiciales?Realizar las denuncia en los ámbitos judiciales, en los ámbitos especializados, no es lo mismo realizar la denuncia en un ámbito de contención que puede ser un poder judicial, una fiscalía que esta preparada para esto.

Para poder acotar la participación de los menores

¿Cuál es el método probatorio de abuso sexual que presenta ?Requieren un cambio de paradigma, terminar con al idea de una técnica tradicional de prueba. Un criterio interdisciplinario, donde varias áreas intervengan, es decir la psiquiatría, la psicología, la medicina, los asistentes sociales, formar una red. Lo que hay que verificar no es el hecho en forma aislada, sino las consecuencias que le han provocado al menor, los cambios que ha tenido, la evolución y la reacción psicológica después del abuso.

En el marco del seminario de sobre "métodos probatorios de abuso sexual", el fiscal general ante los tribunales orales en lo criminal y director de la Unidad de investigación de delitos contra la integridad sexual y pornografía infantil de la Nación, Julio César Castro, aseguró que aumentaron las denuncias por abusos sexuales y que el mayor porcentaje de estos delitos ocurren en el contexto “intrafamiliar”.

CONSECUNCIAS CONFIRMADAS POR A.S.I


Los hijos de madres abusadas son más pequeños al nacer y tienen signos tempranos de retraso del crecimiento, indica un estudio en Bangladesh.

Estudios previos habían demostrado que la violencia física y sexual contra las mujeres está asociada con un bajo peso al nacer de los bebés y aumento del riesgo de muerte infantil.
Para investigarlo, el equipo de Kajsa Asling-Monemi, de Uppsala University, en Suecia, determinó el peso al nacer de 3164 niños y les controlaron el crecimiento hasta los 2 años.
La mayoría de las madres (4436) estaba casada y desempleada. Tenían alrededor de 26 años al inicio del estudio.
La mitad de las madres había sufrido violencia familiar en su vida.
El 14 por ciento había padecido violencia familiar con cachetazos o empujones y el 8 por ciento habían sufrido violencia más grave, como golpes con objetos, patadas, arrastre por el piso o sofocación. El 8 por ciento lo de las mujeres había padecido violencia grave durante el embarazo.
El 24 por ciento de las mujeres mencionó algún tipo de abuso sexual y otro 28 por ciento dijo que había recibido insultos, humillación, intimidación u otro abuso emocional.
Al nacer, los niños en el estudio pesaron 2701 gramos. El 33 por ciento tenía bajo peso al nacer, con 2500 gramos. Los hijos de mujeres víctimas de algún tipo de violencia tendían a estar en aquel grupo.
Entre esos niños, casi el 42 por ciento tenía bajo peso, un 13 por ciento estaba subnutrido y más del 55 por ciento tenía retraso del crecimiento a los 2 años de edad.
En cambio, entre los hijos de mujeres que no habían sufrido violencia, el 37 por ciento tenía bajo peso, el 11 por ciento estaba subnutrido y casi el 50 por ciento tenía retraso del crecimiento.
La relación entre el abuso materno y el retraso del crecimiento en los hijos se mantuvo sólida tras considerar la educación materna, la cantidad de partos previos y la religión (las madres hinduistas tendían a tener hijos que pesaban menos y con talla más baja que los hijos de mujeres musulmanas).
Aunque la mayoría de las diferencias de talla en los hijos de mujeres abusadas, versus las no abusadas, son evidentes al nacer, los resultados muestran que "el retraso del crecimiento asociado con la violencia aumentó durante los 2 primeros años de vida", escribe el equipo de Asling-Monemi en Archives of Disease in Childhood.
El estudio, concluyen los autores, se suma a "una enorme cantidad de consecuencias confirmadas y posibles para la salud" que genera la violencia contra la mujer.

FUENTE: Archives of Disease in Childhood, octubre del 2009

CUANDO NUNCA ES DEMASIADO TARDE.



Se estima que uno de cada seis niños es abusado sexualmente antes de los 16 años.

Aunque este es un tema muy doloroso, hay mucha esperanza en su sanación una vez que estos asuntos son reconocidos. Debido a una variedad de factores, incluyendo vergüenza, sentimientos de desvalorización, amenazas, así como también la rotunda supresión de los recuerdos, se cree que al menos 60% de estos casos nunca son informados. Es hora de que este tema sea abordado más abiertamente y con comprensión, para que niños y hombres puedan sanar del trauma sexual y este abuso pueda frenarse.


EFT es un recurso formidable para proveer un espacio para esa sanación. Ha sido un regalo maravilloso poder ofrecer nueva libertad a los hombres que trabajan conmigo en estos temas, usando el poder de EFT.

En nuestra cultura occidental, los niños aprenden que se supone que sean fuertes y duros. Se supone que pueden protegerse a sí mismos. Pero los niños, no importa cuan fuertes sean, son sólo niños, más débiles y vulnerables que sus abusadores, y por lo tanto generalmente incapaces de frenar su abuso. De ahí que puedan surgir tremenda vergüenza y auto-culpabilidad. El hecho de que la mayoría (aunque no todos) de los abusadores de niños son del mismo sexo suma otra capa de miedo y confusión alrededor de la identidad sexual y de género del niño, que también necesita ser tratada con sensibilidad.

Los hombres pueden ser dañados por la negación o reticencia social a aceptar su victimización y consecuentemente deben “aguantárselas” en silencio. Esperamos que a partir de la educación, más gente se sienta cómoda reconociendo este problema, para que los sobrevivientes puedan salir de su aislamiento y obtener la ayuda que se merecen.

Me gustaría compartir la historia de un hombre sobreviviente que transformó vergüenza y dolor en autoestima y validación, a partir de la hábil utilización de EFT.

Jorge, como lo llamaré, me contactó porque estaba tomando algunas cervezas más de lo que le gustaba por las noches. Sin embargo cuando llegó nuestra sesión, no estaba seguro si ese era el asunto principal. Usé la clásica pregunta de Gary Craig “Si hubiera una cosa que pudieras borrar de tu vida, ¿qué sería?” Me emocionó que confiara en mí lo suficiente para responder con un tema que lo había angustiado, y nunca había podido tratar realmente, aunque ahora estaba en sus 50s. El triste hecho es que había sido abusado por su babysitter varón cuando tenía sólo 8 o 9.

Le pregunté a Jorge cuales eran los sentimientos más fuertes cuando pensaba en la experiencia. Hicimos rondas de EFT para cada sentimiento cuando aparecieron: vergüenza, confusión, traición, auto-culpabilidad, dolor, enojo y tristeza. Algunas de las frases preparatorias incluyeron:

Aunque me sienta tan indefenso, me amo y acepto profundamente, aún la parte que se siente indefensa.

(Frase recordatoria: tan indefenso)

Aunque mi babysitter me hizo cosas que nunca debería haberme hecho…

(Frases recordatorias: nunca debería haber pasado, no me lo merecía)

Aunque estaba realmente confundido y no entendía realmente lo que estaba pasando, me perdono, era sólo un niño, no fue mi culpa, él era el que estaba siendo malo… soy un buen niño.

(Frases recordatorias: realmente confuso; él estaba equivocado, no yo; soy un niño bueno; “pequeño Jorge” es un niño bueno)

[NOTA: por respeto, siempre le pregunto al cliente cuál sería el mejor nombre para referirse al “niño interior”. En este caso eligió “pequeño Jorge”]

Aunque él dijo que nadie me creería, que todos sabían que yo era un mentiroso, y yo mentía mucho, esto era cierto, pasó y él nunca debería haberme lastimado de esa forma.

(Frases recordatorias: él me amenazó, yo no estaba mintiendo, eso pasó, yo lo sé, Suzanne (yo, la terapeuta) lo sabe también)

Jorge compartió patéticamente cómo, después de que su babysitter dejó su habitación, no podía comprender qué hacer. Describió como sacó una pequeña maleta y empacó algunas cosas y se escapó de la casa cuando el babysitter no estaba mirando. El babysitter frenéticamente llamó a sus padres y ellos salieron con el auto por el vecindario hasta que lo encontraron. Pero nadie llegó a él o le preguntó qué estaba ocurriendo.

Aunque empaqué una pequeña maleta y me escapé, para que él tuviera que llamar a sus padres para que lo buscaran, nadie dijo nada o le preguntó qué estaba pasando, y eso me enoja y pone realmente triste.

(Frases recordatorias: realmente enojado, realmente triste, ¿por qué no preguntaron?, ¡los niños pequeños no se escapan sin un buen motivo!)

Aunque nadie me preguntó qué estaba pasando, elijo escucharme y calmar a “pequeño Jorge” porque nunca mereció ser tratado de esa forma.

(Frases recordatorias: lamento que eso te pasó a ti “pequeño Jorge”, estoy acá para ti ahora, él estuvo mal y equivocado, no fue tu culpa, lo lamento)

Luego continuamos tratando los hechos con la Técnica de la Película. Tratamos cada tema, incluyendo la vergüenza de que le dijera que se bajara los pantalones, la confusión acerca de por qué esto estaba pasando, el dolor físico y la culpa.

Resultó que uno de los temas más grandes para Jorge fue que nadie respondió o preguntó qué había pasado. Habló acerca de cómo finalmente le había contado a su madre 10 años atrás y ella dijo que lo lamentaba, pero con palabras sin emoción, como si no lo captara. Entonces hicimos rondas sobre:

Aunque mi madre no capta lo que ocurrió, ella no puede manejarlo por alguna razón, elijo consolar al pequeño Jorge y le hago saber que me importa y estoy dispuesto a escucharlo.

Hicimos luego un poco de Diálogo de Voz con el Jorge adulto hablándole a “pequeño Jorge” preguntándole qué necesitaba, consolándolo, tranquilizándolo a una variedad de niveles. Luego hicimos unas rondas más de EFT reforzando los temas que surgieron cuando Jorge adulto habló con “pequeño Jorge”.

