miércoles, 20 de abril de 2011

UNA CARTA DE AMOR A MI ENOJO

Hay personas que me dicen que no debo sentirte. Ellos te juzgan como si tú fueses algo malo que haya que eliminar. Sugieren que tengo resentimientos cuando te experimento y que debo liberarte para lograr la “paz interna” y “ser sanada”. Me hacen sentir como si tú fueses un agravio detestable, hasta malvado, que me convierte en un monstruo imperdonable.


Tampoco quieren saber acerca de ti ni POR QUÉ estoy enojada. No les interesa cómo me siento. Por el contrario, me dan consejos y sermones. Tienen miedo de escucharte y entender lo que representas, por eso te juzgan solo cuando apareces en su interior o a su alrededor, y creen que eso resuelve el problema que les planteas.


En mi infancia, una guerra feroz fue peleada en tu contra, la cual me obligó a eliminarte de mi alma y de mi repertorio emocional. Luego, continué esta lucha contra ti por mí misma porque quería ser buena y clemente –perfecta- según todos esperaban que fuera. También me desconecté de ti porque experimenté a mi encolerizada madre siendo tan repulsiva y aborrecible que hice lo posible por no parecerme a ella. Esta fue otra razón esencial por la cual te silencié. Me dio dolores de cabeza y otros síntomas físicos, hasta enfermedades; además de sentirme miserable, confundida, disgustada y sin poder dormir. Cerrándome a ti me convertí en una servil y sumisa esclava, sin verdadera voz propia, que no podía hablar ni tenía poder sobre su vida.


Cuando era una adolescente, recuerdo que aparecías en lo oculto cuando aún no tenía conciencia de tu existencia; entonces, me refugiaba en el silencio. Era notorio no hablarle a mi familia por días, incluso cuando salía hacia la escuela ni siquiera daba los buenos días. Más adelante, hice lo mismo en otras relaciones cuando, en vez de expresar mi opinión, me escondía en el silencio que me había sido impuesto desde la niñez.


Nunca podré olvidar mi primer encuentro consciente y terrible contigo. Lo recuerdo con gran tristeza, vergüenza y horror porque me había convertido en algo que siempre había odiado: una persona furiosa y enojada igual que mi madre, que dirigía su ira contra su propia hija. Mi hijo tenía sólo tres años y su hermano dos cuando sucedió. Los observaba en el jardín a través de la ventana de la cocina mientras se mecían en un columpio de madera. Mi hijo mayor sostuvo el columpio en sus manos, pero al soltarlo éste rozó muy cerca la cabeza de su hermano menor. Salí furiosa y exploté haciendo lo que nunca hubiera querido hacer a uno de mis hijos: azotarlo; así golpeé a mi hijo mayor. Aunque me arrepentí de inmediato y sinceramente de lo que había hecho, me arrodillé a su lado tratando de consolarlo; mi hijo, un niño que jamás había sido golpeado, lloró por más de una hora en estado de choque mientras respiraba dificultosamente. Me sentí devastada y profundamente abatida. El cuerpo vulnerable e indefenso de mi hijo y su alma apenas en evolución recibieron un trauma. Su confianza hacia mí, su propia madre, se había roto. Lloro profundamente mientras escribo estas líneas muchos años después, pensando en esa severa y profunda traición llevada a cabo contra la confianza de mi hijo y mis propios valores.


Me había convertido en una abusadora porque había olvidado y perdonado los abusos cometidos por mis padres. Había dirigido mi ignorada, vieja y encerrada furia y odio, originalmente dirigidos hacia los abusadores, contra mi hijo indefenso. Seguí su ejemplo mientras usé la violencia y el enojo para matar los sentimientos de mi hijo, igual que los míos ya reprimidos.


Mi hijo necesitaba mi entendimiento y protección, pero no el violento arrebato de enojo que nunca me había atrevido a enfrentar. Un volcán producto de una furibunda niñez irreconocida y demás problemas explotó y fue la razón real de mi acción cruel. Golpeé a mi propio hijo fuera del dolor y la ira inconsciente que había permanecido dormida dentro de mí y que nunca pude experimentar hacia mis padres y mi niñera. Golpeé a mi propio hijo -en la misma manera en que yo había sido silenciada durante mi niñez- ignorando mis propios sentimientos y sufrimientos, y tratando de ahogar mis viejos celos que el rechazo de mis padres y el vil favoritismo habían enardecido. La acción de mi hijo había despertado en mí sentimientos dolorosos que nunca nadie había escuchado, entendido y reconfortado. Los gritos de dolor ignorados, y mi deseo de eliminar a mis hermanos y hermanas para poder estar cerca de mis padres de nuevo, se manifestaron de manera injusta y destructiva hacia mi hijo. Fue en la terapia donde aprendí por qué no podía ser la madre que deseaba ser: protectora y compasiva, capaz de explicarle a su hijo acerca de una peligrosa situación cualquiera, mientras éste le expresaba sus sentimientos.


Cuanto más me daba cuenta, a pesar de mis fuertes intenciones, de que no podía ser la amorosa madre que quería ser, y mientras luchaba con un matrimonio conflictivo, entré en terapia. Bueno, querido enojo, tú empezaste a aparecer en la terapia para iluminarme en cuán terrible y dolorosa había sido mi infancia y en lo furiosa que me había convertido. Empecé a darme cuenta de que tú tenías el poder de proveerme con la perspicacia, la fortaleza y el coraje para confrontar mi pasado, enfrentar mi realidad, afirmarme a mí misma y encontrar y defender mis propias necesidades y valores.


Me había convertido en una abusadora porque había olvidado y había perdonado los abusos cometidos por mis padres. Había dirigido mi ignorada, vieja y encerrada furia y odio, originalmente dirigidos hacia los abusadores, contra mi hijo indefenso. Seguí su ejemplo mientras usé la violencia y el enojo para matar los sentimientos de mi hijo, igual que los míos ya reprimidos.


Mi hijo necesitaba mi entendimiento y protección, pero no el violento arrebato de enojo que nunca me había atrevido a enfrentar. Un volcán producto de una furibunda niñez irreconocida y demás problemas explotó y fue la razón real de mi acción cruel. Fui la mayor de seis hermanos y había sido empujada a un lado más y más, sin permitirme compartir mis sentimientos de celos y mis necesidades de entendimiento y proximidad con los demás. Tuve que convertirme en la mayor, la razonable, la obra maestra que debía sentirse responsable por el bienestar de todos menos el de ella misma.


Golpeé a mi propio hijo fuera del dolor y la ira inconsciente que había permanecido dormida dentro de mí y que nunca pude experimentar hacia mis padres y mi niñera. Golpeé a mi propio hijo -en la misma manera en que yo había sido silenciada durante mi niñez- ignorando mis propios sentimientos y sufrimientos, y tratando de ahogar mis viejos celos que el rechazo de mis padres y el vil favoritismo habían enardecido. La acción de mi hijo había despertado en mí sentimientos dolorosos que nunca nadie había escuchado, entendido y reconfortado. Los gritos de dolor ignorados, y mi deseo de eliminar a mis hermanos y hermanas para poder estar cerca de mis padres de nuevo, se manifestaron de manera injusta y destructiva hacia mi hijo. Fue en la terapia donde aprendí por qué no podía ser la madre que deseaba ser: protectora y compasiva, capaz de explicarle a su hijo acerca de una peligrosa situación cualquiera, mientras éste le expresaba sus sentimientos.


Cuanto más me daba cuenta, a pesar de mis fuertes intenciones, de que no podía ser la amorosa madre que quería ser, y mientras luchaba con un matrimonio conflictivo, entré en terapia. Bueno, querido enojo, tú empezaste a aparecer en la terapia para iluminarme en cuán terrible y dolorosa había sido mi infancia y en lo furiosa que me había convertido. Empecé a darme cuenta de que tú tenías el poder de proveerme con la perspicacia, la fortaleza y el coraje para confrontar mi pasado, enfrentar mi realidad, afirmarme a mí misma y encontrar y defender mis propias necesidades y valores.


No se me ocurrió pensar que tú eras mi amigo y que podía aprender de ti. Más bien, te veía como un enemigo peligroso que necesitaba extinguir. Sin embargo, hasta ahora, ¡cuánto he aprendido de ti! En la terapia, cobraste vida, gracias a la aceptación de mi terapista. Fue una experiencia empoderadora, iluminadora y liberadora. Me ayudó a efectuar muchos cambios en mi vida. Aunque también me di cuenta que sólo podía cambiarme a mí misma, no a los otros, no a mis esposos. Me mostraste que era inaceptable para mí en mi primer matrimonio y que tenía el derecho humano de cuidarme amorosamente y satisfacer mis necesidades. Tú permitiste que esta percepción creciera gradualmente en mí hasta convertirse en una realidad interior. Tan pronto experimenté mis propias necesidades, me empoderé a realizar una importante decisión por mí misma sobre todo lo demás: dejar aquel matrimonio. También me enseñaste que podía ser una madre diferente, valiente, libre y sana si me rebelaba contra la hipocresía y los tranquilizantes, dejándolos detrás.


Durante ese tiempo, también empecé a entender que grande es tu poder sanador cuando regresé solamente por una sesión, con mi primer terapista pocos años después de haber terminado nuestro trabajo inicial. Poco tiempo después, tenía una picazón, habiéndose formado una fea y rojiza erupción alrededor de mi garganta que permaneció por semanas. Probé sin éxito cada tratamiento que pude encontrar.La erupción sanó solamente cuando te permití expresarte. Y se marchó luego de escribirle una carta de mi enojo a este terapista, la cual no llegué a enviar, aunque sí liberó dentro de mí muchas preguntas enojosas, sobre todo el por qué había permanecido por tanto tiempo en un difícil y sofocante matrimonio. Después que me mudé y empecé a vivir sola, la erupción regresó dos veces. Sólo las cartas escritas a ese terapista, a nadie más, pudieron eliminar cada vez la erupción; desde entonces, no ha vuelto más. Quizá te sentiste comprendido cuando finalmente escribí y envié la carta a ese terapista; él me contestó con sentimientos de remordimiento y tristeza.


Tú también me mostraste el camino de escape de mi segundo matrimonio, donde había quedado atrapada en un laberinto diferente, igual creado por mi niñez, el cual, eventualmente, me ayudaste a ver por dentro. Pero, sobre todo, tú me permitiste sentir y enfrentar las consecuencias de las acciones y actitudes de mi niñera hacia mí. Hasta que hablaste, yo la había idealizado porque ella había vivido conmigo como si fuese mi madre, marchándose seis años después, cuando yo tenía siete años de edad. Esta devastadora separación, que me produjo un dolor enorme y que surgió a menudo en la terapia, me había cegado. Aquella atesorada cercanía física que hubo entre nosotras –y que había sido despreciada, condenada y no practicada por mi madre- me hizo creer cuando niña que esta niñera me amaba verdaderamente. Esta niña se había aferrado desesperadamente a creer en el amor de su niñera, igual que en el amor de su segundo esposo. Como resultado, no me percaté, ni en la terapia, cuán cruel había sido esa niñera; y también como me había golpeado sin piedad; su frialdad al abandonarme ya que nunca regresó a visitarme luego de su marcha. Había cerrado firmemente los ojos para no ver las dolorosas experiencias vividas con ella, hasta que el término de mi segundo matrimonio quitó la cortina que tuve frente a mis ojos por más de cincuenta años.


Después que me separé de mi segundo esposo, tú surgiste en forma de dolor alrededor de mi cadera izquierda, el lugar donde la niña había sido golpeada y herida cuando ella era azotada, no sólo con las manos sino hasta con perchas y un batidor de alfombras. Tú me mostraste que estos abusos no sólo significaban tortura para una niña, sino cómo la habían subyugado y la habían obligado a la adulta, a aprobar y obedecer al hombre que amaba. Tú me diste el poder de darme cuenta de las consecuencias de la crueldad de mi niñera y de mis padres. Cada ataque cruel, cada justicia vil provocó nada más que terribles sentimientos de terror, culpa, dolor, soledad y miedo, forzando a la niña a creer que estaba equivocada, que era malévola y que era tarea de ella, y sólo de ella, aceptar la carga de la culpabilidad y la solución del problema el cual era ser obediente y cumplir con las expectativas, las exigencias y las órdenes. Mientras me comunico con el dolor en mi cadera, tú me permites ver cómo las personas pueden ser crueles conmigo y cómo su crueldad me obligó a ser sumisa. Finalmente, puedes manifestar tu protesta e ira contra la niñera idealizada. De este modo, reconozco y puedo dejar atrás mi rol de sirvienta complaciente, el cual fui obligada a asumir desde niña. Seguramente que no deseas que sea una servil esclava sin necesidades, sin voz, sin ser tratada con respeto y amor. ¡Gracias, querido enojo!


