jueves, 2 de julio de 2009

EL SINDROME DE ACOMODACIÓN AL ABUSO SEXUAL INFANTIL



por Roland C. Summit, M.D.

Resumen: Los niños víctimas de abuso sexual enfrentan un trauma secundario en la crisis de descubrimiento. Sus intentos para reconciliar sus experiencias privadas con las realidades del mundo exterior son asaltados por la incredulidad, la culpa y el rechazo que ellos experimentan de los adultos. Su conducta normal de enfrentarse a los problemas contradice las creencias y expectativas reafirmadas y típicamente sostenidas por los adultos. Los padres, los tribunales y los clínicos estigmatizan al niño con acusaciones de mentir, manipular o ser sugestionable. Dicho abandono por los mismos adultos más cruciales para la protección y recuperación del niño impulsa al niño más profundamente en la culpa, el auto-desdén, la alienación y la revictimización. En contraste, la abogacía por parte de un clínico empático dentro de una red de tratamiento apoyador puede proporcionar credibilidad y respaldo vitales para el niño.

La evaluación de las respuestas de niños normales ante el ataque sexual proporciona una clara evidencia que las definiciones de la sociedad de la conducta “normal” de la víctima son inapropiadas, y sirven a los adultos como aisladores míticos contra el dolor del niño. Dentro de este clima de prejuicio, las opciones de sobre vivencia disponibles para la víctima fomentan la alienación del niño de cualquier esperanza de credibilidad o aceptación externa. Irónicamente, la elección inevitable del niño de las opciones “erróneas” refuerza y perpetúa los mitos perjudiciales.
Las reacciones más típicas de los niños son clasificadas en este artículo como el sindrome de acomodación al abuso sexual infantil. El sindrome está compuesto de cinco categorías, de las cuales dos definen la vulnerabilidad básica de la niñez y, tres son secuencialmente contingentes en la agresión sexual:

(l) el secreto,
(2) el desamparo,
(3) el entrampamiento y acomodación,
(4) la revelación tardía y no convincente, y
(5) la retractación.

El sindrome de acomodación esta propuesto como un modelo simple y lógico a utilizar por los clínicos para mejorar la comprensión y aceptación de la posición del niño en las dinámicas complejas y controvertidas de la victimización sexual. La aplicación del sindrome tiende a desafiar los mitos y prejuicios consolidados, proporcionando credibilidad y defensoría para el niño dentro del hogar y los tribunales, y a través de todo el proceso de tratamiento.
El artículo también proporciona discusión de las estrategias de enfrentamiento de los niños como análogos para los subsiguientes problemas conductuales y psicológicos, incluyendo las implicaciones para las modalidades específicas de tratamiento.
Palabras claves: Abuso Infantil, Abuso sexual, Hostigamiento sexual, Incesto, Victimización, Pedofilia, Defensoría infantil, Testimonio experto, Estrés post-traumático.

INTRODUCCION

El abuso sexual infantil ha estallado dentro de la conciencia pública durante un espacio de tiempo de menos de cinco años. Más de treinta libros (1-34) sobre el tema han aparecido así como un torrente de diarios, revistas y programas de televisión. De acuerdo a una encuesta conducida por Finkelhor (35), casi todos los norteamericanos respondientes recordaban alguna discusión en los medios sobre abuso sexual infantil durante el año anterior.

El mensaje resumido en esta explosión de información es que el abuso sexual de los niños es mucho más común y más dañino para los individuos y para la sociedad de lo que se había reconocido por los clínicos o los cientistas sociales. El soporte para estas afirmaciones proviene de relatos en primera persona y de los hallazgos preliminares de los programas especializados de tratamiento sobre abuso sexual. Hay un comprensible escepticismo entre los cientistas y una resistencia para aceptar tales reclamaciones sin precedente a partir de tales muestras sesgadas. Hay también una contra-afirmación predecible de que en tanto los contactos sexuales del niño con adultos pueden ser relativamente comunes, la invisibilidad de tales contactos prueba que la experiencia para el niño no es uniformemente dañina, sino más bien neutral o aún beneficiosa (20, 36-40). Cuales fueren los méritos de los variados argumentos, debería quedar claro que todo niño que está tratando de enfrentarse con una relación sexualizada con un adulto encara una respuesta incierta y altamente variable de cualquiera sean los recursos personales o profesionales de quienes puedan conseguir ayuda.
La explosión de interés crea nuevos peligros para el niño víctima de abuso sexual, ya que aumenta la probabilidad de descubrir pero fracasa en proteger a la víctima contra los hostigamientos secundarios de un sistema de intervención inconsistente. El niño víctima identificado enfrenta un mundo adulto el cual otorga un reconocimiento a regañadientes a un concepto abstracto de abuso infantil, pero que desafía y reprime al niño quien presenta una demanda específica de victimización. Las creencias adultas son dominadas por una mitología reafirmada y auto-protectiva que pasa por el sentido común. “Todo el mundo” sabe que los adultos deben protegerse a sí mismos de las acusaciones infundadas o vengativas de la gente joven. Persiste una imagen de las adolescentes casaderas realizando peligrosos juegos surgidos de su floreciente fascinación sexual. Lo que todos no saben, y no les gustaría saber, es que la vasta mayoría de acusaciones investigadas se prueban como válidas y que la mayoría de las personas jóvenes tenían menos de ocho años al momento de iniciarse el abuso.
Más que ser calculador o práctico, el niño es más a menudo temeroso, tentativo y confuso acerca de la naturaleza de la experiencia sexual continuada y del resultado de la revelación. Si un adulto razonable y respetable es acusado de conducta perversa y ofensiva por un niño dudoso, turbado emocionalmente, la mayoría de los adultos que escuchan la alegación, culparán al niño. La incredulidad y el rechazo por los cuidadores adultos incrementarán el desamparo, la desesperanza, el aislamiento y la auto-culpa que construye los aspectos más dañinos de la victimización sexual del niño. Al mirar hacia atrás, las víctimas se sentirán más amargadas hacia quienes rechazaron sus súplicas que hacia quien inició las experiencias sexuales. Cuando ningún adulto interviene para reconocer la realidad de la experiencia abusiva o para fijar responsabilidad sobre el adulto ofensor, hay un reforzamiento de la tendencia del niño para tratar con el trauma como un evento intrapsíquico y para incorporar una monstruosa aparición de culpa, auto-culpabilidad, dolor y rabia.
La aceptación y validación son cruciales para la sobrevivencia psicológica de la víctima. Un niño acosado por un padre u otro hombre en el rol de padre y rechazado por la madre está psicológicamente huérfano y casi indefenso contra las múltiples consecuencias nocivas. Por otra parte, una madre que puede defender al niño y protegerlo contra el re-abuso parece conferir al niño el poder de ser auto-aprobatorio y recobrarse con mínimas secuelas (22,41).
Sin la intervención profesional o del grupo de auto-ayuda, la mayoría de los padres no están preparados para creerle a su hijo ante las negaciones convincentes de un adulto responsable. Ya que la mayoría de los adultos, quienes molestan a los niños, emplean una relación amistosa o confiada (8, 22, 49, 50), el niño es puesto a la defensiva por atacar la credibilidad del adulto de confianza, y por crear una crisis de lealtad la cual desafía una resolución confortable. En el momento en que el niño necesita más amor, respaldo y disculpa la figura parental no preparada responde típicamente con horror, rechazo y culpa hacia el niño (22,24).
El profesional en salud mental ocupa un rol central en la crisis de la revelación. Ya que los eventos representados por el niño a menudo son percibidos como increíbles, los cuidadores escépticos recurren a los expertos para una aclaración. En la práctica presente, no es inusual que la evaluación clínica estigmatice a las víctimas legítimas ya sea como confusas o maliciosas. A menudo una evaluación respaldará las quejas del niño y convencerá a los acusadores que la acción criminal es apropiada, en tanto que una evaluación adversaria certificará la normalidad de su defendido y convencerá al juez o al jurado de que el niño miente. En un crimen donde usualmente no hay un testigo ocular de tercera parte y no hay evidencia física, el veredicto, la validación de la percepción del niño de la realidad, la aceptación por los cuidadores adultos y aún la sobrevivencia emocional del niño pueden depender del conocimiento y habilidad del clínico evaluador. Cada clínico debe ser capaz de comprender y articular la posición del niño en el extendido desequilibrio adulto de credibilidad. Sin conciencia de la realidad del niño, el profesional tenderá a reflejar la mitología tradicional y otorgar el sello de autoridad científica para continuar la estigmatización del niño.
El estudio clínico de grandes números de niños y sus padres en casos probados de abuso sexual proporciona contradicciones enfáticas de los puntos de vista tradicionales. Lo que emerge es un patrón conductual típico o un sindrome de variables mutuamente dependientes, lo que facilita la sobrevivencia inmediata del niño dentro de la familia pero lo cual tiende a aislar al niño de la aceptación eventual, la credibilidad o empatía dentro de la sociedad mayor. La mitología y la negación protectiva que rodea al abuso sexual pueden ser vistas como una consecuencia natural tanto de los mecanismos de enfrentamiento estereotípicos de la víctima niño, como de la necesidad de casi todos los adultos para aislarse a sí mismos de las realidades dolorosas de la victimización de la niñez.
El proceso de acomodación intrínsico para el mundo del abuso sexual infantil inspira prejuicio y rechazo de todo adulto quien escoge permanecer lejos del desamparo y el dolor del dilema del niño o de quien espera que el niño pudiera comportarse de acuerdo con los conceptos adultos de auto-determinación y autonomía, de elecciones racionales. Sin una clara comprensión del sindrome de acomodación, los especialistas clínicos tienden a reforzar la creencia confortante que los niños son solo víctimas raramente legítimas del abuso sexual unilateral, y que dentro de las escasas quejas que se hacen visibles, la mayoría puede ser descartado como fantasía, confusión, o un desplazamiento de los propios deseos del niño por poder y conquista seductiva.
El conocimiento clínico del sindrome de acomodación al abuso sexual es esencial para proporcionar una explicación contrajudicial a la conducta de la víctima de otra forma auto-camuflada y auto-estigmatizada.
El propósito de este artículo entonces, es proporcionar un vehículo para una respuesta más sensitiva, más terapéutica para legitimar a las víctimas de abuso infantil y para invitar a una respuesta legal más efectiva, más activa para el niño dentro de la familia y dentro de los sistemas de protección infantil y justicia criminal.

