domingo, 13 de febrero de 2011

HACER UN BALANCE: DE DÓNDE VENGO?

Los siguientes ejercicios te ayudarán a reconocer las formas como el abuso a moldeado y formado tu vida. En los ejercicios de la sección “¿De dónde vengo?” tendrás oportunidad de mirar tu pasado y nombrar el abuso que sufriste. En “Los Efectos” aprenderás que muchas de las circunstancias con las que luchas en tu vida diaria son un resultado directo de haber sido abusada(o) sexualmente en la infancia. En “Enfrentando” identificarás las estrategias que has utilizado para sobrevivir al abuso, así como mirar los aspectos tanto negativos como positivos de cada una de estas estrategias en tu vida actualmente. Éste es el primer paso para reemplazar patrones autodestructivos para enfrentar el abuso con otros más saludables.

Estas secciones de ejercicios no serán fáciles. Al nombrar el abuso, estarás cara a cara con las experiencias de la niñez que estuvieron llenas de terror, vergüenza y miedo. Mirar directamente los daños requiere que hagas una evaluación dolorosa y honesta del precio que has tenido que pagar por el abuso en tu vida. Encontrarás difícil sentir esperanza cuando mires en la profundidad y extensión de tu dolor; sin embargo, sólo cuando enfrentas las partes de tu vida donde tienes problemas, puedes hacer cambios duraderos. Conforme descubres la fuente de tus peores batallas, descubrirás que no estás loca(o) ni sola(o). Las cosas empezarán a tener sentido. Empezarás a combatir.

¿DE DÓNDE VENGO?

Muchos sobrevivientes han callado memorias de su infancia encerrándolas en un cuarto solitario. Posiblemente tú nunca has hablado con nadie acerca de lo que experimentaste mientras estabas creciendo. Quizá has bloqueado tus recuerdos totalmente (Más adelante habrá un capítulo “Recordando” para hablar sobre amnesia). Tal vez nadie nunca preguntó, o tal vez nunca nadie te hubiera creído. O quizá, tú no pensaste que tenía importancia.

Si has empezado a leer estos ejercicios, tú has estado pensando acerca de las cosas que te pasaron cuando eras más joven. Puedes incluso tener dudas todavía: podrías estar inseguro acerca de si el abuso realmente sucedió, estar incierto acerca de que si la forma cómo abusaron de ti cuenta, o preguntándote si estos ejercicios tratarán acerca de tu experiencia personal.

Muchos sobrevivientes vienen a los talleres preguntándose si ellos realmente califican para estar aquí. Suelen decir cosas como “Sólo sucedió una vez”, o “Fue sólo mi hermano”, o “No hubo realmente contacto”, o “Fue mi madre. Eso no cuenta, ¿o sí?”. Si tus límites fueron violados cuando eras un niño o una niña, aunque haya sido una sola vez, tu experiencia cuenta.

Las siguientes listas para checar son formas para ayudarte a reconocer y nombrar tu experiencia. A pesar que no será fácil, marcar los aspectos que te incumben te ayudará a sentir que tu experiencia importa. (Incluso si tú no fuiste sexualmente abusado pero creciste en un hogar disfuncional con otra clase de problemas, encontrarás un lugar apropiado).

CUANDO ESTABA CRECIENDO

Hay características comunes que existen en las familias donde ocurre el abuso. Posiblemente no experimentaste todas ellas, pero quizá viviste varias de ellas. Si fuiste abusado fuera de casa. Pocas de estas declaraciones se parecerán familiares.

Marca las afirmaciones que tengan que ver con tu infancia. Agrega las que hagan falta.

__ Me siento avergonzado de mi familia. Hay cosas de las que no hablaría.

__ Siempre ha habido muchos secretos en mi hogar de origen.

__ Fui advertido de no hablar de las cosas que ocurrían.

__ A pesar de las cosas malas, siempre hubo muchas cosas buenas en mi familia.

__ Tuve buenas circunstancias en casa; el abuso ocurrió fuera de ella.

__ Por lo menos uno de mis padres, consumía drogas o bebía en exceso.

__ No había nunca dinero suficiente para cubrir las necesidades.

__ Alguien en mi familia era considerado “loco” o “enfermo mental”.

__ A menudo fui humillado y menospreciado.

__ Nunca me sentí respetado como individuo.

__ La mayoría de mis necesidades básicas nunca fue cubierta.

__ Desde una edad temprana tuve que hacerme cargo de alguien en mi familia.

__ Algunas veces yo sentía que era el padre o la madre.

__ Me sentía aislado en mi familia.

__ No se me permitió relacionarme con otros niños de mi edad.

__ Las cosas eran caóticas e impredecibles en mi hogar de origen.

__ Había una gran cantidad de promesas rotas.

__ Fui golpeado(a) de niño(a). Había mucha violencia en la familia.

__ No fui abusada(o) pero presencie cosas terribles.

__ Siempre tenía miedo de que algo terrible fuera a pasar.

__ Me alejaron de mi hogar y me llevaron a un hogar adoptivo o con familiares.

__ Nunca tuve privacidad en lo concerniente a mi cuerpo o las funciones de mi cuerpo.

__ Alguien me hacía comentarios inapropiados, intrusivos, sobre sexo.

__ Fui acariciado(a) o tocado(a) sexualmente por alguien que tenía más poder que yo.

__ Fui obligado a tocar a otra(s) persona(s) sexualmente.

__ Fui abusada(o) sexualmente, pero sólo ocurrió una vez.

__ Fui obligada(o) a realizar sexo oral.

__ Fui violada(o).

__ Fui obligado(a) a mirar a otras personas tener relaciones sexuales.

__ Fui obligado(a) a que se me realizarán procedimientos médicos innecesarios.

__ Fui incitado(a) al sexo o avergonzado con respecto al sexo.

__ Se me dijo que sólo servía para el sexo.

__ Alguien tomó fotos o videos sexuales de mí.

__ Fui vendido(a) por sexo o entregado a otros.

__ Fui forzado a trabajar en pornografía infantil o prostitución.

__ Me lavaron el cerebro o me indujeron a consumir drogas.

__ Fui abusado(a) sexualmente y/o torturado(a) como parte de un ritual.

__ Fui obligado(a) a realizar actos sexuales o violentos contra otras víctimas.

__ No estoy segura(o) si fui abusada(o), pero cuando oigo acerca del abuso sexual y sus efectos, todo eso me suena familiar y aterrorizante.

__ No recuerdo mi infancia, pero tengo este terrible sentimiento de que algo realmente malo me ocurrió.

Escribe las afirmaciones que crees que hacen falta en esta lista.
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Tomado de EL CORAJE DE SANAR, Libro de ejercicios de Laura Davis.

HACER UN BALANCE: NOMBRA AL AGRESOR

Cony Diaz
 HACER UN BALANCE: NOMBRA AL AGRESOR

En los talleres de El Coraje de Sanar, Laura Davis coloca en la pared varias hojas y escribo en el margen superior con letras grandes “Nombra al agresor”. A lo largo del día, los sobrevivientes van a la pared y escriben los nombres de los abusadores con marcadores mágicos en negritas. Algunas veces ellos(as) están temblando, aterrados(as), llorando; algunas veces alguno necesita que un amigo lo acompañe a escribir el nombre de su agresor en la pared; pero escribir el nombre del abusador siempre es una experiencia que te hace sentir poderoso. Algunos sobrevivientes escriben un solo nombre. Otros escriben muchos. Una mujer preguntó si estaba bien si escribía dieciséis nombres. Le respondí [Laura Davis], “Por supuesto”.

Marca las personas que abusaron de ti. Si estás listo(a) escribe los nombres.

__ Fui abusada(o) por mi padre.

__ Fui abusada(o) por mi padrastro.

__ Fui abusada(o) por mi abuelo.

__ Fui abusada(o) por mi tío.

__ Fui abusada(o) por mi madre.

__ Fui abusada(o) por mi madrastra.

__ Fui abusada(o) por mi abuela.

__ Fui abusada(o) por mi tía.

__ Fui abusada(o) por mi hermano.

__ Fui abusada(o) por mi hermana.

__ Fui abusada(o) por mi primo.

__ Fui abusada(o) por una familia adoptiva.

__ Fui abusada(o) por un(a) maestro(a).

__ Fui abusada(o) por un ministro o líder religioso.

__ Fui abusada(o) por un líder scout o un consejero de campamento.

__ Fui abusada(o) por un doctor u otro tipo de personal médico.

__ Fui abusada(o) por un vecino.

__ Fui abusada(o) por un amigo de la familia.

__ Fui abusada(o) por otros niños en el colegio.

__ Fui abusada(o) por un extraño.

__ Fui abusada(o) por un consejero u otras personas que se suponía me ayudarían.

__ Muchas personas diferentes abusaron de mí.

__ Sé que fui abusada(o) pero no sé quién lo hizo.

__ Fui abusada(o) por _______________________

__ Fui abusada(o) por _______________________

__ Fui abusada(o) por _______________________

__ Fui abusada(o) por _______________________

__ (Si no estás muy segura(o)) Creo que podría haber sido abusada por ______________________

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__ Luego como adulto(a), fui abusada(o) por____________________________________________

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Nombrar a los agresores es un acto poderoso. Puede hacerte sentir poderoso y es excitante, o bien, puede ser aterrorizante. Respira profundamente en lo que tomas unos minutos para reconocer cómo te estás sintiendo. ¿Te estás sintiendo regocijado(a) y libre? ¿Lleno(a) de pánico y temeroso(a)? ¿Entumecido(a) e inseguro(a)? O una combinación de todo esto junto.