Luego del divorcio, el dolor alrededor de mi cadera se me había quitado, pero cuando distraje mis sentimientos tratando de reconectarme con mi segundo esposo, como amigos después del divorcio, sentí un nuevo dolor alrededor de la parte superior de mi brazo izquierdo. Era el lugar donde la niña era sostenida mientras la sermoneaban y le gritaban. Este dolor me hizo ver cómo la niña había sido sujetada en su desarrollo por la ira, la arrogancia y la rectitud. El dolor me advirtió a no ser agradable hacia alguien que se había convertido en sordo y ciego a mis sentimientos y necesidades. Me enseñó cómo mi niñera, padres y esposos, hasta mis terapistas, me habían atado a sus ilusiones y mentiras, y cómo empuñaron el poder para agarrarse de mí, poseerme y aprovecharse de mi espíritu, mi generosidad y mi vitalidad.


Los arrebatos de furia y violencia que tuve que sufrir cuando niña me retuvieron e impidieron mi libertad y mi vida. Mientras escuchaba mi dolor, tú hablaste, querido enojo, entretanto una fuerza intimidante se manifestaba: la compulsión de que debía ser agradable con los demás a cualquier precio, y lograr que todas las cosas estuviesen “bien”, sin importar que me hubiesen herido y defraudado; desorientado, traicionado y mentido; tratado con amor y respeto, pero sin sentimientos de culpa ni remordimientos, sin mostrarme su comprensión. La niña solamente quería sentirse segura de nuevo y poder creer que era amada. En cambio, en vez de percatarse de lo que ocurría y cómo era maltratada, su único propósito era crear armonía para ganar nuevamente a la “buena” niñera y a una madre que NO fuese capaz de asustarla.


Esa vieja niñez deseaba ansiosamente reunirme con un arrogante, mal agradecido esposo que usó mi entrega generosa y servicial para suplir sus necesidades hasta que mi enfermedad, surgida por el estrés, me impidió estar disponible para satisfacer sus deseos. Tuve que reconocer a un hombre egoísta que pretendió controlarme y manipularme. Enfrentar que había sido atrapada de nuevo en una trampa de niños. Fuiste tú, mi querido enojo, que hizo esto visible para mí, y cómo los horrores de mi pasado me habían programado para tolerarlo y soportarlo.


Lo que tú has compartido conmigo se convierte en conocimiento consciente; se sumerge en mi conciencia y luego me provee de información valiosa y hechos claros. Tú no deseas que yo sea una egoísta; que en vez de compartir, se haya aprovechado y se haya tratado a sí misma sin respeto, amor, consideración y cuidado. ¡Gracias por revelarme la verdad, querido enojo!


A menudo me he preguntado por qué atraes tanto rechazo, resistencia y condena. ¿Por qué en el mundo te dieron a mí? Evidentemente, te dieron a mí por una razón, igual que todos mis sentimientos. Ellos existen para protegerme de ser herida y lastimada, para guardar mi integridad, para salvar mi salud y mi vida. Mis sentimientos y necesidades verdaderas me hacen única, el ser humano que soy; ellos crean mi verdadero yo. Mis sentimientos trabajan para asegurarse de que mis necesidades son satisfechas. Tú estás claramente designado a surgir como una importante reacción auténtica de mi cuerpo, como un valioso, revelador y verdadero sentimiento propio. ¿Por qué las personas te juzgan con tanta dureza?


Tu condena se inició en mi infancia, donde tú, mi querido enojo, fuiste nombrado criminal y perseguido sin misericordia. El enojo era propiedad única, exclusiva e inherente del dominio de mis padres y otras figuras de autoridad. Fui enseñada a creer en un Dios que lo veía “todo”, lanzaba las personas al infierno, sostenía los “juicios finales” y castigaba con furia y colérica ira. Cada día de mi infancia estuvo lleno de “juicios finales” que me condenaban en las llamas ardientes de la culpa, miedo, vergüenza y el horror de mi supuesta maldad. Ese Dios parecía como un súper padre, la extensión y el partidario todopoderoso del ilimitado poder parental. Ese Dios me aterrorizaba e igual los temibles e intimidantes mensajes bíblicos. A pesar de que Jesús condenaba fuertemente a aquellos que provocaban el tropiezo de un niño, y enseñaba que sólo se podía entrar al reino de los cielos si nos convertíamos en niños, ese mensaje no impactaba en ningún aspecto en cómo yo era maltratada.


Dios y mis padres eran co-conspiradores. Eran una clase especial y escogida que podía expresar y sentir el enojo libremente hacia los impotentes. Mis hermanos, mis hermanas y yo fuimos víctimas constantes de su ira. Sin embargo, nunca vi a mis padres enojados con sus propios padres, hacia Dios o hacia autoridades importantes. Dios se parecía a ellos: tenía poder ilimitado y lo usaba para perseguir a cualquier persona o cosa que lo desagradara y tuviera menos poder que él.


La guerra del enojo contra mí empezó antes de que tuviese acceso al lenguaje y al conocimiento consciente. Mi madre ya había usado la violencia contra mí cuando era una pequeña bebé, menos de un año de edad, según ella misma una vez me dijo. Es temible y aterrador para mí imaginarme lo que esa violencia temprana hizo a ese pequeño cuerpecito; cómo me ha horrorizado y me ha abrumado su absoluta impotencia, torturándome con espanto, dolor y la anticipación ansiosa de más dolor y miedo. Ese pequeño cuerpecito no podía huir, ni protegerse a sí mismo de ninguna manera, todavía no estaba capacitado para formar palabras y pensamientos; no tenía consciencia para procesar nada. Ese cuerpo indefenso, tiranizado y consumido por sentimientos mutilados y devastadores, era nada más que sentimientos. “Siento, luego existo”, expresa el inicio de la vida. Qué desesperante debía sentir esa niña su existencia, qué indefensos sus esfuerzos de saber por qué era golpeada y qué podía hacer al respecto. La experiencia de la ira estaba fuera de su panorama. Desde sus inicios, tan pronto ella tuvo que confrontar la fuerza parental, su enojo fue liquidado y suprimido. No tuvo la oportunidad de entender de ninguna manera, lo que se suponía que debía hacer y qué le estaba ocurriendo. Y así fue como al final de su primer año, ella había cumplido con el propósito de su madre: no mojar los pañales.


La vida para este bebé significaba ser atacada, torturada, perseguida, y en la búsqueda de encontrar una forma de lidiar con el dolor y el terror que le fue provocado. Aprendió temprano, a través de una forma inconcebible de comunicación física violenta, que su vida, sus sentimientos y necesidades –esa ELLA- no importaban. Fue considerada como una cosa y tratada como una posesión que se suponía no debía molestar ni ser una carga para sus padres. Tuvo que usar toda su energía, fuerza y vitalidad para enfocarse exclusivamente en las exigencias de ellos. No podía experimentar la paz en su interior, ni conocerse, ni estar con ella misma. Tuvo que ganarse su existencia complaciendo los deseos de sus padres.


Si tú y yo, querido enojo, hubiésemos estado a su lado y sido testigos de mi madre atacando a ese pequeño bebé, nuestra afrenta lo hubiese salvado de esa cruel mujer sin piedad tomándolo en mis brazos para siempre. También le diría lo que pienso de su barbárica brutalidad. Y de su ineptitud para ser madre. A menudo me pregunto por qué no hubo nadie del lado de ese maltratado y solo bebé, por qué es todavía legal hacer esto a bebés y niños, y por qué publican libros donde golpear a un niño es correcto. Estos no son más que horrendos crímenes contra la vida y la humanidad.


El enojo era juzgado negativo sólo si un niño lo mostraba; un niño no tenía derecho a estar enojado, ¡sólo las autoridades! Te silenciaban con dureza como un condenable crimen de “contradicción”, “voluntariedad”, “arrogante desfachatez” o “pretensión inapropiada”. El enojo de un niño era considerado un delito estrictamente prohibido, castigado y perseguido; sin embargo, la ira de mis padres y mi niñera se desencadenaba contra mí libremente, sin control, en cualquier momento. Sus ataques viciosos, violentos o confabulados, y humillantes regían mi vida llenándome de un miedo mortal. Destruyeron mi auto confianza y arrebataron mi habilidad de analizar la realidad con precisión.


Estaba aterrorizada y en pánico cuando fui atacada con violencia, la cual siempre expresa enojo y odio. Es una mentira enfermiza el que la violencia se puede administrar “sin ira”, según afirman algunos acerca de la violencia contra los niños, los que tienen el arrojo y el descaro de defender su crueldad escondiendo la verdad. Durante mi infancia tú no podías ayudarme a desenmascarar esa inhumanidad, menos aún terminarla. Cualquier protesta de un niño indefenso, desprotegido e impotente lo hubiese puesto en gran peligro. Los azotes y los sermones amenazantes que sufrí cuando niña me aterrorizaron. Cuando ocurrían, sólo quería volver a sentirme segura y cerca del atacante, a quien no pude reconocer nunca como el perpetrador. Tal como tú, mi enojo, no te era permitido vivir, yo tampoco lograba sentir y menos ver enteramente que era la víctima abusada con una violencia inhumana. Fuera de aquella oscura desesperanza y confusión, el deseo porque todo estuviese “bien nuevamente”, permitió que la relación fuese “agradable de nuevo” y se convirtió en una adicción abrumadora.


Los adultos estaban convencidos, de manera inquebrantable, que tenían derecho a su ira, la cual convenientemente era designada y disculpada como: “es por tu propio bien”. Ellos creían que Dios les había dado el derecho de criticar, humillar, castigar, gritar y vociferar, hasta golpear a una niña no importando que pusiese en peligro su seguridad e integridad. Mientras ellos desahogaban su propia ira desinhibidamente, prohibían el enojo de la niña, exigiendo su autocontrol, al tiempo que le daban sermones acerca de cómo debía “recogerse ella misma”. Alegaban que yo merecía su crueldad y que los delitos cometidos por ellos mediante el abuso violento verbal y físico contra mí, era bien merecido y basado exclusivamente en MI propia culpa y faltas. Me vendieron su crueldad tiránica como un acto justo, mentira destructiva que extinguió toda la compasión por mi misma, contribuyendo a crearme una devastadora confusión y lavado mental. Parecían santos que no podían equivocarse, y que eran libres de cualquier responsabilidad acarreada por ellos mismos, sus acciones y sentimientos. De esta manera, hicieron imposible que yo estuviese de mi propio lado.


No obstante, si me hubiese atrevido a golpear a otro niño, hubiese sido sermoneada y castigada por ese acto malvado, por el mismo acto que marcó mi niñez y que tuve que sobrellevar y sufrir con frecuencia. Cuando niña, no podía ver a través de esa hipocresía repulsiva. Nunca se me hubiese ocurrido pensar en: “¿quién sermonea y castiga a los adultos cuando pegan o golpean a un ser humano más débil y vulnerable? ¿Quién los golpea a ellos cuando cometen errores? ¿Por qué esas autoridades poderosas tienen la fuerza y el derecho de inventar, mediante un capricho, todo tipo de pecados y arbitrariamente elaborar supuestos errores?”


Los sentimientos y necesidades de la niña, por encima de todo su enojo, fueron los pecados fundamentales. Todo el tiempo, mis padres y la niñera estuvieron inclinados a encontrar razones que reprobar en la niña, pero ninguno de ellos trató de escucharla, entenderla y cuidarla. ¿Cómo podía escapar alguna vez del laberinto de este astuto juego de fuerzas, de este peligroso e insano abuso de poder?


Se convirtió en mi estilo de vida durante mi niñez: perdonar la injusticia sin reconocerla ni protestar en su contra. No tuve otra alternativa que seguir aceptando la culpa injusta e inclinarme ante las mentiras, manipulaciones y violencia. Los adultos siempre tenían la razón, la niña era automáticamente presumible y declarada culpable. Ni la comprensión ni el perdón eran otorgados, por lo tanto, la niña fue obligada a creer, día sí y día no: “Estoy equivocada y siempre lo hago todo mal”. Se convirtió en su silenciosa, enterrada y profunda agonía interna que emergía durante la terapia como su herida más dolorosa y fundamental.