FUENTES Y VALIDEZ

Este estudio es extraído en parte desde suposiciones estadísticamente validadas considerando la prevalencia, la relación de edad y la característica del rol del abuso sexual infantil; y en parte de las correlaciones y observaciones que han emergido como evidentes dentro de una red extendida de programas de tratamiento del abuso infantil y las organizaciones de auto-ayuda. La validez del sindrome de acomodación, como ha sido definido aquí, ha sido probada dentro de un período de cuatro años en la práctica del autor, la cual se ha especializado en consulta comunitaria para diversos programas y profesionales clínicos que tratan el abuso sexual. El sindrome ha producido intensas aprobaciones tanto de profesionales experimentados como de las víctimas, ofensores y otros miembros familiares.
Cientos de simposios de adiestramiento compartidos con especialistas por todos los Estados Unidos y Canadá han llegado a miles de individuos quienes han tenido implicación personal y/o profesional en abuso sexual. La discusión del sindrome típicamente abre las compuertas del reconocimiento de observaciones previamente no consideradas. Los adultos quienes han guardado un secreto avergonzado por toda una vida encuentran autorización para recordar y discutir su victimización de infancia. Los miembros de la familia quienes han desconocido a las víctimas identificadas encuentran una base para la compasión y la reunificación. Los niños aún atrapados en el secreto y en la auto-culpabilidad encuentran esperanza para su protección. Y los profesionales quienes han desestimado las indicaciones de abuso sexual descubren una nueva capacidad para el reconocimiento y el compromiso.
Un sindrome no debería ser visto como un diagnóstico que define y dicta una estrecha percepción de algo tan complejo como es el abuso sexual infantil. Cuando la elección de sexualizar la relación con un niño incluye un amplio espectro de adultos actuando bajo motivaciones y racionalizaciones ampliamente diversas (43), las opciones para el niño son también variables. Un niño que busca ayuda inmediatamente o quien logra intervención efectiva no debería ser descartado como contradictorio, nada más que el sindrome podría ser descartado si éste fracasa en incluir cualquier variante posible. El sindrome representa un denominador común de las conductas más frecuentemente observadas en las víctimas.
En el estado actual del arte la mayoría de las víctimas disponibles para estudio son niñas jóvenes molestadas por adultos hombres confiadas a su cuidado. Las víctimas varones jóvenes son menos frecuentes, al momento de ser más desamparados y aún más estigmatizados que las niñas jóvenes (9, 44, 45).
Debido al rechazo extremo de los hombres para admitir las experiencias de victimización sexual y debido a la mayor probabilidad de un niño de ser molestado por alguien ajeno al núcleo familiar, menos se sabe acerca de posibles variaciones en los mecanismos de acomodación de los varones sexualemte abusados. Parecen reaccionar más exageradamente en varios aspectos del secreto, desamparo, y auto-alienación, lo que lleva a un aislamiento aún mayor de la validación y la aprobación de parte de padres incrédulos y de otros adultos. Existe una suposición casi universal de que un hombre que molesta a un niño debe ser homosexual. Ya que el molestador habitual de niños es raramente atraído por adultos varones (46), él encuentra una rápida disculpa en el examen clínico y en los respaldos de sus conocidos. En tanto que hay alguna capacidad pública para creer que las niñas pueden ser víctimas desamparadas de abuso sexual, existe un repudio casi universal de la víctima niño-varón.
Por razones de brevedad y claridad el sindrome de acomodación al abuso sexual infantil es presentado en este artículo como éste se aplica a la víctima más típica femenina. No hay intento de minimizar ni de excluir las privaciones substanciales de las víctimas masculinas, ni de ignorar la minoría visiblemente pequeña de ofensoras que son mujeres. Una discusión más comprensiva de las variantes del rol dentro de un sindrome extendido es presentada en otra parte (47). En la siguiente discusión el pronombre femenino es usado genéricamente para el niño más bien que el más incómodo el/ella. Esta convención no significa desanimar la aplicación del sindrome de acomodación a las víctimas masculinas.