(titula una hoja como sigue y a continuación escribe el nombre o nombre del abusador(es)) NOMBRA AL ABUSADOR

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Si tienes miedo ahora, estás teniendo una reacción natural a nombrar al abusador. Al romper el silencio, estás terminando con el tabú del secreto que te ha mantenido bajo control. (Más adelante habrá una sección de ejercicios acerca de “Romper el silencio”). Recuerda que no tienes que mostrar estos ejercicios a nadie hasta que estés lista(o). Si te sientes abrumada(o), regresa al ejercicio llamado “Cosas que hacer cuando estás abrumada(o)” de la sección Lidiando con las crisis.

REFLEXIONES: ¿De dónde vengo?

Sanar requiere regresar y enfrentar el dolor de tu niñez. Nombrar lo que te sucedió es crucial. Te permite reclamar el hecho de que fuiste lastimada(o) y pone fin al solitario silencio que ha envuelto tu experiencia. Aun cuando te da poder, escribirlo puede ser aterrador. Es importante que cuides de ti y busques ayuda si te sientes vacilante.

Aquí hay algunas preguntas para ayudarte a evaluar tus sentimientos presentes, tus metas y necesidades entorno a nombrar el abuso.

• ¿Qué sentimientos tuve mientras trabajaba a lo largo de estas listas?

• ¿Qué estoy sintiendo ahora? ¿Qué sensaciones estoy sintiendo en mi cuerpo?

• ¿De qué edad me sentí mientras trabajaba en estas listas? ¿De qué edad me siento ahora?

• ¿Qué fue difícil para mí al completar estos ejercicios? ¿Qué fue confuso? ¿Qué no entendí?

• ¿Qué aprendí? ¿Qué compromisos he hecho? ¿Qué pasos tengo que dar?

• ¿Qué hice de lo que estoy orgullosa(o)?

• ¿Qué queda pendiente todavía para mí? ¿Qué, si lo hay, quiero volver a revisar o darle seguimiento?

• ¿Qué necesito hacer para cuidar de mi misma(o) en este momento?

Espera los siguientes ejercicios acerca de Los efectos: ¿Cómo cambió mi vida?
tomado de EL CORAJE DE SANAR, Libro de ejercicios de Laura Davis.

LECTORA DE TU BLOG

Hola, leí parte de blog, en especial la entrada titulada " Testimonio de una víctima" y me encantó por lo muy indentificada que me sentí. Quise publicar un comentario, pero me emocioné escribiendo y no me lo acepta porque es muy grande, pero sí me gustaría que se publicará. Como es tu blog, me gustaría que me ayudarás h hacerlo, Aquí mando te lo mando. También me gustaría tener contacto contigo. Gracias por tu espacio.

Hola, me llamo Alexandra, les mando saludos desde la Ciudd de México. Escribo porque desgraciadamente también estoy terriblemente idetificada con este tema. No me atrevo a contar la historia, sólo puedo decir que también fui una niña abusada de una manera muy similiara a la del testimonio, también tengo 25 años.

En primer lugar me parece increíble e inconcebible que este mal no respete fronteras. En fin, desafortunadamente es parte de la "humanidad". En todos los casos es igual de doloroso, desastroso, repugnante.

Pero también debemos saber que no estamos solos. Es infinitamente díficil, pero los que han ido a terapia o han tenido la confianza de contarsélo a alguien me entienden: nadie comprende a una persona violada más que otra persona violada. Es un dolor muy particular.

Por supuesto cualquier historia de abuso o violación es horrenda, pero yo creo que no es lo mismo cuando se trató un asaltante o algo parecido, a cuando es alguien completamente conocido y con el 100% de confianza. ¿Cómo pudieron?

La primera vez que fui a terapia hace 2 años fue horrible desmembrar todo ante 2 psicológas que me canalizaron a terapiaa de grupo en donde, a pesar de que todos los casos eran iguales o similares, no me sentí en confianza. Hace un año fui a terapia individual y fue lo primero que canalicé. Me sirvió, pero no totalmente. Me gustaría una terapia más profunda, sin embargo, he llegado a la conclusión de que el dolor no desaprece nunca pues solo se supera parcialmente. Simplemente creo que hay que aprender a convivir con ello y seguir una vida normal.

En cuanto a la vida sexual, puedo decir que me costó demasiado trabajo y eso nadie me lo entendía. A pesar de que deseaba tener una relación sexual completa, entiéndase, con coito, no podía, el recuerdo me daba vértigo. Lo pude lograr hasta que lo hice con el hombre a quien más he amado en mi vida, con quien ya no estoy por otras cuestiones. A él me hubiera gustado contarle, pero no me atreví. Se lo dije mucho después de que terminamos en un mail. Ya reanudé mi vida sexual luego de esta ruptura, creo que al fin puedo vivir la vida sexual que siempre desée, todavía me falta romper con miedos y prejuicios, estoy consciente de ello, pero hace 2 años no podía.

Pese a lo que ocurrió, soy de la idea de que la sexualidad es un aspecto fundamental y maravilloso del ser humano, al que todos tenemos derecho. Cuesta mucho después de vivir una violación o abuso, pero yo los invito a que no se den por vencidos y se den la oportunidad de vivirlo como seres humanos completos que son, porque nunca serán incompletos.

La terapia sí ayuda, no le teman. A mí me funcionó más la individual. También les aconsejo que leean y se informen mucho sobre sexualidad, no sólo sobre violaciones, sino en general. Yo noto que la sociedad es terriblemente desinformada al respecto, pese a la apertuda de la actualidad. Verdaderamente tengamos una cultura sexual amplia, ello permite darnos cuenta de lo maravilloso que es si se vive con responsabilidad y respeto.

Para mí, la principal causa es que todavía los padres no se atreven a darle una educación sexual a sus hijos desde que tienen uso de razón. Cren que tienen que llegar a la pubertad para empezar a hablarles de estos temas. ¡Mentira! Si desde muy chiquitos los niños saben de qué se trata, evitarán un abuso. Además es muy importante el verdadero cuidado de los padres, no la sobreprotección innecesaria, la verdadera protección.

También sería bueno que expertos psicológos hablaran de la patología de los abusadores. Ya sé que los odiamos y no podemos calificarlos de menos que de HIJOS DE PUTA. Pero también debemos conocer y entender su condición psicológica, aunque no justifica los hechos. Yo considero, que tiene mucho que ver justamente el desconicimiento de la sexualidad, de psicología, de falta de autoreflexión. Al menos en mi caso, puedo decir que la primera vez tenía 5 años y el 13. Yo pienso que era un incipiente adolescente con una necesidad y curiosidad sexual enorme, la cual no podía satisfacer por represión, represión por su familia, educación y principios morales, además de mucha ignorancia, entonces en mí encontró sin problemas esa válvuala de escape sin pensar en las consecuencias y en lo que ello implicaba. Tal vez es lo que le ocurre a muchos violadores, aunque sean adultos. Esta persona que les cuento simpre fue buen hijo, excelente estudiante, consiguió buenos empleos, se casó por la iglesia. Aparentemente sería incapaz, sin embargo lo hizo. Desde hace muchos años tengo la preocupación de que lo haya repetido con otras víctimas. Ahora tiene un hijo de 4 años y sobrinos, me parece que una es niña. Sí me inquieta que también estos inocentes vayan a ser ultrajados como yo. Pero desagraciadametne no puedo hacer nada. Solo seguir con mi vida.

Por eso considero importante dejar la mal entendida represión sexual, hacer a la educación sexual parte fundamental desde los pañales, enseñarle a los hijos a conocerse y que el sexo es algo bello e importante, pero que hay muchas otras cosas, para evitar que sean violadores. Y también victimas.