Aunque nadie me escuchó en ese momento, estoy aquí para ti ahora y nunca te dejaré.

(Frase recordatoria: estoy aquí para ti)

Aunque él te hizo eso, estás bien, sobreviviste, y yo estoy dedicado a no permitir que eso te pase nunca más otra vez.

(Frase recordatoria: estoy bien, sobreviví)

Aunque él te hizo algo malo, eres un buen niño y ¡te quiero y aprecio en tu totalidad!

(Frase recordatoria: te quiero, aprecio totalmente)

Aunque cubrimos mucho terreno, como puede verse arriba, todo esto ocurrió en una sesión de 90 minutos. Para el final de la sesión su nivel de intensidad había bajado a 1 o 0 para todas las emociones tratadas. Para probar nuestro trabajo le pedí que dijera en voz alta: “fui abusado sexualmente por mi babysitter varón”. No había en ello ninguna carga, un cero. Dijo que sólo sentía un gran alivio, como una gran exhalación. Continuó expresando su gratitud.

Es importante notar que este incidente fue un hecho que ocurrió una sola vez. Algunas variables que afectarán cuanta labor terapéutica se necesita incluyen:

1. Si el abuso fue una o repetidas veces

2. Si el abusador era un extraño, un miembro de la familia, una figura con autoridad (por ejemplo: maestro, consejero, entrenador, sacerdote)

3. El nivel de violencia involucrada

4. Cómo el niño armó el sentido de lo que ocurrió (“Yo fui malo” versus “Ellos fueron malos”)

5. Si el niño le contó a alguien, y cómo respondieron

6. El nivel general de salud o disfuncionalidad en la familia del niño

7. Y las estrategias de afrontamiento generales del niño y del adulto.

Sin embargo, EFT puede ayudar con cualesquiera sean los temas que surgen en relación a las diferentes capas del abuso, con una persona apropiadamente entrenada.

Hice un seguimiento unas semanas después y Jorge me informó que estaba contento y agradecido con la nueva sensación de paz y alivio que sentía y especialmente en términos del abuso que había ocurrido. Me informó de cómo en el pasado, no había podido estar cerca de hombres, salir con ellos, o desarrollar amistades. Ahora, se había asociado a un sitio social de la red para establecer contacto con alguno de sus antiguos amigos. Expresó un profundo alivio que no había sido “demasiado tarde” para ayudar a “pequeño Jorge”.




Suzanne ib Lerner, PhD

cortesia de emofree.com y eftmx.com

miércoles, 21 de octubre de 2009

LA IMPUNIDAD ESTIMULA EL ABUSO SEXUAL DE MENORES


La falta de fiscalización y la impunidad, pese a leyes más rígidas, continúan estimulando la explotación sexual de menores, por medio de tráfico humano, pornografía por internet y otros abusos, dijo la directora ejecutiva de la Unicef, Ann Veneman.
En una conferencia global sobre explotación sexual de menores, en Río de Janeiro, la jefa del organismo de la ONU para la infancia dijo que el principal objetivo del encuentro es aumentar la cooperación entre empresas y gobiernos para lidiar con el creciente problema de la pornografía infantil en internet.
"Observamos un continuo progreso en términos de adopción de leyes adecuadas en los países, ¿pero tienen los mecanismos de vigilancia?", preguntó Veneman en una entrevista con Reuters durante la conferencia en la que participan 3.000 delegados de más de 125 países.
"Creo que esa es realmente una de las preguntas a ser respondidas. ¿Cómo obtendremos los mecanismos correctos de aplicación de la ley, como entrenar policías, asistentes sociales y profesores para tratar con las víctimas? ¿Cómo hacer que los jueces y la propia estructura jurídica procesen los casos en el tiempo adecuado?", agregó.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva inauguró la conferencia el jueves firmando una medida que endurece las penas contra personas condenadas por poseer pornografía infantil.
Veneman, ex secretaria de Agricultura de Estados Unidos, dijo que Brasil tiene dificultades en cohibir abusos sexuales contra menores debido al control que el delito organizado ejerce en algunas grandes ciudades, como Río.
En otros países, como Yemen, leyes contra el casamiento infantil suelen ser ignoradas por causa del respeto a tradiciones arraigadas."Donde hay violencia sexual contra niñas, donde hay casamientos infantiles, todas esas cosas contribuyen a la mortalidad materna y a la propagación del sida", dijo Veneman, citando a la India como otro país sobre el que hay preocupación con el casamiento precoz.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estimó en el 2000 que existían 1,8 millones de niños explotados en la pornografía y la prostitución, partes de una millonaria industria global del sexo.
Veneman dijo que una mejor cooperación internacional y eventos como los de Río de Janeiro facilitan la identificación de los lugares donde el problema es más grave. "Estamos teniendo una idea mejor de cuál es el problema, cómo se da el tráfico y que formas utiliza", precisó.
La conferencia de Río de Janeiro es el primer Congreso Mundial contra la Explotación Sexual de Niños y Adolescentes desde el 2001 en Japón. La primera conferencia de este tipo se realizó en Estocolmo en 1996.


LA SEXUALIDAD, ¿SE PUEDE RECUPERAR EN LAS VICTIMAS DE A.S.I?


La sexualidad humana es un asunto que tiene tantas interpretaciones como individuos. Sin embargo hay factores pueden ser muy influyentes a la hora de determinar aspectos de nuestra sexualidad. Parece poco discutible que los abusos sexuales padecidos durante la infancia (ASI) sean uno de los aspectos más drásticos e intrusivos, y por lo tanto, uno de los que más puede modificar nuestra realidad y nuestra percepción en relación con el sexo.
La relación que establecemos las personas sobrevivientes de ASI con la sexualidad dista bastante de lo que podríamos considerar como normal, por lo que suele ser común que se halle situada en los extremos. Así pues, algunas veces se cae en la más absoluta promiscuidad y otras tantas manifestamos un rechazo más o menos acusado a todo lo referente al sexo. Ambas posturas, a pesar de ser opuestas, son perfectamente explicables. Es probable que el rechazo sea más fácil de entender. Frente a unos abusos sexuales reiterados que, por la edad, no pueden ser interpretados ni procesados en modo alguno por el niño, lo que se hace es archivarlos en la mente, asociando el sexo con algo horrible. Aunque más adelante la madurez nos permita reinterpretar muchas cosas, lo cierto es que ese mensaje que grabaron a fuego en nuestra infancia puede llegar a tener un poder devastador. A partir de ahí pueden aparecer patologías como el vaginismo u otras secuelas, entre las que también se encuentra una ausencia total de contacto con el sexo; incluido con uno mismo.
De hecho es un comentario frecuente decir que se siente asco hacia el propio cuerpo. Si todo lo anterior es como lo hemos explicado, que lo es, ¿como podemos explicar también lo contrario? Aunque ocurre con menor frecuencia, también es bastante habitual que las personas abusadas caigan en una promiscuidad descontrolada. En este sentido me permito traer a colación un estudio estadístico que se hizo con prostitutas. Según el mismo, un 60% de las encuestadas manifestaron haber padecido abusos sexuales en su niñez. Debemos tener en cuenta que buena parte de los abusos sexuales no se llevan a cabo mediante el uso de la violencia.
El adulto, por lo general un familiar, tiene suficiente con las armas que le confiere su autoridad sobre el menor. Y no sólo eso; si es necesario se hace uso del chantaje, de las amenazas y, lo que nos interesa en este caso, del cariño. Cuando se trata de abusos intrafamiliares, sobre todo, el mensaje que se traslada al menor es que se le hace todo eso porque es especial y porque se le quiere. Puede ocurrir, entonces, que entre otras muchas secuelas, también esté la de relacionarse con los demás a través del sexo; es decir, la persona abusada termina auto convenciéndose que, o bien sólo sirve para eso, o bien que esta es la manera de expresar afecto, cariño o amor. Es, en definitiva, la que se ha adquirido mediante este aprendizaje tan doloroso como erróneo. Igualmente se pueden dar desórdenes como la masturbación compulsiva o una adicción al sexo. Y también al sexo de pago, lo que añade una carga económica al problema.
Otra dificultad que aparece en nuestra vida con una mayor incidencia que el resto de la población versa sobre nuestra orientación sexual. Es normal que a ciertas edades uno pueda tener ciertas dudas, sin embargo en nuestro caso las dudas pueden permanecer flotando en nuestra mente durante mucho tiempo. En un foro sobre ASI que administro he confeccionado diversas estadísticas. Una de ellas buscaba respuestas sobre este asunto. Los resultados nos hablan de un 6% homosexual y otro 6% bisexual. Estas cifras habría que cotejarlas con el resto de la población para comprobar si realmente la incidencia es significativa. Las cifras no parecen indicarlo, desde luego, sin embargo las dudas de las que hablaba antes creo que son más acusadas en nuestro colectivo.
Decía al principio que una de las complicaciones más graves que comporta el ASI respecto de nuestra sexualidad es lo intrusivo que puede llegar a ser. Cuando en nuestra vida se ha producido un hecho traumático, algunos elementos asociados al trauma, mucho tiempo después, pueden hacernos reexperimentar las sensaciones negativas que vivimos en el pasado. Es decir, si de niños tuvimos malas experiencias con el agua porque estuvimos a punto de ahogarnos, por poner un ejemplo, ese miedo puede seguir latente y manifestarse en ocasiones donde el agua sea protagonista. En nuestro caso, al tener una experiencia tan negativa con el sexo, también ocurre que la relaciones que podamos tener con una pareja de la que, además, estemos totalmente enamorados, nos puede retrotraer al pasado y a las imágenes, olores, sensaciones o incluso colores que asociamos con los abusos padecidos en la niñez, dando al traste con un momento que debería ser todo lo contrario. Muchas personas manifiestan que muchas veces son incapaces de realizar el acto sexual con su pareja, otras están ausentes durante el mismo o bien en un momento dado salta el interruptor de los recuerdos y se echa todo a perder. Y otras tantas dicen que después de hacer el amor sienten ganas de llorar. Es lógico que el sexo sea uno de los aspectos más dañados en las personas que fueron víctimas de abusos sexuales, pero a pesar de ello y aunque no sea nada fácil, también puede superarse.

