lunes, 9 de noviembre de 2009

Maltratos y Abusos sexuales contra menores


Actualmente vivimos un periodo donde se comienza a estudiar el problema de los efectos de la violencia, sea ésta del tipo que sea, sobre las personas y, dentro de este problema, el abuso sexual sobre menores es tan sólo un problema más, particular, acotado y con sus propias connotaciones y características.

El primer motivo para la represión legal del abuso sexual sobre menores es que existe una evidencia clínica creciente de que el abuso sexual durante la infancia afecta verdaderamente al desarrollo psicológico ulterior del adulto.

La hipótesis del abuso sexual como “trauma” dentro del desarrollo evolutivo del niño ha adquirido peso específico durante los últimos años. En este sentido, Mullen et al., demuestran que existen secuelas en las víctimas infantiles que les afectará en su desarrollo adulto y que son:

· Declive del status socioeconómico

· Problemas sexuales crecientes

· Propensión a percibir a sus parejas como poco cariñosas e hipercontroladores

Mullen también asegura en su artículo que existen otros factores de deprivación y desventaja asociados al abuso sexual y que, por tanto, sería inadecuado realizar intervenciones terapéuticas centradas exclusivamente en el trauma sexual. Esto es completamente coherente con los datos que aportó: “Las reacciones de las víctimas son mucho más complejas y multidimensionales, y se trate del tipo de abuso que se trate, y en su conjunto, tan sólo el 50% de los niños nos informarán de alguna consecuencia para su salud mental a largo plazo”.

Aunque a veces se tiende a hablar del maltrato infantil como concepto global y éste se suele definir como “el tratamiento extremadamente inadecuado que los adultos encargados de cuidar al niño le proporcionan y que representa un grave obstáculo para su desarrollo”, se podrían establecer diferentes tipos, cada uno con características propias. En la actualidad se consideran cinco tipos diferentes de maltrato:

1) Abuso físico (maltrato físico activo): acción no accidental llevada a cabo por un adulto encargado de cuidar al niño, que le produce daño físico o que le sitúa en riesgo de sufrirlo.

2) Abuso emocional (maltrato emocional activo): acción no accidental, llevada a cabo por un adulto encargado de cuidar al niño, de naturaleza psicológicamente destructiva y que deteriora gravemente el desarrollo psicológico del niño, o que representa un grave riesgo para ello. Incluye: hostilidad, rechazo crónico, corrupción, aterrorizar al niño/a, etc.

3) Negligencia física (maltrato físico pasivo): persistente falta de atención de las necesidades físicas del niño (alimentación, vestido, higiene, vigilancia médica, …) por parte de los adultos encargados de su cuidado.

4) Negligencia o abandono emocional (maltrato emocional pasivo): persistente falta de atención a las necesidades psicológicas del niño (seguridad, afecto, …) por parte de los adultos encargados de su cuidado. Incluye: falta continuada de disponibilidad psicológica e interés hacia el niño, falta repetida de respuesta a las conductas iniciadas por el niño, …

5) Abuso sexual: cualquier acción de tipo sexual (que transgrede los tabúes existentes en ese sentido en una determinada sociedad) por parte de un adulto hacia un niño.

Si nos guiamos por esta definición de abuso sexual, hay que destacar un primer elemento: los abusos sexuales distan de ser algo objetivo, es decir, dependiendo del contexto social donde se den serán vividos como abusos o no. El único tabú universal es el tabú del incesto y proviene prácticamente del nacimiento del hombre como especie. Según esta prohibición, los hombres de la tribu no pueden tener contacto carnal con las mujeres de su familia.

Este último tipo de maltrato, el abuso sexual, es el que se produce fundamentalmente contra las niñas, distribuyéndose de forma inversa en los demás tipos de maltrato.

Existen otras clasificaciones de tipos de maltrato, por ejemplo la realizada por Henry Kempe en su libro "Síndrome del niño maltratado", en el cual establece cuatro subtipos:

a) Maltratos físicos: la violencia física implica la existencia de actos físicamente nocivos contra el niño. Queda definida por cualquier lesión inflingida (hematomas, quemaduras, lesiones en la cabeza, fracturas, daños abdominales o envenenamiento, administración a un lactante de las dosis de sedantes correspondientes a un adulto o bien drogas alucinógenas, ...). Las lesiones producidas requieren atención médica. La negligencia física también estaría incluída aquí e implicaría un fallo del progenitor en cuanto a actuar debidamente para salvaguardar la salud, la seguridad y el bienestar del niño. Incluye el abandono alimenticio, la falta de cuidados médicos, o bien la ausencia de una suficiente protección del niño contra riesgos físicos y sociales.

b) Maltratos psíquicos: el maltrato psicológico es el más difícil de diagnosticar por la dificultad de encontrar unas manifestaciones características. Es la consecuencia de un rechazo verbalizado, de falta de comunicación, insultos y desvalorización repetida, educación en la intimidación, discriminación en el trato en relación con el resto de hermanos o compañeros y exigencias superiores a las propias de la edad. La negligencia y el abandono emocional se dan cuando el niño no recibe las atenciones afectivas, nutricionales, educacionales, sanitarias e higiénicas que necesita. Un ejemplo de esto sería la mendicidad.

El abandono emocional coincide casi siempre con los malos tratos físicos, pero también puede darse en casos en que los cuidados meramente físicos son buenos, ocasionando entonces el mismo daño a la personalidad en vías de desarrollo. De vez en cuando surgen noticias de niños a los que se ha dejado atados en un desván o un sótano, aunque lo más frecuente son las formas sutiles de maltrato emocional, en las que un niño es constantemente aterrorizado, regañado o rechazado. Cuando el progenitor está constantemente ausente en el sentido emocional, el niño puede sufrir por causa de una privación que puede pasar perfectamente inadvertida.

El maltrato emocional, en ausencia de daños físicos, resulta difícil de demostrar, aunque sus efectos pueden ser invalidantes. Suelen ser diagnosticados por psiquiatras o psicólogos tan sólo años después, cuando los síntomas de la alteración emocional se hacen más evidentes. Los actos nocivos son sobre todo verbales, diciéndole constantemente al niño que es “odioso, feo, estúpido” o haciéndole ver que es una carga indeseable. Puede incluso no llamársele por su nombre, y referirse a él como “tú”, “idiota” o de cualquier otro modo insultante. Un niño así se siente el “chivo expiatorio” dentro de la familia, e incluso sus hermanos y hermanas son activamente animados, y quizá recompensados, por ultrajarle o ignorarle.

c) Maltratos sexuales: implican la explotación de niños mediante actos tales como incesto, abusos y violación. Los abusos sexuales se definen como la implicación de niños y adolescentes dependientes e inmaduros en cuanto a su desarrollo, en actividades sexuales que no comprenden plenamente y para las cuales son incapaces de dar un consentimiento voluntario o que violan los tabúes sociales o los papeles familiares. Incluyen:

- Paidofilia: supone el contacto sexual, no violento, de un adulto con un niño, y puede consistir en manipulaciones, exhibiciones de genitales, o contactos buco-genitales. La edad del niño suele oscilar entre los dos años y el comienzo de la adolescencia.

- Incesto: corresponde a individuos con personalidades psicopáticas y sexualidad indiscriminada, que consideran a sus hijos como objetos, siendo frecuentemente violentos (relación materno/paterno-filial). Se puede iniciar a la edad de uno o dos años y continuar hasta la adolescencia.

- Proxenetismo: explotación de menores con fines lucrativos por parte de individuos con o sin parentesco con ellos (p. ej.: la prostitución infantil).

- Violación: es un abuso sexual violento, sin consentimiento por parte del menor.

d) Maltratos institucionales: se pueden definir como “cualquier legislación, programa, procedimiento, actuación u omisión procedente de los poderes públicos, o bien derivada de la actuación individual del profesional o funcionario de las mismas. Comporta abuso, negligencia y detrimento de la salud, la seguridad, el estado emocional, el bienestar físico, la correcta maduración o que viole los derechos básicos del niño y de la infancia”. También como institución, nos referimos a los medios de comunicación ya que tienen la suficiente fuerza como para poder modificar, aleccionar y formar hábitos en la población en general y también en la infancia.

A diferencia de los otros tipos de abusos cometidos contra el niño, en la variedad institucional, no es necesario el contacto directo entre el niño y las personas que van a dictar las disposiciones, normativas, etc., que pueden constituir malos tratos. Detrás de una mesa de despacho también se puede ser responsable de malos tratos. Tampoco hay que olvidar que el profesional o funcionario también pueden actuar directamente sobre el niño y producir un mal trato. Hay dos diferencias fundamentales: mientras que en el maltrato familiar aparecen síntomas evidentes a corto plazo o desde el momento de la agresión, en el maltrato institucional son raras las manifestaciones a corto plazo, provocandose las alteraciones a medio y largo plazo.

En el tema de los abusos sexuales infantiles, al igual que en todos los demás temas tabúes, existen numerosas creencias erróneas. A continuación apuntaré las más comunes, las cuales, de forma más o menos consciente, contribuyen a ocultar el problema, así como a tranquilizar a quienes no desean afrontarlo:

· Muchas personas piensan que los abusos sexuales no existen o son muy infrecuentes y, sin embargo, la frecuencia es muy elevada.

· La mayor parte de las personas creen que los agresores son personas con graves patologías o con desviaciones sexuales y, sin embargo, casi todos los abusos sexuales son cometidos por sujetos aparentemente normales.

· Es usual creer que si los abusos sexuales ocurrieran en nuestro entorno inmediato, nos enteraríamos. La realidad es que la mayor parte de los casos de abusos sexuales no son conocidos por las personas más cercanas a las víctimas y estas tienden con mucha frecuencia a ocultarlos.

· Se suele creer también que los abusos sexuales a menores sólo ocurren en ambientes muy especiales, asociándolos con la pobreza, baja cultura, etc. Aunque es posible que en determinados ambientes sean más frecuentes, los datos confirman que están presentes en todas las clases sociales, zonas geográficas, etc.

· Es también muy frecuente la tendencia a creer que los niños, cuando los cuentan, no dicen la verdad o que están fantaseando. Por el contrario, cuando un niño dice que ha sido objeto de estas conductas, prácticamente siempre dice la verdad y, por consiguiente, debemos creerle.