Quisiera tener contacto con todos los que han escrito que valor, que Dios me los bendiga. Y ojalá podamos platicar, no importa que las fronteras nos separen. Por favor escríbanme, es imporante para mí. En especial quisiera entablar contacto con la chica del testimonio, creo que la puedo entender porque nuestras historias son de verdad muy similares. Pero con todos quiero platicar.

A la mujer que cuenta que sabe que su esposo violó a su cuñada, la verdad que valor de seguir con él. Yo no sería tan fuerte: lo dejaba, le quitaba a los niños y si la madre de las otras niñas no puede cuidarlas lucharía por quitárselas también. Pero es mi perspectiva. Si de verdad tienes este valor para sobrellevar la situación, te mando mi más grande felicitación y mi admiración. Solo qusiera decirte que está bien cuides a los niños, pero consero que no debemos creer que todos los hombres son violadores, muchos también han sido violados. Entiendo lo de los pañales, pero él también tiene que responsabilizarse y aprender a convivir con una vagina con respeto. Lo mismo en cuanto a sus hijas adolescentes. Ya no están edad de cambiarse enfrente de él, pero en última instancia tiene que acostumbrarse a que el cuerpo es algo natual que hay que respetar.

Para finalizar, me gustaría contar que mi abusador tenía el sueño de la vida de ser piloto aviador, para ello ingresó en la escuela del ejército. Su sueño se truncó porque ahí lo violaron. ¿Cosas del destino? ¿Comprendería mi posisión? En fin... Un beso a todos y todas y en verdad espero que me escriban.

miércoles, 9 de febrero de 2011

A veces me siento tonta

Cuando una niña ha sido sexualmente traumatizada y su familia sufre aún más que ella misma, encuentra a veces el refugio que le ofrece una costosa adaptación. Condenada a callarse, no puede ni olvidar ni adquirir resiliencia. Entonces se adapta a esta doble presión mediante una forma de existencia que tranquiliza a sus padres y calma su propia angustia: ¡se convierte en una buena alumna! Sin embargo, esta resiliencia que tan convenientemente resulta para todo el mundo puede llegar a convertirse en un medio de adaptación costoso cuado pone en marcha una vida desprovista de placer. La niña se aísla, se le hace imposible levantar la vista de sus cuadernos y corta lazos con el mundo. Aguantará así varios años, protegiéndose del sufrimiento y apaciguando a sus padres, hasta el día en que su derrumbamiento escolar y psíquico somprenda a todo el mundo. Esta defensa sólo habría podido transformarse en resiliencia si hubiera permitido a la chiquilla revalorizarse y volver a socializarse compartiendo el placer.

Del libro Los patitos feos de Boris Cyrulnik.

Cuando era pequeña mi madre me preguntó si mis tíos "me hacían cosas" a lo que respondí que no pues me asustó la manera como me lo preguntó. A los ocho años tuve la primera idea de suicidio, incluso me encenrré en el baño pensando en hacerlo. A los 12 aunque ya no me manoseaban era menospreciada y ridiculizada por mis tíos. A los 16 fui violada por última vez. Sin embargo a pesar de todo pensaba que si era buena estudiante todo saldría bien, que era todo lo que necesitaba; tenía "amigos" y buenas notas, una vida "normal". Rompí el silencio a los 16, me quedé prácticamente sin amigos y con una familia a medias. Pensaron que me volví estúpida o floja pues repetí el tercer año de la preparatoria... no estudiaba, no entraba a clases, no hacía tareas, mi promedio escolar se fue al sótano, incluso mi madre me dijo que jamás entraría a la universidad con un promedio tan mediocre, me dijo que no importaba lo que hubiera pasado pues tenía la inteligencia suficiente para ser sobresaliente.

Entré a la universidad y aguanté hasta que ya no pude más... tuve que dejar la universidad pues estaba profundamente deprimida y tenía demasiados problemas con mi madre. Encontré amigos en la universidad, algunos supieron desde temprano acerca mis abusos y me brindaron su apoyo, otros se enteraron años después y la reacción fue la misma; también encotré amigos en un grupo de la iglesia al cual iba para mantener tranquila a mi abuela; si no hubiera pasado eso probablemente no estaría escribiendo esto ahora. Salía con ellos para que mi madre no estuviera detrás de mi llamándome antisocial y echándomelo en cara. Alguien se preguntará si tendría amigos en la primaria o en la secundaria, si los tenía, pero en verdad cuántos de ellos lo son para toda la vida, cuantos de ellos al pasar el tiempo son capaces de ayudarte, apenas se es una criatura o un adolescente y en muchos de los casos son ellos las personas más despiadadas de la tierra sin quererlo...además no muchos padres permitirían que su hij@ sea amiguit@ de una niña abusada, es triste pero así es. A mí no me gustaba ir a jugar a otras casas, mucho menos ir a alguna pijamada, no me dejaba copiar en los examenes, no por no querer sino que me quedaba absorta en mi hoja. Durante la primaria y secundaria para mí vivir así era lo único que había, no me había dado cuenta de lo que vivía y estaba sumergida en el miedo, la vergüenza, la culpa y la busqueda de aceptación. Después que rompí el silencio me alejé por completo de casi todo, y sólo sigo en contacto cercano con un par de personas de aquella época.

También encontré refugio en la lectura y la música, escribía cuentos y me enamoré de la ciencia, siempre hubo alguien que se diera cuenta y fomentara eso en mí, estoy agradecida de ello, tuve muchas tablas de salvación pero jamás llegaba a la costa. Siempre estuve a medias, siempre disfrutaba las cosas y despues me sentía culpable, sentía que no lo merecía o que era demasiado bueno para ser verdad y que a la vuelta de la esquina había algún horror esperándome. Hasta que por fín, ya entrados mis 20 y tantos casi 30, comprendí y acepté que primero estaba yo sobre cualquier otra cosa, que no importaba lo que dijeran mi madre y mi abuela acerca de cómo vivir mi vida, pude comenzar a sanar realmente. El tener a alguien que ha sido constante y congruente ha sido muy importante, ahora disfruto más de las cosas, creo que ya no estaré a medias.

Lo que Boris Cyrulnik llama llamitas de resiliencia, estuvieron siempre a punto de apagarse, tal vez me las ingeniaba para no perderme, tal vez por cuestión del azar llegaba alguien que era un salvavidas sin saberlo, siempre tuve la esperanza que no siempre sería todo tan malo. Tomé esas líneas de su libro pues me siento muy identificada con eso. Hasta la fecha me siento tonta muchas veces, todo explotó en un momento crucial y no hay manera que recupere el ritmo por más que lo intento y me siento estúpida, es como si algo me arrastrara, como si mi mente se bloquera, es cansado y frustrante. ¿Es el costo de sobrevivir?, siento que he salido adelante en general, solo quisiera que esta faceta sea menos atropellada, ¿debo aceptarlo y voltear la página? ¿se han transformado mis defensas demasiado tarde? ¿el camino que aun tengo que recorrer a caso es más largo de lo que creo?.

Miro a mi alrededor y no puedo evitar sentirme tonta al ver cómo me han pasado, cómo han alcanzado quienes venían muy por detrás y que además también me han pasado.

Me pregunto que ha significado realmente la resiliencia para mí.

domingo, 6 de febrero de 2011

CAMPAÑA CONTRA EL ABUSO SEXUAL INFANTIL. GRITOS SIN VOZ.

Como me gustaría abrazar y sosegar a aquella niña fui y deje de ser.

Cuantas veces me ahogué en mis propios gritos se quedaban dentro...comprobé enseguida de nada me servía gritar ni esconderme, siempre me encontraban, para manipularme a su antojo como una muñeca de trapo. descubrí que no tenía donde esconderme ni a quien acudís a pedir ayuda, pues mi enemigo vivía bajo mi mismo techo y era quien supuestamente debía protegerme...mi padre. Se lo conté una vez a mi madre pero no me hizo caso, con ella me quedé perdida y mas sola, con el peso de la culpa de quizás me lo mereciera o lo provocaba yo esa situación.

Aprendí a curarme sola en silencio mis heridas vaginales y anales, a poner buena cara y sonrisas sin ganas, a ser muy buena actriz, para los de fuera, no fueran a descubrir algo, me hubiera muerto de vergüenza y culpa.

Esa sensación de sentirte sucia e incómoda contigo misma, ducharme tantas veces, y lavarme los dientes, gas miedo nunca más, ya me ocupo yo, puedes dormir tranquila yo te protejo, nunca más te harán daño.

Compulsivamente, nada me lo quitaba, un día me eché colonia en la boca ante mi desesperación. Hoy mi historia y voz es la de muchos seguidores mosque aún no se atreven a contarlo tan abiertamente, siguen en silencio.