EL SINDROME DE ACOMODACION AL ABUSO SEXUAL INFANTIL

El sindrome incluye cinco categorías, dos de las cuales son precondiciones para la ocurrencia del abuso sexual. Las tres categorías restantes son contingencias necesarias que se encargan de la creciente variabilidad y complejidad de la experiencia abusiva. Cada categoría refleja una realidad apremiante para la víctima, y representa también una contradicción para las más comunes suposiciones de los adultos.

Las cinco categorías del sindrome son:
1. Secreto
2. Desamparo
3. Entrampamiento y acomodación
4. Revelación tardía, conflictiva y no convincente
5. Retractación


1. Secreto

La iniciación, la intimidación, la estigmatización, el aislamiento, el desamparo y la auto-culpa dependen de una realidad aterradora del abuso sexual infantil: Este ocurre sólo cuando el niño está solo con el adulto ofensor, y jamás debe ser compartido con nadie más.
Virtualmente ningún niño está preparado para la posibilidad de ser molestado por un adulto de confianza; esa posibilidad es un secreto bien guardado aún para los adultos. El niño por lo tanto, queda enteramente dependiente del intruso ante cualquier realidad que sea asignada a la experiencia. De todas las explicaciones inadecuadas, ilógicas, auto-complacientes o auto-protectoras proporcionadas por el adulto, la única impresión consistente y significativa lograda por el niño, es el resultado peligroso y atemorizante basado en el secreto (22, 48). “Este es nuestro secreto; nadie más lo comprenderá”. “No se lo digas a nadie”. “Nadie más te creerá”. “No se lo cuentes a tu mamá; (a) “Ella te va a odiar, (b) ella me odiará (c) ella te matará (d) ella me matará (e) esto la matará (f) ella te echará (g) ella me mandará lejos, o (h) esto destruirá la familia y tú terminarás en un orfanato”, “Si tú se lo cuentas a alguien (a) yo nunca más te querré, (b) yo te daré una tanda, (c) yo mataré a tu perrito, o (d) yo te mataré a ti”.
Ya sea que la intimidación pueda ser gentil o amenazante, el secreto le deja claro al niño que esto es algo malo y peligroso. El secreto es la fuente tanto del temor como de la promesa de seguridad: “Todo va a ir bien, sólo si tú no lo cuentas”. El secreto adquiere proporciones mágicas, monstruosas para el niño. Un preescolar sin conciencia del sexo y aún sin dolor o vergüenza de experiencia sexual en sí misma, será no obstante estigmatizado con un sentimiento de maldad y de peligro a partir del penetrante secreto.
Cualquiera de los intentos del niño por iluminar el secreto será contrarestado por una conspiración de silencio y descrédito por parte del adulto. “No te preocupes de cosas como ésta; eso no podría ocurrir en nuestra familia”, “Los niños buenos no hablan sobre cosas como esas”, “Tío John no te desea ningún daño; esta es su forma de demostrarte cuánto te quiere”, “¿Cómo podías haberte imaginado una cosa tan terrible?”, “No me hagas escuchar cosas como esto nuevamente”.
El niño promedio nunca pregunta y nunca cuenta. Contrario a la expectativa general de que la víctima normalmente podría buscar ayuda, la mayoría de las víctimas en los exámenes retrospectivos nunca le han contado a nadie durante su niñez (22, 42, 49, 50). Los respondientes expresaban temor de que fuesen culpados por lo que había ocurrido o de que una figura parental no sería capaz de protegerlos de la represalia. Muchos de quienes buscaron ayuda informaron que los padres se ponían histéricos o los castigaban o fingían que nada estaba ocurriendo (42).
Sin embargo la expectativa adulta domina el juicio aplicado a las revelaciones de abuso sexual. Cuando el niño no se queja inmediatamente, es dolorosamente aparente para todo niño que ya no hay una segunda oportunidad. “¿Por qué no me lo dijiste?” “¿Cómo pudiste mantener esa cosa en secreto?” “¿Qué estas tratando de ocultar?” “¿Porqué esperaste hasta ahora si esto realmente ocurrió hace mucho tiempo?” “¿Cómo quieres que te crea tan fantástica historia?”.
A menos que la víctima pueda contar con alguna autorización y poder para compartir el secreto y a menos que exista la posibilidad de una respuesta de compromiso, no castigadora para revelar, es muy probable que el niño se gaste toda una vida en lo que viene a ser un exilio auto-impuesto para la intimidad, la confianza y la auto-validación.