martes, 20 de octubre de 2009

CONTRA EL MONSTRUO LLAMADO ABUSO SEXUAL INFANTIL


Hoy día 20 del 2009 muchas personas dentro de la red vamos a escribir sobre un crimen el peor de todos la víctima es un niño/a alguien que no puede defenderse del verdugo por que aún no ha crecido lo suficiente ni física ni psicológicamente para poder hacerlo...El pederasta, yo prefiro llamarlo monstruo, destruye la vida de un ser inocente, le roba su infancia, su adolescencia, su juventud, le despoja de todo lo que tiene un ser humano y también del derecho a ser feliz, cuando ocurre la agresión sexual la vida de la víctima se congela queda bloqueada sin poder desarrollarse y crecer de forma normal, anulando todas sus facetas todas las etapas que la persona debe recorrer y vivir hasta llegar a ser un adulto/a y en su lugar sólo deja dolor, angustia, ansiedad, depresión y miedo...Hoy quiero escribir una poesía de silencios los silencios de las víctimas, esos silencios que se clavan en el alma y te hunden en un pozo sin fondo, los que te quitan el aire y la voz y apagan tu vida lentamente como la llama de una vela, la víctima calla durante mucho tiempo por diversos motivos como es el miedo a que nadie pueda entenderla, creerla o escucharla, también por verguenza y otras veces en la mayoría de los casos por no hacer daño a la familia ya que por desgracia y lo más terrible de todo es que en su gran mayoría suele ser un familiar muy cercano el que comete el abuso con el niño/a con lo cual esta implicada toda la familia y piden el silencio de la víctima aunque no lo hagan de forma verbal la hacen sentir culpable para que siga callando y poder mantener la bonita fachada, la gran mentira ante la sociedad...Si hoy tropiezas con estas letras quiero que sepas que has encontrado a una superviviente de las muchas que lamentablemente hemos pasado por este horror, si alguna vez tienes cerca a una superviviente de abuso infantil te pido que lo escuches y la trates con respeto, si ha decidido quitar la mordaza de silencio de sus labios por favor dejala hablar escucha a ese niño/a que lleva en su interior aunque no llegues a entender totalmente su dolor, deja que llore que hable que rompa la mordaza de tantos años que la asfixia lentamente no le des la espalda no veas al adulto que esta delante de ti intenta ver al niño que está saliendo de su interior a ese niño que intenta escapar de una tumba callada y fría...


lunes, 19 de octubre de 2009

¿CUAL SERÁ LA MEJOR PROTECCION?


Posiblemente su niño no sepa el peligro que puede correr al atender personas que llaman su atención y que el no conoce.

La atenta supervisión del niño es la mejor protección contra el abuso sexual.
El abuso sexual afecta a miles de niños cada año y en la gran mayoría de los casos los agresores son personas que ellos conocen y en las que confían, por lo que muchas veces se hace difícil prevenirlos de este tipo de ataques.

¿Cómo protegerlo del abuso sexual?
Es difícil proteger a sus niños del abuso sexual de miembros de la familia o amigos íntimos, pero usted puede estar alerta ante muchas situaciones potencialmente peligrosas.
Esté consciente de dónde está su niño y qué está haciendo: su atenta supervisión es su mejor protección contra el abuso sexual. Por supuesto, usted no puede estar con ellos todo el tiempo.
Pida a otro adulto responsable que los cuide cuando usted mismo no pueda cuidarlos.
Si usted no logra encontrar supervisión de adultos, haga arreglos para que los niños caminen o jueguen durante estos períodos.
Conozca a los amigos de sus hijos.
Especialmente aquellos que son un poco mayores que su hijo o hija.
Enseñe a sus niños a velar por su propia seguridad.
Enséñele a no aceptar dinero o favores de extraños.
Adviértales que no aceptan nunca pasear con alguien a quien no conocen.
Dígales lo que pueden hacer si alguien se les acerca.
Decirle a sus niños que busquen la ayuda de otro adulto persona mayor inmediatamente cuando un adulto les hace sentir incómodos o los asusta.
Explíqueles que es correcto llamar la atención, gritar y crear un escándalo en estas situaciones.
Recordarles que muchas niños son víctimas de personas que ellos conocen.
Decirles que ellos no tienen por qué estar de acuerdo con demandas para mantener contacto físico estrecho.
Asegurarles que es totalmente correcto decir no aún a parientes cercanos y amigos.
Anímelos a decirles a usted u otro adulto inmediatamente si cualquiera los toca o va hacia ellos en forma que parece extraña.
Háblales sin Asustarlos.
Si usted ha dado a sus niños con frecuencia reglas para su seguridad, tales como: Cómo atravesar una calle bulliciosa, qué hacer cuando ellos tienen un accidente y otras cosas por el estilo, las precauciones relativas al abuso sexual se convierten en una parte natural de sus conversaciones sobre seguridad en general.
Existen reglas apropiadas para cada edad del niño y ellas cambian a medida que el niño crece.
Si usted no quiere, no tiene por qué decir a los niños muy pequeños algo acerca del sexo cuando se discuten estas reglas. Simplemente explíqueles que algunos adultos pueden intentar tocarlos levantándoles o quitándoles sus ropas en una forma que hace que ellos se sientan incómodos.
Asegúrese de usar palabras que su niño comprenda. Responda sus preguntas totalmente, y hágales sentir que puede acudir a usted en cualquier momento para hablar acerca de cosas que son enigmáticas o inquietantes. Su serenidad sobre la materia le hará confiar en que ellos pueden compartir sus inquietudes con usted en el futuro.
Las reacciones de los niños al abuso sexual difieren con su edad y personalidad y con la naturaleza de la ofensa. Algunas veces los niños no son perturbados por situaciones que parecen muy serias para sus padres.
A menudo, los niños están atemorizados o confundidos por el abuso sexual. Muchos niños están temerosos de decir a cualquiera acerca del incidente por temor de ser culpados o castigados. En otros casos, los niños permanecen silenciosos debido a que ellos no quieren constituirse en un problema para el abusador.
Niños mayores pueden sentirse avergonzados para describir el incidente. Estos problemas son especialmente comunes cuando el abusador es alguno de la familia. Aun si un niño no le dice a usted acerca del abuso, usted puede tener la sospecha de que algo no anda bien.
Los cambios en el apetito o sueño pueden ser una señal, o el niño puede parecer inusualmente aislado, puede mostrarse muy perturbado cuando usted lo deja solo, o cuando el abusador está cerca. Sea sensible a cambios en la conducta de su niño e intente descubrir qué ocurre detrás de ellos.
¿Qué hacer si ya han Abusado de él?
Esté consciente de sus sentimientos acerca del incidente. Usted puede estar muy perturbado por lo que ha sucedido a su niño, puede sentirse culpable, rabioso o impactado. Si usted está molesto. Asegúrese que su hijo o hija comprendan que su rabia no es con él sino con el abusador.
Su primera reacción puede ser incredulidad. Los niños inventan historias, pero ellos muy rara vez informan relaciones sexuales imaginarias con adultos. Tome en serio la historia de su niño aun si el abusador es alguien en quien usted piensa que se puede confiar.
Muchos padres se sienten totalmente desesperanzados cuando su niño es abusado, pero usted realmente puede dar una gran ayuda. De hecho, su reacción será el más importante factor en la forma como su niño se reajusta.
No deje que lo manejen sus sentimientos recuerde que el bienestar de sus hijos es su prioridad. Si usted está muy perturbado, deténgase un momento a organizar sus ideas antes de hablar con su hijo del incidente. Explíquele a su hijo o hija que usted está perturbado por lo sucedido y que comprende que también él puede estarlo.
No lo presione a hablar pero dispóngase a escuchar cuidadosamente si ella o él quieren confiarle la experiencia. Responda cualquier pregunta y aclare cualquier mal entendido. Haga énfasis en que el abusador y no el niño es el responsable. Dígale que usted los protegerá (a él o a ella de tener una experiencia similar en el futuro).
Otros niños en la familia se pueden alterar or el incidente. Esté consciente de sus necesidades de atención y comprensión. Usted puede desear buscar ayuda médica. Las lesiones internas pueden ser difíciles de reconocer. Su niño o niña puede ser examinado sin costo alguno en una consulta de pediatría de un hospital general o de un hospital de niños o usted puede consultar a su médico particular.
Si el Abusador es un Familiar
Esta situación es bastante difícil para el niño y otros miembros de la familia. Usted puede experimentar fuertes conflictos y sentimientos acerca del abusador, pero la protección del niño debe continuar siendo su prioridad.
¿Quedara mi Niño Bien?
Los daños físicos permanentes como consecuencia del abuso sexual son muy raros. Su médico le dará información sobre su caso en particular. La recuperación emocional de su niño dependerá, en gran parte, de su respuesta al incidente.
El periodo de reajuste después del abuso puede ser difícil para los padres y el niño. Muchos jóvenes continúan atemorizados y perturbados por varias semanas. Pueden tener dificultades para comer y dormir, y pueden sentirse ansiosos al pensar en regresar a la escuela.
Con frecuencia los niños necesitan hablar acerca del incidente, no asuma que él lo olvidó y no pretenda hacer ver que nunca sucedió. Su apertura y compresión le ayudara a superar el desajuste emocional creado por el abuso.
Si su niño parece estar perturbado o si él o ella no logran volver a su rutina normal, busque ayuda profesional. Si toda la comunidad adquiere verdadera conciencia de la magnitud que ha alcanzado en los últimos tiempos en nuestro país el problema de abusos sexuales, de manera especial cuando se trata de niños, adolescentes y hasta de ancianos, será posible lograr frenar este tipo de delitos que tan graves secuelas pueden ocasionar, siendo muchas veces hasta causa de suicidios en gente joven.