· También parecería razonable creer que si la madre de un niño se enterara de que su hijo ha sido objeto de un abuso sexual, no lo consentiría y lo comunicaría a alguien o lo denunciaría. Sin embargo, la realidad nos demuestra que si el agresor es un miembro de la propia familia, bastantes madres reaccionan ocultando los hechos.

· Otro error consiste en creer que en la actualidad hay más abusos a menores que antes, lo que pasa es que ahora son estudiados.

· Tampoco es correcto creer que los agresores son casi siempre familiares o casi siempre desconocidos. Los agresores pueden tener relaciones de muy diversos tipos con la víctima y no conviene hacer simplificaciones erróneas.

Los abusos sexuales contra niños se cobran al año un número desconocido de víctimas. No podemos arrancar las raíces de los abusos sexuales contra los niños, pero lo que sí podemos hacer es, a través de programas de prevención y tratamiento, educar al público sobre los peligros de estos abusos sexuales y sobre la necesidad de denunciar dichos abusos y los intentos de abuso.

Estos programas de prevención pasan, en primer lugar, por educarnos a nosotros mismos como padres o futuros padres, a nuestros hijos y a los profesionales que les rodean sobre los peligros y las consecuencias de los abusos sexuales. Esto será vital porque la experiencia demuestra que los niños alertados sobre la posibilidad de ser atacados sexualmente están mejor preparados para protegerse de ello que los que no son conscientes de dicho peligro. Además, tendrán más probabilidades de revelar un incidente que los niños que sólo reconocen vagamente lo que les ha ocurrido.

En segundo lugar, los padres deben crear un ambiente en el que los niños sean libres de comunicar y discutir cualquier situación que les haga sentirse incómodos, y de revelar cualquier ataque sexual que hayan podido sufrir.

Se ha de romper la barrera de silencio que rodea a este delito porque únicamente cuando se es consciente de la gravedad del problema y de sus consecuencias, disminuirán los sentimientos de culpabilidad y vergüenza que suelen experimentar las víctimas de este tipo de delitos. Solo entonces se romperá el silencio y dejarán de considerarlo un profundo y oscuro secreto.

Extraído de http://www.psicocentro.com/cgi-bin/articulo_s.asp?texto=art19001

El abuso infantil altera las bases genéticas de la respuesta ante el estrés


El maltrato infantil puede derivar en trastornos de ánimo e, incluso, puede llevar al suicidio. Según un estudio de la Universidad MacGill en Canadá, todo es debido a la modificación de un gen derivada de un comportamiento agresivo de los padres hacia sus hijos.
Esos niños sufrirían durante su desarrollo alteraciones en una parte de su cerebro que podrían acabar en problemas mentales. Este descubrimiento podría servir para intentar evitar estas enfermedades y las conductas suicidas.
El estudio
Los factores genéticos tienen un importante papel en los trastornos neuropsiquiátricos pero no se conocen bien los mecanismos por los que los factores ambientales afectan al genoma y contribuyen a la depresión u otros trastornos mentales en la vida adulta.
Los investigadores también descubrieron que en estos pacientes, el gen del receptor del glucocorticoide había sufrido una modificación para limitar la cantidad de ARNm y por ello de la proteína funcional que producía.
Trabajos anteriores han mostrado que el abuso infantil causa cambios genéticos a largo plazo en el mecanismo de la respuesta ante el estrés en ratas pero esta es la primera vez que se demuestra lo mismo en humanos.
Según los autores, el estudio sugiere un medio por el que el abuso infantil podría tener efectos a largo plazo sobre la respuesta al estrés de las víctimas en su vida adulta.
Fuente:
http://www.antena3noticias.com/PortalA3N/noticia/ciencia-y-tecnologia/abuso-infantil-altera-las-bases-geneticas-respuesta-ante-estres/4871972

NICARAGUA


¿Qué podría justificar la muerte atroz de una niña de 9 años en Las Tejas - Matagalpa que salió de su casa rumbo a su catecismo como todos los sábados? ¡Nada!.
No hay ninguna razón por la cual Keyling Dayana no pudiera regresar a su casa sana y salva. ¡Claro! Faltaría que viviera en una sociedad en la que se respeta el derecho a las niñas y a las mujeres a caminar por las calles sin temor a la violencia. Pero no, desafortunadamente en las calles de ésta y de muchas ciudades y comunidades de Centroamérica las mujeres no contamos con seguridad para sentirnos a salvo de las agresiones de asesinos y violadores que se ensañan en las niñas y las mujeres por quienes sienten un profundo odio que se manifiestan en el maltrato, violación, tortura y asesinato.
Formas extremas de violencia ejecutadas contra las mujeres por el hecho de ser mujeres como una manera de demostrarnos que el poder es un bien que sólo el género masculino puede detentar, y que los más convencidos de que esa superioridad les viene por nacer con cuerpo de hombre lo mantendrán a cualquier costo utilizando formas de dominación y control.

Ya algunas personas de Las Tejas habían notado la presencia de tres sujetos en los alrededores, lugar donde sucedieron los hechos. ¿Cómo imaginar que una niña caminando por ahí podría desencadenar la violencia por parte de los agresores?
Pensemos en la vulnerabilidad doble de una niña por su edad y por ser mujer. Miremos alrededor o recordemos a una hija, sobrina, hermana con el cuerpecito de una niña de 9 años e indignémonos frente a estos actos de terror que niños y niñas viven o han vivido al ser abusados sexualmente o torturados hasta morir.

Una madre y una familia entera hoy lloran y claman justicia ante este abominable acto y se preguntan, ¿cómo es posible que cuando se denuncia la desaparición de una niña la Policía les diga que deben esperar 72 horas para actuar? Lo que esperaba la familia de Dayana era que buscaran, investigaran y encontraran a la niña con vida, porque según el dictamen forense, la hora probable de muerte fue en la madrugada, así que hubo tiempo para encontrarla. Afortunadamente la comunidad mostró solidaridad y apoyó en la búsqueda, así como el Ejército, pudiendo encontrar a la niña aunque ya sin vida y con muestras de la violencia sufrida.

Ahora, vemos declaraciones de parte de la Policía afirmando que el caso está siendo investigado y priorizado. ¡Y nos parece excelente!, pero creemos que como ciudadanas y ciudadanos tenemos el derecho al empleo de mecanismos efectivos y ágiles que contribuyan a la prevención del delito, a la investigación científica y a la salvaguarda de la vida humana. Las mujeres, niñas y niños necesitamos sentir que contamos con la seguridad y la protección de las instituciones del Estado que garanticen nuestros derechos.

Recordemos que cuando hay impunidad, cuando los crímenes suceden sin castigo, toda la sociedad recibe un mensaje funesto: que hay permiso para seguir abusando y que estamos en la indefensión.

Las personas que formamos esta sociedad debemos comenzar a demostrar nuestro profundo rechazo a la discriminación y los comportamientos que violentan los derechos de las mujeres, las niñas y los niños. Sólo de esa manera se pueden empezar a ver los cambios. Tenemos que empezar a creer en las víctimas, a mostrar nuestra solidaridad y a oponernos a las actitudes sexistas en las que el poder absoluto lo tiene una sola persona en la familia, una sola institución.

En nuestro país no podemos seguir sumando números a las ya altas tasas de violaciones, abusos, asesinatos y múltiples formas de violencia. Necesitamos acciones decididas para prevenir y sancionar la violencia, así como brindar acompañamiento y resarcimiento a las víctimas. Necesitamos juntar esfuerzos entre las instituciones y la sociedad civil para dar respuestas efectivas a esta problemática que día a día cobra más vidas y enluta a Nicaragua.

No te quedés callada, no nos quedemos callados, ya no podemos seguir permitiendo que actos atroces como el cometido contra Keyling, contra “Anita”, de 13 años asesinada por su padrastro en el Tortuguero, o contra Meyling Raquel, de 15 años asesinada en Xiloá, sigan truncando la vida inocente de quienes debieron ser protegidas por las autoridades y respaldadas por todas y todos. Alcemos nuestras voces para decir NO MÁS. “Todas las voces, todas las voluntades contra el abuso sexual”.

¡Cárcel para los asesinos y violadores! ¡Justicia para las mujeres!
12 de noviembre: Día internacional por la prevención del abuso sexual infantil.
Grupo Venancia- Matagalpa Movimiento contra el Abuso Sexual
hablemode.abusosexual@gmail.com

viernes, 6 de noviembre de 2009

EL MEJOR REGALO


Siempre e sostenido que el mejor regalo que un ser humano puede tener, son los hijos.
Yo tengo el privilegio de tener una hermosa niña, mi única hija que el día de mañana tendrá diez años.

Brenda es el motor de mi vida, por ella me esmero cada día en ser mejor, la amo más que a nada en el mundo.
Ella quiere que todo el mundo se entere que esta creciendo, y el mundo entero sabrá que mañana cumple diez años.