2. Desamparo


La expectativa adulta de la auto-protección del niño y la revelación inmediata ignora la subordinación y el desamparo básico de los niños dentro de relaciones autoritarias. Los niños pueden ser autorizados para evitar las atenciones de extraños, pero se les requiere que sean obedientes y cariñosos con cualquier adulto de confianza que los tenga a cargo. Los extraños, los “raros”, los raptores y otros monstruos proporcionan un conveniente contraste tanto para el niño como para los padres contra un riesgo mucho más espantoso e inmediato: la traición de las relaciones vitales, el abandono por parte de los cuidadores confiables y la aniquilación de la seguridad familiar básica. Toda la investigación disponible es notablemente consecuente con una estadística inconfortable: es tres veces más probable que un niño sea molestado por un adulto conocido, de confianza, que por un extraño (9, 42, 44, 50). El riesgo no es del todo remoto. Aún la más conservadora de las encuestas implica que cerca del l0% de todas las mujeres han sido sexualmente victimizadas como niñas por un pariente adulto, incluyendo casi un 2% en que había un hombre comprometido en el rol de padre (42). La última encuesta, y la más representativa, informan una prevalencia de l6% de acoso de parte de parientes. Un total de 4.6% de las 930 mujeres entrevistadas informaron de una relación incestuosa con su padre o una figura paterna (50).
Un corolario para la expectativa de auto- protección es la suposición general que si los niños no se quejan, están actuando dentro de una relación que consienten. Esta expectativa es dudosa aún para la mítica adolescente seductora. Dado la suposición que una adolescente pueda ser sexualmente atractiva, seductora y aún deliberadamente provocativa, debería quedar claro que ningún niño tiene igual poder para decir no a una figura parental o para anticipar las consecuencias del compromiso sexual con un adulto cuidador. Las éticas comunes demandan que el adulto en tal desigualdad, soporte la exclusiva responsabilidad por cualquier actividad sexual clandestina con un menor (51).
En realidad, no obstante, el compañero infantil a menudo no es ni sexualmente atractivo ni seductor en ningún sentido convencional. El estereotipo de la adolescente seductora es un artefacto tanto de la revelación tardía como del adulto predominante que desea definir el abuso sexual infantil dentro de un modelo que se aproxima a la lógica de la conducta adulta.
Nosotros podemos creer que un hombre puede ser normalmente atraído por una niña-mujer en edad casadera. Solo la perversión podría explicar la atracción hacia una niña o un niño no desarrollado, y los hombres involucrados en la mayoría de los acosos sexuales a niños no desarrollados obviamente no están completamente pervertidos. Ellos tienden a ser buenos trabajadores, hombres dedicados a la familia. Ellos pueden ser mucho mejor educados, más respetuosos de la ley y más religiosos que el promedio.
En la medida en que la experiencia clínica se ha incrementado en la intervención sexual infantil, se descubre que la edad de iniciación es aún menor.
En 1979, la edad promedio típica era, sorprendentemente, los prepúberes de nueve años. En 1981, los modelos de entrenamiento financiados federalmente informaron la edad promedio de iniciación como de siete años (52). En el Harborview Rape Crisis Center de Seattle, 25% de los niños presentados para tratamiento tenían cinco años de edad y menos (53).
La realidad predominante para la víctima más frecuente de abuso sexual no es la experiencia de la calle o el patio del colegio, ni tampoco alguna vulnerabilidad a las tentaciones edípicas, sino la intrusión implacablemente progresiva, sin precedente, en actos sexuales por parte de un adulto dominante en una relación unilateral de víctima-perpetrador. El hecho que el perpetrador es a menudo alguien en una posición de confianza y aparentemente cariñosa sólo aumenta el desequilibrio de poder y subraya el desamparo del niño.
Los niños a menudo describen sus primeras experiencias como el despertarse para encontrar a su padre (o padrastro, o compañero de su madre) explorando sus cuerpos con manos o boca. Menos frecuentemente, los niños pueden descubrirse con un pene en su boca o sintiéndolo entre sus piernas. La sociedad le permite al niño un aceptable conjunto de reacciones ante tal experiencia. Al igual que la víctima adulta de violación, la víctima niño se espera que resista por la fuerza, que llore pidiendo ayuda y que intente escapar del acoso. Bajo tales medidas, todo niño falla.
La reacción normal es “jugar al dormido”, esto es fingirse dormido, cambiar de posición o tirar las frazadas. Las criaturas pequeñas simplemente no recurren a la fuerza para manejar una amenaza tan abrumadora. Cuando no tienen donde arrancar, ellos no tienen otra opción que tratar de esconderse. Generalmente, los niños aprenden a enfrentarse silenciosamente con terrores en la noche. Las frazadas de la cama adquieren poderes mágicos contra los monstruos, pero ellas no logran igualar a los vejadores humanos.
Es muy triste escuchar a los niños siendo atacados por abogados defensores y siendo desacreditados por los jurados debido a que ellos han denunciado ser molestados aún admitiendo que ellos no han protestado ni llorado en voz alta. El punto a enfatizar aquí no es tanto el error judicial como lo es el asalto continuo sobre el niño. Si el testimonio del niño es rechazado en tribunales, hay probablemente también un rechazo por parte de la madre y otros parientes que pueden estar ansiosos de restablecer la confianza en el adulto acusado y de etiquetar al niño como malicioso. La experiencia clínica y el testimonio experto pueden proporcionar defensoría para el niño. Los niños son fácilmente avergonzables e intimidados por su desamparo y por su incomodidad de comunicar sus sentimientos hacia los incomprensivos adultos. Ellos necesitan un defensor clínico adulto para traducir el mundo infantil hacia un lenguaje aceptable para el adulto.
El desamparo intrínsico de un niño desentona con el adorado sentido adulto de libre voluntad. Los adultos necesitan una guía cuidadosa para arriesgarse a empatizar con la indefensión absoluta del niño; los adultos han pasado años reprimiendo y distanciándose ellos mismos del horror de la indefensión infantil. Los adultos tienden a menospreciar el desamparo y a condenar quienquiera que se someta muy fácilmente ante la intimidación. Una víctima será juzgada como un cómplice complaciente a menos que la conformidad se haya logrado a través de una fuerza abrumadora o la amenaza de violencia. Se les debe recordar a los adultos que la acción sin palabras o el gesto de un padre es una fuerza absolutamente irresistible para un niño dependiente, y la amenaza de perder el amor o la seguridad familiar es más atemorizante para el niño que cualquier amenaza de violencia.
Los asuntos de voluntad libre y la conformidad no son sólo retórica legal. Es necesario para la sobrevivencia emocional del niño que los cuidadores adultos le den permiso y aprobación ante el desamparo y la no complicidad del abuso. El prejuicio adulto es contagioso. Sin una afirmación terapéutica consistente de inocencia, la víctima tiende a llenarse de auto-alienación y auto-odio. El terapeuta que no insiste en la protección del niño, invita y permite las vejaciones sexuales.
Tanto en terapia como en tribunales, es necesario que un abogado por el niño reconozca que sin importar las circunstancias, el niño no tiene elección más que someterse pasivamente y mantener el secreto. No importa si la madre estaba en la pieza del lado o si los hermanos estaban dormidos en la misma cama. Mientras más ilógica e increíble pudiera ser para los adultos la escena de abuso, es más probable que la descripción penosa del niño sea válida. Un padre cariñoso no podría actuar lógicamente como el niño lo describe; si no hay nadie más, parece increíble que él pudiera asumir tan llamativos riesgos. Este análisis lógico contiene al menos dos ingenuas suposiciones: (1) el acoso es sensato y (2) es riesgoso. El acoso hacia un niño no es un gesto sensato de cariño, sino una búsqueda desesperada, compulsiva de aceptación y sumisión (54). El riesgo de ser descubierto es muy pequeño si el niño es lo suficientemente chico y si hay una relación establecida de autoridad y afecto. Los hombres quienes buscan a niños como compañeros sexuales descubren rápidamente algo que resulta increíble para los adultos menos impulsivos: los niños dependientes son impotentes para resistir o quejarse.
Una carta a Ann Landers (célebre consejera en los diarios americanos) ilustra muy bien el secreto continuamente desamparado y penetrante asociado con el abuso incestuoso:
Querida Ann:
La semana pasada mi hermana mayor de 32 años me contó que ella había sido molestada sexualmente por nuestro padre desde los 6 a los 16 años. Yo quedé aturdida debido a que por 20 años yo había mantenido el mismo secreto. Ahora tengo 30 años. Nosotras decidimos contarlo a nuestras tres hermanas, todas en los 20 años. Resultó que nuestro padre había molestado sexualmente a todas y cada una de nosotras. Todas pensamos que habíamos sido la única en sufrir esta humillación, una fea experiencia, y estábamos demasiado avergonzadas y atemorizadas para contarlo a alguien, así es que todas mantuvimos la boca cerrada.
Papá tiene ahora 53 años. Al mirarlo, tú podrías pensar que es el papá de todos los norteamericanos. Mamá tiene 51 años. Ella podría haber muerto si hubiese tenido alguna idea de lo que él estaba haciendo con sus hijas todos estos años (55).