miércoles, 14 de octubre de 2009

CASOS EN ECUADOR


Un 21,4 por ciento de niños, niñas y adolescentes de Ecuador ha sufrido en alguna ocasión algún tipo de abuso sexual, según se desprende de un estudio elaborado por el Instituto de la Niñez y la Familia (INFA) y el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES), al que hoy tuvo acceso Efe.
La investigación, que estudió la situación de 2.567.101 niños, niñas y adolescentes, determina que 548.229 de los encuestados sufrieron al menos una situación de abuso sexual por parte, en su mayoría, de familiares, parejas o amigos.
Los resultados de la investigación también apuntan a que en la región amazónica y en las islas Galápagos se registraron mayores casos de abuso (27,7%) que en la región costera (21,8%) o en la sierra (20,3%).
Por ciudades, Quito, con 24,5 por ciento de casos, supera ligeramente a Guayaquil, la ciudad más poblada del país, que tiene un 23,3 por ciento de casos, mientras que el resto de las grandes ciudades registra un porcentaje del 20,3 por ciento.
Los tipos de abuso que más casos se registran son propuestas sexuales (68,2%), tocamiento de genitales (56,8%) o exhibición (49,9%), producidos sobre todo por personas en una franja de edad comprendida entre los 18 y los 30 años.
La mayoría de los niños, niñas y adolescentes que han sufrido esos tipos de situación sexual tienen entre 15 y 17 años de edad, seguidos de los que tienen 11 o menos.
El 28 por ciento de ellos no ha comunicado a nadie que sufrieron un abuso, mientras que el 34,7 por ciento optó por comunicarlo a algún amigo y el 15,5 por ciento a su madre.
Asimismo, entre los motivos que más llevaron a los menores a participar en las situaciones sexuales se cuentan que se trataba de una persona a la que ellos querían (36,90%) o porque les dijeron que era algo normal (19,20%), mientras que al 38,7 por ciento les generó un sentimiento de miedo y al 29,4 por ciento, vergüenza.
De acuerdo con el INFA, el objetivo de la investigación publicada es "contribuir a la revisión y rediseño de políticas y acciones dirigidas a enfrentar el fenómeno de abuso sexual a niños, niñas y adolescentes en el país", así como "establecer la magnitud del problema y determinar las principales características del fenómeno".
Desde 1991 no se había realizado en Ecuador un estudio sobre la problemática, pero en ese momento se centró únicamente en las dos ciudades más importantes de Ecuador, Quito y Guayaquil, mientras que el estudio actual es a nivel nacional.
Con estos datos, el INFA y el MIES se proponen trabajar para "establecer una legislación que no permita ninguna clase de impunidad", a la vez que implementar programas de prevención para fortalecer el respeto a los derechos de los menores, "uno de los grupos más vulnerables y descuidados por la sociedad y el Estado".
Los principales grupos receptores de esos programas serán las familias, las escuelas, las iglesias y los medios de comunicación.
Asimismo, se buscará "mejorar el sistema judicial, agilizar los procesos y mejorarlos" para evitar, por ejemplo, "la re-victimización de la persona agredida".
El INFA también se propone mejorar procesos de asistencia domiciliaria, mejorar programas de educación preventiva y establecer acuerdos y redes de trabajo entre instituciones.
Actualmente Ecuador cuenta con 43 Centros de Protección de Derechos de los menores de edad, donde se ha realizado una capacitación en atención especializada en abuso sexual.

lunes, 12 de octubre de 2009

¿VIOLENCIA INVISIBLE?


Marta tiene 38 años, una hija de 14 y una vida sentimental turbulenta. Ha tenido seis parejas y muchas otras relaciones esporádicas, entre las que figura el padre de su hija. Su vida laboral tampoco ha sido estable. ¿La causa? "Estoy en un estado de alarma permanente", dice. Pero no afrontó la raíz de esta inseguridad constante hasta que acudió a una psicóloga, hace unos años. Entonces recordó: cuando tenía cinco años, su padrastro y su hermanastro abusaron de ella. "Llevas eso escondido dentro, y no eres consciente de que te ha afectado toda la vida", se lamenta.

El de Marta no es un caso aislado, según el estudio del Programa de Atención a la Salud Sexual y Reproductiva (PASSIR). Muchas de las mujeres que solicitaban ayuda a este servicio arrastraban en su vida adulta las secuelas de los abusos que sufrieron de niñas.
Según el estudio, estas mujeres se sienten con más frecuencia presionadas para iniciar sus relaciones sexuales consentidas, son más proclives a mantener conductas de riesgo y tienen más embarazos en la adolescencia que las mujeres que no han sufrido abusos infantiles.

En sus relaciones muestran menos confianza hacia sus parejas, padecen más disfunciones sexuales y sufren más casos de maltrato. "Quien no ha sido cuidado en su infancia, más tarde tiene más dificultades para cuidarse", explica Lourdes Lopetegui, una de las autoras del estudio. Subraya, sin embargo, que esta relación no es causal ni aparece necesariamente.
Uno de los casos en que los abusos se repitieron es el de Rosario (nombre ficticio), profesora universitaria. Cuando tenía cinco años, un primo empezó a abusar de ella. Con 18, un compañero de universidad la violó. Ahora, con 33 años, teme que la relación con su marido se resienta de esos abusos. "Veo en él un reflejo de otros hombres", le mezclo "en una lucha que no va con él", dice, temerosa de "pasar de víctima a verdugo". Para evitarlo, hace poco que ha empezado a tratar con una psicóloga sus vivencias de niña.
Por eso y porque quiere "ofrecerle otro tipo de experiencia" a su hija de 10 meses. Las psicólogas también creen que, con terapia, se pueden paliar los efectos de los abusos infantiles que ellas han estudiado. "Es la violencia más oculta", explica López, que añade que esperan que su labor sirva para sacar a la luz las secuelas que puede tener el abuso sexual a largo plazo, precisamente para poder identificarlas como tales y tratarlas lo más pronto posible. Marta lo hace, y confía: "Estoy tomando las riendas de mi vida".

AUTOAGRESIONES


Brigitte Hauschild*
Los artículos que diferentes personas escribimos sobre el abuso sexual en la niñez causan muchas veces reacciones en personas sobrevivientes y nos llegan cartas, testimonios o solicitudes. Hoy quiero cumplir con una solicitud que me hizo una de estas sobrevivientes. Ella me invitó a escribir sobre las secuelas que me dejó el abuso, sobre autoagresiones como una de las expresiones más dolorosas que usamos muchas sobrevivientes.Como yo suelo escribir desde mi propia experiencia. Hoy quiero hablar de algunas condiciones que me atraparon durante mi infancia y profundizaron las secuelas. Mis autoagresiones:Mi madre se casó con mi padre a los 17 años, siendo adolescente, en contra de la voluntad de sus padres y sin ser preparada para ser esposa y madre. Aunque yo nací, cuando mi madre ya tenía 24 años, ella entonces ya tenía tres hijos, varios abortos naturales y estaba sobrecargada con el cuido de estos tres hijos en tiempos de post-guerra. Con un salario de miseria, mi padre tenía que garantizar la manutención de seis personas, que no era fácil. Además, la vida emocional de pareja entre mis padres no ha sido puras rosas. En algún momento de su vida mi madre me dijo que mi padre no aceptaba cuando ella se negó a tener relaciones sexuales con él, era “su obligación” como esposa, satisfacer sus deseos sexuales.Recuerdo la relación con mi madre muy fría, aunque de mi niñez entera no tengo muchas evocaciones. Por fin, logré reconstruir importantes piezas del rompecabezas de mi niñez durante mi proceso de recuperación emocional, tanto en una terapia individual como en “mi” grupo de apoyo mutuo, como con trabajo corporal.Ni mi mamá ni mi padre sabían educar con amor, cariño y ternura, si no llenaron nuestras necesidades físicas, es decir, nos daban de comer y nos mantenían limpios, pero nos hacía falta a cada uno de mis hermanos y a mí este trato de cariño que merecemos todos los niños del mundo: merecemos ser deseados y ser tratados con cariño y amor. Lo que conocí desde muy tierna edad eran prohibiciones, castigos y emociones poco agradables.

Nosotros, hijos/as única, como yo, sólo teníamos la tarea de obedecer, no molestar y quedarnos callados. No teníamos derecho a opinión propia y nuestros padres no nos confiaban. Yo siento que es muy cierto: “lo que uno no recibió difícilmente puede dar”. Y la respuesta que yo tengo al comportamiento de mis padres es que ellos mismos son hijos no deseados. La diferencia entre ellos y yo es que yo trabajé mi pasado y de esta forma me liberé de esta carga dolorosa y siento, que con el proceso de recuperación emocional logré romper el círculo de violencia: no sigo siendo violenta conmigo misma y sé amar, dar cariño y proteger a las que lo necesitan.No haber sido amada más el incesto (abuso sexual por parte de un familiar) que viví durante mi niñez hizo que yo “dejara de sentir” por muchos años, sin estar consciente de esto. Mi CUERPO muy difícilmente ha sentido algo: los castigos físicos no me causaron lágrimas de dolor, ni sentí enojo o rabia en mi cuerpo, sino era la CABEZA, que manejaba mis sentimientos. Lo puedo decir hoy con tanta claridad, ya que desde hace años mi cuerpo está recuperando lentamente su capacidad de sentir y esta experiencia es tan dulce, que doy gracias a la vida cada día por haber vivido el proceso doloroso de mi recuperación emocional. ¡Valía la pena! Hoy siento cada célula, cuando toco mi piel suavemente, tengo sensaciones en todo mi cuerpo y también en mis partes íntimas, que antes no conocí. Dejé de sentir en mi niñez, para no sufrir el dolor emocional y físico del abuso. A la vez, desarrollé odio hacia mí misma por ser en los ojos de mis padres una niña que no merecía su cariño y amor.Yo empecé a lastimarme durante mi adolescencia y lo hice de diferentes formas durante muchos años y las “razones” inconscientes de las autoagresiones veo hoy en la prohibición de expresar mi enojo, la falta de confianza en mis padres y otros adultos para hablar sobre lo que me estaba pasando y la profunda desesperanza de mí misma más el deseo fuerte de SENTIR ALGO y por último el deseo de CASTIGARME yo misma por ser una adolescente que no merece el amor de sus padres. Por suerte, aprendí en mi primer proceso terapéutico a no seguir lastimándome tan cruelmente. Aprendí “mecanismos” para poco a poco desaprender las autoagresiones, me ayudó mucho tener personas a mi lado que se hicieron “testigos empáticos”; por ejemplo, una de estas personas me ofreció que la puedo llamar antes de lastimarme. Aprendí hacerlo: llamarla y hablar sobre los problemas que tenía en este momento que me hicieron lastimarme hasta ver correr mi sangre. Por eso, invito a todas/os que suelen autolastimarse a buscar a una persona con la cual sienten la seguridad de ROMPER EL SILENCIO y hablar sobre lo que les está pasando, lo que sienten y el apoyo que necesitan. Los libros de Alice Miller, eran de mucha ayuda durante mi proceso de sanar.