YO NO PUDE EVITAR LO QUE ME PASÒ, PERO SI SE PUEDE EVITAR LES PASE A OTROS, POR ESO DEBEMOS CONCIENCIAR SOCIALMENTE, INFORMAR, PREVENIR, ATENDER A LAS VICTIMAS...CONVERTIR ESTE TEMA EN UNO MAS NO COMO UN TABÙ.DAR CHARLAS EN TODOS AQUELLOSSITIOS HAYAN NIÑOS. ¿NO TIENEN CHARLAS DE DROGADICCIÒN, CIRCULACIÒN VIAL, ALIMENTACIÒN?

TODO POR SU BIEN Y CONOZCAN LOS PELIGROS Y EVITARLOS, PUES ESTE TEMA ES IGUAL DE IMPORTANTE.VAYAMOS ABRIENDO CAMINOS LLEGUE INFORMACIÒN A TODAS PARTES. PORQUE NADIE TE PUEDA ARREBATAR LA INOCENCIA. PARA APRENDER A DECIR NO...ANTE ALGO NO DESEAS HACER, Y SABER DONDE PUEDES ACUDIR Y TE APOYARAN Y AYUDARAN. POR UNA INFANCIA FELIZ.



LULU OSORIO.

TERAPEUTA DE ABUSOS SEXUALES

viernes, 4 de febrero de 2011

CAMPAÑA CONTRA EL ABUSO SEXUAL INFANTIL. GRITOS SIN VOZ.

CAMPAÑA CONTRA EL ABUSO SEXUAL INFANTIL. GRITOS SIN VOZ.


Aunque contamos con una sociedad más consciente y receptiva ante el abuso sexual infantil, para muchos sigue siendo un tabú.

Los ministerios públicos y los jueces siguen teniendo nula capacitación y sensibilización ante dichos delitos en toda Latinoamérica. Los Gobiernos siguen sin incluir en sus políticas públicas y diseños de atención a grupos vulnerables los temas que solucionen este delito que atenta contra lo más valioso de una sociedad, los niños. Los legisladores siguen sin aprobar reformas tendientes a no victimar a los que ya fueron victimados, pareciera que a nadie le importan las miles de víctimas de este flagelo. AFORTUNADAMENTE NO ES ASI, PARA TERROR DE LOS PEDOFILOS, cada día son más y más personas interesadas en capacitar, enseñar, prevenir y proteger a los menores.



Esperamos lanzar una campaña internacional en internet y medios masivos de comunicación contra el abuso sexual infantil.

PARA ESTO SOLICITAMOS TU COLABORACIÓN PARA DISEÑAR, DIFUNDIR Y ELABORAR DICHA CAMPAÑA.

Si eres psicólogo, diseñador, publicista, abogado, o simplemente quieres colaborar con tu granito de arena, PONTE EN CONTACTO CON NOSOTROS, En: adame.miguel@yahoo.com.mx, tú puedes ayudar.



Esto debe ser solo el comienzo, la sociedad civil tiene que realizar su función en esta problemática para que los gritos no sean sin voz.



MIGUEL ADAME VAZQUEZ.


ABUSO SEXUAL INFANTIL NUNCA MÁS.


Presidente de CIDETEC A.C

jueves, 3 de febrero de 2011

DIFICIL DESICION.

"Sin fechas no puede girarse una orden de arresto"
"Es muy importante que la menor ubique fechas, horas y lugares"
"Debe de aprender a contestar el interrogatorio de la manera mas clara posible"
¡Quedense con su interrogatorio, con sus fechas, horas y lugares! Yo me doy por vencida...
Y no lo hago por mi, si solo fuera mi pellejo estoy cierta que seguiría hasta las ultimas consecuencias, pero en medio de toda mi rabia y de mi deseo de venganza o de justicia como lo queramos ver esta lo mas importante que es mi hija.

Ella ya no quiere ir al juzgado, no quiere contestar unas preguntas tan duras y no quiere decir mentiras de fechas que no reconoce y respeto su desición.
En fin, soy un caso mas, me declaro incompetente, me doy por vencida, me quedo llena de impotencia y de rabia con esta justicia tan dispareja.

Yo se que podría seguir adelante y llevar el caso a tribunales superiores y posiblemente ganar, pero... ¿a que costo? ¿Cuantos años va a tener mi hija que contar todas las asquerosidades de las que fue víctima?

Lo que se gana en semanas de terapia se pierde en un día en el juzgado y no estoy dispuesta a seguirlo permitiendo.
Desde que sabe que ya no tiene que ir nunca mas dejo de orinarse en la cama y ya duerme en su propio cuarto.

La terapia le ha funcionado muy bien, esta intentando ser niña de nuevo, tener amiguitas, jugar con su bicicleta, ser una niña normal. Para todos aquellas victimas de abuso sexual que me leen y por vergüenza no se han atrevido a buscar ayuda, creanme que la terapia es una maravilla, yo noto cambios muy importantes en mi niña. Busquen ayuda.


Muchas gracias a todos los que han apoyado esta causa, imagino que están decepcionados, pero no puedo forzarla a presentarse.

Yo por mi parte ahora batallo con un fantasma que por las noches se ríe de mi, pero eso ya se los platicare en otra entrada.

viernes, 28 de enero de 2011

LO QUE LOS SOBREVIVIENTES TIENEN QUE DECIR

Participo en un foro de ayuda mutua para víctimas de abusos sexuales infantiles. Y entre otros hilos y sugerencias, encontré uno muy interesante donde los sobrevivientes descargan de alguna manera su frustración con algunas de las preguntas que (con intención o sin ella) les hace la gente al conocer su situación personal. Algunas son especialmente sangrantes. Yo me limitaré a contestar, en la medida de lo posible, las más habituales, siempre desde un punto de vista totalmente personal. Que puede estar equivocado.

¿Por qué no lo contaste entonces?

¿Por qué no lo denunciaste si tanto daño te hizo?

Es sencillo. Por la misma razón por la que ninguna víctima habla: el miedo. En mi caso fue el miedo a no volver a ver a mis padrinos.

Tú, que me estás leyendo te supongo una persona adulta, con miedos racionales y lógicos, pero yo hablo del miedo infantil, ese miedo irracional que la imaginación de un niño alimenta con su fantasía. Intentad, por un momento, volver a vuestra infancia. A la época en que creíais firmemente en la existencia de los Reyes Magos, o el Ratoncito Pérez, o Papa Noel… ¿acaso no estabais convencidos de que eran reales? Y ahora en la madurez, aunque sepáis la verdad, seguramente guardáis un entrañable recuerdo de esos personajes, por la nostalgia en esa creencia que os evoca.

A nosotros, creo que nos ocurre algo parecido. Nuestro abusador nos inculcó el temor, más o menos explicito, a que si lo contábamos mataría a nuestra madre, o se romería la familia, o nunca más nos iban a querer, o jamás nos creerían… como en lo bueno, nos ha quedado la reminiscencia de ese temor hasta bien entrada la madurez. Incluso diría que ese miedo irracional permanece en el subconsciente, acechando por el resto de nuestra vida.

En mi caso, lo conté cuando era una niña (creo que la primera vez que se lo dije a mi madre tendría nueve o diez años) pero cuando lo hice, mi madre me dijo que era culpa mía, que si lo contaba, no volvería con mi Madrina, y opté por callar temerosa y avergonzada. Creo que incluso previamente que mi madre lo pusiera en palabras, yo ya percibía ese riesgo mucho antes, por parte de mi padre. Porque era él quien en última instancia decidía que yo volviese con mi Madrina a estudiar, y si me resistía a sus abusos, además de su violencia, podría castigarme con su propia prisión, junto a él.

Solo iba a casa de mis padres en vacaciones. Hasta los doce años estudiaba en la ciudad donde vivía mi Madrina. Así que opté por “pagar” a cambio de volver con ella. Sólo pensar que no volvería a verla ni a ella ni a su familia me provocaba un pánico enorme.


De hecho, el último año de mis abusos, (el más espantoso que recuerdo) mi Madrina se había casado y esperaba su primer hijo. Y aprovechando esa circunstancia, mi padre decidió que me quedase con mis progenitores. “Solo hasta que nazca el bebé”, me dijeron.

La situación empezó a ser insostenible para mí, y conseguí que mi madre lo denunciase. Pero el resultado fue precisamente el contrario del lo que esperaba: mi padre, al conocer la denuncia nos amenazó a todos de muerte. Estaba seguro que mi Madrina había tenido algo que ver en aquella denuncia y tomó la decisión de que yo no volviese a ver ni a mi Madrina ni a su familia. Incluso llegaron a decirme que ahora que mi Madrina tenía su propio hijo, ya no quería saber de mí.