3. Entrampamiento y Acomodación

Para el niño que está dentro de una relación de dependencia en la relación sexual, el acoso no es típicamente de una sola ocurrencia. El adulto puede estar atormentado por los remordimientos, la culpa, el temor y las resoluciones de detenerse, pero la cualidad prohibida de la experiencia y la inesperada facilidad de realización parecen invitar a la repetición. Tiende a desarrollase un patrón compulsivo, adictivo el cual continúa ya sea hasta que el niño alcanza autonomía o hasta que el descubrimiento o la prohibición forzada se impone sobre el secreto.
Si el niño no busca o si no recibe una intervención protectiva inmediata, no hay otra opción para detener el abuso. La única opción saludable que le queda al niño es aprender a aceptar la situación y sobrevivir. No hay camino, ni lugar para arrancar. El niño saludable, normal, emocionalmente resiliente aprenderá a acomodarse a la realidad de abuso sexual que continúa. Existe el desafío de acomodación no sólo ante las demandas sexuales que van escalando, sino ante una creciente consciencia del engaño y la objetificación por parte de alguien quien es ordinariamente idealizado como una figura parental querida, protectiva, altruísta. Mucho de lo que es eventualmente denominado como psicopatología adolescente o adulta puede ser rastreada desde las reacciones naturales de un niño saludable a un medio ambiente pariental profundamente anormal e insano. La dependencia patológica, el auto-castigo, la auto-mutilación, la reestructuración selectiva de la realidad y las personalidades múltiples para nombrar unos pocos, representan los vestigios habituales de las habilidades de sobrevivencia dolorosamente aprendidas durante la infancia. Al tratar con los mecanismos de acomodación del niño o con las cicatrices vestigiales del sobreviviente adulto, el terapeuta debe tener cuidado en evitar el reforzamiento de un sentimiento de maldad, inadecuación o de locura al condenar o estigmatizar los síntomas.
El niño enfrentado ante una continua victimización por desamparo debe aprender de alguna forma a lograr un sentimiento de poder y control. El niño no puede conceptualizar con seguridad que un padre puede ser despiadado y autosirviente: una conclusión de este tipo es equivalente al abandono y la aniquilación. La única alternativa aceptable para la niña es creer que ella ha provocado los encuentros penosos, y esperar que aprendiendo a ser buena, ella puede ganar el amor y la aceptación. La suposición desesperada de responsabilidad y el fracaso inevitable de obtener alivio establece el fundamento para auto-odiarse y lo que Shengold describe como un corte vertical en la prueba de realidad.
Si el mismo padre es quien abusa y es experienciado como malo debe ser transformado para aliviar la desdicha que el ha ocasionado, entonces la niña debe, como una necesidad desesperada, registrar al padre –ilusoriamente- como bueno. Solo la imagen mental de un buen padre puede ayudar a la niña a tratar con la intensidad aterradora de temor y rabia, el efecto de las experiencias atormentantes. La alternativa -la mantención de estimulación abrumadora y de una mala imagen del padre - significa la aniquilación de la identidad, del sentimiento de si misma. De manera que lo malo deber ser registrado como bueno. Esta es una defensa emocional y una operación de fragmentación de la mente (56).
El uso de Shengold de la palabra “ilusoriamente” no supone un proceso psicótico o un defecto en la percepción, sino más bien la habilidad práctica para reconciliar realidades contradictorias. Como él continúa más tarde en la misma página:
Yo no estoy describiendo la esquizofrenia… pero el establecimiento de divisiones aisladas de la mente que proporcionan el mecanismo para un patrón en el cual imágenes contradictorias del yo y de los padres no se les permite unirse (Esta división vertical comportamentalizada trasciende las categorías diagnósticas; Estoy deliberadamente evitando meterme en las formaciones patológicas correlacionables de Winnicott, Kohut y Kernberg) (56).
El padre sexualmente abusivo proporciona ejemplo gráfico e instrucción en cómo ser buena, esto es, la niña debe estar disponible sin queja para las demandas del padre. Hay una promesa explícita o implícita de recompensa. Si ella es buena y si guarda el secreto, ella puede proteger a sus hermanos del compromiso sexual (“Es buena cosa que yo pueda contar contigo para amarte; de otra manera tendría que recurrir a tu hermana chica”), proteger a su madre de la desgracia (“Si tu madre lo descubre, podría matarla”), proteger a su padre de la tentación (“Si yo no pudiera contar contigo, tendría que frecuentar los bares y buscar otras mujeres”), y más vitalmente, preservar la seguridad del hogar (“Si alguna vez lo cuentas, ellos podrían enviarme a la cárcel o poner a todos los chicos en un orfanato”).
En la inversión de roles clásica del abuso sexual, a la niña se le da el poder para destruir la familia y la responsabilidad de mantenerla junta. La niña, no el padre, debe movilizar el altruismo y auto-control para asegurar la sobrevivencia de los otros. La niña, en resumen, debe asumir secretamente muchas de las funciones del rol ordinariamente asignado a la madre.
Hay una división inevitable de los valores morales originales. Sostener una mentira para mantener el secreto es la virtud última, en tanto que contar la verdad podría ser el más grande pecado. Una niña así victimizada parecerá aceptar o buscar el contacto sexual sin quejarse.
Ya que la niña debe estructurar su realidad para proteger al padre, ella también descubre los medios para construir áreas de sobre vivencia donde pueda encontrar alguna esperanza de bondad. Ella puede volverse hacia compañeras imaginarias para resguardarse. Ella puede desarrollar personalidades múltiples, asignando desamparo y sufrimiento a una personalidad mala, rabia a otra, poder sexual a otra, amor y compasión a otra, etc. Ella puede descubrir estados alterados de conciencia para cortar el dolor o para disociarse de su cuerpo como si buscase una distancia. Los mismos mecanismos que permiten la sobre vivencia psíquica para la niña, se convierten en desventajas para la integración psicológica efectiva como persona adulta.
Si la niña no puede crear una economía psíquica para reconciliar el ultraje continuo, la intolerancia del desamparo y el sentimiento creciente de rabia buscarán una expresión activa. Para la niña esto a menudo conduce a la auto-destrucción y el reforzamiento del odio a sí misma; típicas son la auto-mutilación, la conducta suicida, la actividad sexual promiscua y las huidas del hogar repetidas. Ella puede aprender a explotar al padre por favores, privilegios y recompensas materiales, reforzando su auto-castigada imagen como “prostituta” en el proceso.
Ella puede pelear con sus padres, pero probablemente su mayor ira se focaliza sobre su madre, a quien ella culpa por abandonarla a su padre. Ella supone que su madre debe saber del abuso sexual, y que es demasiado descariñada o demasiado poco afectiva para intervenir. Por último, la niña tiende a creer que ella está tan intrínsicamente podrida que nunca ha sido digna de cariño. El fracaso del vínculo madre-hija refuerza la desconfianza de la jovencita hacia sí misma como una mujer, y la hace completamente dependiente de la patética esperanza de ganar aceptación y protección con un hombre abusivo.
Para muchas víctimas de abuso sexual, la rabia incubada sobre años de fachada, de enfrentamiento y de frustración, falsifica los intentos de intimidad, solo para reventar como un patrón de abuso contra la generación siguiente. La conducta imperfecta no gratificante de la niñita, y la difusión de los límites del ego entre el padre y la niña, invita a la proyección de lo malo introyectado y proporciona una salida recta, impulsiva para la ira expresiva.
La víctima masculina de abuso sexual con mayor probabilidad vuelve su rabia hacia afuera en conducta agresiva y antisocial. El es aún más intolerante de su desamparo que la víctima femenina, y más tendiente a racionalizar que está explotando la relación para su propio beneficio. El puede aferrarse tan tenazmente a una relación idealizada con el adulto que lo mantiene fijado a un nivel preadolescente en su elección de objeto sexual, como si estuviese tratando de mantener vivo el amor con una interminable sucesión de muchachitos. Varias mezclas de depresión, violencia contrafóbica, misoginia (nuevamente, la madre es vista no preocupada y no protectora), acoso infantil y violación parecen ser el legado de la rabia generada en el muchacho sexualmente abusado (45).
El abuso de substancias es una invitante vía de escape para la víctima de ambos géneros Como Myers recuerda: “Drogado, yo podría ser cualquier cosa que yo quisiera ser. Podría construir mi propia realidad: podría ser hermosa, tener una buena familia, un padre agradable, una madre fuerte, y ser feliz... el beber tiene un efecto opuesto al de las drogas... la bebida me devuelve a mi dolor; me permite experienciar mi herida y mi rabia” (57).
Vale la pena restablecer que todos estos mecanismos de acomodación- el martirio doméstico, la ruptura de la realidad, la consciencia alterada, el fenómeno histérico, la delincuencia, la sociopatía, la proyección de la rabia, aún la auto-mutilación - son parte de las habilidades de sobrevivencia de la niña. Ellos pueden ser superados sólo si la niña puede llegar a confiar en un ambiente seguro, el cual pueda proporcionar consistencia, aceptación no contingente y cuidado. En el intertanto, cualquiera que trabaje terapéuticamente con la niña (o la víctima crecida, aún trastornada) puede ser probado y provocado para mostrar que la confianza es imposible (22) y que la única realidad segura son las expectativas negativas y el odio hacia sí misma. Es demasiado fácil para el aspirante a terapeuta unirse a los padres y a toda la sociedad adulta para rechazar a una niña así, observando los resultados del abuso para suponer que tal “pícara imposible” debe ser interrogada y que merece cualquier tipo de castigo ocurrido, si en realidad el problema total no es una fantasía histérica o vengativa.