Las autoagresiones me llevaron varias veces al borde de la muerte. Sobreviví a todo, tanto los abusos, la falta de amor y cariño de mis padres y los intentos suicidas. Quiero dar esperanza a todas aquellas y aquellos que se ven reflejados en mi experiencia, que tal vez se sienten tan desesperadas como yo estuve durante mi adolescencia y mi vida adulta: ¡hay una salida hacia un futuro feliz! Si nos permitimos enfrentar nuestro pasado, trabajar las vivencias dolorosas, ¡sí! podemos recuperarnos, sentirnos como personas enteras y completas, disfrutar en cada célula estos sentimientos dulces qué es una caricia, qué es un beso con ternura.

*Soy sobreviviente.Teléfono: 22510110

VERGUENZA,CULPA Y MIEDO.


Vergüenza, culpa y miedo. Son los tres muros que se alzan ante las mujeres que han sufrido abusos sexuales en la infancia y adolescencia cuando quieren compartir su experiencia con familiares o amigos. Sólo una de cada tres vence esos obstáculos, según un estudio elaborado por 24 psicólogas del Programa de Atención a la Salud Sexual y Reproductiva (PASSIR) que entrevistaron a 1.015 mujeres, de las que 365 habían sufrido abusos. Lourdes Lopetegui, una de las autoras del análisis, dice que la mayoría de niñas que pasan por ese calvario "se sienten responsables y temen que no se las crea o se las juzguen negativamente". Muchas tienen el recuerdo dormido: el 30% de las mujeres que en la entrevista confesó haber sufrido abusos lo contó en su día a familiares, amigos o psicólogos.


Las que optan por guardarse el secreto se sienten indefensas y callan por miedo a represalias. "Muchas veces el abusador amenaza a la víctima con actos agresivos y la avisa de que, si confiesa, puede causar problemas en la familia, como la separación de sus padres", dice Lopetegui. "Ese temor al desequilibrio familiar unido al miedo de ser consideradas responsables del abuso" amedrenta a las jóvenes.


Las víctimas prevén una reacción negativa de su familia y lo cierto es que sólo la mitad de las que reveló su experiencia recibió apoyo. Una de cada cinco fue culpabilizada del abuso y el resto recibió indiferencia. "Algunas familias lo aceptan, pero otras se convencen de que no es grave, y que es mejor olvidar", cuenta Lopetegui. El 33% de las madres de las víctimas reaccionó de esa forma.
Tres de cada cuatro víctimas menores de 13 años recurren a sus madres. Y reciben más apoyo a esa edad que en la adolescencia. "Una niña no tiene la capacidad de mentir sobre esos temas. Y la madre, aún muy ligada emocionalmente a su hija, se siente obligada a responder contundentemente", sostiene la Lopetegui.El estudio, elaborado con la colaboración del Instituto de Investigación en Atención Primaria Jordi Gol, coincide con las conclusiones de otros trabajos americanos que subrayan que la madre cree más a la hija cuando el agresor es el padre biológico o un familiar próximo -el 75% de los abusos estudiados por las psicólogas- que cuando se trata de su nueva pareja. "A una mujer que ya ha roto una relación le cuesta más aceptar el abuso en su nueva familia. Admitirlo supondría otro fracaso y por eso lo niega, es una forma de proyectar su culpa", arguye Lopetegui. Ante una confesión, la madre busca fórmulas para sentirse inocente. Por ejemplo, le cuesta más creer la acusación si está en casa durante los hechos. Su presencia la hace, en cierto modo, cómplice con el agresor y por eso prefiere cerrar los ojos.
Los amigos cobran protagonismo en la confesión de los abusos entrada la adolescencia. Las mujeres entrevistadas que explicaron su historia cumplidos los 13 años lo hicieron, en igual porcentaje, a madres que a amigos. "En la adolescencia, los abusos suelen ser más graves y las jóvenes que los sufren", apunta Lopetegui, "son consideradas a veces incitadoras". Sólo el 10% de las mujeres que reveló su experiencia escogió a psicológicos o terapeutas como confidentes. La ocultación de los hechos hace disminuir la confianza de la víctima e incrementa su culpa. "La joven sufre fuertes sentimientos negativos, no sólo hacia el agresor, sino hacia sí misma por no haber sabido defenderse".
Rescatar del olvido estas historias y atender a las víctimas de la mejor manera posible es el objetivo de las psicólogas del PASSIR. El equipo de investigación, dirigido por Sílvia López, insiste en que el abuso sexual en la infancia es "un problema social y de salud pública que tiene repercusiones en la vida y la salud física y mental de muchas mujeres a corto, medio y largo plazo". Detectarlos a tiempo y tratarlos profesionalmente, dicen, evitaría desigualdades y contribuiría a la "prevención primaria de la violencia machista".

viernes, 9 de octubre de 2009

EL A.S.I EN COLOMBIA



Como todas las tardes, Lisbeth hizo sus tareas y tomó su bicicleta.
Paseó cerca de su casa. Hacía calor. Hizo una parada en casa de su tía. Entró, abrió la refrigeradora y bebió agua. Su tío político la llamó gritando: “¡Lisbeth, sube!”.
La niña, de nueve años, obedeció de inmediato. En la habitación, su tío le tapó la boca, la tiró a la cama y abusó de ella. Luego, él la bañó y ella huyó donde Silvia, su madre. Cuando Lisbeth llegó no dijo nada, solo lloraba.

La madre entendió lo ocurrido cuando, al revisar a su hija, vio su ropa interior ensangrentada.
La violación fue denunciada. Ahora este caso se tramita junto con otros 1.785, presentados durante el primer semestre de 2008, por la misma causa: abuso sexual infantil.Aunque sobrepasen las mil, las acusaciones apenas representan una pequeña parte de la magnitud del problema. Eso si se toma en cuenta que un informe, recientemente publicado por INFA y Defensa Internacional de los Niños (DNI), asegura que en el país más de medio millón de niños han sufrido esta agresión.La situación se agrava, de acuerdo con quienes tratan a las víctimas, si es que el afectado y su familia no reciben ayuda psicológica para superar el trauma. Pero únicamente los niños que denuncian reciben ese apoyo profesional y por ello pocos acceden a él.
“La víctima debe ser atendida en su crisis emocional, no solo de emergencia. Habrá gente que necesite ayuda toda su vida”, explicó Carola Cabrera, coordinadora del DNI en Guayaquil.Y Sofía Rodríguez, sicóloga del Centro Ecuatoriano de Promoción a la Mujer (Cepam) respaldó esa postura al agregar que “siempre se requiere tratamiento en un caso de violencia sexual, por el impacto a corto, mediano y largo plazo”.Ambas especialistas aseguraron que el trabajo no solo es con la víctima, sino también con la familia, ya que en el hogar se presenta una crisis. Más aún si hubo incesto.Silvia y Lisbeth son el ejemplo. El abusador está prófugo y su esposa, la hermana de Silvia, está desaparecida.“La familia estaba en una encrucijada. Una hija se fue con un violador y la única nieta fue abusada”, afirmó Vilma Torres, presidenta de la Fundación Voces del Silencio, una ONG que ayuda en este caso y otros similares.Actualmente madre e hija reciben terapia en la maternidad del Guasmo, al sur de Guayaquil.

INFA ofreció sus servicios a la familia, pero la rehusaron. No está claro por qué. Torres cree que el local de esta institución está lejos y como la familia es de escasos recursos, “movilizarse les cuesta”.El informe de INFA y DNI señaló que los niños abusados “atraviesan períodos, a veces muy largos, de profundo sufrimiento que nadie entiende” y crecen con sentido de desprotección y la crisis se extiende al resto de la familia.En el país hay 40 centros de protección del INFA. En estos lugares se atiende la violación de los derechos de los niños. Allí también están las víctimas de abuso sexual.En el puerto principal, Cepam también colabora. “Tenemos un equipo: una abogada y dos sicólogas y trabajadoras sociales”, explicó Anabelle Arévalo, coordinadora de este servicio.Estos profesionales se encuentran en la Fiscalía para atender las denuncias. Las sicólogas dan atención en emergencias porque, según Rodríguez del Cepam, “a veces se quiebran, entran en crisis y hay que contenerlos”.
Las trabajadoras sociales además recopilan información, que le servirá al fiscal como prueba. Además, verifican la situación familiar de la víctima, cuando es incesto, o si la víctima o el agresor deben salir de la casa.La ayuda dura hasta cuando el juez emite su fallo, “que sucede en pocas ocasiones”, reconoció Arévalo pero ellos continúan brindando la protección. Aun así, este apoyo solo llega a quienes llevan su caso ante la justicia y “la defensa común es huir o abandonar el proceso”, afirmó Torres, quien también es jueza de la Niñez y la Familia.Ella conoció un ejemplo que la escandalizó. Julia tiene tres hijas, una de 17, otra de 10 y una de dos. Conoció a Carlos, con quien procreó a Martha. Carlos violó sistemáticamente a todas, incluida a la más pequeña, su propia hija.A esto se suma que la mayor, la de 17, tiene una hija de dos años, presumiblemente de Carlos. “La madre es alcohólica. Pusieron la denuncia, pero nunca más vinieron. El proceso está abandonado”, informó Torres.Para ella, falta la presencia del Estado en estos casos, para evitar la deserción. “No hay políticas -se quejó- y hay que ir de un lado al otro, y no hay dinero para eso”.Sin embargo, Lorena Chávez, coordinadora de Protección Social de MIES-INFA, aseveró que está en vigencia la agenda nacional de la Niñez y un plan para erradicar el abuso sexual en escuelas. Pero aceptó que “aún falta mejorar la legislación y el sistema judicial. Incrementar las campañas de prevención”.Pero para Torres la legislación es clave: “La sanción en algo mejora la vida de la niña”. Lisbeth y Silvia, aún la esperan, y mientras tanto tienen miedo, pues creen que al abusador nada le impide volver.