Nadie observó el sufrimiento de esta niña; nadie la protegió; nadie estuvo de su lado para hablar contra los horrores que ella tuvo que soportar. Por el contrario, todos le exigieron a ella que dejase la resistencia y soportara las injusticias cometidas en su contra con bondad eterna: siempre perdonando buenamente al poderoso, sus padres y la niñera, por todas las cosas que ellos le habían hecho. Ella los amaba y quería nada más que su amor y bondad, por lo cual hizo todo lo posible, incluso cargar con la cruz de los inmensos sentimientos de culpa que nunca debieron formar parte de sus tribulaciones. Pero su amor, su entrega egoísta y sus sacrificios no tuvieron respuesta. La violenta crueldad la condenó a una existencia sin esperanza en el oscuro calabozo de la soledad, el miedo, la vergüenza, la culpa y el aislamiento, sin dignidad ni respeto.


En la infancia existe una sola manera de sobrevivir: aceptar, disculparse y continuar con las agresivas actitudes y acciones humanas. Pero, luego, en la adultez, ¡hay una forma de escapar! Tú cambiaste mi vida, querido enojo, pues me permitiste ver a través de las mentiras, desenmascarar y rebelarme contra el cáustico juego de poder, dándome la fortaleza de ser lúcida y firme. Tú me diste la habilidad de decir que no, cuando no fui tratada con respeto. Tú me diste el conocimiento y la sabiduría para retirarme de relaciones no saludables, según me ibas mostrando mis realidades pasadas y presentes.


Ni como niña, ni por los años transcurridos como adulta, pude darme cuenta de lo que me habías enseñado: que NO ERA MI conducta, pero si la de mis padres y niñera, lo que estuvo lleno de resentimiento, equivocación, imperdonabilidad, fuera de control y maldad. Su comportamiento no hablaba más que del uso equivocado de la fuerza, la arrogancia y la crueldad. Aquellos que predicaban el perdón no practicaban el perdón. Se sentían superiores, poderosos, hasta omnipotentes, y siempre consideraban justificable cuando castigaban, degradaban y liberaban su ira contra débiles e indefensos seres humanos, actividad que hasta disfrutaban. ELLOS fueron los que cargaron con el resentimiento y los que tuvieron un enorme problema con el enojo. Sus almas y mentes no eran accesibles. No podían comunicarse ni abiertamente ni con la verdad.


Mientras más surgías en la terapia, más me mostraste cómo el sistema de locura humana había manipulado a la niña, lo que destructivamente imprimió en mí, y cómo todavía me persigue en la adultez llenándome de aversión y odio a mí misma. Tú me revelaste cómo me había programado para acusarme, a experimentar cada problema y adversidad de la vida como resultado solamente de MI culpabilidad irremediable y grado innato de maldad. Era la meta de toda pedagogía negra a la que yo tuve que someterme y obedecer sin voluntad propia. Los adultos tenían el derecho de tener una voluntad, no los niños. Esto se demostró por una enfatizada doctrina que tuve que escuchar una y otra vez. Todavía permanece grabada en mi memoria:


“Los niños con propia mente y voluntad, deben ser golpeados por detrás”


Los adultos nunca admitían sus errores, nunca estaban arrepentidos, por lo contrario, siempre estaban en lo correcto. Tenían la ley y la justicia de su lado. No había nadie para defender a un niño. Cada criminal tiene derecho a un abogado para asistirlo en la corte. La ley injusta de mi niñez unió junto a mis padres y la niñera, a los acusadores, jueces y ejecutores de un estricto sistema penal donde la acusada no tenía el derecho a un abogado ni a un juicio justo, sino permanecer en silencio sin la facultad de opinar y defenderse ella misma. Un niño no tenía ni derechos humanos ni legales, y aún no los tiene.


El terrible resultado fue que estuve aterrorizada de la vida y de cualquier conflicto. No tenía voz. No podía hablar de lo que veía, pensaba y sentía. Me impidieron tener necesidades propias y no tuve la oportunidad de satisfacerlas. Durante años, estuve convencida de que era incapaz de resolver problemas, por lo que nunca me atreví a enfrentarlos ni a lidiar con ellos. Tuve que dejarte a un lado, mi querido enojo y buen apreciado amigo, igual que a mis otros sentimientos y verdaderas necesidades. Los únicos sentimientos permitidos durante mi infancia fueron: agradecimiento, piedad, admiración y adoración de mis padres y de Dios. Las únicas necesidades permitidas fueron aquellas que mis padres, niñeras, religión y escuelas me endosaban y fomentaban. Por años, creí que mis necesidades consistían en seguir el ritmo que los demás exigían y esperaban de mí.


Durante un largo tiempo, no podía vivir con mi verdadero yo, por lo tanto me perdí de la vida. Estuve programada para enterrar mi cabeza en la arena, a creer ciegamente en las autoridades, y a servir y seguirlos como una esclava. Necesitaba tu poderosa vitalidad y entendimiento, y el apoyo de la terapia para reclamar mi verdadero yo y mi vida. Como siempre, yo había sido quien tuvo que cargar sobre mis hombros la culpa y el perdón, había sido obligada a creer que estaba equivocada y resentida si me hubiese atrevido a expresar mi propio y diferente punto de vista cuando hablaba y protestaba, y cuando no quería continuar unas relaciones por encima de la de mis padres. Cuando tú te manifestaste en la terapia, ¡me mostraste la salida fuera de esa locura! Tú te convertiste en un aliado y amigo que me permitió reconocer a las personas por quienes son, en vez de aceptar ciegamente cómo ellos querían que los viera y deseara ser vista según su egocéntrico punto de vista. Tú me diste el valor para saber cómo yo era tratada. Tú me salvaste de consagrar mi energía en anhelar y tratar de llegar a las personas que me habían herido y dañado, aunque éstas no sintiesen remordimiento ni estuviesen arrepentidas, ni tampoco mostrasen algún tipo de conocimiento al respecto.


Me siento tan agradecida de ti, mi querido enojo, que me diste la fortaleza de caminar el sendero de la dignidad y de ser verdadera conmigo misma. En lo más profundo de mi interior, siempre tuve ese anhelo. Tú no quieres controlarme o dirigir mi vida, sino protegerme y ayudarme a tomar conciencia de la realidad y de mi verdad. Todo lo que tú siempre necesitaste, y todavía necesitas de mi, es que te escuche, con respeto y cuidado, para que pueda aprehender tu mensaje, luego, sigues tu camino. Tienes la habilidad y el poder de mostrarme lo equivocado en mi vida y lo desacertado de mi pasado hasta que yo pueda comprenderlo, y realice los cambios necesarios para mejorar mi vida y afirmar mi libertad.


Aunque sólo acudes a veces para compartir conmigo lo que entiendes, los demás parecen creer que yo tengo un problema con la ira si me permito explorarte. Ellos me juzgan si trato de comprenderte y de que quiero aprender de ti. Te colocan en la categoría de las tan mencionadas “malas emociones” que deben ser “liberadas”. Hasta te condenan a pesar de que tienes tanto que decir, ¡sobre todo acerca de la niñez del ser humano!


Muchas personas, religiones, ideologías y sociedades se consideran ellas mismas compasivas, justas y humanas, sin embargo, tienen creencias llenas de resentimientos y prejuicios que alientan a sus seguidores, hasta permitirles odiar a otros y a actuar con venganza. Se presentan como verdaderos intolerantes, creencias odiosas acerca de “otros” que no les han hecho daño, pero que se niegan a seguir sus limitantes y autoritarias doctrinas. Ellos usan sus creencias para justificar sus crueles y vengativas acciones, y la difamación y condena de los demás, incluso luego de que estos han muerto.


Las llamadas creencias espirituales se enorgullecen de haber superado el dogma religioso. Sin embargo, se aferran a unas vagas, impalpables e indefinibles ideas esenciales acerca de la “salvación” y de una mejor vida, las cuales generalmente surgen de tradiciones ancestrales que también han servido de negación de sentimientos y de violentos tratos con los más vulnerables seres humanos. Estas tradiciones ni reconocen los orígenes de las llamadas “emociones malas”, ni la importancia de la ira en los sentimientos de todas las personas. Suprimen la más valiosa y esencial información que los sentimientos proveen acerca de la naturaleza verdadera y única de la individualidad, historia y desarrollo de cada ser humano. La ira y el odio son condenados como “sentimientos negativos”, aconsejando el perdón como panacea de sanación de todo tipo de enfermedades sociales, de conflictos y de relaciones personales, especialmente con nuestros padres. Pero, ¿funcionará esto? ¿Eres tú, querido enojo, algo sin sentido, uso y valor? ¿Serás un simple error, una equivocación, un loco antojo de la naturaleza que puede ser echado a un lado y enterrado sin mirarlo, sin las consecuencias que esto conlleva?


Tiene sentido el hecho de entender el perdón como un recurso de abandonar la venganza. Pero el objeto de la ira no es estar resentido o desaparecer, sino ser comprendida. He tenido la experiencia de cómo las personas pueden entender su enojo y sus causas: cuando las llamadas “emociones negativas” son escuchadas, y el deseo de venganza y el injustificado y ciego deseo del odio pasa.


Muchas creencias espirituales quieren que superemos las “emociones negativas” y nos dicen que solamente las “emociones positivas” son provechosas. Un famoso líder espiritual, el Dalai Lama, enseña: “Debemos también darnos cuenta de que estas emociones negativas no son sólo muy malas y dañinas para uno personalmente, sino que son igualmente perjudiciales para la sociedad y el futuro de todo el mundo.”


Si, estoy de acuerdo, exponer la ira y el odio en personas inocentes, sobre todo en niños indefensos, es un peligroso, despreciable crimen que crea violencia, enojo y odio desde la cuna en adelante, pero nunca, nunca la paz. La violencia contra los niños engendra más violencia. Aunque no estoy de acuerdo en que el enojo puede desaparecer solamente mediante la meditación.


El enojo ha sido comprendido como algo que nos da la fortaleza para romper con los aspectos destructivos que sufrimos durante la niñez; a apreciar nuestros sentimientos y necesidades y, por lo tanto, a amarnos a nosotros mismos; a definir nuestros verdaderos valores; a trabajar para convertirlos en realidad; a exigir nuestra humanidad y dignidad; a aceptar nuestro llamado. Nos provee del coraje y la fortaleza para pronunciar con fuerza la verdad. Nos permite comprometernos a terminar con la violencia contra los inocentes, sobre todo los niños indefensos, quienes todavía en nuestro día y edad, deben sufrir sin esperanza como víctimas de tanto inmerecido, irresponsable e injustificada incomprensión parental, crueldad, abuso e injusticia. El mayor, más peligroso, destructivo y dañino poder ilimitado de nuestro tiempo descansa en las manos de los padres de los niños.


La ira y el odio no desaparecen aunque lo deseemos y lo forcemos a ello. En su importante, fascinante artículo: “¿Qué es el Odio?” Alice Miller (alice-miller.com) escribe: “Yo también creo que el odio puede envenenar el organismo, pero solamente si es inconsciente y dirigido por cuenta ajena como sustituto de figuras o chivos expiatorios.”




Emociones de ira y odio reprimidas, desconocidas, solo crean devastación y destrucción soterrada. Debemos entender no solamente las causas y las razones de esos fuertes sentimientos, sino también los traumas y verdades que estos sentimientos nos piden destapar. El mundo se convertiría en un lugar menos contrariado y odiado, tan pronto la humanidad despierte finalmente de sus antiguas cegueras hacia el sufrimiento de los niños. Esto evitaría a padres, profesores, instructores religiosos y otras figuras de autoridad, de golpear a proteger a niños indefensos confiados bajo su protección, amor y cuidado, ausentes de conocimiento y emociones suprimidas en el nombre de la disciplina y la llamada educación “por su propio bien”.


La resolución UNO de 1996, exige que debemos considerar a los niños como seres humanos con derechos de vivir y crecer sin violencia y en dignidad. La violencia infligida en los más jóvenes, seres humanos más vulnerables, destruye el desarrollo saludable de sus tiernos y más vulnerables cerebros, que crecen dramáticamente durante los primeros años de vida. La crueldad y el maltrato negligente daña la formación de un intacto, saludable cerebro que puede sentir compasión por su propio sufrimiento y el sufrimiento de los otros, especialmente los de los niños. (Ver la nota al pie de la página) Estos críticos, imperturbables cerebros no se detendrán a justificar la violencia contra los niños, nombrada eufemísticamente como: paliza, bofetada y disciplina. Jordan Riak en "Nospank" escribe acerca de su lista de sinónimos de la palabra paliza en su panfleto: “Hablemos francamente sobre el castigo físico de los niños”. (Está disponible en red: http://www.nospank.net/castigo.htm.)