MIGUEL ADAME VÁZQUEZ.

jueves, 5 de noviembre de 2009

LA HISTORIA DE ADELA


Identificando las Consecuencias del Abuso Sexual Infantil:

Me llamo Adela, tengo 9 años...yo vivo en una ciudad que se llama Campito....es un lugar muy lindo, en donde tengo muchos amigos. Vivo con mi papá, mi mamá, y mis hermanos, Claudia de 11 años, Viviana de 15 años, y Sergio de 6 años...además vive con nosotros mi abuela Rosa...o sea la mamá de mi mamá.. Yo voy en tercero básico...la verdad es que no me va muy bien en el colegio, y repetí el año pasado...y casi siempre mejoro las notas al final del año...lo que pasa es que no soy muy buena para estudiar...eso dicen todos...por eso me saco puros cuatros y a veces rojos....
En mi casa a la que más retan es a la Viviana porque sale y no dice a donde va...a mi también me retan pero menos...casi siempre por lo de la escuela...el más enojón es mi papá porque si uno lo molesta altiro pega una cachetada o un coscorrón...mi mamá es también enojona pero ella no nos pega....sólo grita y dice que nos va a castigar...pero se le olvida y nosotros la hacemos lesa, y al final salimos igual a la calle a jugar....
Yo tengo muchos amigos, algunos en la escuela, como el Juan y la Denis, con ellos jugamos al pillar, a la pinta y cambiamos láminas de Pókemon, que son unos monitos de la tele que a mi me gustan mucho...mis otros amigos son de mi población...la Rocío, el Julio, la Susi y el Pedro...a ellos los conozco de chica porque vivimos cerca.....lo que más me gusta es jugar a la escondida...a veces nos quedamos hasta tarde jugando....
En mi casa yo me llevo super bien es con la abuelita Rosa.....a ella yo le cuento todo lo que hago y le digo la verdad cuando me porto mal.... y ella también me dice cosas de cuando ella era más joven y vivía todavía el abuelo Raúl...ella está viejita así que no puede salir sola porque se puede caer dice mi mamá...así que yo la acompaño a comprar el pan y a la feria.....
Hace como un mes me pasó algo que no se lo he contado a nadie...es que me da vergüenza..hay un hombre que se llama Don Mario.....Que vive a dos casas de la mía, es medio amigo de mi papá y juegan a la pelota a veces...él vive con la Señora Pilar que vende en el kiosco, ese caballero es medio raro....siempre cuando andábamos con las chiquillas nos leseaba y nos decía cosas raras como “que andan bonitas chiquillas” o preguntaba si estaban mis papás en la casa....Un día a la Susi le dijo que si la acompañaba a su casa a ver unas revistas, él le iba a dar un regalo que tenía...la Susi se asustó y no fue...

martes, 3 de noviembre de 2009

LA PUERTA FALSA


Brigitte Hauschild*

Hoy quiero dedicarme a sembrar esperanza. La quiero sembrar en aquellas mujeres adolescentes, jóvenes y adultas que están pasando por lo que yo también pasé: por las ganas de morir.

Es cierto que no solo el abuso sexual vivido en la niñez puede llevarnos a la conclusión de que nuestra vida no vale nada, que no tenemos fuerza para seguir viviendo, o que la vida que llevamos no es vida, sino más bien tortura. Pero particularmente para las sobrevivientes de abuso sexual infantil escribo este artículo, ya que para muchas de nosotras es muy difícil aguantar una vida con las secuelas que nos deja esta dolorosa experiencia. Se nos hace muy difícil concluir el también largo y atormentado camino de sanar, ya que este camino está lleno de momentos cuando casi nos derrumbamos, cuando nos falta la fuerza de seguir viviendo.
El abuso nos aísla, sea por amenaza, sea por vergüenza, por miedo de no ser creída o por otras razones. De un momento al otro sentimos que nuestra vida no vale nada. Así pasé muchos años de mi vida, sin raíces de amor a la vida Yo no recordaba el abuso que mi padre había cometido contra mí desde muy tierna edad.

Ya adulta imprevisiblemente y de repente me llegaron los primeros recuerdos. Yo pensé que estaba volviéndome loca: La situación casi me aplastaba. No sabía cómo seguir con mi vida. ¿A quién dirigirme para buscar ayuda sobre un tema del que nadie hablaba en Nicaragua? Sentí un peso encima que me hacía difícil levantarme. Pasé días en la cama sin poder moverme. Caí en una crisis inolvidable y no sabía cómo sobrevivir a esta crisis. Me dolía todo el cuerpo y me pregunté:
¿Es eso vida? ¿Quiero seguir viviendo así? Quería tanto volver a la vida de antes: trabajar 18 horas cada día sin sentirme. Después de varios días sin dormir y casi sin interrupción en llanto, mis propios recursos de sobrevivencia se reactivaron y busqué ayuda donde una psicóloga. Mi vida estaba conformada de llantos interminables, de sentimientos de incompetencia, nulidad, dolores en todo el cuerpo y una tan profunda desolación, soledad y angustia que nada logró levantar mis ánimos. Me fue imposible imaginarme que esta vida podría tomar algún día otro rumbo.

¡Cuánto me costó a veces irme a la terapia y qué duro ha sido el trabajo tanto en mi proceso terapéutico como en mi grupo de apoyo mutuo! Me parecía que mi vida solo trataba de abuso sexual, por la mañana, al mediodía, por la tarde, durante la noche, los fantasmas de mi niñez me acompañaban como duendes de películas de terror. Me acompañaba el miedo, si no era el miedo, la rabia, si no era la rabia, la angustia, si no era la angustia el insomnio, si no era el insomnio, el sueño interminable… ¡Qué vida! Ganas de tener pareja, miedo de tener pareja, ganas de salir, miedo de salir. Miedo de la oscuridad, miedo de las puertas cerradas, pánico con puertas abiertas, miedo a la luz, desconfianza en cuartos cerrados, miedo al estar sola, turbación estando con otras personas. Muchas veces estos estremecimientos/emociones eran tan fuertes que no viví. No estaba muerta, pero tampoco vivía. Tiesa, las manos contraídas, las uñas dejando huellas en la palma de mis manos. Incapaz de moverme, las piernas con cada paso más pesadas. ¿De dónde sacar la fuerza para seguir luchando? ¿Y luchar para qué? No tenía una visión de cómo puede ser mi vida “al final del túnel.

Sí, tenía ganas de saber mi historia del abuso con todos los detalles, a veces queriendo desbaratarme la cabeza para encontrar las grabaciones en el disco duro de mi cerebro. Tenía ganas de matar al abusador, de la forma más cruel, ya que morirse así me parecía más vida de la que yo llevaba
Tenía tantas ganas de no seguir sintiendo estas emociones aplastantes, tenía tantas ganas de sentir un dolor FISICO para dominar mejor el dolor indominable. Tenía tantas ganas de dormir sin despertarme más: ¡NUNCA MÁS! Pero hoy sé que es la puerta falsa pensar en suicidarme.

Estos tiempos ahora son del pasado. Estas emociones puedo memorizar, pero ya no me duelen. Puedo confirmar a otras sobrevivientes que les entiendo, que reconozco sus sentimientos, y aunque duelen, son pasajeras.

El largo túnel de mi proceso de recuperación emocional al final me dejó ver el sol brillante de una vida entera, completa, feliz, digna. Siento una abundancia de felicidad que comparto generosamente con otras que me solicitan mi acompañamiento, mi apoyo, mi abrazo, mi ternura. Las invito a permitirse estas emociones, son parte del proceso, nos llevan a recuperar nuestra capacidad de sentir, nos llevan a la más intensa profundidad de los sentimientos dolorosos que hemos tenido en el momento del abuso. Soportar esta etapa – bien acompañada – de testigos empáticas, del apoyo terapéutico, de las mujeres del grupo y vivir esta etapa es la puerta correcta. Hay apoyo para ti. Mereces una vida feliz y tienes la puerta abierta, la que verdaderamente te da esta oportunidad. Nos puedes contactar. No estás sola.
*Soy sobreviviente.Teléfono: 2251-0110.aguasbravas_nicaragua@yahoo.comhablemosde.abusosexual@mail.comyotecreo@gmail.com

sábado, 31 de octubre de 2009

LA PEDOFILIA


La sintomatología esencial de este trastorno se define como fantasías sexuales recurrentes y altamente excitantes, impulsos sexuales o comportamientos que implican actividad sexual con niños (13 años o menos) durante un período no inferior a los seis meses.
Los niños suelen ser menores de 12-13 años y el individuo ha de tener por lo menos cinco años más que el niño para que sea considerado el trastorno. La persona ha actuado de acuerdo con estas necesidades o se encuentra marcadamente perturbada ellas.
Según el manual de diagnóstico de los trastornos mentales (DSM-IV) la pedofilia se encuentra dentro de la categoría de parafílias, ubicada dentro de la categorización mayor de "Trastornos sexuales y de la identidad sexual".
El manual indica que estas fantasías e impulsos sexuales provocan un malestar clínicamente significativo o un deterioro social, laboral o de otras áreas de la actividad del individuo. El manual indica distinguir a su vez en el diagnóstico cuando se trata de una situación incestuosa, si es exclusivo (solo atracción con niños), si es hacia varones, mujeres o por ambos sexos.
La definición del DSM-IV lleva implícita la concepción clásica, pero otras lecturas permiten pensar que esa definición resulta bastante acotada. Es posible ver conductas pedofílicas menos marcadas, y de otras personas que no sufren de un malestar significativo al respecto. Incluso se parte de esta situación para pensar otros aspectos relevantes, tal como puede ser la pregunta si es que se trata de cuestiones médicos biológicas o no.
Por otra parte cabe la pregunta si es que este fenómeno se da principalmente en personas que está a cargo del cuidado de niños por lo que cabría la hipótesis según la cual el contacto permanente con niños favorecería la manifestación paidofílica.
Puede darse de diferentes formas: en relación a la orientación, puede ser de tipo heterosexual, homosexual o ambas; en relación a objeto, éste puede ser exclusivamente pedofílico o no.
Las conductas de la pedofilia van del simple exhibicionismo hasta la penetración. El adulto suele ganarse la confianza y el cariño del niño para luego llevar a cabo sus objetivos.
Hay dos tipos de conducta que se presentan en el pedófilo, está la conducta sentimental homoerótica y la conducta agresiva heterosexual.
Los sentimentales homoeróticos tienen poco interés por las mujeres, toda su capacidad sexual se concentra en los niños, concretándose bajo la forma de caricias que le provocan el orgasmo.
Los agresivos heterosexuales intentan satisfacer sus impulsos con niñas, con métodos que van desde la seducción a la violencia.