4. Revelación Tardía, Conflictiva y No Convincente

La mayor parte del abuso sexual en desarrollo nunca es revelado, al menos fuera de la familia inmediata (8, 22, 49, 50). Los casos tratados, informados o investigados son la excepción, no la norma. La revelación es una consecuencia ya sea de un conflicto familiar arrollador, el descubrimiento incidental por una tercera parte, o el resultado de la educación de la comunidad por parte de las agencias de protección.
Si el conflicto familiar gatilla la develación, esto es usualmente después de algunos años de continuo abuso sexual y de algún quiebre eventual en el mecanismo de acomodación. La víctima de abuso incestuoso tiende a permanecer en silencio hasta que ella llega a la adolescencia, cuando se hace capaz de demandar una vida más independiente para sí misma y desafiar la autoridad de sus padres. La adolescencia hace también que el padre se torne más celoso y controlador, tratando de secuestrar a su hija contra los “peligros” de las amistades o del mundo exterior. Los efectos corrosivos de la acomodación parecen justificar cualquier extremo en el castigo. ¿Qué padres no impondrían restricciones severas para controlar las fugas del hogar, el abuso de drogas, la promiscuidad, la rebelión y la delincuencia?
Después de una pelea en una familia especialmente castigadora y de un enfrentamiento despreciable de autoridad por parte del padre, la niña finalmente es dominada por la rabia para seguir con el secreto. Ella busca comprensión e intervención al mismo tiempo que tiene mínima probabilidad de conseguirlo. Las autoridades están alienadas por el patrón de delincuencia y rebelión airada expresada por la niña. La mayoría de los adultos confrontados con una historia así tienden a identificarse con los problemas de los padres al tratar de enfrentarse con una quinceañera rebelde. Ellos observan que la chica parece más furiosa respecto al castigo inmediato que acerca de las atrocidades sexuales que ella está alegando. Ellos suponen que no es verdad tan fantástica denuncia, especialmente ya que la niña no se quejó años antes cuando ella reclama fue vejada por la fuerza. Ellos presumen que ha inventado la historia en desquite a los intentos de su padre de lograr un control y disciplina razonables. Mientras más irrazonable y abusivo es el castigo disparado, es mayor la suposición de que la niña estaría haciendo algo para irse, aún hasta el punto de incriminar falsamente al padre.
A menos que estén específicamente entrenados y sensibilizados, los adultos promedio, incluyendo madres, parientes, profesores, consejeras, doctores, psicoterapeutas, investigadores, acusadores, abogados de defensa, jueces y jurados, no pueden creer que una niña normal, sincera podría tolerar el incesto sin denunciarlo inmediatamente, o que un padre aparentemente normal pudiera ser capaz de vejaciones sexuales repetidas e indiscutidas a su propia hija. La niña de cualquier edad enfrenta a una audiencia incrédula cuando ella se queja de abuso sexual en curso. La adolescente aproblemada, furiosa arriesga no solo no ser creída, sino también ser el chivo expiatorio, la humillación y el castigo.
No todas las adolescentes denunciantes parecen furiosas y no confiables. El patrón alternativo de acomodación existe en el cual la niña tiene éxito en esconder cualquier indicación de conflicto. Una niña así puede ser inusualmente talentosa y popular, ansiosa de agradar tanto a sus profesores como a sus compañeras.
Cuando la estudiante afamada o el capitán del equipo de fútbol trata de describir la historia de compromiso sexual en curso con un adulto, la reacción es de lo más incrédula, “¿Cómo podría ocurrirle una cosa así a una jovencita tan agradable?” “Nadie tan talentosa y bien ajustada podría estar involucrada en algo tan sórdido.” Obviamente, esto no sucedió o, si fue así, ciertamente no daño a la niña.
De manera que no hay causa real para quejarse. Ya sea que la niña es delincuente, hipersexual, contrasexual, suicida, histérica, psicótica, o perfectamente ajustada, y sea que la niña está furiosa, evasiva o serena, el afecto inmediato y el patrón de ajuste de la niña será interpretado por los adultos para invalidar la queja de la niña.
Contrario al mito popular, la mayoría de las madres no tiene consciencia del abuso sexual en curso. El matrimonio demanda una confianza ciega considerable, y negación para la sobrevivencia. Una mujer no confía su vida y su seguridad a un hombre a quien cree capaz de acosar a sus propios niños. Los indicios “obvios” sobre el abuso sexual son generalmente obvios solo en retrospectiva. Nuestra suposición de que la madre “debe saber” meramente se compara a la demanda de la niña de que la madre debe estar en contacto intuitivo con el disconfort deliberadamente oculto de la familia.
Típicamente, la madre reacciona ante las alegaciones de abuso sexual con incredulidad y negación protectora. ¿Cómo podía ella no haberlo sabido? ¿Cómo podía la niña esperar tanto para contárselo? ¿Qué clase de madre podía permitir que ocurriese una cosa así? ¿Qué podrían pensar los vecinos? Cómo alguien que es substancialmente dependiente de la aprobación y generosidad del padre, la madre en el triángulo incestuoso está confrontada con un dilema de división mental análoga a la de la niña abusada. Ya sea que la niña es mala y merece el castigo o que el padre es malo e injustamente castigador. Uno de ellos está mintiendo y es indigno de confianza. La seguridad total de la madre, su ajuste vital y mucho de su sentido de autovalía adulta demanda una confianza en la seriedad de su compañero. El aceptar la alternativa significa la aniquilación de la familia y un gran trozo de su propia identidad. Su temor y ambivalencia son reafirmados por el desafío lógico del padre, “¿Le vas a creer a esa marrana chica mentirosa?”, “¿Puedes creer que yo podría hacer tal cosa?, ¿Cómo algo como eso podría haber estado ocurriendo en tus propias narices por años? Tu sabes que no podemos confiar en ella si está lejos de nuestra mirada. Justo cuando estábamos tratando de restringirla y le di un pequeño refregón, ella vuelve con una historia ridícula como ésta. Esto es lo que he logrado por tratar de mantenerla alejada de los problemas.”
De la minoría de los secretos de incesto que son revelados a la madre o descubiertos por la madre, muy pocos son subsiguientemente informados a las agencias de protección(50). La madre no creerá en la queja o tratará de negociar una resolución dentro de la familia. Ahora que se requiere a profesionales de informar cualquier sospecha de abuso infantil, un número creciente de quejas son investigadas por las agencias protectivas. Los investigadores de la policía y las trabajadoras de los servicios de protección con probabilidad darán crédito a la queja, en cuyos casos todos los niños pueden ser recogidos inmediatamente dentro de custodia protectiva hasta que el tribunal de menores tome una decisión en la audiencia de dependencia. En la continua paradoja de un sistema judicial dividido, el juez del tribunal juvenil probablemente sustanciará una colocación fuera de la familia ante “la preponderancia de la evidencia” de que la niña está en peligro, en tanto que aún no se han formalizado cargos en el tribunal del crimen, el cual podría considerar la responsabilidad criminal del padre. Los abogados saben que el testimonio no corroborado de una niña no condenará a un adulto respetable. La prueba en la corte criminal requiere prueba específica “más allá de una duda razonable”, y todo miembro del jurado razonable tendrá razón en dudar de las fantásticas acusaciones de una niña. Los acusadores se resisten a someter a la niña al humillante examen cruzado justo cuando ellos están poco dispuestos a entablar demandas en casos que ellos no pueden ganar. Por lo tanto, ellos rechazan típicamente la denuncia sobre la base de evidencia insuficiente.
Los molestadores fuera de la familia son también efectivamente inmunes de incriminación si ellos tienen algún grado de prestigio. Aún si varias niñas se han quejado, su testimonio será acusado de discrepancias triviales en sus relatos, o por el contracargo de que las niñas eran conspiradoras intencionadas y seductoras.
La ausencia de cargos criminales es equivalente a una convicción de perjurio contra la víctima. “Un hombre es inocente hasta que se pruebe su culpabilidad”, dicen los parientes que protegen al adulto “La niñita reclamaba haber sido molestada pero no hay nada de ello. La policía investigó y ellos aún no han formulado cargos”. A menos que haya un abogado experto para la niña en el tribunal del crimen, la niña probablemente será abandonada como el custodio desamparado de un secreto auto-incriminatorio que ningún adulto responsable puede creer.
El psiquiatra u otros consejeros especialistas tienen un papel crucial en la detección temprana, la intervención de tratamiento y la defensoría experta en la corte. El especialista debe ayudar a movilizar a los cuidadores escépticos hacia una posición de creencia, aceptación, apoyo y protección para la niña. El especialista primero debe ser capaz de asumir la misma posición. La consejera que aprende a aceptar el secreto, el desamparo, la acomodación y la revelación retrasada aún puede ser alienada por el quinto nivel del sindrome de acomodación.