Antes me sentía culpable cuando te experimentaba dentro de mí, querido enojo, porque percibía que me habías convertido en algo que no quería ser: una niña mala o una adulta mala y despreciable. Cuando tú apareciste, creía que algo terrible me ocurría. Me sentí avergonzada de ser como mi madre. Pero, cuando la gente me dice ahora que tú eres malo y que no sirves a propósito alguno, siento cómo afloraste fuertemente en mí. Tú no estás de acuerdo en ignorarte a ti mismo a través de engañosas técnicas como: “meditación”, “estar centrado”, una forzada “paz interior”, “desatarte” y el “perdón”. Tú me respondes y me proteges ahora cuando otros me etiquetan como: “resentida”, “no recuperada”, “inclemente” o “no libre” cuando hablo acerca de ti o te muestro a los demás.


He llegado a la conclusión de que aquellos que predican el perdón y condenan el enojo están a menudo profundamente atormentados por su propia e irreconciliable ira. Rechazan reconocer su actitud enjuiciadora, irreverente, respecto a sus problemas con el enojo, y el dolor y el daño que le hacen a los otros. Pienso que ellos actualmente te temen, querido enojo, y de lo que tú les dirías acerca de su historia y sus vidas. Ellos niegan los sentimientos de los demás y no desean saberlos. Venden su negación, disfrazada de una decepcionante túnica de perdón que pide ser “liberada de la ira y del odio”, como una panacea de sanación. Pero esto no funciona, según muestran a menudo, tristemente, sus acciones destructivas y auto destructivas.


La meditación intenta derrotar los “sentimientos negativos” dejándolos pasar, para luego transformarlos en “centrados” y así obtener “paz interior”. Este concepto también ha entrado en el ámbito de la terapia. El trabajo de mi terapista estuvo influenciado por este concepto. Uno de ellos exigía que “el verdadero yo” era un lugar descrito por las palabras que inician con C: calma, compasión, centrado, creativo, confidente, corajudo y curioso. No mencionó el enojo a pesar de ser considerado la parte de la personalidad más informativa, importante y vital. No obstante haberte aceptado con certeza, querido enojo, cuando tú a veces te mostraste y no aconsejaste el perdón, él no te apreció verdaderamente ni tampoco te valoró. Ciertamente que no tomó seriamente la información que tú le proporcionaste. La razón es –estoy segura- fue que él mismo te evitó en su vida. Él fue el paciente y comprensivo terapista para todos. No confrontó sistemáticamente su propia niñez, por lo que no podía experimentar los sentimientos de indignación y atrocidad que ese trabajo hubiese manifestado en él. No aspiró a aprender de estos sentimientos acerca de sí mismo, su pasado, su vida y sus necesidades verdaderas.


Creo que no tenías espacio para la vida personal de mis tres terapistas. Ellos todavía vivieron como los impotentes, compasivos, buenos niños quienes desearon crear armonía. Los tres fueron influenciados por tradiciones espirituales. Tú no fuiste un sentimiento bienvenido, reconocido ni apreciado por ellos, que les permitiera descubrir la verdad acerca del dolor de su niñez. Al final, dejé de trabajar con ellos porque me sentí mal dirigida y traicionada. Sin el reconocimiento del rol vital que tú juegas confrontando mi niñez y lidiando con mi realidad presente, no podía convertirme en un ser humano auto confidente porque tú, mi querido enojo, eres especial en sumo grado, y parte esencial de mis sentimientos y mi verdadero yo.


Me tomó largo tiempo darme cuenta de tu importancia y de darte la bienvenida. Ahora, nuestra relación ha cambiado; tú te has convertido en mi amigo. Mientras me comunico de manera física y emocional por medio de las cuales mi cuerpo expresa viejos dolores, tú me revelas cada vez mas profundos niveles de cómo los horrores de mi niñez me han mal dirigido y aprisionado atándome a personas destructivas.


Mis experiencias contigo son fascinantes e iluminadoras. Cuando te escucho con respeto –o hablo de ti con alguien que me entiende y me escucha, y comparte el por qué estoy enojada- entonces, sé que tú te sientes aliviado porque tú también puedes expresarte y sentirte comprendido.


Cuando te he escuchado, tú me calmas y me das paz interior. Lo que me revelas se convierte en un hecho. Me das la facultad de ver la realidad sin tapujos. Tú me concedes claridad acerca de mi pasado y mi vida presente. Tú me has dotado de auto confidencia. Tú me facultas con fortaleza. Hoy, puedo tratar a los indefensos con respeto y compasión, y hablar la verdad con autoridad. Hoy sé que todos los sentimientos transmiten informaciones sumamente importantes si las respetamos y estamos abiertos a éstas.


© Bárbara Rogers, enero 2007

La estrategia de los abusadores sexuales


En este artículos al igual que el anterior, mencionaré las etapas en las que ocurre el abuso sexual, por qué causa tanto daño y ese daño qué relación tiene con las estrategias que utilizan los abusadores sexuales para llevar a cabo su delito contra niñas/os y adolescentes.

La tercera fase: el secreto: La niña/o o adolescente empieza a darse cuenta de que algo no anda bien, ya sea porque se lo comentó a alguien o porque ve la insistencia del abusador de continuar con este tipo de “juego”. Comienzan a revelarse, a decir que no quieren, se rehúsan a hacer lo que el abusador les obliga, el abusador recurre a la violencia, hace uso de su poder y autoridad y comienza a amenazar a la niña/o, adolescente para que no comente lo que está ocurriendo, logrando el silencio a través de la amenaza a su vida o a la de sus seres queridos e incluso a la de él, asegurándole que si habla él va a sufrir mucho porque lo echarán preso, que no van a tener quien les dé de comer, que su mamá va a sufrir si se queda sola.

Cómo viven esto las niñas y niños: Se observa un rechazo abierto a estar cerca del abusador, la persona buena y querida se transformó en un ogro, la transformación física que ve en el abusador cuando está cometiendo el delito les causa mucho miedo, por eso puede ser que llore, se enoje o se esconda cuando lo ve o lo obligan a estar con él. Se observa este comportamiento como malacrianza o rebeldía.

* Ha dejado de disfrutar de las cosas que hacía.
* Se aísla.
* Las adolescentes pueden comenzar a presentar actitudes agresivas contra la madre o el abusador.
* Sentimientos de culpa que fueron aprendidos a través del abusador que todo el tiempo les dijo: “A vos te gusta esto, vos me provocás, vos quisiste.”


La cuarta fase: la revelación: Trae consigo toda una crisis, se ha alterado la dinámica familiar, el abusador ya no es el mismo, pasó de ser su mejor aliado a ser el peor de sus enemigos, amenazándolos y culpabilizándolos. El abusador se centra en estar señalando lo mal que se portan, lo “mentiroso” que son, se vuelve “aliado” de la madre o de cualquier figura de poder en la familia. Con las adolescentes la actitud es de prohibirle que la visiten o que ella visite a sus amigas o amigos, le dice vaga, loca, playo, etc.
Alterar la relación madre-hija/o es su mayor interés por lo que pueden darse con mucha frecuencia discusiones y agresiones en contra de ellas y ellos, esto puede generar en las adolescentes, fugas del hogar recurrentes, consumo de drogas, y un mayor riesgo de entrar en Explotación sexual comercial.

Cómo viven esto las niñas y niños:
T Ya se dieron cuenta de que su hogar es muy peligroso.
T Experimentan la traición no sólo de manos del abusador sino también de parte de los miembros de la familia que no están abusando de ellos porque sienten que no los están protegiendo.
* Sentimientos de Impotencia aprendida de sus intentos para detener el abuso.
* El cuerpo está dando señales, puede estar acompañado de insomnio, pesadillas o terrores nocturnos.
* En las adolescentes, la actitud puede variar entre agresiva o sumisa, pueden haber huidas del hogar y de la escuela.
* Hay mucho miedo, enojo, culpa.
La retractación, el silencio o la supresión consciente o inconsciente del abuso: Puede ocurrir cuando la niña, niño o adolescente se encuentra en su proceso de revelación y se encuentra con personas que no le creen, en su mayoría cercanas o conocidas del agresor que desconocen las estrategias que él ha utilizado para cometer el delito, pueden estar entre esas personas también personas de la comunidad y las instancias que administran justicia. Si estas le resultan amenazadoras optan por retractarse, decir que es mentira, y es donde a pesar de estar viviendo una crisis y toda una situación de amenaza a su vida a su cuerpo, prefieren callar ya que no cuentan con los recursos personales ni familiares para protegerse. La confianza se encuentra alterada, es uno de los mayores daños causados por el abusador.
Cómo viven esto las niñas y niños:
* La vida, la existencia es una amenaza.
* Siente que es diferente de las demás personas.
* Se le dificulta relacionarse consigo mismo y con otras personas, por el sentimiento de estar desamparados, desprotegidos, abandonados, traicionados.
* Se desconectan de sus sentimientos, de su cuerpo, para poder sobrellevar el dolor que causa el abuso. El cuerpo no se lleva, no se siente, no se ama. Por ser éste el objeto de deseo para el abusador.
Tenemos la responsabilidad de estudiar y prepararnos para enfrentar la gran amenaza que significan los abusadores sexuales y su forma tan cuidadosa en la que operan.
Nos toca como personas, como familias, como instituciones, como sociedad y estado establecer los factores que protejan a las niñas/os y adolescentes, todos los instrumentos legales elaborados y ratificados como país nos obligan a hacerlo. Los abusadores conviven con nosotros, esa es la realidad que nos toca enfrentar.


*Psicóloga.
MCAS
hablemosde.abusosexual@gmail.com
yotecreo@gmail.com

Incesto: delito acallado que violenta a las niñas

En la penumbra y el silencio de la intimidad, las niñas víctimas de incesto padecen el dolor de haber sido abusadas por un familiar y no denuncian, por lo que el delito queda en la impunidad, reporta la organización Save The Children-México.

Para colmo, la agrupación internacional Human Right Watch (HRW) advierte que en las leyes de algunos estados las menores de 18 años también son sancionadas penalmente por incesto, toda vez que el delito es definido como “un abuso contra la unidad familiar”.

En el país no existe un registro nacional de niñas y niños víctimas de todas las formas de abuso sexual, a pesar de ser un delito que, afirma la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim), va en ascenso.

La Redim asegura que México carece de información sistemática que muestre la magnitud del problema, y además no se cuenta con sistemas que faciliten tanto el diagnóstico en niñas y niños víctimas de abuso como la denuncia eficaz.
“Es aún un problema cargado de un fuerte estigma, y aunque la frecuencia va en crecimiento, no es un tema muy documentado por los sistemas de justicia y salud… Lo que sí se sabe es que es un tipo de maltrato que se ejerce más sobre las niñas”, añade.

La PGJDF informó en octubre de 2010 que los casos de abuso sexual y violaciones contra menores de edad —en su mayoría niñas— sumaron 4 mil 742 de 2006 a 2009. No hubo registro de alguna denuncia por incesto, precisó la dependencia.

Un estudio reciente de la UNAM revela que los casos de abuso sexual infantil se cometen en su mayoría por padres, tíos y primos y no por personas ajenas a las víctimas.
Organismos de derechos humanos reportan que la edad promedio de las víctimas es de 5.7 años y que 77 por ciento son mujeres. En 19 por ciento de los casos, la víctima conocía al agresor que era el hermano; el padrastro en 18 por ciento; el tío en 16 por
ciento y el padre en 15 por ciento.

De acuerdo con IPAS-México, la Secretaría de Salud hospitalizó durante 2009 a una de cada tres niñas de entre 10 y 14 años por razones ligadas a embarazo, parto, puerperio y aborto, lo que hablaría del índice menores de edad que son abusadas sexualmente en el seno familiar.
Laura Martínez Rodríguez, fundadora y directora de la Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas A.C. (ADIVAC), explica que la falta de denuncias por el delito de incesto se debe a que las niñas víctimas no hablan al respecto.

Abunda que en gran medida ese silencio se debe a la educación estereotipada que se da a las niñas para “darse a los demás”. La mayoría de ellas piensa que al ser tocadas sexualmente por algún familiar es una forma de demostrar “que se les quiere” y que así se toca a “todas las niñas”.
Martínez Rodríguez aclara que cuando esos casos se logran denunciar son juzgados como abuso sexual o violencia sexual y no por incesto, a pesar de que tienen características diferentes.

Laura Martínez apunta que en el caso del incesto la violencia contra las niñas se da a través de la “seducción”: el victimario se fija en niñas y niños que están abandonados y con autoestima baja.
A excepción de Puebla y Tlaxcala, el resto de las entidades federativas contemplan el delito de incesto en sus códigos penales. Chiapas, el DF, Oaxaca, Sonora, Baja California, Chihuahua y el Estado de México lo consideran un delito “contra la libertad y el normal desarrollo psicosexual”.
Guerrero, Morelos y Veracruz lo estipulan como un delito “contra la familia”. Las demás entidades lo consideran como parte de los delitos sexuales.