ASPECTO CRIMINOGENO
CARACTERÍSTICAS PERSONALES Y SOCIALES DE LOS SUJETOS ACTIVO Y PASIVO
EL SUJETO ACTIVO-EL PEDOFILO
Aunque no existe un perfil exacto del pedófilo ni del pederasta, sí podemos establecer un retrato robot a partir del estudio de los que ya han sido detenidos. Es el siguiente:
1º. En más el 90% de los casos se trata de varones.
2º. En el 70% de los casos superan los 35 años de edad.
3º. Suele tratarse de profesionales cualificados.
4º. Con frecuencia buscan trabajos o actividades que les permitan estar cerca de los niños.
5º. Su nivel social es medio o medio-alto.
6º. En el 75% de los casos no tienen antecedentes penales.
7º. Su nivel de reincidencia es altísimo, aun después de ser descubiertos y condenados.
8º. No suelen ser conflictivos en la cárcel y muestran buen comportamiento (en la cárcel no hay niños).
9º. No reconocen los hechos ni asumen su responsabilidad.
10º. Normalmente tienen una familia a su cargo, y con frecuencia hijos pequeños.
11º. En más del 30% de los casos se trata del padre, el tío o el abuelo de la víctima.
12º. Generalmente tienen fuertes convicciones religiosas
La personalidad del agresor de mediana o mayor edad es de un individuo solitario y con dificultad para establecer relaciones heterosexuales normales, suele tener baja autoestima, con pocos recursos para enfrentar situaciones de stress y frecuentemente abusa del alcohol y/o sustancias. Por lo general, no presenta trastorno psicopatológico. Sin embargo, se ha visto que dos tercios de los reclusos pedofílicos maduros llevaron a cabo esta conducta en momentos que sufrían de situaciones estresantes.
El pedofílico no se acerca a los adultos debido a que teme ser castrado por ellos, que son representantes de sus padres, hacia los que dirige sus impulsos incestuosos.
Se identifica con su madre y se relaciona con los niños de la misma manera como añora que debiera ser su relación con ella, por ese motivo es que elige a niños que puedan representarlo a él mismo. El temor a la castración intensifica su narcisismo, por la necesidad de protegerse a sí mismo.
Hay pedófilos de todas las clases sociales. Los más peligrosos sin, ciertamente aquellos en los que el niño confía por naturaleza, como un criado, un amigo de la familia, o aquellos que el niño idealiza por sus funciones, como un sacerdote, un profesor, un bombero e un policía. El acto perverso de estas personas insospechadas deja cicatrices profundas en el alma del niño bajo la forma de culpa y de angustia.
Los pedófilos menos peligrosos, desde el punto de vista psicológico, son los marginales, los exhibicionistas de la calle. Estos actúan desde fuera, compulsivamente como un relámpago, y después son castigados y encarcelados, con gran alivio reparador para el menor. La imagen del "bestia" es irreversible, pero los efectos brutales de su acto acaban por diluirse poco a poco con el tiempo.
Desde el punto de vista moral el pedófilo no es un deficiente mental exento de responsabilidades, ni un delincuente al margen de las leyes de la vida social y familiar (puede ser un buen profesional, un buen padre de familia y como últimamente ha salido a la luz, puede ser un sacerdote-veremos casos más adelante), sino un hombre o una mujer diferentes en la manera de vivir la sexualidad, condicionados en la libertad por la estructura de su personalidad, aunque responsables por el mal que introducen en el mundo, cuando actúan pedofílicamente.

COMO ACTUA EL SUJETO ACTIVO-EL PEDOFILO
Los pedófilos actúan de diversas maneras para conseguir niños y niñas, con la finalidad de abusar de ellos, integrarlos en una red de prostitución infantil o para elaborar pornografía. Conocer su forma de actuar es fundamental para mejorar la seguridad de los menores. Tanto los padres y educadores como los niños deben conocerlas.
Su acercamiento a los niños suele ser físico. Tras un primer contacto cuidadoso, para no asustar ni levantar sospechas, comienzan a coger al menor, abrazarlo y "mimarlo". Les invitan e incluso les colman de atenciones y regalos para generar en ellos un sentimiento de deuda. A los niños se les enseña que deben ser agradecidos y corresponder a los adultos (por educación) y los pedófilos se sirven de esta circunstancia. Buscan estar a solas de alguna manera con el niños o la niña para ir a más. Los violadores de niños siempre quieren más. Muchos de ellos tienen un nivel bajo de autoestima y se sienten mucho más seguros con los menores. Otros, en un porcentaje elevado, han sufrido abusos de pequeños. Un tercer grupo lo que busca es humillarlos y doblegarlos, posiblemente por haber sufrido antes desprecio de otros niños o niñas durante la infancia.

Los lugares más comunes:
1º. En las salas de juegos recreativos. Algunos pederastas frecuentan estas salas para, después de seleccionar a un menor, ofrecerse a pagarle algunas partidas o retarle a jugar contra él. Los abusos no se producen en el primer encuentro, ya que los pederastas normalmente intentan ganarse primero su confianza. Otros prefieren invitar al menor a una hamburguesa o se ofrecen a llevarle al cine.
2º. Las zonas marginales. Algunos pederastas prefieren frecuentar zonas deprimidas para buscar niños o adolescentes desatendidos o con muchas carencias. Les ofrecen entonces algún tipo de trabajo y les aseguran dinero fácil.
3º. Salidas de colegios y parques. Otro tipo de pederastas que suelen actuar en redes optan por el secuestro. Este puede realizarse a la salida de un colegio, haciéndose pasar por un conocido de la familia que viene a recoger al menor porque la madre no va a llegar a tiempo; o en el entorno de los parques infantiles o incluso desde un coche: pidiendo al menor que se acerque al vehículo para indicarles, plano en mano, donde está una calle.
4º. Discotecas. Algunas redes de tráfico de menores captan menores utilizando a otros que actúan de ganchos. Normalmente se trata de un "guaperas" que intenta seducir a una adolescente para después llevarla engañada hacia un coche o piso donde espera el proxeneta. También pueden utilizar a otra menor amenazándola de muerte o violación.
5º. A través de Internet. Se trata del último sistema que están utilizando muchos pederastas y que trae locas a las policías de otros países. Estos pederastas se introducen en los canales de conversación escrita de Internet, o "chats", haciéndose pasar por niños o niñas en busca de nuevos amigos. Intentan así conocer la situación de algunos menores, sus gustos y aficiones, hasta que llega el momento de concertar una cita en un cine o hamburguesería para conocerse mejor.
6º. A través de las revistas para niños y adolescentes en las que se publican secciones en las que los menores se ofrecen para intercambiar correspondencia incluyendo datos personales (dirección...) e incluso una foto.
7º. Utilizando a animales exóticos para atraer a los niños en ferias y demás lugares. Les suben a los mismos y les sacan fotografías para después ofrecérselas a sus padres. Muchos padres dan sus datos para que les envíen la foto o se la acerquen a casa. El pedófilo puede tener así un banco de datos de niños/as con sus direcciones, teléfonos y fotografías.
8º. En el interior de las grandes superficies comerciales. Algunas redes de pederastas actúan preferentemente en grandes superficies comerciales donde la concentración de gente es alta y los padres están pendientes de encontrar los productos que necesitan. La forma de operar consiste en coger de la mano a un niño/a pequeño que se haya despistado (o que se hayan despistado sus padres) y alejarlo del lugar. Normalmente no lo sacan inmediatamente sino que se lo llevan a los servicios. Allí le cambian rápidamente la vestimenta y le afeitan el pelo, le ponen una peluca o una gorra, le sedan si es necesario y salen por la puerta con toda naturalidad y tranquilidad.
9º. En casa. Al menos uno de cada tres abusos sexuales sobre menores se cometen en el entorno familiar, por parte del padre, un tío o un abuelo.
10º. En los centros religiosos, donde los sacerdotes abusan de los niños que asisten a sus iglesias (presentaremos algunos casos concretos y la posición de la Iglesia Católica).

CARACTERÍSTICAS DEL SUJETO PASIVO
Para definir al sujeto pasivo, debemos enfocar el análisis a la relación de los adultos con los menores, pues consideramos que para que el menor sea víctima del pedófilo, deben darse ciertas circunstancias en el ámbito familiar que los convierten en víctimas potenciales:

EL MENOR COMO SUJETO
El menor es suficientemente apto desde el nacimiento, para dar un sentido a su vida. El acto de mamar, jugar, dar los primeros pasos, etc., son maneras del niño de afirmarse como sujeto autónomo de deseos, frente a los adultos.
La prueba de esta autonomía está en el hecho de que las palabras y gestos de los padres sólo tienen sentido para el niño cuando son percibidos e interpretados por él, a su manera.
El bebé sólo aprehende lo que puede asumir, personalmente, dándole un significado propio. En la edad escolar, el menor se distancia más de los adultos al adquirir una cierta manera de saber, de sentir y de ver las cosas.
Su filosofía del mundo y de la vida se convierte en "escuela propia" diferente de la de los adultos.
En la adolescencia la autonomía toma mayor dimensión con la capacidad de estar solo, de crear un proyecto de vida y de sentir su propio mundo interior.
El hilo conductor de este proceso interior hacia la autonomía es la sexualidad con la crotización del cuerpo, las nuevas posibilidades de relacionarse, la curiosidad persistente y la fuerza del deseo.
Cuando la sexualidad se altera, es toda la personalidad la que entra en crisis, con pérdida del gusto por vivir. Por eso, cualquier interferencia sexual por parte de los adultos, a nivel del cuerpo o de los deseos del menor, como acontece en la pedofilia, compromete gravemente su felicidad.
El adulto que respeta la dinámica propia de la autonomía infantil está atento a sus manifestaciones sexuales y, lejos de interferir, procura vivir con el menor, aprendiendo con él.
EL MENOR COMO OBJETO
El menor es un objeto para el adulto, cuando éste, incapaz de contener sus impulsos, los proyecta inconscientemente en la persona del menor, volviéndose ésta una ocasión de placer, una compensación afectiva, una oportunidad para tenderse a sí mismo en el futuro un subterfugio ante el miedo a la muerte. Esta actitud perversa del adulto puede comprometer seriamente la relación del menor consigo mismo, con el mundo y con los demás.

El hecho de que el menor no se mueva no significa que no tenga un espacio propio de proporciones ilimitadas. El hecho de no hablar no significa que no tenga deseos de comunicarse. El hecho de ser biológicamente inmaduro no significa que no tenga una vida sexual propia que respetar.