5. Retractación

Sea lo que fuere que una niña diga acerca del abuso sexual, ella probablemente lo cambiará totalmente. Por debajo de la rabia, de la revelación impulsiva, permanece la ambivalencia de culpa y la obligación martirizada de preservar la familia. En la caótica consecuencia de la develación, la niña descubre que los temores y amenazas que subyacen al secreto son ciertas. Su padre la abandona y la califica de mentirosa. Su madre no le cree o se descompensa dentro de la histeria y la ira. La familia es separada y todos los niños son puestos en custodia. El padre es amenazado con desgracia y prisión. La niña es culpada por causar esta confusión total, y todos parecen tratarla como una rareza. Ella es interrogada acerca de todos los detalles indignos, y animada a incriminar a su padre, aunque éste permanece intocable, manteniéndose en el hogar, en la seguridad de la familia. Ella es mantenida en custodia con ninguna esperanza aparente de retornar al hogar, y la petición de dependencia es sustentada.
El mensaje desde la madre es muy claro, a menudo explícito, “¿Porqué insistes en contar esas horrorosas historias sobre tu padre? Si tú lo mandas a prisión, nunca más seremos una familia. Nos suspenderán el bienestar y no tendremos donde estar ¿Eso es lo que tú quieres hacernos?”.
Una vez más, la niña sostiene la responsabilidad ya sea de preservar o de destruir la familia. La inversión de roles continúa con la “mala” elección de contar la verdad y la “buena” elección de capitular y restaurar una mentira por el bien de la familia.
A menos que haya un apoyo especial para la niña y una intervención inmediata para forzar la responsabilidad del padre, la niña seguirá el curso “normal” y se retractará de su denuncia. La chica “admite” que inventó la historia. “Me volví loca con mi padre por castigarme. El me golpeó y me dijo que nunca más volvería a ver a mi pololo. Por años he estado realmente mal y nada parece haberme mantenido fuera de problemas. Mi papá tenía mucha razón para enojarse conmigo. Pero me volví loca y tenía que buscar la forma de arrancar de ese lugar. Así es que inventé esta historia de que el se andaba haciendo el tonto conmigo y todo. Yo no quería meter a nadie en tanto problema”.
Esta simple mentira tiene más credibilidad que las quejas más explícitas de entrampamiento incestuoso. Ella confirma las expectativas adultas de que no se puede confiar en las niñas. Ella restaura el equilibro precario de la familia. Los niños aprenden a no quejarse. Los adultos aprenden a no escuchar, y las autoridades aprenden a no creerle a los niños rebeldes quienes tratan de utilizar su poder sexual para destruir.