No os podéis hacer idea de lo que sentí en ese momento. Creí que había cometido el mayor error de mi vida, que al contar lo que me hacía mi padre todo mi mundo se había roto y había perdido el único refugio que poseía. Fue la primera vez, con doce años, que me plantee la muerte como una alternativa. Incluso deseé, en una de sus palizas, que mi propio padre me matara.

Durante muchísimos años he sido incapaz de hablar. Y no porque alguien me lo impidiese, sino porque mi mente no me lo permitía. Yo no era consciente ni tenía edad para entender lo que pasaba, y terminé por esconderme, por callar y asumir lo ocurrido.

He pasado años disimulando cuando algo me traía un recuerdo que me paralizase. He pasado horas enteras encerrada en el cuarto de baño, esperando a que las náuseas y los temblores de mis manos se detuvieran, sólo para que nadie de mi familia adoptiva se diese cuenta de que me ocurría algo. Sin duda un comportamiento recuerdo de mi infancia.

Si hablas ahora de esto es para vengarte, o para dar pena…

Te gusta hacerte la víctima. ¡Te encanta llamar la atención y ya no sabes por dónde salir!

Creo que ahora empiezan a cambiar las cosas. En el foro cada vez entra gente más joven para buscar ayuda, y eso me alegra muchísimo, porque significa que las victimas empiezan a darse cuenta mucho antes de la importancia de lo ocurrido.

Yo he tardado casi cuarenta años en asumir lo que me sucedió, y aunque mi familia adoptiva conocía los abusos, nunca les conté detalles de ningún tipo. He estado “adormecida” durante años, hasta que me desperté. Y hablo, porque al despertar… necesito vomitar. Como todas las víctimas.

¿Crees que lo hago para llamar la atención, por venganza? ¿Opinas que después de cuarenta años aún busco represalias, o lástima?

Si tuviese alguna razón que implicase poner en evidencia a todos aquellos autores y cómplices de mis abusos, no sería por venganza, sería por justicia.

Pero ya ni siquiera busco eso: yo hablo porque necesito sacarlo fuera, porque si sigo guardando el secreto un minuto más acabaría devorándome, consumida por el dolor. Y… ¡qué diablos!, porque no tengo de qué avergonzarme. Que callen otros que si tienen de qué sonrojarse.

Pobrecita…

¡Odio inspirar lástima! Nos degrada aun más la autoestima, porque nos hace sentirnos lo más bajo de la sociedad, los marginados.

Debes tratar de superarlo. Pero eso fue hace un montón de tiempo. No sirve de nada remover el pasado.

El problema es que cada vez que me levanto, cada vez que me enfrento a un reto, por simple que sea, tengo un bicho en la cabeza que me recuerda lo que me han hecho. Y tengo que hacer el ejercicio diario de apartar ese pensamiento de mi mente que se impone cada minuto.

Sé que lo haces con buena intención, porque crees que si lo entierro, lo olvidaré y seguiré con mi vida, pero esto no funciona así: todos cuando nacemos somos una hoja en blanco, un ordenador vacío, en el que los adultos escriben. Nuestros padres escriben las normas que debemos conocer y cumplir, la sociedad escribe nuestras tradiciones, en el colegio escriben los conocimientos que nos servirán en nuestra vida de adultos.

Y todo queda marcado en el disco duro, TODO. Y las víctimas de abusos tenemos un borrón en nuestra hoja que no nos permite leer bien las normas del comportamiento. Nuestro disco está dañado. La desgracia de las víctimas es haber sobrevivido a aquello y vivir el resto de nuestra vida con la duda de si somos útiles, o por el contrario se nos debería tirar a la papelera, por ser un proyecto mal acabado.


Es como llevar una silla de ruedas. La gente, que no sabe de tu minusvalía, se extraña de tu comportamiento, sobre todo los más allegados, los amigos más cercanos, que con el trato se dan cuenta de que algo no va bien. Y además algunas personas, al conocer la razón, sugieren que se esconda la silla.

Porque así nos sentimos los sobrevivientes de A.S.I. Nuestra silla de ruedas es mental, y poca gente la ve. Pero está ahí, y es para toda la vida, no podemos decir: ya está olvidado, ya pasó. Tan solo podemos mejorar nuestra calidad de vida, pero para eso necesitamos que gente como tu quite las barreras arquitectónicas, y ayude en las campañas de concienciación que ayuden a proteger a los niños, a meter a los degenerados entre rejas para asegurarse que no vuelven a acercarse a un niño y a ayudar a las víctimas, a los sobrevivientes de ese horror a superar el daño y eliminar secuelas.


Porque cada vez que alguien me dice que ha pasado mucho tiempo, que es hora de pasar página me pone un escalón delante. Se podría decir que mi recuerdo es la frase de presentación de mi página del facebook. Y por más que se actualice, siempre es lo primero que leemos.

"Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio."

Proverbio indio.

EL MONSTRUO DEL CASTILLO

EL MAYOR TRIBUTO QUE PUEDO HACER A LOS VALIENTES SOBREVIVIENTES ES PUBLICAR SUS RELATOS.

MIGUEL ADAME VÁZQUEZ.


Las víctimas de abusos tienen muy poca autoestima. La agresión te marca de tal manera te hace sentir menos que nada. Y yo no iba a ser menos, mi autoestima roza siempre la línea de flotación. Con los años he llegado a reconocer que es una consecuencia de los abusos, pero al principio, cuando no lo asociaba a ello me sentía perdida en mis etapas de depresión. Y eso, unido a otras secuelas lo he llegado a visualizar en un personaje inventado por mi imaginación: mi Monstruo.

La equivalencia me la enseño una amiga de la infancia: la mente es como un castillo encantado con miles, millones de habitaciones que cambian de lugar a su antojo. Cuando se tiene un recuerdo, es como entrar en la habitación que lo guarda para poder revivir ese momento. Pero en mi cabeza existe un monstruo atroz que de vez en cuando se escapa y campa a sus anchas por el castillo, y puedo encontrármelo en cualquier habitación.

Asoma con cualquier tontería: puede ser un objeto, una persona, el estampado de una prenda, una frase, tocar ropa de cama húmeda, un ruido... por ejemplo los escupitajos me ponen enferma, no puedo evitar que me recorra un escalofrió oír el sonido gutural que los produce. Son solo décimas de segundo, pero entro en la habitación y… ¡zas! El aullido de mi monstruo me traspasa. Es un flash, una imagen, un sonido. Un recuerdo de mi padre.

 
A veces sólo lo oigo porque está encerrado en las mazmorras y grita para que no le olvide, para que sepa que él está ahí; pero a veces está presente enseñando los dientes y amenazando con devorarme de un bocado para luego eructar sonoramente.

Es cuando me siento peor. Tengo nauseas, temblores, ansiedad… porque en mis más bajos momentos, mi monstruo practica además un juego macabro: es como estar encerrada en una sala de cine donde solo proyectan alguno de mis recuerdos, y la película se repite una y otra vez sin que pueda pararla; llegado ese punto, antes optaba por quemar el cine y salir por la pantalla, aun a riesgo de mi vida. De ahí las drogas sin control, los intentos de suicidio, las prácticas de riesgo, los retos al destino.

Ahora escavo túneles buscando una salida negociada bajo el suelo. He aprendido que no es real, que ya no puede hacerme daño, pero siempre está ahí, y actualmente me agrede más a menudo de otra manera.

Cuando emprendo un proyecto nuevo, cuando conozco a alguien, lo primero que me asalta la mente son pensamientos negativos que el monstruo me impone: “no saldrá bien, fracasarás, no te merece la pena, solo te conoce para reírse de ti porque eres fea por dentro…” o por el contrario, me “anima” a seguir adelante, pero con la seguridad de que es una estupidez lo que voy a hacer, que me arrepentiré el resto de mi vida… pero que es lo único que merezco. Y entonces comienza el trabajo de reestructuración. Es como vivir una lucha interna entre mi monstruo y yo, como si hubiese dos personas dentro de mi cabeza, y es agotador.

Siempre es el mismo proceso mental. El primer pensamiento invariablemente es negativo. Con la practica he conseguido que muchas veces esa parte dure apenas unos segundos. Logro apartar esos pensamientos con rapidez de la cabeza, pero están ahí esperando el primer resbalón para decir: “te lo dije”, y a veces el monstruo toma el control. Lo hace sin darme cuenta, no soy consciente de su presencia hasta que es demasiado tarde, tal vez porque forma parte de mí, y no le reconozco cuando actúa, hasta que la oportunidad de tener, conseguir o conocer algo o a alguien nuevo se ha desvanecido.

Y eso siempre me limita. Tengo la sensación de que me coarta las decisiones que tomo. Que no soy libre de elegir la mejor opción.