LAS CAUSAS DE LA PEDOFILIA
Poco se sabe de las causas, pero se dice que una de ellas es el aprendizaje de actitudes negativas hacia el sexo, como experiencias de abuso sexual durante la niñez, sentimientos de inseguridad y autoestima baja, con dificultad en relaciones personales; lo que facilita la relación adulto-niño.
En algunos casos de pedofilia resulta beneficiosa la técnica de la desensibilización encubierta, en la que se asocian los factores estimulantes para el sujeto con situaciones aversivas que resultarían de la expresión de sus impulsos; al avanzar el tratamiento se entrena a los pacientes para que imaginen la atracción por mujeres adultas.
Frecuentemente se observa una disminución de la atracción hacia las niñas y una disminución aún mayor en la ansiedad producida por las mujeres.
La mayor parte de los menores víctimas de abuso sexual urbano o suburbano son aprehendidos en jardines públicos, a la salida de las escuelas, en los predios en ruinas o en descampados. La taza relativamente baja de adolescentes-víctimas se explica, en parte, por el porcentaje de uniones contraidas circunstancialmente para ocultar la violación. El menor curioso y sin experiencia del mundo es fácilmente sugestionable por las propuestas y actitudes de un adulto diferente, aparentemente simpático. A veces, las malas condiciones de vida familiar llevan al menor desamparado a vagar por las calles, en busca de un padre o de una madre imaginarios, que acaban por encontrar, dramáticamente, en la persona del pedófilo.
Véase: http://www.monografias.com/trabajos11/pedofil/

viernes, 30 de octubre de 2009

LOS VICTIMARIOS.


Abordar el tema de los victimarios nos remite inexorablemente, cuando de abuso y violación infantil se trata, a iniciar el recorrido repasando brevemente el lugar de las víctimas y las dificultades que se nos presentan.

Es ampliamente conocido que el más severo de los maltratos infantiles es el mal llamado abuso sexual infantil, que no debemos temer nominar como violación infantil, y que constituye sin lugar a dudas un delito penalizado por la ley.

El abordaje del mismo suele centrarse en el diagnóstico del niño, niña o adolescente que se sospecha ha sido víctima de dicha agresión. En este contexto me pareció interesante profundizar un poco en relación a los diagnósticos de abuso infantil y precisar algunas definiciones y contextos, la definición clínica, si bien está en relación con la definición legal, está enfocada al impacto traumático de las experiencias en el niño, niña o adolescente.Estos impactos traumáticos dependerán de la comprensión y del significado que atribuya a los comportamientos abusivos, atributos que pueden modificarse durante el proceso evolutivo.


Lo importante es tener en cuenta que, aún en ausencia de efectos traumáticos observables, el niño, niña o adolescente debe ser protegido de futuros abusos (definición de Servicios de Protección Infantil) y que este tipo de comportamientos constituyen un delito (definición de la Justicia Penal)Existen tres características que definen los comportamientos abusivos:

a) las diferencias de poder que conllevan posibilidad de controlar a la víctima física o emocionalmente;
b) las diferencias de conocimientos que implican que la víctima no pueda comprender cabalmente el significado y las consecuencias potenciales de la actividad sexual; y
c) la diferencia en las necesidades satisfechas: el agresor/a busca satisfacer sus propios impulsos sexuales

Desequilibrio de poder
El desequilibrio de poder implica que el agresor/a controla a la víctima y que el encuentro sexual no ha sido planeado ni realizado de manera consensuada. Este desequilibrio puede deberse a relaciones de parentesco, vínculos jerárquicos y de autoridad, a la diferencia de estatura, tamaño corporal y/o fuerza física que permite que el agresor/a pueda manipular al niño, niña o adolescente mediante la intimidación y/o la coerción física y/o emocional, mediante sobornos, promesas o engaños.Diferencias de conocimientosSi una de las partes implicadas (el agresor/a) tiene conocimientos más avanzados acerca del significado y los alcances del comportamiento sexual, se pueden considerar abusivos los hechos investigados.


El mayor grado de conocimiento puede deberse a que, evolutivamente, está más desarrollado o a que, es más inteligente que su víctima. Esta cuestión se presta a polémicas en relación al tope de edad que se establece para determinar que un niño o una niña haya sido victimizado/a, si este tope tiene que ser diferente para los niños que para las niñas. Es polémico también en relación a cómo considerar los comportamientos sexuales entre una chica de 16 ó 17 años y un muchacho de 20 ó 21 (cuando se producen sin que mantengan una relación afectiva).

Sin embargo, no existen dudas cuando la persona involucrada en estos comportamientos tiene algún tipo de retraso madurativo o de minusvalía física o emocional. En estos casos no importa si la víctima tiene la misma edad o si es mayor que el agresor/a.

Diferencia en las necesidades satisfechas
Es sabido que en los casos de abusos sexuales a niños, niñas o adolescentes el objetivo de los comportamientos no es la gratificación sexual mutua. Lo habitual es que el agresor/a esté satisfaciendo exclusivamente sus propias necesidades sexuales. Esta gratificación diferencial ocurre más allá de que el agresor/a consiga excitar sexualmente a la víctima.Al ser el agresor/a más poderoso/a que el niño/a puede imponer comportamientos sexuales que pueden resultar dolorosos, intrusivos o abrumadores.

Puede además, para que no se resista, ya que éste carece de conocimientos suficientes sobre las implicancias sociales y personales que tiene involucrarse en este tipo de acercamientos, lo que determina la incapacidad del niño/a para consentir dichas conductas. Por otro lado, más allá de los comportamientos y formas en que se manifieste un abuso o violación sexual, el objetivo central es la gratificación del agresor/a, principalmente en relación al placer que le produce el sometimiento, que va más allá de la gratificación sexual genital.En este punto podemos adentrarnos en la figura del agresor, que como sabemos no está aún tipificada, y que resulta muy difícil de delinear de modo taxativo

La tangente siempre se diseña en favor del violador de modo tal que pueda eludirse la palabra violación acompañada en el imaginario social por la figura del victimario. De ese modo se pueden deconstruir las premisas ideológicas de quienes escuchan que no ignoran quiénes violan pero que ideológicamente eligen no reconocer. Así se recurre a la expresión abuso sexual internacional e hipócritamente avalada. Complemento del agotamiento al hablar del abuso surge el mito del abusador abusado”Aquí nos adentraríamos en un terreno peligroso, y continúo citando a la Dra. Giberti: “Se pretende fundar una política que alivie la responsabilidad de quien delinque contra niños y niñas. Carece de toda ingenuidad recurrir a la tesis de la repetición compulsiva, que practicaría el violador, asociándola a la postura de la mimesis, es decir, de la imitación que describió Girard en su planteo del chivo expiatorio, apuntando a una imitación recíproca: el abusador/violador estaría convirtiéndose en el doble de quien lo victimizara, es decir, se busca crear la cadena en la cual ese sujeto sería solo un eslabón repetido y repitente de la cadena en la cual está fatalmente inmerso.

A él lo violaron, luego él violará, incluyéndolo de ese modo dentro del circuito determinístico.”Este es un camino resbaladizo, es cierto que los abusadores han sido niños abusados, probablemente si, pero eso no significa que no son delincuentes y que tienen plena conciencia de sus actos, y por lo tanto merecen su castigo en prisión.

No podemos siquiera pensar en utilizar esto como atenuante, sí, nos debe llamar a la reflexión respecto, a como proceder cuando se detecta una situación de abuso infantil, qué se debe hacer, cómo se debe intervenir, como tratar las secuelas postraumáticas. Debemos tener bien en claro que siempre deja secuelas y que no podemos predecir la gravedad de las mismas.No podemos decir que todo niño o niña victimizados/a será un futuro victimizador/a, no se puede simplificar de esta manera una temática sumamente compleja. Esta es una idea que tortura a muchos padres y madres de niños que han sido víctimas, la pregunta aparece siempre, será luego él o ella un victimario/a. No es algo inexorable, inevitable, determinado… de ninguna manera, lo que sí es sumamente importante, es como se interviene con ellos, que tipo de tratamiento se implementa. Muchas veces hemos escuchado, es chiquito, se va a olvidar, seguramente no se acuerda, como puede saber si “no entiende”. Nada más alejado de la realidad, en esto debemos ser muy claros, no hay manera que no deje huella, sí podemos decir que lo que se haga después determinará el tipo de daño que dejará.


El tratamiento del abuso infantil involucra a toda la familia, a los adultos protectores y está ligado al castigo al agresor, fundamental, para la normal evolución del tratamiento.Si debiéramos describir características que hemos hallado durante todos estos años de tarea, en los que nos hemos encontrado con muchos agresores de niños/as, cara a cara, tanto durante el proceso de evaluación de los pequeños/as, como de ellos mismos, o durante el proceso de juicio oral, nada define mejor que el título de esta ponencia, al que le agregaría la palabra complejas, es decir las complejas máscaras del abusador. La idea de máscara, doble cara, doble fachada, está siempre presente. Lejos está de la idea de un sujeto aberrante, monstruoso, deformado, que asusta cuando se lo ve; todo lo contrario, se trata de un señor o señora, que tiene el mejor concepto en el vecindario, buen profesional, comerciante o lo que sea a lo que se dedique, amable, simpático, siempre bien dispuesto, incluso durante el proceso en el que se lo está investigando.

Cuántos errores se han cometido por esta mascarada, cuantos niños y niñas han sido victimizados una y otra vez porque los funcionarios e incluso los colegas no podían creer que un señor tan “buen padre” fuera capaz de semejante barbaridad.Me gustaría aquí incluir un párrafo escrito por la Dra. Giberti vinculado al caso descubierto en Mendoza: “La sombra de la figura del padre se cierne sobre esta semantización híbrida, blandengue y confusionante, buscando preservar la figura sacrosanta del progenitor. Que cuando es realmente padre no precisa ser salvaguardado, porque se alcanza a sí mismo en su textura proteccional y orientadora de sus hijos. Pero los reproductores masculinos de la especie no son necesariamente padres, sino que históricamente se recrean como violadores de sus hijas. Esta afirmación genera problemas en el ordenamiento patriarcal de las sociedades y siempre arriesga que las almas buenas –bienaventuradas y respetadas sean– salgan al cruce con la afirmación: “¡Es una exageración! ¡Yo nunca conocí a alguien violada por su padre!”. Así será porque durante siglos se silenció el tema y actualmente se busca digerirlo a partir del monstruo –lo espectacular al borde del linchamiento– y del abuso –la tibieza de la letra b, apenas sostenida entre los labios semicerrados al pronunciarla, la antítesis perfecta del desgarro brutal contra la genitalidad de la niña-. Ni monstruo ni abuso: incesto contra la hija niña, que, para el colmo de su horror, desde el comienzo de su vida aprendió a amarlo.” Debemos tener en claro, que un “padre” que utiliza a su hija o hijo como objeto sexual NO ES UN PADRE.