El artículo 272 del Código Penal federal señala que en el delito de incesto se sancionará a los ascendientes (padres, abuelos, tíos, bisabuelos) que tengan relaciones sexuales con sus descendientes.
Las sanciones son diferentes si los victimarios son ascendientes (padres, abuelos, tíos) o descendientes (hermanos, primos). En el caso de los primeros la pena es de uno a seis años de prisión; en el caso de los descendientes la pena de cárcel será de seis meses a tres años. Igual que a los descendientes se aplicará pena en el caso de incesto entre hermanos.

HRW advierte que en las leyes mexicanas el incesto no es considerado generalmente como un delito contra la integridad física y sexual de la víctima, sino contra la familia, y lo definen como sexo “consensual” (con el aparente consentimiento de la víctima) entre padres, hijos o entre hermanos.
“Dado que el delito es definido como un abuso contra la unidad familiar y que la relación sexual está legalmente definida como ‘consensual’, ambas partes se hallan sujetas a sanciones penales, incluidas las víctimas menores de 18 años, precisa el organismo en su informe “Víctimas por partida doble”.
El artículo 255 del Código Penal de Oaxaca establece que se impondrá de uno a seis años de prisión a los ascendientes que tengan relaciones sexuales con sus descendientes. Pero aclara que “los descendientes mayores de 16 años que voluntariamente tengan relaciones sexuales con sus ascendientes, serán sancionados con la pena de seis meses a tres años de prisión”. El código también estipula la misma pena “en caso de incesto entre hermanos”.

"Un 20% de la población sufrió abusos sexuales en su infancia"

CASO COLOMBIA:
En el país hay más de 35 mil niños y niñas explotados sexualmente, según lo expresado por la proponente del proyecto del referendo, la congresista Gilma Jiménez. La Policía Nacional reporta que entre enero y marzo del 2011 un total de 915 niños, niñas y adolescentes han sido víctimas de abuso sexual, es decir un promedio de 90 menores por día, de los cuales 752 son niñas y 163 niños.

La población más afectada se encuentra en el rango entre los 12 y 14 años, con 312 casos, seguida por el rango de edades entre los 9 y 11 años, con 199 denuncias. La Policía registró 152 casos de abusos a menores entre los 6 y los 8 años, y 21 casos de hechos relacionados con menores de 2 años. Las ciudades donde más situaciones de abuso sexual se presentan, según la Policía, son Bucaramanga, con 125; Bogotá, con 100; Cali, con 62, y Pereira, con 35.

El director de Seguridad Ciudadana de la Policía Nacional, general José Roberto León Riaño, señaló que la semana pasada esa institución desplegó una ofensiva simultánea en las ocho principales ciudades del país, generándose la captura de 140 personas, de las cuales 22 son menores de 18 años. Asimismo, indicó que durante los registros a bares y discotecas, la Policía sorprendió a 30 niños, niñas y adolescentes inducidos al consumo de bebidas embriagantes y sustancias alucinógenas, al tiempo que otras tres jóvenes, de 16 y 17 años, estaban ejerciendo la prostitución infantil.

Por su parte, en el departamento del Atlántico, el Instituto de Medicina Legal reportó entre enero y lo que va de abril del presente año más de 610 denuncias en este aspecto, de las cuales el 87 por ciento (120 casos) corresponden a víctimas menores de edad, en los que adultos se han sobrepasado y violentado su intimidad psicológica y corporal. De remate, las dramáticas cifras demuestran que el 85 por ciento de los abusadores sexuales son padrastros o compañeros sentimentales permanentes de las madres, o algún pariente cercano al niño.

No obstante, en gran número de ocasiones, son la misma víctima y sus familiares los que se buscan sus propios males. En el antes citado caso de la joven de 16 años violada por los cuatro hombres en la madrugada, después de salir de una fiesta, es notoria irresponsabilidad de los padres y la falta de auto-cuidado por parte de la inmadura víctima. Por eso, mientras se toma esa decisión en el Senado, la mejor solución que se vislumbra no deja de ser la preventiva. Primero, advirtiendo a nuestros hijos de ambos sexos para que sepan defenderse de ataques sexuales de personas mayores dentro y fuera del hogar. Enseñarles que muchos agresores pueden ser hasta familiares y actúan en lugares solitarios mediante la coerción, la fuerza física o el engaño. Así mismo hay que evitar que los niños anden con personas con diferencia de edad significativa, cuyas experiencias, madurez biológica, intereses y expectativas de la vida sean distintas.

Hay que cuidarlos hasta del cibersexo o el creciente uso de Internet para acechar y abusar a menores de edad, algo de lo que en nuestro país aún no existen estadísticas, precisamente el tema principal a tratar por la Comisión de la ONU para la prevención del crimen y la Justica penal, en estos días en Viena.
Los colombianos aún hoy recordamos con horror la forma de actuación del mayor depredador sexual del país, Luis Alfredo Garavito, hoy preso en Valledupar, a quien las autoridades atribuyen no menos de 172 asesinatos en 11 departamentos, entre 1992 y 1998. Si percibimos estas abusivas situaciones en nuestra familia o en hogares cercanos no dudemos en denunciar a estos agresores sexuales ante la Policía Nacional, el URI, las comisarías de Familia, el ICBF, Caivas, al CTI de la Fiscalía o a un hospital o puesto de salud.

En conclusión, celebremos en Colombia el Mes de los Niños no solo con frases publicitarias bonitas e impactantes sino apoyando con acciones concretas la protección de nuestros menores de edad, esperando a la vez que el Senado opte por la aprobación del referendo, y así finalmente decidamos si ejemplarmente la Ley castiga con la máxima condena a los desquiciados que marchitan el futuro y el desarrollo normal de nuestros niños y jóvenes compatriotas.

A través de la Cámara Gesell

Por día, en Santiago del Estero se confirman dos casos de abuso sexual infantil mediante la utilización de la Cámara Gesell, un procedimiento que lleva a cabo el equipo de profesionales del Gabinete de Psicología Forense de la provincia y que impide la revictimización del menor.

Los afectados son menores hasta los 12 años de edad que sufrieron un delito en contra de su integridad sexual y que a través de este método de observación y entrevista, pueden contar lo sucedido, contribuir a la causa judicial e iniciar un tratamiento para superarlo.

De acuerdo con el Lic. Hugo Ortiz, jefe del citado gabinete, actualmente “se están realizando hasta tres cámaras Gesell por día, de las cuales por lo menos dos tienen que ver con situaciones de abuso”. El resto se reparte entre causas de familias, acusaciones cruzadas de parejas que involucran a los chicos, menores que fueron testigos de delitos, lesiones leves o graves, entre otros.
Aclaró que en los últimos años el número de cámaras ha aumentado considerablemente en la provincia, debido a que la ley obliga a que éste sea el único método de declaración de un niño, en cualquier caso en que esté involucrado.

“Los nuevos pactos internacionales sobre los derechos de los niños exigen que las declaraciones de los menores sean tomadas por psicólogos en el contexto de la Cámara Gesell. Esto permite que las entrevistas incluyan los puntos que su señoría requiera, con el único objetivo de que no se produzca la revictimización del chico a partir de la reiteración de dicho diálogo dentro de un proceso judicial”, explicó el profesional.

Este sistema “confirma la situación de abuso, no solamente a través de la entrevista sino también con los juegos, las técnicas graficas y el uso de muñecos anatómicos que permite mostrar la situación vivida”.

Con relación a esta última modalidad, el licenciado subrayó que se utiliza “cuando se observa que el chico tiene dificultades para expresarse por una cuestión de vergüenza”.
Según su explicación, anteriormente la víctima tenía que pasar por una serie de procedimientos en los que tenía que reiterar una y otra vez lo sucedido. “La declaración en la comisaría, luego en sede judicial, el diálogo con los psicólogos y si quedaba alguna duda, posteriormente las preguntas en la instancia del juicio oral”, detalló Ortiz.

El procedimiento de la Cámara Gesell se realiza en menores hasta los 16 años de edad, mientras que el mínimo se pone a consideración del equipo de expertos y del juez que intervenga. En tal sentido, Ortiz manifestó: “Hay chicos que tienen 3 años y podemos trabajar sin problemas, otros que no, por eso se hace una entrevista previa para lograr un conocimiento de los chicos, explicarles en qué consiste el sistema y que logren sentirse cómodos. También se busca evaluar si el niño está en condiciones de prestar declaración o si va a ser productiva la cámara”

ESTADISTICAS

El 79,3% de los padres consideró que los niños deben ser educados acerca del abuso sexual desde el jardín infantil, según reveló un estudio realizado en la Región Metropolitana por el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Universidad Central.

El estudio dejó en evidencia el mayor grado de conciencia que tiene la población respecto de este tema, y el amplio consenso respecto a la familia como el principal agente educativo.

Fernando Urra, psicólogo clínico y director del Centro de Atención Psicológica de la U. Central, explicó que “ciertamente, el sistema familiar desempeña un rol central, pero el abuso de menores compete a todos: padres, profesores, médicos y medios de comunicación, entre otros”.

El sondeo mostró además que el 62% de los encuestados declaró no haber recibido educación sexual cuando niño. Entre los mayores de 50 años, la cifra sube al 84%.

Los resultados revelan también la necesidad de desarrollar programas de apoyo a la familia en su rol educativo, ya que muchas veces los padres no poseen ni conocimientos suficientes ni las competencias comunicacionales necesarias para realizar esta tarea con sus hijos.
El docente de la Universidad Central también señaló que “la educación sexual debe hacerse en forma continua y de acuerdo a las circunstancias de los niños y sus familias”.

Asimismo, el 94,7% consideró útil una campaña masiva que ayude a prevenir el tema del abuso a menores.

Para Urra, un paso importante para avanzar en la disminución de este problema es conversar sobre el tema en los distintos ámbitos donde hay niños. Ello permitirá que los menores tengan la información que les permita distinguir entre conducta adecuadas de aquéllas que no lo son.

El especialista agregó que toda campaña bien dirigida es útil, en especial las que tienen como objetivo evitar abusos sexuales, las que deben ser implementadas por personas cercanas a los niños en sus vidas cotidianas.

Dinosaurios sueltos

En septiembre del año pasado, un tribunal penal de La Plata condenó a 14 años de prisión a un ingeniero por abusar sexualmente de sus dos hijos de 5 y 6 años de edad. Hace pocos días, dos jueces de la Cámara Penal de la misma ciudad decidieron beneficiar al violador preso y otorgarle la prisión domiciliaria, dándole además permiso para salir a trabajar en una empresa de La Plata.
El fallo se basó en lo esencial en que el ingeniero es un “buen vecino”, que les causó “buena impresión” y hubo una presentación con 714 firmas, presumiblemente de vecinos tan buenos como él, los que, según los jueces, se convierten en “garantes” de que el hombre se presente cada vez que sea requerido, y eso demuestra que se trata de “una persona querida y apreciada en el ámbito social en el que se desenvuelve”.

El abuso sexual infantil es uno de los delitos más graves que puede cometer una persona. En la mayoría de los casos, los abusadores son familiares o personas cercanas a los niños que son “apreciados en el ámbito social en el que se desenvuelven”.

Eso hace que los abusos en general sean continuados en el tiempo, con el agravante de que las víctimas están unidas a sus abusadores por algún vínculo afectivo. Esas características generan un daño imposible de medir en la mente y el cuerpo de las criaturas, a quienes el victimario priva no sólo de un despertar sexual normal sino, además, a quienes somete a una tortura que comienza en el primer abuso y continúa a veces a lo largo de toda su vida.

 La posibilidad de elaborar esos traumas y acceder paulatinamente a una existencia feliz, si bien es muy difícil, no es imposible. Hay factores que van a contribuir para un mejor pronóstico, y que son una intervención oportuna, especializada y respetuosa de parte de la Justicia, un acompañamiento terapéutico de las criaturas víctimas y también la contención hacia quienes las han ayudado, en general madres no abusadoras, docentes y vecinos. En sentido contrario, hay factores que lejos de ayudar a las víctimas, las alejan de la posibilidad de un futuro mejor.

El principal, sin duda, es la mala justicia. Son aquellos jueces representantes de la peor ideología que un funcionario puede sustentar, los que realizan un aporte esencial para el mantenimiento de los mitos, prejuicios y estereotipos de género y edad, que siempre rodean casos como el del buen vecino de City Bell.
Son los que miran con unos ojos a los acusados de piel clara y con otros a los de piel oscura y, finalmente, desarrollan ante hipótesis similares, mecanismos de razonamiento distintos. Eso se llama “doble estándar” y es la forma más sofisticada de discriminar con apariencia legal y de perpetuar, entre otras cosas, la impunidad del abuso sexual infantil. Semejante despropósito deja a las víctimas expuestas no sólo a las presiones de su abusador en libertad, sino que además las obliga a la destructiva tarea de no sentirse culpables.