EL A.S.I EN MÉXICO VA EN AUMENTO


México registra altos índices de abuso sexual infantil, en donde las víctimas son en su mayoría niñas y el promedio de edad de los afectados es de 5.7 años, reveló Ruth González Serratos, especialista de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Al participar en el Simposio Repercusiones Clínicas y Psicológicas del Abuso Sexual, en el tercer día de actividades del VII Congreso Latinoamericano y II Iberoamericano “Sobre la Violencia contra Niñas, Niños y Adolescentes”, la especialista sostuvo que la sexualidad es utilizada como un instrumento que marca la imposición del poder y la ira sobre otro ser.

En su ponencia Síndrome Postraumático Inmediato y Mediato en Menores y Sobrevivientes de Violencia Sexual en la Infancia, la catedrática de la Facultad de Psicología de la UNAM, refirió que de junio de 1994 a mayo de 2002 la institución atendió 894 casos, de los que el 48.9 por ciento son sobrevivientes de abuso sexual en la infancia que no recibieron ningún tipo de ayuda y el 21.8 por ciento tuvo acceso a apoyo.

La edad promedio de la víctimas es de 5.7 años y el 77 por ciento son mujeres, mientras que en todos los casos la víctima conocía al agresor: el hermano en 19 por ciento; el padrastro en el 18 por ciento; el tío en un 16 por ciento y el padre en un 15 por ciento.
González Serratos manifestó que los menores abusados sexualmente presentan un síndrome de estrés postraumático que se manifiesta en alteraciones en los hábitos escolares en el 40 por ciento de los casos; en hábitos del sueño 10 por ciento y presentan además miedo a salir en un 70 por ciento; miedo a algún hombre en específico, a adultos en general, a que la madre sea agredida y a salir a jugar en un 60 por ciento.
GRAVES SECUELAS PSICOLÓGICAS

La especialista dijo que en el síndrome de estrés postraumático en sobrevivientes de abuso sexual en la infancia, es decir las personas que fueron abusadas cuando eran menores y no recibieron ningún tipo de tratamiento, encontramos que el 85.3 por ciento hay una sensación de fealdad, sensación de no ser uno mismo 74 por ciento; usar ropa que esconda el cuerpo un 70 por ciento.
Respecto a su sexualidad, añadió, el 73 por ciento experimenta dificultad para integrar la sexualidad con las emociones y se sienten sucias sexualmente.
Hay auto devaluación en un 90 por ciento, sensación de ser diferentes 88 por ciento, enojo constante en un 91.3 por ciento, necesidad de controlar a otros 86.7 por ciento, incapacidad de decir “no” 86.7 por ciento, sentimiento de culpa en un 90 por ciento.
Por otra parte el doctor Jorge R. Pérez Espinosa, del Centro de Atención Psicoterapéutico para Mamás (CAPSIM) de la Facultad de Psicología de la UNAM, expuso que el 90 por ciento de las madres violentas fueron abusadas en su infancia y fueron además maltratadas por su madre o padre.
Expuso que estas madres tienen problemas para establecer el vínculo afectivo entre ellas y sus hijas e hijos, lo cual es resultado de la falta de atención que sufrieron cuando niñas.

Su autoestima, añadió, es muy baja y se autodefinen con “demonios”, “mala mujer”, “chantajistas” y “perversas”, ya que asumen conductas de intolerancia con sus hijos e hijas y porque muchas veces no han perdonado a sus padres y madres y a quienes abusaron de ellas.
Sostuvo que es importante la perseverancia de estos programas ya que el problema de la madre que maltrata a sus hijos no es sólo un asunto relacionado con la condición económica o nivel educativo, sino que se presenta en todos los estratos sociales y académicos.
En el mismo simposio, el maestro en Salud Pública, José Rubén Ramírez, indicó que la violencia hacia los niños, niñas y adolescentes es una obstrucción para el desarrollo de una sociedad con equidad.
EL SUICIDIO COMO SALIDA AL DOLOR
Expuso que es común encontrar que las niñas y los niños abusados sexualmente tengan repercusiones negativas como la muerte prematura por suicidio, homicidio o infecciones de transmisión sexual.
Así como problemas de salud física como lesiones, discapacidad, baja autoestima, comportamiento sexuales de riesgos para su salud, embarazos no deseados, abortos en situaciones de riesgo, lo que incrementa la mortalidad infantil y adolescente.
En este sentido, el especialista universitario consideró necesario crear modelos de atención multi-interdisciplinarios que deben ser obligatorios para los hospitales que atiendan a niñas, niños y adolescentes.

EL TEMOR A NO QUE NO LE CREYERAN


La madre de Sara descubrió que su hija estaba siendo ultrajada sexualmente por su padre cuando, de forma accidental, lo sorprendió abusando de ella en su dormitorio. La madre tomó varias medidas para que el abuso no continuara y para que el agresor saliera de la casa.


Pero al hablar con Sara lo primero que preguntó fue: ¿Por qué no me lo dijiste antes?

Siguieron otras preguntas, pero al referirse a esto Sara dice, con mucha tristeza y angustia, que ella siente que nunca debió hablar, que “era mejor cuando nadie más lo sabía”, porque antes no la culpaban, no se sentía acusada y sobre todo sentía que no le creían.Estos elementos inciden para que el silencio que guardan las niñas, niños y adolescentes que viven o han vivido abuso sexual se mantenga, por meses, por años y a veces para toda la vida. Y pueden llevar a una niña, niño o adolescente a retractarse, para negar el abuso.

El abuso sexual, siendo uno de los más grandes horrores que viven la niñez y la adolescencia, también es reconocido como “el secreto mejor guardado”; por qué ocultar una realidad tan dolorosa y que conlleva secuelas tan severas para las personas que lo viven y para su familia.


Según diversos estudios, el ocultamiento del abuso sexual se mantiene fundamentalmente a partir de dos factores, en este artículo me referiré solamente al primero de ellos: El poder que el ofensor sexual mantiene sobre la niña, niño o adolescente.Los mitos que históricamente se han construido en la sociedad y que son sostenidos como verdades por el sistema social.El poder de dominio que el ofensor sexual ejerce sobre niñas, niños y adolescentes se manifiesta en que los hombres desde temprana edad asumen que son dueños del poder y que las mujeres, niñas, niños y adolescentes son seres de segunda categoría a los que él puede y debe mantener sometidas/os y controladas/os.De tal manera que el agresor va a construir el silencio de su víctima sobre el abuso, desde el inicio del mismo. Para ello, podrá utilizar el acercamiento, afecto y confianza, en la que se identifica ante la persona que abusa como su protector, cuidador o bien seductor. Utilizará expresiones de control que le permiten asegurar el silencio. Algunas expresiones del agresor pueden ser:“Esto no debe saberlo nadie, porque mami se va a poner celosa porque no juego así con ella”.“Este es un secreto de nosotros dos, si se dan cuenta te pueden regañar porque van a pensar mal de vos”.


En este sentido, es necesario agregar el factor afectivo, que es aprovechado por el agresor, ya que la manipulación ha sido posible a partir de la tergiversación que él hace de los sentimientos, de ahí que el silencio también es impuesto en nombre del amor.Este control puede ser a través de gestos, miradas, acciones directas o indirectas (la compra de regalos, las atenciones o prohibiciones excesivas para él o ella), que estarán en todo momento minando la fortaleza, confianza y seguridad de la niña/o o adolescente, limitando así sus posibilidades de buscar apoyo.


El tiempo es un elemento que va a sustentar este silencio, ya que en la medida que este transcurra, la niña/o se siente más atrapada/o en el secreto que ahora comparte con su agresor, y por lo tanto se verá más limitada/o de buscar apoyo; viviendo una situación en la que siendo la víctima, a su vez el agresor la hace sentir su principal cómplice.De tal manera que el silencio es uno de los factores traumáticos que lleva a niñas, niños y adolescentes a continuar atrapadas/os en la condición de abuso que viven o han vivido; ya que aunque el abuso termine, las víctimas optan por guardar silencio, lo que conlleva una carga de autoculpabilización, vergüenza y temor que genera diversos síntomas en ellas y ellos.Los elementos hasta aquí expuestos van a incidir para que una vez revelado el abuso sexual, no le crean a la niña o adolescente. Considerando que:Mienten sobre el abuso.Inventan porque tienen una mente muy fértil.
Han sido quienes sedujeron a su abusador.
Les ha gustado la experiencia vivida y por eso lo callaban.Sara ya tiene 25 años, aunque ha iniciado su proceso personal para superar las secuelas del abuso, se refiere de esta forma a la situación que vivió cuando el abuso fue revelado a la madre:“Siento que el daño que me provocó el abuso sexual no sólo llevó a que mi madre dudara de mí, sino a que yo misma me desvalorizara y no creyera en mí. Ahora puedo decir que para la niña que yo era en aquellos momentos, era muy importante no solo que mi madre, sino todas las personas creyeran en mí. Ahora sé que la principal razón por la que no podía decir lo que me ocurría era por el temor a que no me creyeran”.