Si nos adentramos en una evaluación más profunda de personalidad de los agresores, allí también nos encontramos con dificultades, debemos hilar muy fino para descubrir los indicios en las técnicas.Preponderantemente hemos visto, signos de inmadurez psicosexual, es decir sexualidad infantil, rasgos perversos, y muchas características psicopáticas, pero generalmente en una estructura de base neurótica, que cuando la evaluación es analizada por profesionales sin la suficiente experiencia o influenciado por la doble cara puede llevar a resultados nefastos para las víctimas. Lamentablemente hemos tenido varias experiencias de este tipo, incluso recuerdo haber presenciado, como perito de parte una toma pericial en sede judicial que jamás olvidaré por lo inconsistente de la misma y con resultados absurdos, que obviamente objetamos y que aún está en trámites.Para describir un poco más al agresor, debemos recorrer los aspectos de la psicopatía que consideramos se encuentran en los abusadores de niños/as.Sabemos que los psicópatas se caracterizan básicamente por su desprecio hacia las normas establecidas por la sociedad.

Carentes de principios morales, sólo valoran a las demás personas en la medida en que puedan serles de alguna utilidad práctica, de modo que no tienen reparo alguno en atropellar los derechos ajenos cuando estos representan un obstáculo para el logro de sus propósitos. Su falta de sentimientos de culpa se traduce en todo tipo de justificaciones para sus actos, de modo que el psicópata se muestra a si mismo como incomprendido o víctima de la sociedad, guiándose siempre por sus propias reglas y no admitiendo nunca el menor remordimiento o vergüenza por sus atropellos. Son depredadores infrenables e imposibles de tratar en quienes la violencia es planeada, decidida y carente de emociones.Cleckley enumera los siguientes rasgos característicos de las personalidades psicopáticas: atracción superficial; ausencia de ansiedad neurótica; ausencia de trastornos del juicio; irresponsabilidad; conducta antisocial habitual, inadecuadamente motivada; buena inteligencia; falta de remordimiento y vergüenza; incapacidad para amar; incapacidad de aprender con la experiencia; falta de autocrítica; reacción desproporcionada o fantástica al alcohol; pobreza de reacciones afectivas; fracasos frecuentes e inexplicables; y, por último, falta de sinceridad.

En resumen, el psicópata tiene poca capacidad para adaptarse satisfactoriamente al medio ambiente, es voluble, egocéntrico, muestra un predominio de las tendencias instintivas y una deficiente disposición para amar. Los tipos psicopáticos formulada por K. Schneider, autor que con más rigor ha descrito los rasgos de las personalidades psicopáticas, define una serie de grupos. Todos estos grupos se presentan no sólo en diferentes grados de intensidad, sino también en todas sus combinaciones. Dentro de estos grupos destacamos los que hemos hallado de modo recurrente en los violadores de niños, niñas y adolescentes:- Psicópatas explosivos. Son aquellas personas que, ante el motivo más insignificante, montan en cólera y pierden el autocontrol. Cualquier palabra les ofende, determinando inmediatamente una respuesta insultante o agresiva. Fuera de estas reacciones, tales individuos son casi siempre tranquilos y dóciles. Con frecuencia, muestran una gran sensibilidad al alcohol, desencadenándose con facilidad reacciones explosivas y violentas.- Psicópatas desalmados. Con este nombre se designan las personalidades psicopáticas caracterizadas por un embotamiento afectivo. Son individuos que carecen de sentimientos de compasión, vergüenza, arrepentimiento y conciencia moral. Conocen perfectamente las normas morales, pero no subordinan a ellas su conducta.

La frialdad de sentimientos se manifiesta tempranamente, siendo frecuentes en la infancia la inadaptabilidad escolar, el precoz despertar de la sexualidad, (que podríamos asociar a victimizaciones sufridas) e incluso la comisión de delitos, ya de modo solitario o en grupos junto a otros sujetos asociales. Tienen extraordinaria importancia social estos psicópatas por su acentuada peligrosidad, dando lugar a todo tipo de delitos, desde crímenes brutales hasta atentados contra la propiedad.Respecto a la responsabilidad (v.), la tendencia actual es a considerar a los psicópatas imputables y, por tanto, sujetos a sanción penal, sin tener en cuenta para nada su psicopatía; ya que tales personalidades poseen la facultad necesaria para conocer la punibilidad del hecho y para actuar con arreglo a este conocimiento, aunque los motivos de su actuación radiquen más en el temor al castigo y en el egoísmo que en verdaderos valores morales.En todo lo que venimos desarrollando se desprende inevitablemente la repetición compulsiva del delito, es decir la imposibilidad del tratamiento de estos delincuentes, en este contexto la posibilidad de la creación del la base de datos genéticos creada por ley en nuestra provincia, que incluirá y cito textual “los resultados de los estudios genéticos realizados en todas las investigaciones penales, especialmente, en las que se investiguen delitos contra la vida, la integridad sexual, la identidad o la libertad de las personas” podría convertirse en una herramienta de suma utilidad a la hora de realizar investigaciones.

La información de esta base de datos será secreta, y solamente se encontrará disponible para jueces, fiscales y defensores intervinientes en relación con las causas en que se encuentren investigando a los fines de que los tengan como prueba y puedan cotejarlos con otros datos.Por otra parte, la ley instituye la creación del Registro de Condenados por Delitos contra la Integridad Sexual, en la órbita del Ministerio de Justicia provincial, que almacenará los datos personales de todos los condenados por delitos sexuales que se encuentren con sentencia judicial firme. Me gustaría detenerme un instante en este punto. Es sumamente importante que esto se implemente, pero no podemos perder de vista algunas cuestiones: muchas situaciones de violaciones de niños, niñas y adolescentes no dejan elementos que permitan ser incluidos en una base de estas características, es decir no hay fluidos, u otros elementos para ser registrados, solo hay dolor y vidas de niños y niñas truncadas en su desarrollo, cómo podríamos registrarlos…Lo que si me parecería un avance y debo decir que hace mucho tiempo que desde nuestra institución lo venimos pensando, es el registro con nombre y apellido y todo dato filiatorio posible de los sentenciados por estos delitos, pero considero que debería ser de pública consulta no solo accesible a determinados actores, ya que de existir, podríamos haber evitado un sinnúmero de casos, y nos consta desde nuestra práctica, desconozco cuales serían los impedimentos legales para que esto fuera así, pero si los hubiera, sería tarea de nuestro legisladores poder allanarlos, creo que los niños, niñas y adolescentes lo merecen.

La Lic. María Beatriz Müller, es presidenta del comité organizador del II Congreso Internacional Violencia, Maltrato y Abuso, que se desarrollará del 12 al 15 de Noviembre de 2009, en la Facultad de Psicología y Psicopedagogía de la Universidad del Salvador y Teatro Nacional Cervantes'

miércoles, 28 de octubre de 2009

ABUSO SEXUAL INFANTIL CON FINES DE LUCRO


A principios de año, Charles Soderman, ciudadano estadunidense originario de Florida, tomó un vuelo a Arizona para cruzar a Sonora como turista. Venía por sexo.
“Voy por un niño de entre seis y nueve años de edad”, dijo a un agente encubierto de su país que se hacía pasar por proxeneta.
En declaraciones judiciales a las que tuvo acceso MILENIO, Soderman reveló que quería cruzar la frontera para “conseguirse un niño”, para lo cual pagó al oficial 600 dólares con los que se financiaría un tour a un hotel mexicano donde la especialidad eran los menores de edad “a la carta”.
“Quiero ir en tour sexual (a México). Ahí he tenido sexo oral”, dijo Soderman al agente mientras planeaba el viaje.
El 20 de febrero, cuando desembarcó en Yuma listo para cruzar a México, Soderman fue detenido por oficiales federales bajo los cargos de ser “depredador sexual” y ahora podría ser condenado a hasta 20 años de prisión.
El de Soderman es el caso de un pederasta ingenuo que se delató a sí mismo. Porque otros ni siquiera entran al radar de las autoridades. Hoy México se ha convertido en foco rojo de trata de personas en el planeta, un país que ha sido calificado por activistas como la “Tailandia de América Latina” y en el que hay una “seria crisis” en este rubro, según coinciden las Naciones Unidas, la Organización Internacional para las Migraciones y el gobierno de Estados Unidos.
El país ocupa el lugar 25 mundial con más casos de trata de personas (20 mil), según la Organización Internacional para las Naciones Unidas, y es el quinto país de Latinoamérica con más víctimas, sólo debajo de Brasil, Colombia, Venezuela y Cuba.
Y las garantías de impunidad para los tratantes son casi absolutas como resultado de un marco jurídico deficiente.
Pese a la existencia desde 2007 de una ley contra la trata de personas —cuyo reglamento sólo se aprobó hasta febrero de 2009—, la legislación presenta huecos explotados por el crimen organizado, de acuerdo con especialistas.
A la fecha sólo cinco estados del país penalizan de forma directa este delito, en línea con los protocolos internacionales.
Acorde con la ONU, sólo el Estado de México, Chihuahua, Guerrero, Sonora y Zacatecas han aprobado leyes que explícitamente castigan la trata de personas —un fenómeno de reconocimiento relativamente reciente— y cuentan con unidades en sus procuradurías para atender a víctimas del fenómeno.
En tanto, en el resto del país las leyes para combatir este delito son de carácter limitado. Un total de 14 entidades cuentan con leyes parciales que sólo penalizan la prostitución forzada o el abuso de menores, pero sin considerarles potenciales víctimas del crimen organizado y menos aún sin destinar fondos a la atención de personas afectadas por el fenómeno.
Otras ocho entidades, por el contrario, tienen pendientes sus reformas legales o ni siquiera castigan un delito que cada año involucra a alrededor de 20 mil mujeres y niñas mexicanas y extranjeras —desde centroamericanas, sudamericanas, asiáticas y europeas— en el mercado negro de la prostitución.
Entre quienes no penalizan la trata de personas o tienen lagunas legales de consideración están Campeche, Yucatán, Veracruz, Durango, Nayarit, Tabasco y Tamaulipas.
“Nuestras leyes contra la trata de personas tienen deficiencias gravísimas y prueba de ello es que no se ha podido sentenciar un solo caso después de dos años de que la ley federal fue aprobada”, aseguró Teresa Ulloa, directora de la Coalición contra la Trata de Personas en América Latina y el Caribe.
—¿Ha habido tortuguismo?
—Mucho. Hay muchos intereses en el gobierno para que esto no se detenga.
***
La ONU define la trata de personas como el reclutamiento, secuestro o transporte de personas contra su voluntad mediante el uso de fuerza, amenazas, coerción, fraude o engaño, generalmente para fines de explotación sexual.
Pero dentro entre las organizaciones no gubernamentales internacionales parece haber también un consenso de que en buena parte de México no existe una diferenciación clara entre tráfico y trata de personas, lo que deja al crimen organizado la posibilidad de actuar sin temor al castigo.
Mientras el primer fenómeno se refiere a la gente que accede a viajar a otro país con la ayuda de un pollero, el segundo se identifica con personas que han sido reclutadas contra su voluntad como esclavos sexuales o laborales.
“En México existen inconsistencias legales que limitan la definición de víctima del tráfico de personas, lo que tiene implicaciones negativas para quienes han sido víctimas de la trata de personas”, consideró la Barra Americana de Abogados para el Estado de Derecho.
Aun cuando el gobierno federal ha reconocido que el país enfrenta una crisis en esta materia y ha lanzado iniciativas para enfrentar el fenómeno, las calificaciones internacionales de México han sido pésimas a lo largo de los últimos nueve años.
Pocos avances, efectivos, se reportan en los índices globales, debido a lo que se percibe como un “mal desempeño” o “actuación tímida” de las autoridades mexicanas, según la comunidad internacional involucrada en el combate a la trata de personas.
El Departamento de Estado de Estados Unidos, que año con año emite un reporte sobre la situación mundial de la trata de personas, ha calificado por tres años consecutivos de “muy limitados” y “un fracaso” los esfuerzos para encarar este delito por parte de la administración del presidente Felipe Calderón.
“Un número significativo de mujeres mexicanas, niñas y niños son traficados para explotación sexual”, consideró Washington en 2007. “El gobierno mexicano ha hecho sólo esfuerzos muy modestos para proteger a las víctimas”, sentenció en 2008.
“El gobierno de México fracasó en mejorar sus limitados esfuerzos policiacos contra los tratantes de personas en 2008. No hubo ni procesados ni encarcelados a nivel federal, estatal o local”, deploró en 2009.
En su reporte para este año, Washington insistió en que la principal dinámica en la trata de personas en México es el turismo sexual, una industria creciente y en boga en ciertas partes del país, como lo demuestra el caso de Soderman.
“El turismo sexual, incluido el turismo sexual infantil, presenta una tendencia al alza, en especial en zonas turísticas como Acapulco y Cancún y urbes fronterizas como Tijuana y Ciudad Juárez. Los turistas sexuales extranjeros arriban por lo general de Estados Unidos, Canadá y Europa occidental”, informó el Departamento de Estado.
Víctor Hugo Michel