 De tratar de entender algún día, por qué si ellas sienten que fueron tan dañadas, muchos vecinos creen –como en este caso– que su papá es tan bueno. La historia del abuso demuestra que a veces no alcanza una vida para semejantes elaboraciones, salvo que como parece insinuarse los restantes vecinos del lugar, muchísimos más por cierto, puedan expresarse descalificando a aquellos que por ignorancia o identificación de clase se atrevieron a avalar semejante monstruosidad.

Es útil recordar a Eric Priebke, un nazi que había matado de propia mano hombres, mujeres y niños en la Italia de la Segunda Guerra Mundial. Descubierto hace años viviendo en Bariloche, se lo detuvo, juzgó y condenó en Italia. Desde el primer momento de la noticia, algunos habitantes de esa hermosa ciudad tuvieron la misma reacción que los de City Bell. Las palabras fueron las mismas, “Eric es un buen vecino”. El resto de la sociedad dijo lo contrario y lo propio hizo el Estado argentino que lo extraditó y los jueces italianos que lo condenaron a prisión perpetua.

Siempre van a existir ciudadanos que firmen a favor de un violador de clase alta, lo esperable es que cada vez sean menos y que haya muchos otros que puedan alzar su voz para diferenciarse y reclamar justicia. Nuestro país ha avanzado más que muchos otros en la investigación y mejora de la intervención en casos de abuso sexual infantil, adulto y trata de personas.
El caso del ingeniero pone una vez más en alerta a las organizaciones sociales que trabajan en el tema y al propio Estado, que a través de los mecanismos legales del Poder Judicial deberá mostrar a la sociedad que la mayoría de sus jueces no aprueba el desamparo de los niños víctimas.
Charly García hace décadas anunció que los dinosaurios van a desaparecer y a mi entender están desapareciendo, aunque todavía queden algunos sueltos por La Plata o City Bell.


EN MI SOLEDAD CON LA COMPASION...


Me convirtieron en adulta sin derecho, me robaron mis años dorados y deseados...

Todo lo que veía y aprendía no me correspondía,
al mirar a otros niños envidiaba sus juegos, su inocencia con gran anhelo y desconsuelo por sentirme mayor para ser como ellos.
Me cuestionaba todo, no tenía expresión sólo hablaba con mi interior, juzgando la vida para comprender o encontrar explicación...
Elegí mi silencio como forma personal de entender lo que pasaba, cómo refugio ante el dolor de la incomprensión, impotencia y olvido...
Capitalizaba la vida sin interés buscando un lugar que me diera el cariño ansiado, el apoyo deseado o el aliento necesario...
Y me preguntan si conozco la compasión...
Quién me protegía eran mis carceleros, consentidores ladrones de mi candor sembradores de mi dolor...
Transcurrían los días sin pasión, peguntándome que era el valor por vivir...
Los valores, lo que nos hace más humano, con mayor calidad como persona. Son valores que posteriormente ayudarán a insertarnos eficaz y fundamenta la vida social, de la que quería a mi pesar formar parte...en la que buscaba un lugar, dónde quería aprender par entender y borrar mi miedo...
Pensaba y pienso que una persona valiosa, es una persona que posee valores interiores y que vive de acuerdo a ellos. Una persona vale entonces, lo que valen sus valores y la manera en como los vive.
Ya en el ámbito social, la persona valiosa buscará ir más allá de "mi libertad", "mi comodidad o bienestar" y se traducirán estos valores en solidaridad, honestidad, libertad de otros, paz, etc. Se aprende de la compasión o no compasión...
La libertad parece ser el bien más preciado que posee el hombre. Libertad de conciencia, para alcanzar una vida coherente y equilibrada desde el interior, libertad de expresión, para poder difundir nuestras ideas y promover el debate y la discusión abierta, libertad de reunión como garantía para asociarme con aquellos que comparten ideales y trabajar por los mismos, libertad para elegir responsable y pacíficamente a nuestros gobernantes.
La solidaridad, surge cuando mi libertad, mi desarrollo y mi bienestar son compatibles con las necesidades y desgracias de los demás. Ya no nos limitamos a compartir en el seno familiar, sino con los demás.
Conceptos estos, básicos que forman al ser humano, todo ello es lo que nos hace ser la determinada persona
en la que nos convertimos.
Por desgracia, siempre habrá alguien que no te valore y no te de respeto ni como persona ni como ser humano, pero eres libre, es lo que te queda...
Por mucho que rectifiques en la vida, por mucho que trates de hacer las cosas bien, siempre hay quien te eche en cara los fallos una y otra vez, los tengas o no los tengas, quien busque hasta el mas mínimo detalle para desprestigiarte o afrentarte, pero no es más que justificarse ante su visión de las cosas, O QUE TUS TRAUMAS Y MIEDOS NO TE DEJEN VER TU VALOR...
Lo que realmente importa de esto, es que no olvides nunca quien eres, lo que vales, tu propia conciencia y el apoyo de quien te quiere...empezando por quererte tú...
Con fúnebre paso al vació del desconocimiento, pasé noches amasando razones al desconcierto por momentos,
tomando como aposento el silencio del día, más aumentaba mi desconcierto por tanta apatía, no encontré mayor ofensa que el desprecio e ignorancia, sentirse abandonada y olvidada sin ápice de importancia,
quedara en el recuerdo algunos y escasos buenos momentos vividos, que con el tiempo varan en el exilio perdidos, bañados por el dolor y decepción desconocidos, para así soportar la cruel realidad de los pesares,
esperando que el amanecer los haga impensables, abrí mi corazón y confianza al mundo guiándome en el camino me rendí muchas veces, viví mi realidad, crecía en el bienestar y moría con cada crueldad y olvido,
engañada, avergonzada, humillada es el logro de la mala suerte o inconsciencia del infortunio que sólo olía a crueldad...
Cuando intente rescatar las ganas, fracasaba mi ansia, pesar de rebajar mi alma al acortar distancias al miedo, no encontré sendero que seguir obligada, así quedo sepultada una infancia que sólo yo imaginaba inocente y enterré con nostalgia, mi infancia robada...
Ofendida transcurrían los días manteniendo la agonía, y no quedo otra que rendirme con elegancia,
conservando en mi corazón el recuerdo de esa fragancia ansiada...
Nunca se hacen las cosas para merecer nada a cambio sino por puro disfrute, nunca se ha de estar buscando perdones para mejorar los daños, solo razonamiento, comprensión y dialogo....
La vida se basa en respetar cada ser humano por mucho que sea, es lo que nos hace tener calidad humana,
la sinceridad debe ser algo natural e innato que no costara tanto, para que pudiésemos frenar, saber
o simplemente mantenernos al marguen, dialogarme convirtieron en adulta sin derecho, me robaron mis años dorados y deseados...

Todo lo que veía y aprendía no me correspondía,
al mirar a otros niños envidiaba sus juegos, su inocencia con gran anhelo y desconsuelo por sentirme mayor para ser como ellos.
Me cuestionaba todo, no tenía expresión sólo hablaba con mi interior, juzgando la vida para comprender o encontrar explicación...
Elegí mi silencio como forma personal de entender lo que pasaba, cómo refugio ante el dolor de la incomprensión, impotencia y olvido...
Capitalizaba la vida sin interés buscando un lugar que me diera el cariño ansiado, el apoyo deseado o el aliento necesario...
Y me preguntan si conozco la compasión...
Quién me protegía eran mis carceleros, consentidores ladrones de mi candor sembradores de mi dolor...
Transcurrían los días sin pasión, peguntándome que era el valor por vivir...
Los valores, lo que nos hace más humano, con mayor calidad como persona. Son valores que posteriormente ayudarán a insertarnos eficaz y fundamenta la vida social, de la que quería a mi pesar formar parte...en la que buscaba un lugar, dónde quería aprender par entender y borrar mi miedo...
Pensaba y pienso que una persona valiosa, es una persona que posee valores interiores y que vive de acuerdo a ellos. Una persona vale entonces, lo que valen sus valores y la manera en como los vive.
Ya en el ámbito social, la persona valiosa buscará ir más allá de "mi libertad", "mi comodidad o bienestar" y se traducirán estos valores en solidaridad, honestidad, libertad de otros, paz, etc. Se aprende de la compasión o no compasión...
La libertad parece ser el bien más preciado que posee el hombre. Libertad de conciencia, para alcanzar una vida coherente y equilibrada desde el interior, libertad de expresión, para poder difundir nuestras ideas y promover el debate y la discusión abierta, libertad de reunión como garantía para asociarme con aquellos que comparten ideales y trabajar por los mismos, libertad para elegir responsable y pacíficamente a nuestros gobernantes.
La solidaridad, surge cuando mi libertad, mi desarrollo y mi bienestar son compatibles con las necesidades y desgracias de los demás. Ya no nos limitamos a compartir en el seno familiar, sino con los demás.
Conceptos estos, básicos que forman al ser humano, todo ello es lo que nos hace ser la determinada persona
en la que nos convertimos.
Por desgracia, siempre habrá alguien que no te valore y no te de respeto ni como persona ni como ser humano, pero eres libre, es lo que te queda...
Por mucho que rectifiques en la vida, por mucho que trates de hacer las cosas bien, siempre hay quien te eche en cara los fallos una y otra vez, los tengas o no los tengas, quien busque hasta el más mínimo detalle para desprestigiarte o afrentarte, pero no es más que justificarse ante su visión de las cosas, O QUE TUS TRAUMAS Y MIEDOS NO TE DEJEN VER TU VALOR...
Lo que realmente importa de esto, es que no olvides nunca quien eres, lo que vales, tu propia conciencia y el apoyo de quien te quiere...empezando por quererte tú...
Con fúnebre paso al vació del desconocimiento, pasé noches amasando razones al desconcierto por momentos,
tomando como aposento el silencio del día, más aumentaba mi desconcierto por tanta apatía, no encontré mayor ofensa que el desprecio e ignorancia, sentirse abandonada y olvidada sin ápice de importancia,
quedara en el recuerdo algunos y escasos buenos momentos vividos, que con el tiempo varan en el exilio perdidos, bañados por el dolor y decepción desconocidos, para así soportar la cruel realidad de los pesares,
esperando que el amanecer los haga impensables, abrí mi corazón y confianza al mundo guiándome en el camino me rendí muchas veces, viví mi realidad, crecía en el bienestar y moría con cada crueldad y olvido,
engañada, avergonzada, humillada es el logro de la mala suerte o inconsciencia del infortunio que sólo olía a crueldad...
Cuando intente rescatar las ganas, fracasaba mi ansia, pesar de rebajar mi alma al acortar distancias al miedo, no encontré sendero que seguir obligada, así quedo sepultada una infancia que sólo yo imaginaba inocente y enterré con nostalgia, mi infancia robada...
Ofendida transcurrían los días manteniendo la agonía, y no quedo otra que rendirme con elegancia,
conservando en mi corazón el recuerdo de esa fragancia ansiada...
Nunca se hacen las cosas para merecer nada a cambio sino por puro disfrute, nunca se ha de estar buscando perdones para mejorar los daños, solo razonamiento, comprensión y dialogo....
La vida se basa en respetar cada ser humano por mucho que sea, es lo que nos hace tener calidad humana,
la sinceridad debe ser algo natural e innato que no costara tanto, para que pudiésemos frenar, saber
o simplemente mantenernos al marguen,dialogar,manifestar nuestro silencio...
Nunca olvides quien eres y lo que vales por mucho que traten de dañarte , acusarte y humillarte, estas por encima de eso....
La vida no está para entenderla sino para vivirla por lo tanto sabiendo quien eres vívela.
Conozco la compasión pero también la no compasión y los valores, dolores y temores....pero también las ganas de vivir, la esperanza por sentir
Manifestar nuestro silencio...
Nunca olvides quien eres y lo que vales por mucho que traten de dañarte , acusarte y humillarte, estas por encima de eso....
La vida no está para entenderla sino para vivirla por lo tanto sabiendo quien eres vívela.
Conozco la compasión pero también la no compasión y los valores, dolores y temores....pero también las ganas de vivir, la esperanza por sentir.