Mi marido dice que me valoro muy poco. Por eso nunca me promociono en mi trabajo, y soy conformista con lo que tengo. Nunca aspiro a grandes cosas. Admiro a aquellos que se ponen metas y dedican su tiempo a ellas. Yo apenas puedo predecir que prepararé para comer la próxima semana.

 
El último ejemplo lo tenéis aquí. Llevo años escribiendo. Tenía diarios y libretas escondidos entre mis cosas para que nadie los encontrase. En ellos descargaba pensamientos de todo tipo. Cuando tuve mi propio ordenador, dediqué muchas horas a pasar y poner en orden esos pensamientos. Ha sido como vomitar.

Hace semanas me planteé la posibilidad de hacer este blog. Pensé que si había decidido no callar más mi condición de víctima, de superviviente, y contarle a mis amistades lo que me había ocurrido de niña, no había razón para no sacar a la luz mis pensamientos. Así que me marqué el reto de hacerlo, y enseguida mi monstruo entró al ataque.

Primero me puse escusas: no tengo ni idea de ordenadores, no sé nada de internet, es un asunto que no le interesa a nadie, no les va a gustar como escribo… después me puse plazos: esperar a un ordenador nuevo, o a que pasen las vacaciones, o después de navidad… un día me sentí valiente y me decidí, ahora o nunca. (Debí pillar al bicho dormido, o el monstruo me pilló dormida a mí) y en una tarde, colgué el blog.

En ese momento me hundí. Al leer mis propias palabras flotando sobre el faro, siendo consciente de que eran visibles a todos, me derrumbé.

Hacía muchos meses que no me sentía tan mal. He vuelto a llorar y vomitar siempre a escondidas, que nadie se dé cuenta, he vuelto a pasar noches en vela por miedo a dormir, porque las pesadillas han regresado. He vuelto a tener doce años, y me he visto otra vez en mi cama, sin hacer ruido, inmóvil, mirando las moscas revolotear bajo la lámpara, esperando a que él entre en mi habitación cerrando la puerta. Mi monstruo estaba tomando el castillo.

Pero esta vez ha ocurrido algo extraordinario. Ahora que ya no escondo mi condición de víctima, ahora que me he quitado la mordaza de la boca, no me ha dado vergüenza decir a mis conocidos que estaba mal, incluso alguno de ellos se ha dado cuenta, y me han preguntado, sin problemas si me sentía mal por mis abusos. He tenido algunas conversaciones con ellos, sin tabúes, consolándome, haciéndome sentir querida y apreciada, y ha sido realmente reparador.

Poder hablar de cómo me sentía en ese momento ha sido la mejor “terapia de choque” que he tenido en mi vida. Pero no ha sido fácil, debo confesar que casi fueron ellos los que me arrastraron fuera del pozo, porque estaba otra vez construyendo la barrera, formando la coraza en la que esconderme hasta nueva orden.

Y de hecho, mi familia más cercana continúa en la más absoluta ignorancia de la existencia de este blog, y aunque me han visto mal, y no me he visto con fuerzas para contarles la razón exacta, jamás he estado presionada por ellos. Saben que algún recuerdo se ha reactivado, y que solo necesito su ternura, su consuelo y esperar que yo les hable de lo que siento, o de lo que callo, y me hacen ver que son como un rincón seguro donde acurrucarme cuando me siento herida. Y eso para mí, es muchísimo. Creo que mi próximo reto será contarle a mi marido mi aventura en internet, pero eso será otra historia, y otra batalla contra el dragón.

Afortunadamente, éste asalto ya está pasando. Hace tres noches que duermo mejor, y las aguas vuelven a su cauce. Supongo que el trabajo extra, que me mantiene entretenida, también me ayuda a ocupar mi mente. Y los métodos de relajación funcionan, pero me siento como si saliese de una noche de resaca, aún en medio de la bruma, y sin saber muy bien qué dirección tomar.

Aún quedan resquicios. Una parte de mí sigue diciéndome que no debería haber hecho el blog, que los más cercanos pensarán que es un asunto personal, íntimo, que nadie tiene porqué conocer, porque demuestra que estoy sucia por dentro; otra parte me dice que sí, que está muy bien, que no importa lo que opinen los demás, si con esto alguna víctima se siente un poco más valiente… y a veces no sé reconocer a mi monstruo.

 
He recibido muestras de apoyo, ni un solo correo ha sido negativo, por lo tanto creo que ha sido una buena idea, o al menos no el desastre que me vaticinaba mi monstruo. Pero sigo aterrada. Cada vez que veo mensajes nuevos, entro en un estado de ansiedad enorme, y a medida que la relación que tengo con el remitente es más estrecha, esa ansiedad es mayor. Y a veces me siento como cuando tenía dieciocho años, y esa ansiedad me empujaba a hacer tonterías y a correr riesgos innecesarios.


Pero creo que ahora los “riesgos” que corro son buenos para mí. Mi pareja no siempre me apoya, lo que me demuestra que empiezo a ser capaz de tomar mis propias decisiones (errores incluidos) y que el monstruo no forme parte de ello.

Empiezo a tomar el control, Aunque a veces haya bajones, aunque a veces él me envenene la cabeza y necesite volver a rehacer mis pensamientos, tengo la sensación de que ahora eso ocurre cada vez con menos frecuencia, y esa sensación me encanta. Porque cuando estoy bien, cuando pienso en positivo, me siento realmente orgullosa de lo que hago. Tengo la sensación de que nada puede pararme y me siento muy poderosa.

"Los monstruos son reales, y los fantasmas también, viven dentro de nosotros, y a veces, ellos ganan"

Stephen King. Escritor estadounidense

Soy una víctima de abusos sexuales infantiles.


Digo "soy" porque aunque éstos cesaron cuando entré en la adolescencia, para mí sigo sintiendo a veces, como el primer día, la sensación de que estoy rota por dentro, desgarrada, como una muñeca de trapo viejo que sólo sirve para nido de ratones, que me faltan piezas... mi padre me las fue arrancando una a una durante trece años.
Y ha llegado el momento de encontrar esas piezas, de reunir los pedazos de mi alma que aun se pueden rescatar y mostrar cómo mirar a través de un espejo roto.
Este blog os enseñará cómo se siente una sobreviviente de A.S.I. (Abuso Sexual Infantil)

Soy la menor de cuatro hermanos y todos hemos pasado por la misma situación, pero con distintos resultados.
Mi madre, víctima de violencia “de género”, como ahora le llaman, pero también cómplice, por omisión durante toda la vida.
 Mi hermano primogénito, doce años mayor que yo, terminó de voluntario con 17 años en la legión, ahora está retirado por problemas psicológicos.
 Mi hermana, ocho años mayor, jamás ha salido del circulo de fuego, sigue con mis padres, (ahora solo con mi madre) tiene problemas psiquiátricos graves, cree que dios le habla, defiende a capa y espada a nuestro agresor y a su cómplice y me reprocha que yo no haya “pasado por el aro” y no quiera tener relación alguna con ellos.
Mi segundo hermano, tan solo un año mayor que yo, se dedicó a recorrer el mundo con una mochila a la espalda. Pero con el paso de los años, el bloqueo de su mente ha sido tan brutal que ni siquiera sabe que es una víctima de abusos. Apenas recuerda su infancia y primera juventud.  
Y yo.
Mi padre era un completo tirano, de los que se quitaban el cinturón a la primera ocasión. Tengo la fortuna de que sus latigazos jamás me dejaron marcas permanentes.
Pocos días después de que yo naciese, mi madre sufrió un accidente que la postró durante nueve meses en un lecho de escayola, mas el tiempo de rehabilitación. (En mi familia biológica existen dos temas de los que está totalmente prohibido hablar: el accidente de mi madre y la muerte de una hermana acontecida cuatro años antes de mi nacimiento) Fui ingresada en una institución gubernamental.
El destino quiso que esos años fueran los últimos en que las jovencitas hiciesen una especie de servicio social obligatorio, y que una muchacha de 17 años que pertenecía a otra clase social estuviese allí en ese momento. Cuando hablo de esa persona de mi infancia siempre me refiero a mi Hada Madrina, porque como en los cuentos, ella se encargó de rescatarme de las fauces del dragón. Así que si alguna vez os hablo de “Mi Madrina”, a ella me refiero. Ella es la persona más importante de mi vida, la madre que debería haber tenido, y no el útero del que salí. Me conoció en la casa-cuna donde me ingresaron al nacer, y vivió quince años luchando por rescatarme.
No sé qué es lo que percibió mi Madrina en mí cuando aún era un bebé, pero empezó a llevarme los fines de semana a su casa, con sus hermanos, para que yo tuviera un contacto más familiar, y enseguida se percató de lo que ocurría.                                             
 