MILENIO DIARIO

martes, 27 de octubre de 2009

LAS MUJERES Y EL ABUSO SEXUAL.


Cuando hablamos de abuso sexual, regularmente nos referimos a niñas, niños y adolescentes que viven esta situación, y abordamos el tema desde las afectaciones que genera el abuso, en sus vidas.
La otra cara de esto se produce luego que, las personas que viven abuso sexual siendo niñas, niños y adolescentes, crecen y se convierten en jóvenes y adultas/os que regularmente también llevan consigo la carga de la secuela traumática, misma que muchas veces se ve complejizada en el transcurso de su vida, por la continuación del abuso o por otros eventos violentos, como la violencia conyugal.
Son sobre todo mujeres jóvenes y adultas, quienes acuden en busca de apoyo, a la consulta psicológica; cuando sienten que ya no pueden más con las crisis, -aunque no pueden darle un nombre aún- o cuando asumen que es la hora de poder echar fuera el peso del recuerdo que les atormenta y que se encuentra en su mente, en su cuerpo, en su sexualidad, en su actitud ante la vida, es decir que sienten que les marca toda la vida.
Tomar la decisión de buscar una alternativa de atención no es fácil para las mujeres, sobre todo si tomamos en cuenta que, el abuso sexual que han vivido es para ellas “el secreto mejor guardado”, de tal forma que no solamente lo han mantenido en silencio por años, sino que han recurrido al mecanismo de la disociación para no recordarlo, para no sentir el dolor, el temor, la culpa, confusión y vergüenza por el abuso vivido.
También resulta difícil tomar la decisión de acudir a la consulta psicológica, porque la confianza que el abuso sexual ha quebrantado, les limita para considerar que es posible acudir a alguien para romper el silencio. En una correspondencia de desconfianzas, es el temor a no ser creída en la consulta, lo que igualmente le lleva a no creer en ese espacio.Sin embargo, desde que estamos hablando de abuso sexual en Nicaragua, cada vez más mujeres jóvenes y adultas están acudiendo en busca de apoyo para sanar sus heridas, con lo que demuestran toda la valentía que tienen para sobrevivir al abuso y para iniciar un proceso que les lleve a reconstruir sus vidas.
Casi siempre, en la primera sesión las mujeres muestran titubeos para llevar adelante un proceso que, cuando se los expongo, les resulta tortuoso y largo. Por lo regular se quedan para avanzar, otras prefieren tratar antes su situación de violencia conyugal o intrafamiliar; para luego tener mayor fortaleza para tratar el abuso sexual.Vivir el proceso terapéutico es una experiencia muy difícil, porque es tocar las heridas que el abuso ha dejado, aprender a reconocerse, a confiar en sí misma, a aceptar la cercanía de la niña o adolescente que fueron, y que a pesar de haber vivido el abuso, no dejó de ser niña. A pesar de esto muchas de ellas la sostienen hasta el final y aunque a veces algunas me han dicho “ya no quiero más… me quiero olvidar de todo y dejar esto atrás”, igualmente, toman la decisión de continuar en su proceso hasta concluirlo.
El proceso terapéutico trata siempre de promover la identificación de sus propias fortalezas, la recuperación de sus poderes; que le han sido expropiados por el abuso sexual. Una de las experiencias más asombrosas de tratar con sobrevivientes de abuso sexual, es como ellas mismas pueden conducir su proceso y definir hacia dónde ir en él, cuál es el ritmo que van a llevar de acuerdo con sus propias fortalezas, recursos y condiciones.Evaluar cada cierto período los avances, es un paso importante en su proceso, porque ellas mismas lo van asimilando como un factor de crecimiento, que les permite valorar los logros, las dificultades y limitaciones y sobre todo establecer claramente los cambios que son capaces de construir en ellas mismas.
Esto es algo que no sólo ellas piensan, sino que tienen como principal referente lo que dicen las personas a su alrededor, la familia, las amistades; cuando se refieren a estos cambios.A las que se retiran y dejan su proceso inconcluso, siempre les digo que no deben tomarlo como una acción de cobardía, ni de ser mujeres inútiles; en todo caso lo único que deben hacer es reflexionar sobre el paso que dieron al iniciar un proceso que luego pueden retomar con mayor fortaleza, cuando se sientan más preparadas para hacerlo.En algún momento, una de estas mujeres que ha concluido su proceso terapéutico, ha dicho: “ahora, cuando recuerdo cómo vine yo aquí por primera vez y todas esas primeras veces; puedo ver la diferencia en mi vida y me doy cuenta de cuánto he crecido y de cuantas cosas he sido capaz de superar, siento que he sido yo quien hizo esto,…eso me llena de satisfacción porque puedo ver la vida de otro modo”.

Lorna Norori Gutiérrez**Psicóloga.

lunes, 26 de octubre de 2009

EL ABUSO SEXUAL INFANTIL, UN HORRENDO CRIMEN QUE CONSENTIMOS.


Desde el saber de las ciencias sociales siempre se ha reconocido que los dos segmentos etarios más frágiles y expuestos a sufrir daños irreparables y hasta la misma muerte, son los niños y los ancianos.
Los primeros porque su vulnerabilidad física y emocional obedece a su incipiente e inconcluso grado de desarrollo, y los segundos porque en el atardecer de la vida aquel desarrollo se ha convertido en su propia debilidad, acechada por las enfermedades y la finitud que inexorablemente determinan los años. Los primeros pueden resbalar por falta de firmeza en una escalera o caerse en plena calle por sus propios achaques, y sufrir daños físicos sin solución. Los segundos, precipitados y pletóricos de energía, tal vez crucen corriendo distraídamente una esquina o se zambullan irreflexivos en un torrente tempestuoso, perdiendo -por la impredecible lógica del accidente- la vida que no llegaron a vivir.

Esto es así en todas las sociedades del mundo y casi se diría que es propio de la condición humana. Es muy poco lo que se puede hacer para remediarlo. Desde hace un tiempo, aunque con una repitiencia pavorosa en los últimos meses, contemplamos azorados e impotentes un mal mucho mayor, acaso la vejación más alevosa que pueda sufrir un ser humano: el abuso sexual de menores. Los casos se repiten casi a diario no sólo en las ciudades sino también en parajes remotos del interior, muchas veces con una vesania verdaderamente asqueante. La crónica periodística refleja estos horrendos sucesos con azorada seriedad, pero no logra provocar el escándalo y la reacción colectiva. Simplemente puede y debe mostrarlos.

Es preciso reconocer en ello un imprescindible gesto de sinceramiento, porque todos sabemos que por décadas estos desgraciados temas se silenciaban, muchas veces por la vergüenza o pudibundez de las víctimas y otras por un ocultamiento cómplice que nos hacía creer que nuestra sociedad era moralmente sana y que aún no estaba inficionada por estas depravaciones tan compatibles con la degradación de las costumbres, la pérdida de muchos de nuestros valores esenciales, y ese permisivismo falazmente libertario que nos ha hecho renegar del orden natural.