martes, 19 de abril de 2011

ACERCA DEL CORAJE: ASPECTOS DE SANAR

Amo trabajar con sobrevivientes porque yo soy inspirada por su coraje. Aun así muchos sobrevivientes insisten que ellos no tienen coraje: “Si yo fuera valiente, yo hubiera sido capaz de detener el abuso”. “Si yo fuera valiente, yo no hubiera tenido dudas e incertidumbres”. “Si yo fuera valiente, yo no hubiera tenido miedo”.
Es más probable que esto sea cierto para mujeres que para hombres. En nuestra cultura, los hombres son alentados y se espera que sean valientes. Las mujeres están más condicionadas para ser dubitativas y temerosas, para esperar el rescate de un hombre valiente. Ambos roles están limitados –en uno tú niegas tu coraje; en el otro, tú niegas tu miedo.
Recientemente asistí a un taller sobre coraje con Lauren Crux, una terapeuta sabia de Santa Cruz, California. Ella fue directamente al corazón del tema. “La mayoría de las personas lo tienen mezclado. No empiezas con valor y luego enfrentas el miedo. Tú llegas a ser valiente porque enfrentas el miedo”.
Mi experiencia de sanar es que yo tengo que enfrentar un vacío tras otro. Yo identifico un patrón que quiero cambiar. Yo empiezo a cambiarlo. Repentinamente todo lo conocido y familiar se derrumba y estoy totalmente aterrorizada. Estoy parada en la orilla del mundo conocido y no hay garantía de tener una red de seguridad si salto al precipicio. No sé qué hay del otro lado. Tengo la certeza de que no me puedo mover porque el miedo es tan grande, pero busco el soporte de la gente que me ama y me apoya, y de todas formas salto. Yo he hecho esto una y otra vez. Al hacer esto, he ganado coraje.
Nuestro concepto de coraje es viene de libros cómicos, mitología, condicionamiento cultural y cuentos populares. Paul Bunyan y Abraham Lincoln son la clase de héroes de los que aprendimos en la escuela. Como resultado, tú encontrarás difícil reconocer la clase de coraje cotidiano que se requiere para sanar.
Toma unos cuantos minutos para explorar tus actitudes actuales acerca del coraje. Empieza por completar las siguientes aseveraciones:
Corajes es…
Mis héroes personales y heroínas son:
Encuentro a estas personas valientes porque ellos(as)…
Mis conceptos de valor han venido de…
¿Estoy satisfecha(o) con mi concepto de coraje? ___Sí ___No ___No sé
¿Deja espacio para mí como persona valiente? ___Sí ___No
¿Por qué sí o por qué no?
¿Qué necesitaría en mí para tener la misma clase de valor que mis héroes?
Todos nosotros hemos tenido momentos de coraje. Esto es verdad para todos, pero es particularmente cierto para los sobrevivientes de abuso. El hecho de que hayas sido abusado y te las hayas arreglado para sobrevivir es en sí mismo un tremendo acto de valor. Tú podrías haberte rendido y muerto, y no lo hiciste. Tú decidiste vivir. Este fue un acto de rebeldía y valor.
Piensa acerca de las veces que has sido valiente. A continuación responde los siguiente:
Cuando estaba creciendo, fui valiente cuando yo…
Como adulto, yo mostré coraje cuando yo…
Soy valiente ahora porque yo…
Yo no me veo a mí misma(o) como valiente porque…
(Si tú no te ves a ti misma(o) como valiente) A fin de volverme valiente, yo tendría que…
Una vez que yo fuera valiente, yo haría o sería…
Cosas para reflexionar:
• ¿Hubo un momento particular en mi vida cuando yo gané o perdí coraje? ¿Qué pasó?
• ¿Qué clase de coraje se requiere para sanar del abuso sexual infantil? ¿Tengo esa clase de valor? Si no, ¿Cómo puedo obtenerlo?


Espera los siguientes ejercicios!!!



Tomado de EL CORAJE DE SANAR libro de ejercicios de Laura Davis
traducción CONY DIAZ.

INICIATIVA APROBADA

Hoy Fue aprobada en la ALDF una reforma penal que busca protejer a los menores víctimas de delitos sexuales, este debe ser solo el principio, no revictimar a los que ya fueron victimados.

El sistema de procuración de justicia en México está trazado de tal forma que revictimiza a los menores de edad víctimas de un delito, ya que está diseñado en función de las capacidades cognitivas de los adultos y sin considerar las necesidades especiales de la infancia. Esto es aumentado por el ambiente formalista, distante, muchas veces carente de atención y mucho menos de atención especializada para los menores de edad, aunado a que se exige el desempeño de habilidades que no pueden llevar a cabo de acuerdo a su nivel de desarrollo.

La toma inadecuada de declaraciones, valoración inapropiada de pruebas, práctica innecesaria y errónea de peritajes no especializados, interrogatorios repetidos, las demoras prolongadas e innecesarias, la posible declaración frente al acusado, entre muchas otras inconsistencias más, revictimizan al niño, provocándole un daño emocional y a la vez, entorpeciendo la procuración de justicia.

Como consecuencia de todo ello, se genera temor, ansiedad, impotencia y sensación de vulnerabilidad en los niños que participan en el proceso, efectos que evidentemente afectan en la recuperación por el delito sufrido y que pueden llegar a provocar consecuencias graves a largo plazo.

El riesgo de revictimización consiste en que a los efectos que surgen como consecuencia del delito, se le agregan aquellos derivados de la exposición y experiencias por el niño una vez que inicia el proceso y procedimiento penal.

La revictimización o doble victimización, o también conocida como victimización secundaria, se da cuando los efectos que aparecen debido a la primera violación a sus derechos, cualquiera que haya sido el delito, se le suman aquellos provocados o aumentados por las experiencias a que es sujeto el niño una vez iniciado el proceso penal.

En la práctica del derecho penal, la infancia se enfrenta al proceso penal en su carácter de víctima casi en las mismas circunstancias que un adulto, ya que no existen marcos jurídicos nacionales o internacionales que permitan dar un trato diferenciado razonable.

Un niño no alcanza a entender la real magnitud de los actos sexuales ni a imaginarse las consecuencias a largo plazo.

En otras palabras, el adulto (o el joven mayor) que tiene relaciones con un menor no puede justificarse argumentando que este no puso objeciones o que se lo buscó. El adulto es culpable de violación, lo que constituye un delito castigado con pena de prisión. La culpa de la violación recae sobre el violador, no sobre la inocente víctima.

La revictimización se repite vez tras vez, sin garantía para la denuncia apropiada.
No existen estadísticas de A.S.I, porque NO se denuncia.

¿Que hacer?, ¿Como cambiar esta penosa realidad?

SOLO CON LEYES QUE PROTEJAN AL MENOR.

Estas nuevas modificaciones aprobadas el día de hoy que reforman diversas disposiciones del código de procedimientos penales para el Disritto Federal tienen que ser la punta de lanza para otras legislaturas locales y un nuevo incentivo para dictaminar la iniciativa presentada en la Cámara de Diputados de los Estados Unidos Mexicanos que busca garantizar el adecuado mecanismo para la denuncia sin revictimización.
Tambien tiene que ser una invitación a la acción en todos los países de habla Hispana, existe mucho trabajo que realizar en prevención y educación al respecto.

ESTA EN TODOS NOSOTROS PRESIONAR PARA QUE DICHAS INICIATIVAS SE ELABREN Y SE PRESENTEN.

LOS NIÑOS NO TIENEN PARTIDO, LOS NIÑOS ESTÁN PRIMERO.

MIGUEL ADAME VÁZQUEZ.

Creador de Abuso Sexual Infantil, Nunca Más.
Candidato al premio al mérito cívico 2010.Presidente de Consejo del Centro de Investigacion Difusión y Estudios Sobre la Trtata de Personas y Explotación Comercial A.C

Consejero de la fundación de la mano con la justicia a.c.
Fundador de la red hispanoamericana contra el abuso sexual infantil.
Colaborador del grupo de ayuda mutua para sobrevivientes de abuso sexual infantil.


http://migueladame.blogspot.com/


Ni un niño mas, juntos lo podemos lograr, abuso sexual infantil nunca más.

sábado, 16 de abril de 2011

Gritos sin voz.

Si a su puerta tocara un grupo que le pidiera apoyo para salvar a unos niños de una enfermedad severa que los torturara diariamente por el resto de sus vidas probablemente los ayudaría.

Los gobiernos y laboratorios invertirían millones de dólares para encontrar la cura.

 El abuso sexual infantil afecta a millones de niños, les afecta psicológicamente si no son ayudados y atendidos profesionalmente y de manera oportuna, tal vez el daño dure  por el resto de sus vidas.

A muchísimas personas les importa esta realidad y son productivos en ella, lo cual llena de esperanza.

Aunque parezca increíble,  tristemente a la mayoría de las personas  no les importa.

Probable y lastimosamente solo nos importara cuando el delito nos afecte de manera directa.

Cada año, más de un millón de niños son conducidos de fuerza al mercado sexual.
 Casi cada día escuchamos hablar de nuevos casos de abusos y de maltrato infantil, en los cuales empleados respetados o de instituciones internacionales se han visto implicados. 
El aumento de medidas preventivas, la mejora de las técnicas de protección, la sensibilización de la opinión pública y el estímulo de la denunciación, nos aparecen claramente, como la manera más inteligente y eficiente de abordar el problema.

Juntos creémos una cultura de prevención
Los abusos y la explotación de la infancia (especialmente a nivel sexual) constituyen un problema universal y alarmante, por lo que medidas eficientes y sostenidas de prevención y de protección son necesarias, ya sea a nivel familiar, local, nacional o internacional.
Tras una larga tradición de silencio, los abusos sexuales de los que son, muchas veces, víctimas los niños, hacen cada vez más objeto de revelaciones y ocupan un sitio eminente en la escena pública y política.

Ni un niño mas, juntos hacemos mas.
Abuso sexual infantil nunca mas.


Gritos sin voz no.


Miguel Adame Vazquez
Creador de a.s.i nunca mas.
Presidente de cidetec a.c
Candidato al mérito cívico 2010.
Consejero de la fundación de la mano con la justicia a.c.
Fundador de la red hispanoamericana contra el abuso sexual infantil.
Colaborador del grupo de ayuda mutua para sobrevivientes de abuso sexual infantil.

viernes, 15 de abril de 2011

Poniendo límites, rompiendo lazos

Abuelita

Hace meses que no te veo ni te llamo por teléfono, no me interesa; tampoco has llamado y mucho menos has venido a mi casa, no me preocupa. A la gente le habrás de decir que estoy muy ocupada atendiendo a mi esposo pero que estoy bien, que está todo bien, pero la verdad es que todo está completamente destrozado, todo está dañado, roto, inservible; en parte por tu causa.

Sufres mi "venganza", que equivocada estás, si quisiera vengarme te hubiera dejado en vergüenza pública, hubiera hecho todo aquello que te avergonzaba, todo aquello que te hiciera enojar una y otra vez hasta hacer que lloraras lágrimas de sangre... pero no lo hice pues no me interesa la venganza, hace muchos años tal vez sí pero estaba tan sumida en mi dolor que esos pensamientos jamás pasaron de eso, pensamientos. De haber llevado a cabo esos pensamientos ya no estaría aquí.


Es verdad que a momentos te extraño, que extraño los momentos agradables, los momentos en los que cuidaste de mi, los momentos en los que en verdad fuiste como una madre; pero al pasar de los años todos esos momentos no pueden compensar ni opacar lo que me hiciste pasar, no pueden compensar tus acciones, no pueden minimizar mi dolor.

 
Intentaste retenerme mediante amenazas bíblicas, amenazas de que mi abuelo moriría por mi causa, hiciste gala del papel de víctima para apelar a mi lástima; por mucho tiempo me preocupé demasiado por ti, por tu bienestar, me puse en segundo lugar, me puse en el papel de hija obediente y dedicada, fingí que todo estaba bien. Sufría mucho, pues tenía que aguantar que recibieras a mis abusadores como si nada, tenía que portarme de manera "civilizada" porque de otra manera tu romperías en llanto preguntándote qué hiciste mal...¿qué hiciste mal? Protegiste a dos delicuentes, perdiste todo aquello por lo que mi abuelo trabajó, sobornaste a cualquiera que pudiste para mantener a salvo a tus hijos de cualquier cosa que hicieran, querías mantener a salvo a todos y en esta situación eso resultó ser imposible... ya hay por lo menos una niña más que ha sido abusada y tal vez otra lo sea en un par de años. Intentaste tapar el sol con un dedo, lo sigues intentado.