En las pocas ocasiones en que venía a visitarme al orfanato, mi padre aprovechaba para “meter el dedito” donde no debía, con la consiguiente infección vaginal.
A partir de ahí, mi Madrina y su familia trasladaron su vivienda a otra ciudad, y empezaron una cruzada por sacarme de allí y que no volviese con mis padres, hasta que un juez dictaminó, demasiado tarde, que ella tuviera mi Patria Potestad.
En esos años no fue posible evitar el daño, porque fue un constante movimiento de vida, ahora con mi Madrina, ahora con mis padres, ahora con mi Madrina… Siempre digo que tuve dos infancias: un cuento de hadas y una película de terror, en el cuento vivo con mi Madrina feliz, muy feliz; en la peli vivo con mi monstruo…
Obviamente no recuerdo cuando empezó, porque siempre ha sido una reminiscencia de mi memoria desde mi más tierna infancia. Tengo asociada la casa de mis progenitores con el cinturón de mi padre y sus manoseos.
Si recuerdo que, con los años, a los tocamientos habituales se sumó mi primera experiencia oral (aun tengo náuseas al recordarlo) y las violaciones, agresivas, perturbadoras, terroríficas. (“hoy te voy a estrenar. Para que cuando seas mayor, no te duela”…) Hasta que con 13 años aquello salto por los aires.
Mi Madrina vino a buscarme en su Renault 5 azul y ahí se acabaron los abusos, pero no el dolor.
Yo los llamo “mis años oscuros” que para mí son casi mucho más perturbadores que lo ocurrido en sí. Con noches en vela por miedo al sueño, por las pesadillas, o de dormir en exceso, para no tener recuerdos recurrentes, que me rompían como una nuez. Y con comportamientos que distan mucho de ser normales. Conductas de riesgo, intentos de suicidio…
Afortunadamente, ahora, a mis 44 años, creo que llevo una vida normal.
Y creo que el hecho de que mi vida esté asentada es lo que por fin me ha llevado a buscar la mejor forma de ayudarme a mí misma. Porque si algo debéis tener claro, es que las víctimas de abusos infantiles de cualquier tipo, jamás nos recuperamos del todo. Siempre habrá una fisura, una sombra negra que de vez en cuando nos envuelve la mente, y tenemos que volver a reconstruirnos. Mi herida siempre estará abierta.
Yo tuve la inestimable ayuda de Mi Madrina que estaba en el lugar adecuado en el momento justo, y gracias a ella, y a toda su familia, que me acogieron como una más de ellos, creo que he conseguido reconocer y valorar lo que me ocurrió en su justa medida, y de esa manera poder curar mis heridas con mayor o menor acierto. No es una tontería: la mayoría de las víctimas de abusos sexuales infantiles viven escondidos y se llevan su secreto a la tumba, tras una vida triste e incompleta.

Pero he descubierto que desde que hablo y escribo sobre lo que me ocurrió de niña, me siento mejor, mas "limpia" mas liberada. Por supuesto mis amistades lo saben y tengo la sensación de que es la hora de hablar, de gritar y de no esconderse. El único que debería haberse avergonzado es mi padre, que no merece ni la tumba en la que está enterrado.
Ahora, soy una mujer con una pareja estable y con un hijo, que vive en familia, con una vida tranquila y con todo mi pasado sobre mis espaldas, pero feliz.
Este blog quiere ser la prueba de que los malos tratos y los abusos se pueden superar, con voluntad, y sobre todo con ayuda de personas como mi Hada Madrina,  que no miran hacia otro lado.
Y no pido que todos introduzcamos a una víctima en nuestras vidas, basta solo con hablar abiertamente de los abusos infantiles sin tabúes. Si hemos superado hablar de sexo, también se puede hablar de algo mucho más grave.
La gente me cuestiona que mi hijo no debería conocer la historia. En general, no les gusta que se trate ese tema, les incomoda, y sutilmente sugieren que debería esconderse como un secreto inconfesable. Mi repuesta es siempre la misma: los únicos que deberían esconderse por vergüenza son los pederastas. Yo no soy responsable, no tengo que esconderme de nadie, y si tú, que me estás leyendo, te avergüenzas de hablar del tema, estas ayudando a que esos cabrones se mantengan en su urna de seguridad, y a que las próximas víctimas de abusos sexuales sigan teniendo sobre ellos una losa (la culpabilidad y el secreto) que les enterrará vivos en alguna catacumba de tu barrio.

 Si alguna víctima lee este blog, quiero que sepa que se puede escapar. Que no pierdan la esperanza.
 Y para los que no son víctimas, tenéis que saber que junto a vuestras vidas existen lobos con piel de cordero. No miréis para otro lado.
Y proteged a los niños. Lo que les ocurre en su infancia marcará su futuro de por vida, aunque ni ellos mismos lo recuerden. Jamás creáis que lo que hacéis con ellos lo olvidan. Por muy pequeños que sean, son mellas en el alma que no se quitan.

jueves, 27 de enero de 2011

HERIDAS ABIERTAS, RECUERDOS QUE VUELVEN


Siempre he dicho que recuerdo mis abusos. No es del todo cierto. Supongo que en trece años es imposible recordarlo todo, y menos esos primeros años de infancia, cuando aún era un bebé, o una niña muy pequeña. Pero tengo presente en mi memoria muchas escenas.

A mi padre tumbarse sobre mí, en mi cama, frotándose contra mi pelvis, yo intentando apartarme, y él decir con sequedad “no te muevas”

Instándome a que me metiera en su cama a ver los dibujos porque hacía frio, y acariciarme el pecho aun sin desarrollar susurrando lo suave que era mi piel y pidiéndome que le tocase para que yo viese que la teníamos igual de tersa… y después bajar la mano, introducirme el dedo, mirando al “Capitán Tan” en silencio, como si no pasara nada, con mi madre al otro lado de la cama.

O guiándome la mano hacia su “paquete” obligándome a presionar, a pesar de que yo intentaba no tocar el calzoncillo caliente.

Y por supuesto, los últimos dos o tres años de abusos. En los que empezó a “justificarse” porque en lugar de entrar furtivamente en mi habitación, sin pronunciar palabra, u ordenarme ver la tele con él en su cama, comenzó a enseñarme, como un profesor: “mira, esta es mi polla. Tienes que moverla así, de arriba abajo. Tócala, ¿ves cómo crece? Un día de estos te la meteré por ahí para que sepas como vienen los niños”.

Hasta aquí, entre muchos más recuerdos asquerosos, llega mi retentiva, lo que siempre tuve presente.
Cuando murió mi padre, hace dos años, se reactivó un recuerdo que ya había tenido varias veces. Pero éste siempre era ligeramente distinto. Cuando me venía a la cabeza, no sé por qué extraña razón, no veía a mi padre. Era otro hombre. Siempre creí que mi mente por algún motivo me cambiaba su imagen. En esos días descubrí por qué:

Mi madre cosía a veces para algunos vecinos. Iba a sus casas para las pruebas, y algunas veces yo la acompañaba. Recuerdo en una ocasión ir a la casa de uno de esos vecinos. Tenían una hija, no sé qué edad teníamos, pero sé qué yo era muy pequeña, unos cuatro o cinco años. Estábamos en la habitación de ella jugando cuando entró su padre… no recordé mucho, apenas imágenes sueltas. Creo que me obligó a masturbarle. Y me tocó…

No recordaba su rostro, solo supe que no era mi padre. Solo flases. Imágenes fijas. Y todo el mundo dio por hecho que me sentí mal por la muerte de mi padre.

Saber que él no había sido mi único abusador fue descorazonador. Supuso toda una crisis. Tardé varios meses en recuperarme. Estuve a punto de tirar la toalla. No pensé en el suicidio, pero mi hijo ya era grande, y ya no me necesitaba como antes, pensé más en “dejarme ir”. Me acosté muchas noches pensando que sería genial que no volviera a despertar.

En aquella ocasión mi monstruo empezó a fustigarme con la idea de que había sido abusada por medio barrio. Que había sido poco menos que prostituida. No podía creer que después de cuarenta y dos años descubriese que mi padre no había sido el único. Aun me cuesta asimilarlo. Llegué a dudar de mis propios recuerdos, pensando que tal vez era aquel hombre el que me había quebrantado, y que mi padre solo había sido un maltratador. Fue un caos.

A veces aun lo es. A veces tengo la sensación de haber cometido un pecado imperdonable, que me he vendido al mejor postor. Todavía me siento de alguna manera responsable de aquello, por no llamar a mi madre, por no llorar más fuerte. Cada vez que pienso en ese tipo me avergüenzo de mi misma, y más ahora que la escena está completa.
Recuperé el resto de ese recuerdo hace muy pocas semanas. Volvió a ser desgarrador recuperarlo.