El rey andaba desnudo por la plaza pero nadie se animaba a gritarlo. La casuística es en verdad compleja pero siempre resulta posible enumerar los perfiles más frecuentes de esta lacerante realidad. A la cabeza se ubica desde luego la más denigrante de estas prácticas de diabólica perversidad: el abuso sexual paterno filial (padres que abusan de sus hijas núbiles o más pequeñas aún y hasta llegan a sodomizar a sus indefensos hijos varones; otras prácticas de no menor perversidad de progenitores que obligan a sus hijas, sin llegar a la violación, a provocarles mezquinas y deleznables autosatisfacciones; y madres que amenazadas e incluso golpeadas que son forzadas al silencio, una forma larvada de complicidad que de hecho las convierte también a ellas en abusadoras, aunque pasivas).
Se han dado con frecuencia casos, que también ocurren en el seno de los hogares, de empleadas domésticas con idéntico perfil de perversión, que manosean u obligan a niñas y niños pequeños que quedan a su cargo, en ausencia de sus padres, a “juegos” parasexuales inequívocamente abusadores. Un segundo escalón del abuso sexual compromete a adolescentes, que formalizan patotas patológicas para realzar su supuesto machismo o virilidad y llegan a violar a compañeritos menores. La gradación de la ignominia del abuso no se atenúa cuando la víctima es una alumna encerrada en un aula vacía, que es vejada con violencia por estos grupitos desprovistos de todo hiato moral. Estos jóvenes reproducen, a 30 años de distancia, la malévola saga del enajenado protagonista de “La naranja mecánica”: un juego de sexo y violencia en el más absoluto de los descontroles. Finalmente están los abusos horrendos de los depravados, que sorprenden a una menor en algún descampado, en un camino vecinal, en medio del monte o acaso en un lóbrego solar abandonado. En todos estos casos la violencia es consustancial al abuso, que constituye en sí mismo el mayor acto de violencia contra un ser humano. La psicología avisa, con certero diagnóstico, que es mucho mayor el trauma que acompañará de por vida al abusado que el daño físico provocado. ¿Cómo podría un niño abusado por su padre mantener intactos sus mecanismos de “identificación”, tan elementales para mantener la sexualidad de su género?
Es muy probable que en su adultez repita la historia, en un claro mecanismo de compensación. ¿Cómo podrá una niña considerar a su madre como su espejo, después de haberla visto mirar cómo la violaba su progenitor? La herida narcisística recibida (con frecuencia decenas de veces) la acompañará de por vida. Todas estas laceraciones que tanto nos conturban como sociedad nacen en permisivismos o desviaciones que arrancan inexorablemente en la casa o en la escuela. Y constituye un grave error echarle la culpa de todo al gobierno, una costumbre demasiado afirmada en el país todo. Es muy poco lo que puede hacer. No se puede edificar una política de estado para controlar la condición humana. Pero al menos se trabaja con contención y perseverancia sobre las víctimas. Son numerosas las instituciones tanto oficiales como privadas que trabajan en la prevención de los niños y niñas abusados, con conmovedora generosidad. El abusador ya está lamentablemente entre nosotros. No podemos predecir cuándo pegará el próximo zarpazo. Ni clamando al cielo ni exigiendo más protagonismo al gobierno esta lacra desaparecerá.

Si todos nosotros, en lugar de escandalizarnos con cada noticia de un abuso sexual, no cargamos sobre nuestras espaldas, en conjunto, la pesada mochila de que este drama es patrimonio del colectivo social, que es la comunidad la que debe tomar conciencia, que el daño que inflige un abusador no es sólo contra el niño o niña abusado sino contra todos nosotros, deberemos concluir en que nunca podremos hacer nada contra este flagelo. Pero si, por el contrario, nos abroquelamos como Fuenteovejuna y reconstruimos entre todos nuestra esencial escala de valores, es entonces muy probable que aquella ominosa profecía de Gelman jamás nos alcance.
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Director Editorial: Lic. Gustavo Eduardo Ick
Santiago del Estero / República Argentina

EL GRAN DESAFIO ES ATREVERSE.


El abuso sexual infantil (ASI) es uno de los aspectos más dolorosos en lo que respecta a vulneración de derechos de niñas, niños y adolescentes.

Es evidente que en todo el espectro del desempeño profesional se ha avanzado en la consideración y el debate de esta temática y por la publicidad dada a esta tipo de hechos se logro una mayor sensibilidad social, sin embargo la detección y asistencia se realizan aún hoy en un marco de prejuicio y desconocimiento.


La experiencia clínica y diversas investigaciones muestran que los autores de los abusos son, en más de un 80% de los casos, adultos conocidos de la víctima y en su mayoría, miembros de la familia.Si bien es fácil explicarle a un niño/a que debe desconfiar de personas extrañas, es mucho más difícil cuando lo que se le debe explicar es que debe estar atento y ser crítico hacia el mundo adulto en general y los miembros de su familia en particular. Esto produce una gran confusión y sentimiento de desprotección.

El abusador sabe que esta transgrediendo y se protege como todos los delincuentes para no ser descubierto. Su alternativa es imponer la "ley del silencio". La víctima, al ser un menor, inmaduro y dependiente, a merced del adulto que tiene una posición de poder o autoridad sobre él, queda indefenso ante esta situación, termina aceptando y adaptándose a ella para sobrevivir, esto se denomina "acomodamiento de la víctima".

Es para destacar que este fenómeno atraviesa todos los estratos sociales, económicos y culturales, como dice la doctora Intebi, ocurre "en las mejores familias".Hay que tener en cuenta que los que los niños/as tienden a ocultar los hechos por vergüenza, sentimiento de culpa, amenazas de castigo o el miedo a no ser creídos, lo que contribuye a que el abuso siga manteniéndose en un hermetismo difícil de develar, por eso cuando un niño/a relata, siempre hay que creerle.


¿Qué se debe hacer si se sospecha o se conoce un caso de ASI?

Tener en cuenta que nunca se debe trabajar solo, hay que denunciar siempre, el silencio sólo protege al abusador.Es de vital importancia como medida preventiva, la educación sexual desde temprana edad,el conocimiento del cuerpo y el concepto de lo que es intimo, privado.Hay mucho por hacer, recién la sociedad esta tomando conciencia. En un tema en el que no se puede andar con posturas tibias, no no debemos perder de vista que los únicos que no tienen voz propia son las víctimas.Todo lo que podamos hacer desde nuestros lugares de trabajo, desde nuestros hogares, por poco que parezca, significará un gran avance en esta lucha por los derechos de nuestros niños y niñas.


El gran desafío de Atreverse es arriesgarse a decir o hacer algo, y cuando de abuso sexual infantil hablamos es arriesgarse a ir del silencio al grito. El abuso sexual infantil es un delito que se produce puertas adentro, en el marco de una relación de poder, de confianza, donde quien abusa en general tiene un deber de cuidado y de protección, por ello es posible el engaño y el abuso propiamente dicho.En el abuso el adulto usa a los niños, niñas y/o adolescentes, no respetando sus intereses, la propiedad de sus propios cuerpos, sus necesidades y derechos, sometiéndolos para su propia satisfacción sexual.

El abuso sexual infantil incluye: llamadas telefónicas obscenas, imágenes pornográficas, ofensa al pudor, contactos sexuales, manoseos, violación, incesto, voyeurismo y/o prostitución del niño.

Los niños, por su condición de tales, no pueden dar su consentimiento, por ello se convierten en víctimas, no pueden darse cuenta de que esta experiencia no es normal.

El abuso sexual es un problema innegable que provoca hondas repercusiones, en las víctimas y en su entorno afectivo; es un daño que se proyecta en su vida futura, humilla, quita la esperanza, la autoestima, la proyección de futuro.

Si bien muchas víctimas desarrollan conductas que les permiten vivir sin presentar serios trastornos, ello no significa que las situaciones traumáticas vividas se olviden.

Por ello es necesario acompañar y atender la crisis familiar que se produce cuando se rompe el secreto, desde el trabajo en equipo e interinstitucional en red, sumándose la intervención legal que juega un rol reparador para las víctimas. No hay posibilidad de cura sin justicia. La sanción social civilizada ayuda en la reconstitución psíquica de la víctima.Atreverse también es creerles, y éste es el primer paso protector y reparador. Esta es una responsabilidad de todos como integrantes de la sociedad y garantes de los derechos de los niños. ¿Seremos capaces de esto? ¿Nos atreveremos?


Hay maestras que enseñan a leer, a escribir, promueven valores, hacen bandera de la vida en familia, y tantas otras cosas que a diario proponen en sus aulas; pero también hay docentes que descubren cambios de hábitos en el comportamiento de sus alumnos.

Y hasta son las primeras en ver las marcas que deja en sus cuerpitos el abuso sexual al que son sometidos muchos de los niños.

También hay "seños" a las que les ha tocado oír de la boca algún alumno/a como es que el "novio de su mamá" se toca las partes íntimas mientras los observa, estando su madre dormida.

Las anécdotas están "suavizadas" con el fin hacer circular información que está cerrada bajo siete llaves y que hemos considerado importante compartir con el fin de quitarle velos a un tema que todavía los tiene, pero que ha comenzado a recoger los frutos de ir quitándolos, a medida que se los denuncia, se castigue a los culpables, como así también se asista a las víctimas y a su familia.

Este desgraciado y criminal fenómeno no es exclusivo de ninguna clase social, lo saben quienes tratan a diario con un cúmulo de información discrecional que les permite asegurar que no han faltado casos de abusos escalonados -por ejemplo- de un progenitor de "familia bien" con tres de sus descendientes.


La angustia que provoca en las víctimas este tipo de acontecimientos que suele ser soportado por largos años, cuenta en ciertas ocasiones con conflictos de credibilidad.


Entre ellos, las estadísticas demuestran que un 95% de los abusos denunciados, tienen como imputados a personas del entorno intrafamiliar. Allí se ubican padres, padrastros o "el novio de la madre", "tíos", y hasta "amigos de la familia".


Situación y estadística"Hay más casos, más información que le llega a la sociedad y más denuncias. Son todos abusos que van desde un manoseo hasta la penetración, todos son horrendos", subraya un profesional encargado de tratar diariamente con el tema, pero que no tiene autorización para hablar sobre el mismo, desde que cambiaron las reglas para la Justicia de menores.

Por propia decisión de la víctima, o una mirada aguda del docente a su cargo que nota cambios en el comportamiento o actitudes determinadas del menor en cuestión, se da lugar a un trabajo extraoficial que desemboca en el develamiento tan temido.


Asimismo sostienen que el papel de la prensa en poner en consideración de la opinión pública este tipo de problemáticas, ayuda a que la gente se anime a contarlo, y también se transforme en otra forma de poder fomentar el valor de la denuncia.