*Psicólogahablemosde.abusosexual@gmail

EL A.S.I EL MÁS GRAVE Y EL MÁS FRECUENTE


El abuso sexual de niños y adolescentes es uno de los maltratos más graves y frecuentes, y, sin embargo, de eso no se habla.
Se considera abuso infantil cuando un adulto --o un adolescente mayor-- utiliza a un menor para satisfacer sus deseos sexuales aprovechando su poder y el vínculo que los une.
Más de 80,000 casos anuales de abuso sexual a niñas/niños se reportan en Estados Unidos, pero el número es aún mayor porque las víctimas temen decirlo y el proceso legal para validarlo es difícil.
El abusador empuja a la víctima a la sexualidad sin que ésta llegue a entender de qué se trata ni cómo defenderse, mientras es obligada a guardar silencio bajo tremendas amenazas. Niñas y niños desprotegidos, con baja autoestima, que carecen de educación sexual, son las presas preferidas del abusador.
El abuso es una situación asimétrica y desigual, ya que el poder está en manos de un adulto en quién la víctima confía. Frecuentemente es el padre, el abuelo, un tío, un hermano o hermanastro con el cual existe una relación estrecha y fuertemente afectiva.


``Mi abuelo me daba caramelos, me hacía tocarlo allí y después se tocaba rápido y hacía ruidos'', cuenta Cecilia, de cinco años.
Así comienza y, en la medida en que la niña/niño no se rebela, el abusador se apodera más y más del infante sometido y puede pasar de los toqueteos a la penetración.
La niña --es más frecuente el abuso femenino-- se da cuenta de que ``eso'' no está bien, pero la dependencia la obliga a callar creyendo que ella es la culpable. El silencio está también garantizado porque el abusador la amenaza con que si habla su madre o su padre morirán; el miedo a perder toda protección adulta la obliga a callar y es una mordaza que puede durar muchos años.
La frecuencia de abusos y su sentimiento de culpabilidad la van acostumbrando al dolor, que se hace rutina; una adecuación que la ayuda a tolerar el maltrato y le permite conservar la ``protección'' del adulto violador y no quedar solita.
La sumisión es extrema y dura hasta que un familiar, vecino o educador hace la denuncia; o una escalada en el abuso supera el miedo y la víctima busca ayuda. ``Cuando mi hermanita me confesó que papá también se lo hacía, no pude más''.
Los abusos reportados en las guarderías infantiles --daycares-- a niñas y niños absolutamente indefensos son un alerta de que el silencio debe terminar. El especialista doctor Alberto Goldwaser afirma que los abusadores de niños son los que más reinciden; conocemos las denuncias contra religiosos que parecen evidenciar que el sistema es enfermo.
Para evitar el abuso es necesario hablar con el niño o la niña y repetirle que nadie puede tocar su cuerpo si le incomoda o disgusta. Saber que puede decir o gritar NO y diferenciarlo del sí. Asegurarle que no es culpable y que siempre contará con la protección de aquellos adultos que lo quieren bien.
Dejar al infante desinformado y simplemente esperar que nada ocurra es una conducta imprudente y peligrosa. Para defender a nuestros menores, hablemos con ellos. •


(La Dra. Blasco es médico, psicoanalista y sexóloga, y autora de `Camino al orgasmo' y `Menopausia, una etapa vital'.)
dsb@doctorasoniablasco.com

UNA TRAICIÓN A LA CONFIANZA.


Sandra, al igual que muchas niñas, soñaba con el día en que se convertiría en una señorita.
Tal vez pensaba que su papá le organizaría una fiesta de 15 años por lo menos le daría un regalo, pero muy pronto tendría que enfrentarse a una triste realidad: Su padre la violó.
Cada 14 minutos un niño colombiano es víctima de abuso sexual. Solo en el último año el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Foren-ses realizó 16.120 dictámenes sexológicos en menores de edad, lo cual representó el 86 por ciento del total de casos reportados por violencia intrafami-liar a los niños.
El informe también revela que el 41 por ciento de los abusos reportados fueron cometidos por los padres; que de cada 10 casos que se registran a dia-rio, tres son de incesto.En cuanto al periodo de enero a julio del presente año se han registrado 3.408 casos, de los cuales 932 fueron cometidos por parte del padre y 1.026 por el padrastro.Estas estadísticas recuerdan el más escandaloso caso de incesto en el país que, el pasado 2 de octubre, permitió que el Juez Único Penal de Fresno, Tolima, condenara a 15 años y siete meses de prisión a Arcedio Álvarez Quintero, más conocido como el “Monstruo” de Mariquita, por su responsabilidad en los delitos de acceso carnal violento agravado e incesto. Fue hallado responsable de abusar de su hija durante 29 años, con quien tuvo siete hi-jos.La directora ejecutiva de la Asociación Afecto contra el maltrato infantil Isabel Cuadros, señaló que las agresiones sexuales, sin embargo, no sólo son cometidas por los padres o los padrastros, existen otros familiares con grados cercanos de consanguinidad quienes también pueden ser victimarios como es el caso de los tíos.“Los casos de abuso son más frecuentes por parte de padres y padrastros. También hay casos por parte de los hermanos, los tíos, los abuelos, en sí son atacados por sus conocidos”, afirmó Cuadros.En ese sentido, Medicina Legal reportó que 514 ataques sexuales son cometidos por los tíos (as), 439 por los primos (as), 265 por los abuelos (as), 215 por los hermanos (as), 10 por la madre y seis por la madrastra.
La problemática, más allá de las cifras, es muy grave no sólo por los daños que deja en los menores, los cuáles repercuten en todos los aspectos de su vida, sino también por los victimarios, ya que las conductas incestuosas son de origen psicológico ocasionadas en la mayoría por una “cadena” de mal-trato y violencia intrafamiliar.“Es una patología abusar de un niño, es una conducta en la que se presenta pedofilia y en otras no hay una concepción clara de sexualidad, pero esto no quiere decir que no sea imputable”, aseveró la psicóloga.El abuso sexual en concurso con incesto debe mantener en alerta a profesores, familiares, psicólogos y a todas las personas cercanas a los niños.“El abuso sexual en Colombia de niños y niñas es muy grave, es un problema epidémico. Estamos hablando de alrededor de 17 mil niños víctimas de abuso anualmente”, enfatizó Isabel Cuadros.“Es una traición a los niños, cuando alguien de toda confianza, que los tiene que respetar y hacer respetar, comete semejante barbaridad”, calificó la concejal de Bogotá Martha Ordóñez al referirse al incesto.
PatologíaAunque se siente repudio por estas situaciones, es precisó conocer que muchas veces quienes hoy son victimarios, muy posiblemente en su infancia también fueron víctimas.De acuerdo con los expertos, el abuso sexual es una cadena que por no recibir tratamiento se mantienen esos sentimientos guardados y, con el tiempo, al estar frente a un niño (o sus hijos), los liberan y es ahí cuando se presenta el abuso.Expertos dicen que una persona que no ha asistido a tratamiento puede llegar a tener relaciones disfuncionales con sus parejas, o son muy depresivos, hipersensibles, e incluso hay quienes tratan de quitarse la vida. Estas últimas buscan explicaciones y nunca han entendido porqué les ha pasado a ellas.
Por regiones
El 25 por ciento de las denuncias ocurren en Bogotá. Antioquia registra el 14 por ciento, Cundinamarca el 10 por ciento, Valle el ocho por ciento, pero esto no indica necesariamente que se-an estas zonas donde más casos ocurren, lo que sucede es que son ciudades con mejores mecanismos de denuncia.De todas maneras, estudios académicos afirman que las regiones con mayores casos sin denunciar pueden ser Cundinamarca, Nariño, Santander, Boyacá, el eje cafetero y la “zona paisa” en donde la problemática es muy grave.Cabe destacar que aunque la mayoría de las víctimas son las niñas, en los últimos años se ha determinado que los varones también han sufrido de incesto, sin embargo, son los que menos denuncian por temor o porque incluso, hay algunos que han considerado los ataques como normales.
“El hombre (niño) no denuncia mucho. Hay casos de adultos que sufrieron de incesto o de abuso sexual durante su infancia por parte de familiares muy cercanas que no denuncian no sólo por temor, sino porque creían que no era para tanto, y, por el contrario, se sentían honrados de que una mujer adulta los estuviera iniciando en la sexualidad”,


aseveró la concejal de Bogotá, Martha Ordóñez Vera.