Siempre creí que mi padre había sido el primero en mostrarme cómo se hace una felación, con doce años. Me equivocaba.

Aquel cabrón entro en la habitación y se quedó mirándome. Tengo la imagen de mí misma de pie, retrocediendo aterrada hasta tocar con mi espalda en la puerta del armario, y él agachado, gateando a cuatro patas, acercando su cabeza hacia mis piernas, sus manos bajándome las braguitas hasta la rodilla y relamiéndome el pubis, sorbiendo la saliva, como un perro soltando baba.

Después salta la imagen. Sé que hay mas, pero lo siguiente que recuerdo con claridad es que ese hombre estaba de pie, que era muy alto, y que me restregó por la cara su miembro, me lo introdujo unos momentos en la boca y eyaculó sobre mi rostro. Como si me hubiese disparado con una pistola de agua.

Me ayudó a limpiarme con un pañuelo mientras se sonreía mirando a su hija. Como alguien que hace una travesura. Recuerdo el semen caliente en mi cara. Recuerdo llorar desconsoladamente. Recuerdo sentir muchísimo miedo.

Su hija permanecía sentada en la cama, temerosa, avergonzada, resignada, mirando al suelo. Creo que jugueteaba con una muñeca entre las manos. De vez en cuando me miraba de forma furtiva, como si supiera bien lo que había ocurrido.

Pobrecilla, imagino la exigua sensación de alivio que tendría al ver que esa vez no le había tocado a ella. E imagino la culpabilidad que sentirá ante ese recuerdo. Lo imagino porque yo sentí lo mismo con mi hermano, el de mi edad.

No sé si lo de aquel miserable fue solo una vez, pero fue lo suficiente para recordarlo entre tantas aberraciones paternales.

Recuperar ese resto del recuerdo no fue paralizante como con la primera parte. No tuve ansiedad, temblores o vómitos. Tan solo una inmensa tristeza.
Ni siquiera recuerdo la pesadilla. Solo sé que desperté durante varios días con la sensación de estar triste y abatida, con esa opresión en el pecho que se tiene cuando hemos llorado mucho. Y al intentar pensar por qué me sentía así, sentía que una imagen quería abrirse en mi cabeza, pero sin llegar a verla. El destello duraba apenas unas décimas de segundo. Era una imagen, una sensación, un flash que no terminaba de formarse el tiempo suficiente para retenerlo. Como si saliese a la superficie un momento, que lo viera con el rabillo del ojo, para después sumergirse de nuevo en el fondo de mi mente. En seguida saltaba otro recuerdo, de esos que sí tengo presentes. Pero no sé por qué razón esos días veía esos recuerdos “oficiales” como parte de la pesadilla.

Entonces mi Monstruo sacó la artillería pesada. Asocié los recuerdos a la pesadilla y creí que me había vuelto loca. Me asaltó la duda. Empecé a pensar que todo era falso. Que nunca habían ocurrido los abusos. Que mi mente había creado una fantasía tan perfecta que me había tragado mis propias mentiras. Me sentí morir. Toda mi vida por el desagüe. Todo una farsa, una representación, y empecé a castigarme por ello.

La eterna batalla entre mi monstruo y yo. Cuando conseguía demostrarme a mi misma que un pequeño recuerdo era autentico, mi monstruo me rebatía. “Sí solo fue eso, no fue para tanto. ¡Supéralo!”. Hasta que por fin aquel recuerdo se hizo patente, se hizo real.


No recuerdo el nombre de la niña. No sé quién era el vecino. Pero ahora, que mi secuencia es más completa, me siento desamparada.

Hace unos días se enteró mi marido. Desperté un domingo sobresaltada. Acababa de despertar con la pesadilla de aquel recuerdo aun en mi mente. Mi pareja estaba en la cocina haciendo café, y le pregunté porque no me había despertado para ir a trabajar… Al darme cuenta de mi confusión, me vine abajo, empecé a temblar y a llorar desconsolada, no tuve más remedio que contárselo.

Se lo conté mirando fijamente el dibujo de las baldosas del suelo. Estaba aterrada de su reacción. De repente me lo imaginé mirándome asqueado, pensando que le había mentido, o preguntándose por qué no se lo había contado primero. Me sentí la persona más repugnante de la tierra. Pero no tenía razones que temer sobre mi pareja. Es el hombre más extraordinario que conozco.

Lo cierto es que convencerme un poco de que mis recuerdos eran reales me llevo relativamente poco tiempo, unos días nada mas. El apoyo del foro de ayuda donde participo me está ayudando mucho.

Estoy tardando algún tiempo más en encajar el nuevo recuerdo. Pero en parte es terreno conocido. Sé cómo lidiar con ello, porque siempre funciona igual.

Todo lo que hago, pienso, siento, veo, oigo, toco, saboreo, me lleva inexorablemente hacia las imágenes recuperadas. Paso un tiempo (variable) en el que todo me retrotrae al hecho. Como una imposición. A veces me paraliza, me provoca ansiedad y paso días sin comer. Es lo que muchas veces he denominado “encerrarme en la sala de cine”. De adolescente era lo que mas miedo me daba, porque creía que esas imágenes no se irían jamás. Mi monstruo se aseguraba de ello.

Es cuando mi marido dice que parezco más despistada, cuando no sé ni por donde camino, que me tropiezo con todo. No imagina que no veo la calle, veo mi recuerdo. Pero con el paso de los días la escena empieza a diluirse, como un azucarillo, y voy poco a poco recuperando mi vida.

Como esta ultima vez. Que a pesar de sentirme triste, no llegué a detener mi vida como me ocurría en el pasado.
Es como el tranvía que reduce su velocidad para recoger pasajeros en marcha. Necesito ralentizar mi ritmo para que mi recuerdo entre y se acomode en mi mente.

Aún hoy no tengo muy claro dónde colocar el recuerdo. Sigo aún con la duda de su veracidad o de su alcance, porque la sensación de que fui utilizada de manera despiadada me sigue persiguiendo.

Ahora que las imágenes recurrentes empiezan a desaparecer del primer plano de mi cabeza, y una parte de mí parece volver a confirmar que existe un segundo abusador, mi monstruo me asalta a preguntas que me están castigando la mente de forma implacable. ¿Sabía aquel hombre lo que me hacía mi padre, y por eso se aprovechó? (Total, si la nena ya conocía lo que era eso…) ¿o se dio cuenta en ese momento que yo ya sabía, que no era la primera vez que me dejaba tocar? ¿Acaso me han prostituido? ¿Cuántas veces voy pasar por esto? ¿Cuántos desalmados más existen en mi pasado?

Y han vuelto las viejas preguntas: ¿Y si todo es falso? ¿Y si me he creído mis propias mentiras, fantasías sexuales en las que me imagino a mi misma como una niña?... aún me siento muy confusa y triste. Hace muy poco de esto, todavía estoy recolocando.

Es como si hace dos años, cuando lo descubrí por primera vez, mi monstruo me hubiese atacado de manera agresiva, frontal y al ver que eso no funcionaba, que el recuerdo se volvía a esconder en mi subconsciente, optase por la guerra psicológica. Creo que es ahora cuando estoy empezando a tomar conciencia de lo que puede representar ese recuerdo.

De hecho, escribo esta entrada en un momento de “credibilidad”, en un día en que sí creo en mis abusos. Tal vez mañana me despierte pensando lo inmensamente enferma que estoy al haber llegado a escribir semejantes espejismos. Y estoy haciendo un autentico acto de voluntad por colgar esto.

Ahora tengo mucho miedo de lo que no recuerdo.

Es curioso cómo funciona la mente. Un día “sabía” que era real, y desde el día siguiente, cuando aquel último recuerdo empezó a tomar forma, dudo de todo.
Me han dicho que son automatismos de defensa que utiliza la mente para protegerse. Esconde un recuerdo y lo devuelve en sueños o flases, para poder encajarlo, para poder colocarlo entre el resto de la baraja de la memoria.

Y mi baraja es muy grande. Fueron trece años de cartas marcadas por mi padre. Ni siquiera entonces recordaba al vecino.

A veces siento coraje. Me da rabia que sabiendo cómo funciona esto, que conociendo a mi monstruo, aun lo pase mal en esos momentos. Siempre creo que esa vez si hay razones para flagelarme, y cuando pasa la crisis, me regaño por tonta.

Lo cierto es que recuperar tu vida después de los abusos es siempre un proceso lento y doloroso. Y nunca termina. Cuando crees que la herida está cicatrizando vuelve a infectarse, a exudar pus. Y vuelve a doler igual que el día que te infringieron el daño.

“los recuerdos no pueblan nuestra soledad, como suele decirse; antes al contrario, la hacen más profunda”

Gustave Flaubert (1821 – 1880) escritor francés.