 
Sé que tu infancia fue dura, que quisiste darnos todo aquello que no tuviste, pero te cegaste al grado de creer tus mentiras y de construir una red tan grande de ellas que ahora ya no puedes distinguir las cosas con claridad. Siento pena. No quisiste que tuviéramos una infancia llena de carencias e infelicidad, felicidades, todo el mundo piensa que lo lograste... ¡MENTIRA! a mi madre le hiciste la vida miserable al grado de escapar de ti dejándome atrás contigo y llevándose una carga que hasta ahora no es capaz de reconocer y que la ata; a mis tíos les diste todo al grado que ahora no pueden vivir por sí mismos y se han convertido en unos parásitos, en unos buitres que esperan a la muerte de mi abuelo para ver qué les toca en el testamento... pero ellos no saben que ya no hay nada, que te deshiciste de ello tapando sus porquerías y haciéndola de benefactora y mujer de clase bien; a mí tal vez fue a la que mejor le fue contigo... por un tiempo, hasta antes que me diera cuenta a quien proteges en realidad, y que lo que haces por mí no es más que un soborno o un pobre intento de hacer las paces y para mantener un cierto "equilibrio" y las apariencias; para ti es demostrar tu cariño e interés, tal vez lo sientas asi y yo lo sentí muchos años, pero no es una manera sana de demostrar amor, eso no es amor.


Ya no puedo soportar tu papel de víctima, ya no puedo soportar visitarte y que tus hijos estén ahí, ya no soporto ni siquiera oír sus voces en el teléfono si te llamo, ya no puedo soportar que me trates como una desadaptada cuando me ves mal, ya no soporto que me digas que me calle y que lo olvide que viva mi vida... para hacerlo NECESITO HABLARLO, NO ME PUEDO QUEDAR CALLADA... YA NO MÁS.

 
Ya no puedo tolerar tu hipocresía cuando le dices a otras personas lo que deberían hacer con sus hijos cuando están haciendo algo mal, cuando les dices que aunque les duela tienen que poner límites y que tienen que enseñarles a valerse por sí mismos; cuando comentas alguna noticia de abusos diciendo que esas personas que maltratan y abusan merecen lo peor... tú maltrataste a mi madre, intentaste ocultar los abusos de los que fui víctima.

Ya no puedo aguantar tus "comentarios" acerca de mi peso, que llores y me mires con asco, que hagas un drama, que me compres cuanto producto milagroso se te cruce en el camino para que yo tome por mi bien; fuiste tu la que me enseñó a disfrazar mis penas con comida, eres tu la que también sabotea mis intentos por hacer un cambio. No es a mí a la que debes mirar con asco.

 
Te preocupa lo que pueda hacer en un futuro... no lo hagas, no soy como tú.


Llegar a esto me ha costado años, lágrimas, estrés, ansiedad, dolor en muchos aspectos pero ya me di cuenta que la situación nunca cambiará, ya no puedo creer tus mentiras y tu papel de víctima, YO HE CAMBIADO, HE CRECIDO, HE SANADO UN POCO MÁS Y SOY UN POCO MÁS FELIZ.


Sé que ya la edad no te ayuda, pero tienes en casa a uno de tus hijos y el otro te visita tres días por semana, mi madre tan solo cumple una promesa hecha a mi abuelo y es tu chofer y mandadera y creo que hasta cierto punto me da la razón si no voy a verte. ¿Dónde está toda esa gente a la que ayudaste? ¿Dónde están todos aquellos que de cariño te llaman tía o madrina? ¿Tus amigos de la iglesia? ¿Tu demás familia? En algún lugar viviendo su vida, creyendo tus historias y haciéndose de la vista gorda, pensarán de mí lo peor... que mas da, ellos no pueden dañarme más de lo que tu has hecho.

 
Tal vez decida visitarte en un futuro, tal vez será incómodo, tal vez será agradable, tal vez no quieras verme. Si de verdad te queda algo de buena madre, entenderás y no me lo reprocharás. Será como jugar a la ruleta, yo estoy bien con eso y por lo que me han contando tu te has resignado a ello.

 
Si hubieras hecho las cosas de manera diferente... pero no hay marcha atrás, yo necesito sanar y poner un límite a esta relación de amor malsano, todavía tengo la esperanza (tal vez tonta) que un día lo reconozcas y me lo digas, a estas alturas es lo único que necesito de ti.

Tu Nieta, que a pesar de todo te quiere.

 
Cuando el abusador está dentro de la familia todo se complica, lo más triste es que con mucha frecuencia lo está. Yo me siento un poco más libre, un poco más tranquila de esta manera; muchos lo ven como un acto del más puro y vil egoísmo, otros lo ven como algo que debió pasar hace mucho tiempo, lo cierto es que por lo menos para mí ha sido algo necesario y resultó ser un proceso largo, el cual no creo que haya terminado. En ocasiones anteriores me llenaba la culpa de dejarla, pero ahora veo las cosas de manera diferente, me siento diferente... por lo menos no hay culpa y poco a poco me siento libre de tantas ataduras. Más adelante veremos qué pasa, poco a poco, día a día se puede sanar y se puede hacer lo necesario para ello. No voy a mentir, duele en el alma, al fin y al cabo se trata de una pérdida... al menos yo lo veo así. Hay lazos que nos atan a cometas, nos elevan y nos hacen felices; hay lazos que nos atan a piedras muy pesadas que nos arrastran al fondo del océano.

Yo deseo ser feliz.
http://pandorasboxasi.blogspot.com/2011/04/poniendo-limites-rompiendo-lazos.html

miércoles, 13 de abril de 2011

CUENTO:LA PEQUEÑA NEREA.

La pequeña Nerea una mañana despertó angustiada y asustada, sumida en su rincón favorito viendo la vida pasar a través de su cristal, se sentía diminuta, asustada y quiso preguntar a su corazón si mas a su pesar algo podía cambiarlos años habían pasado haciendo estragos por ella, sus ojos desquebrajados miraban el vacío colgados del suspiro de la eterna soledad. En sus divagaciones ,tenebrosa, proseguía la lucha consigo misma por despertar del letargo que la mantenía ausente. Se sentía culpable por sentir sentimientos que le borraban su dulzura, sentía rencor y culpa que la inundaban de melancolía, su infancia rota quedo enterrada en la indiferencia, le habían robado la inocencia...


Su corazón la escucho y quiso hablarle desde la razón mas inocente, le preguntó a Nerea si sabía que era el perdón y ella contestó:

La palabra perdón significa pasar, cruzar...una palabra tan sencilla pero tan difícil de lograr. pero tengo mis dudas...¿es el perdón una actitud para enfrentar?

¿es la paz adquirida al renunciar el sentirnos enojados?, es el camino a nuestra cura para controlar lo que sentimos y mejor así la salud física y mental?, ¿significa olvidarnos de algo doloroso que sucedió? ,¿es justificar u olvidar un comportamiento?, ¿es elegir,ignorar,borrar...?,me cubro de dudas se decía Nerea, es una pregunta extensa, pero te diré lo que siento...

No poder perdonar es no saber amar, poseer un alma esclava del pasado que se condena en la tormenta de sus días durmiendo en el rencor, absorbida por el dolor y culpabilidad ,cubierta por la sed de venganza que sólo envilece y consume.

Y su corazón le debatía, querida Nerea, piensa que el perdón es una expresión de amor que rompe las ataduras de la tortura que amargan el alma y pudren el cuerpo. Perdonar no es olvidar, no es injusto, no es aceptar lo ocurrido ni resignarnos...perdonar no significa que apruebes los hechos ni quitarte tu razón de sentirte mal, de estar hundida y enojada, no es reconciliarte con el causante de tu padecer, es perdón únicamente para ti..

Partiendo de un simple perdón personal par ti sólo para ti ,para liberarte el alma pero perdonar usándome a mi, tu corazón.

Nerea, reflexionaba y rebatía sus intentos, es cierto querido, lo ocurrido no se borrara ni espero su disculpa porque eso no me quitará mi pena, además no cambiaría nada ni a lo ocurrido ni a mí. Me siento atada al suceso desde el resentimiento, me siento presa de mi tormento...

Ante su afligida dueña, el corazón prosiguió, Nerea, perdonar se ejecuta sin esperar nada, sin expectativas ,no esperes que el culpable enmiende su error porque eso nada lo cambiará, esperarías en vano...

sigues anclada al problema, considero que el EGO domina tu vida, quiere tal vez castigar lo ocurrido. Y mi querida Nerea, el pasado no puede ser cambiado, no se puede resarcir. No esperes disculpa, comprendo tu tristeza y desolación pero el perdón es una declaración que debemos renovar a diario...

Nerea permanecía atónita a lo que escuchaba y débilmente pregunto, crees que espero disculpa que arregle el error, como si cambiara los hechos y me diera alivio...pues no. Solo siento sed de justicia mal enfocada...

Debo perdonar, debo perdonarme...por no ser las cosas de la manera que esperaba, de la forma que deseaba, un perdón para mí.

El corazón se estremeció, dentro de la amargura de su alma, Nerea reaccionaba, sólo no sabía cómo seguir... y continuó su razonamiento, Nerea, mi querida niña, perdonando conmigo primero, has de empezar luego continuaremos el viaje de dejar ir el pasado,

recuerda que en esta vida, somos aprendices y esta es una gran lección, la experiencia del perdón...no mires lo negativo de lo que te tocó vivir, busca mas allá...

Nerea contemplaba la vida desde su cristal, pensando en todo lo que había acontecido, y le decía una y otra vez, he llorado tanto, no puedo proseguir, deseo huir. Quiero refugiarme en ti y que arropes mi silencio, me pesan los parpados, me siento derrotada...prosigo como aquel peregrino que recorre el camino sin más mapa que su instinto.

No hay consuelo ni sustento que alivie mi tormento.

Su compungido corazón no se rendía y le decía, en tu silencio habita el miope dolor llora su momento, nada despierta tu ilusión, muriendo caes en el descontento. Y que puedo hacer, decía Nerea, me falta el aire, anhelo el calor, rompe mis cadenas, saca mi mortaja, libérame de mi tormento, aléjalo de mi, llévate mi culpabilidad siembra serenidad, no tortures mi existir y déjame seguir, arrebátame el miedo y conviértelo en algo bueno, dame aliento para afrontarlo y fuerzas para sobrellevarlo, Libérame, arranca esa culpa que me castiga libérame de mi tormento, aléjalo de mi, que me consume, devora y mitiga, libérame de mi condena, desata mis cadenas, enséñame la luz de la libertad, la luz del nuevo día, la luz de la vida...

Piénsalo Nerea, sólo soy tu corazón, perdónate a ti misma , examina la experiencia del perdón es la primera solución...

Recurre a la esperanza para soportar estos duros momentos y no ahogarte en tus lamentos...

solicita su auxilio como donante para vivir, como bálsamo para sanar tus heridas y aliento para sobrellevar y no desistir el duro día...

Esperanza, para que inspire tus días, que llene tu vida de tu pureza y constancia para no perder el equilibrio, como si de un puente

se tratase entre tu y la felicidad para no tambalear..

Acaba con este invierno permanente y saca el sol ardiente que permanecía inerte, cuan ilusionada te espera, te dará fervor y valor ante tu miedo. Aprende a perdonar Nerea y comenzarás a vivir...

Nerea ensimismada, gritaba:

Quisiera no sentirte, quisiera no oírte, quisiera no saber...el frio recorre mi cuerpo y me da de beber, los minutos se hacen eternos y no puedo salir..apenas se puede respirar contienes mi latir, nadie oye, nadie sabe, quiero desistir, quisiera salir, quisiera respirar, quisiera ver la claridad, siento el aliento del miedo, el crespo del vacío, tiemblo a mi pesar, aumenta el tormento, pon fin a este castigo, pon fin al lamento, oscuridad que secas mis lagrimas del descontento, enséñame la salida, enséñame las razones, arranca el silencio de los corazones, devuelve la luz y el calor de las emociones...

En el silencio de la noche oigo un sollozo caer, el álgido sopor de mi cuerpo se apoderó sin querer, inerte, mi suspiro retumbó en la dura tiniebla al callar, me siento como una humilde mariposa de la noche que desea volar, que ve la luz del día, la pálida tarde y la fría noche divagar, quiero retener el tiempo para que no anochezca sin piedad, y solo me queda abandonar mi alma y dejarla abrazar a su voluntad, en los sueños podrá revolotear cubierta de sosiego, si mis pavores decido olvidar en el desafío ciego, quiero espolear los designios del camino y recobrar aliento, que se esfuma mi condena, dejar soñar al sentimiento... no puedo perdonar..Soy una víctima y deseo gritar, que acabe ya quiero perdonarme y prosperar en el calor de un nuevo día, quiero una oportunidad...

Nerea quedo dormida en la sombría oscuridad esperando el sol naciente que la despierte y abrasé en ese día que ansia desde lo mas profundo de su corazón...

Escrito por Nery.