LA LABOR DE LOS MAESTROS EN FRENTE DEL A.S.I


El lugar que tiene una maestra o maestro frente a la problemática del abuso sexual es privilegiado para la prevención, detección y denuncia de este delito.
Para las madres y padres son una fuente de apoyo en todo lo relacionado a la educación de las y los hijos, aliados en el desarrollo de valores, forjadores de personas útiles a la sociedad.
Maestras y maestros podrían detectar que un estudiante está viviendo abuso si están pendientes de estos signos:
1. Cuando un alumno empieza a bajar inesperadamente su rendimiento después de haber sido un/a estudiante excelente o regular, les cuesta concentrarse, comprender la explicación de las clases y a veces desertan o fracasan en el estudio.
2. A veces, el abusador vive en su casa (es decir, es parte de la familia o es alguien de mucha confianza), quisieran hacerse “invisibles” para que no lo notaran y no le agredieran de nuevo, quisieran no tener que regresar a la casa donde experimentan dolor y miedo, aparece el llanto sin causa aparente, tienen cambios bruscos del comportamiento habitual o se quedan callados por mucho rato, se aíslan en el recreo.
3. Algunos niños se vuelven agresivos o apartados, tímidos y temerosos. Otros empiezan a tener conductas muy sexualizadas para su edad, se nota prematuro su comportamiento en cuanto a ser seductores o “atrevidos” con las niñas o niños menores. Todos estos son efectos del abuso vivido.
4. Cuando el maestro o maestra habla con la madre (o padre) sobre los cambios del comportamiento del niño le debe preguntar si ha notado estos cambios y si tiene además otros problemas, por ejemplo, para dormir, temor a estar solo/a, insomnio, pesadillas, sonambulismo. O si le ha visto cambios en las maneras de hacer su higiene personal, por ejemplo: lavarse o bañarse continuamente o descuidar casi completamente la limpieza corporal.
5. Si el niño o niña no quiere quedarse solo o sola con una persona específica hay que ponerle atención, si le tiene miedo o se enoja con mucha frecuencia hay que ahondar en los motivos.
Otros problemas también se dan en la alimentación, puede ser que esté presentando trastornos gástricos y ansiedad, comer en exceso o no querer comer.Desafortunadamente en demasiadas ocasiones estos cambios son interpretados como malacrianza, vagancia o rebeldía, pero hay que escarbar un poquito más a fondo para conocer si detrás de todo este comportamiento existe un abuso sexual no revelado.Intervenir a tiempo es muy importante y aunque abundemos en decirlo, es mejor prevenir que lamentar. Si sospecha que uno de sus alumnos o alumnas está siendo víctima de abuso, acoso o chantaje sexual, abórdelo directamente y exprésele que ha notado que se comporta diferente. Dígale que puede confiar en usted y que cualquier cosa que sea hará lo posible para apoyarle. Es importante que cuando prometemos esta confianza la cumplamos, ya que si no es así lo que lograremos es que no vuelva a confiar en nadie más y el abuso continúe.
1. Escúchele, crea en lo que el niño o niña le cuenta; los relatos de abuso no son inventados, sobre todo por los detalles que dan, los cuales de no ser testigos y víctimas de ello no podrían hacerlo.
2. Dígale que ha hecho muy bien en contarlo y que ha sido muy valiente al hacerlo. Asegúrele que no tiene la culpa, el único culpable es el abusador, quien se vale de su edad, fuerza y engaños para manipularle.
3. Explíquele que hay personas que causan daño y que para que pare el abuso es necesario que su familia lo sepa, dígale que es posible que se ponga una denuncia y detengan a su agresor. Asegúrele que en ningún caso como adolescente o niño es responsable de lo que pase con éste.
4. Acompañe al niño o niña a contarle a sus padres. Si es víctima de incesto y el abusador es uno de sus progenitores hable con el que no le abusa. Establezca una alianza con la persona o personas que lo/la protegen para buscar ayuda adecuada.
5. Ofrezca apoyo a la familia en el caso de ser citada o citado como testigo. Y si la familia no quiere denunciar, la violencia sexual puede ser denunciada ante la Policía, Comisaría de la Mujer y la Niñez o Fiscalía, quienes deben llevar el caso de oficio.Es importante que como sociedad reconozcamos que todos y todas somos responsables por el bien superior de la niñez, que debemos prevenir la violencia y que callar, a pesar de tener conocimiento de un abuso, profundiza la victimización y hace que la impunidad crezca.Una buena maestra o maestro puede ser aliado de los derechos de la niñez.Jornada Nacional “Alto al Abuso Sexual”Integrante de la Red contra la ViolenciaMiembro del Movimiento contra el abuso sexual

jueves, 1 de octubre de 2009

INICIATIVA PVEM


El diputado del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) , Pablo Escudero Morales, propuso reformar los artículos 19 y 73 de la Constitución mexicana, así como el 261 y 366 del Código Penal Federal en materia de abuso sexual de menores de edad.

El objetivo, explicó, es que la federación enfrente los problemas de abuso sexual infantil y los haga de su competencia, a través de mecanismos legales que cancelen estas prácticas, y que implemente severos castigos.

Asimismo, dotar de mejores herramientas a los gobiernos locales para diseñar y ejecutar acciones efectivas en materia de combate al índice delictivo de abuso sexual de menores de 18 años.

Y es que de acuerdo con el Sistema Nacional DIF y la Procuraduría General de la República (PGR) , en 2008 entre 30 mil y 60 mil menores de edad fueron víctimas de abuso sexual y hasta junio de este año existían mil 249 averiguaciones previas relacionadas con ese tipo de delito.

Lo que representa que en promedio se cometen 6.9 delitos de abuso sexual contra menores cada día y son situaciones que, no sólo a corto plazo sino también a futuro, tienen efectos adversos en el desarrollo de las víctima

LOS PEORES COMPONENTES DE LO MÁS SINIESTRO. EL A.S.I



Lo primero a considerar respecto de todo abusador sexual infantil son las circunstancias puntuales que hacen a su singular subjetividad. Podemos decir que nos encontramos ante individuos perversos y sin freno social, utilizándose en relación a ellos términos tales como depravación, protervia, perversidad, inmoralidad, entre otros. Y hablamos de conductas corruptas y de obstinación en la malignidad, ya que poseen un claro entendimiento del grave daño que ocasionan en niños y jóvenes. Pero la pregunta concreta está dirigida no a los aspectos personales, sino a causas más genéricas para el abordaje de esta temática aún considerada tabú en nuestra sociedad.
Al referirnos a “padres” -en tanto jefes de familia o como integrantes del clero- no puede caber duda que el abuso sexual al que nos abocamos se produce en un contexto donde el ofensor es consciente de su poder y ascendencia sobre el menor a su cargo. Estos niños y jóvenes suelen ser tomados como propiedad o pertenencia de sus padres y cuidadores, en un evidente resabio de las más viejas prácticas paternalistas que todavía no han desaparecido por completo. En algunos ámbitos aún sigue sin comprenderse que los chicos deben ser considerados como sujetos plenos de derechos y no como meros objetos de consumo o, desde la óptica abordada, como objetos de comercio sexual.
Esos niños y adolescentes se encuentran absolutamente “cosificados” por un padre que los trata como objetos destinatarios ya sea de sus improperios, ya sea de sus deseos incestuosos y perversos. La vulnerabilidad del menor y su dependencia con respecto a la figura paterna lo dejan en un estado de indefensión que, en casos como los que aquí nos ocupan, favorecen el advenimiento de sentimientos de confusión y alienación intensos. El abuso sexual infantil es un proceso a través del cual el adulto se aprovecha de la confianza que el niño ha depositado en él, conduciéndolo de un modo seductor y engañoso a satisfacer sus más bajos instintos de sometimiento y satisfacción sexual.
Nuestra antigua legislación consideraba al niño como un menor incapaz, y así lo siguen haciendo quienes han legitimado y naturalizado a los malos tratos psicofísicos como medio de disciplinar y educar a los que están a su cuidado. Aquellos que siguen sosteniendo esos sistemas de neto corte despótico y autoritario, no han querido enterarse que nuestro país suscribió, en el año 1990, la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño. Su art. 3º protege a los chicos contra toda forma de violencia, perjuicio, explotación o maltrato físico o mental -incluido el abuso sexual- mientras se encuentren bajo la custodia de sus padres, de un tutor o de cualquier otra persona que los tenga a su cargo.
Importante es destacar que la dinámica del abuso sexual infanto-juvenil no se agota en el hecho abusivo, sino que además conlleva en su práctica un maltrato psicológico del menor sometido que dejará en su psiquismo huellas traumáticas graves y duraderas. Tal forma de detentar el poder por parte de un padre de familia o de un sacerdote a cargo olvida que la política moderna procura constituir espacios de libertad frente al autoritarismo violento que ha impuesto el patriarcado, incluso a través de los malos tratos y del abuso sexual. Hoy rige el Interés Superior de los Niños al considerarlos sujetos activos de derechos, dada su condición de personas en desarrollo (cfr. Ley Nro. 26.061).
Respecto de los padres en un grupo familiar primario, digamos que poco tiempo atrás apareció en diversos medios de comunicación el caso del chacal de Mendoza, similar al del austríaco Josef Fritze, quien violó reiterada y sistemáticamente a su hija durante 24 años y tuvo con ella siete hijos. En nuestra provincia andina, Armando Lucero fue denunciado por una de sus hijas, abusada por él durante una veintena de años y habiendo engendrado también siete hijos-nietos. Si bien la causa judicial está en plena investigación procesal, cabe presumir el muy probable encubrimiento de esa situación absolutamente irregular por parte de la madre de la denunciante y a la vez concubina del imputado.

Los peores componentes de lo siniestro -con sus características inesperadamente espantosas- se han presentando en todas las situaciones precedentemente señaladas, sea dentro de una familia o en el ámbito eclesiástico. Los interrogantes son: ¿puede un padre violar sistemáticamente a una hija sin que la madre de la niña sospeche sobre ese aberrante proceder? ¿No habrá al lado de cada padre violador una madre que entrega a su hija o, al menos, que mira para otro lado? Y por su parte, en relación a la madre Iglesia, ¿no podemos hacernos estas mismas preguntas? En cuanto a la protección de la niñez, ¿cómo intercede aquélla ante ese paternalismo abusivo de algunos curas?
Afortunadamente, en ambos contextos aparece siempre un portavoz cuyas palabras y acciones permiten, finalmente, descifrar semejantes anómalas conductas y perversos procederes. Abogamos porque ello así continúe, junto a la numerosa y moderna legislación que viene produciéndose en el país desde hace algunos años. Es de destacar que para lograr el pleno respeto de la niñez es ineludible no sólo la responsabilidad gubernamental, sino que todos habremos de sumarnos desde nuestras respectivas responsabilidades familiares y con la ineludible participación comunitaria, necesaria a los fines de la tutela integral de los derechos y de las garantías de nuestros niños y jóvenes.

Por Ronaldo Wright (Psicólogo Social – Abogado)
Fuente: Revista La Tecla Eñe (/lateclaene.blogspot.com)