DISCUSION

Debería ser obvio que, dejado sin poner a prueba, el sindrome de acomodación al abuso sexual tiende a reforzar tanto la victimización de los niños como la complacencia e indiferencia de la sociedad ante las dimensiones de esa victimización. Debería ser obvio para los clínicos que el poder de desafiar y de interrumpir el proceso de acomodación lleva un potencial sin precedente para la prevención primaria del dolor e incapacidad emocional, incluyendo una interrupción en la cadena intergeneracional del abuso infantil.
Lo que no es tan obvio es que los especialistas en salud mental puedan estar más escépticos de los informes de abusos sexuales y más vacilantes de comprometerse ellos mismos como abogados de los niños que muchos otros profesionales menos específicamente entrenados. Las relaciones aparentes de causa-efecto y el énfasis sobre las intrusiones unilaterales por adultos poderosos pueden parecer ingenuas y regresivas a alguien entrenado en dinámicas familiares más sofisticadas, donde los hechos son vistos como un equilibro de necesidades y provocaciones dentro del sistema como un todo (58). Freud representó una tendencia a partir del concepto víctima-ofensor hacia un punto de vista más universal e intelectualmente aceptable en 1897 cuando él renunció a su propia teoría de seducción infantil de la histeria por la tesis de seducción infantil del complejo de Edipo (l6, 59-61). Aún si un número substancial de descripciones de victimización sexual se prueban como válidas, ¿cómo pueden ellas ser distinguidas de aquellas que deberían ser tratadas como fantasía o engaño? Rosenfeld (62) ha tratado estas cuestiones en un sentido general pero persiste una incertidumbre molestosa.
La víctima de abuso infantil está en una posición algo análoga a lo que estaba la víctima adulta de violación en l974. Sin una comprensión clínica consistente del clima psicológico y los patrones de ajuste de la violación, se presumía que las mujeres eran provocativas y substancialmente responsables por invitar o exponerse ellas mismas al riesgo de ataque. El hecho que la mayoría de las mujeres prefieren no informar su propia victimización solo confirmó la sospecha no puesta a prueba de que ellas tenían algo que ocultar. Aquellas quienes la informaron a menudo se arrepintieron de su decisión por cuanto que ellas se encontraron sujetas a repetidos ataques sobre su reputación y credibilidad.
El cambio para las víctimas adultas vino con la publicación de un artículo famoso en la literatura clínica durante una época de protesta levantada por el movimiento femenino. El Síndrome de Trauma de Violación de Burgess y Holmstrom apareció en l974 (63). Este proporciona guías para el reconocimiento y manejo de las secuelas psicológicas traumáticas y estableció una secuencia lógica de la vergüenza de la víctima, la propia culpa y el secreto que típicamente camuflan el ataque. Su publicación inició lo que probó ser una tendencia hacia una recepción más simpática de las víctimas de violación tanto en las clínicas como en los tribunales.
Una recepción similar es hace tiempo anhelada para las víctimas juveniles (24). Irónicamente, el mismo estudio clínico que definió el trauma de violación condujo a los autores a describir un conjunto relacionado de situaciones observadas en niños tratados dentro del Programa de Consejería de Víctimas del Hospital de Boston. El Trauma Sexual de Niños y Adolescentes: Presión, Sexo y Secreto fue publicado en l975 (64). El primer párrafo concluye: “Las reacciones emocionales de las víctimas resultan de haber sido presionadas hacia actividad sexual y de la tensión añadida de mantener este secreto”.
La narrativa describe los elementos de desamparo y la presión para mantener el secreto. El temor del rechazo y la incredulidad esta documentado por patéticas viñetas clínicas, como lo están varios mecanismos de acomodación y los efectos traumáticos de la develación no apoyada. La discusión desafía estudios anteriores que indicaban una participación voluntaria o seductora.
Al revisar nuestros datos sobre víctimas infantiles y adolescentes, hemos tratado de evitar las formas tradicionales de ver el problema y en su lugar describir, desde el punto de vista de la víctima, las dinámicas implicadas entre el ofensor y la víctima, considerando los temas de incapacidad para consentir, la conducta adaptativa, el secreto, y la revelación del secreto.... Nuestros datos claramente indican que un sindrome de reacción de síntoma es el resultado de presión para mantener el secreto de la actividad así como el resultado de la revelación… Se puede especular que hay muchas niñas con reacción silenciosa ante el trauma sexual. La niña que responde a la presión arreglándoselas con la actividad sexual con adultos puede ser vista como mostrando una respuesta adaptativa para sobrevivir en su ambiente (65).
Si ha habido una despertada protesta por la protección de niños en 1975, las observaciones de vanguardia de Burgess y Holmstrom pueden haber marcado un cambio hacia una recepción más comprensiva de la victimización infantil. Ya que la defensoría infantil sufre en competencia con los intereses adultos, ha habido una evolución más bien que una respuesta revolucionaria dentro de los campos clínicos y judiciales. Es, por lo tanto, apropiado recordar el sindrome de trauma de violación como un modelo para aumentar la sensibilidad de los consejeros y de los profesionales legales, y para reformular el trauma sexual en los niños y adolescentes vistos luego de ocho años adicionales de la experiencia de múltiples agencias a través de la nación.

CONCLUSION

El abuso sexual de niños no es un fenómeno nuevo, aunque sus verdaderas dimensiones están emergiendo solo a través del conocimiento y estudio recientes. Los niños han estado sujetos a la vejación, la explotación y la intimidación por supuestos cuidadores a través de toda la historia (66). Lo que más está cambiando en nuestra generación presente es la sensibilidad para reconocer la explotación, para identificar las evidentes inequidades en las calidades parentales de familias aparentemente adecuadas, y para descubrir de que tales desigualdades tienen un impacto substancial en el desarrollo del carácter, la integración de la personalidad y el bienestar emocional de los niños abusados.
Freud no podía encontrar precedente en 1897 de algún número de padres respetables que victimizaban a sus niños. “Entonces existía la cosa asombrosa de que en cada caso, la culpa descansaba en actos perversos del padre, y la comprensión de la inesperada frecuencia de histeria, en cada caso de los cuales se aplicaba lo mismo. Resultaba difícilmente creíble de que los actos perversos en contra de los niños fueran tan generalizados.” (67)
En los años ochenta (1980) ya no podemos permitirnos ser incrédulos acerca de las realidades básicas del abuso infantil. El creciente cuerpo de literatura emanado del artículo ahora clásico, El Sindrome del Niño Golpeado (68), publicado en 1962 por el Dr. Henry Kempe, da un amplio precedente y una perspectiva de 20 años para el reconocimiento cierto de que los actos pervertidos contra los niños son, en efecto, tan generales.
En 1975, Sgroi llamó la ofensa sexual como la última frontera en el abuso infantil. Este médico estaba ya en una posición para identificar la mala disposición de muchos clínicos para aceptar el problema (69).
El reconocimiento de la ofensa sexual en un niño es enteramente dependiente de la buena voluntad inherente del individuo de abrigar la posibilidad de que la condición pueda existir. Desafortunadamente, la buena voluntad para considerar el diagnóstico de ofensa sexual sospechada frecuentemente puede variar en una proporción inversa al nivel de entrenamiento del individuo. Esto es, mientras más avanzado el entrenamiento de alguien, menos dispuesto se encuentra ante la ofensa sospechada.
Es urgente en los intereses tanto de tratamiento y de defensoría legal y por razones de prevención primaria, secundaria y terciaria de diversas incapacidades emocionales, que los clínicos en cada campo de las ciencias conductuales estén más concientes del abuso sexual infantil. Es contraterapéutico e injusto exponer a las víctimas legítimas a evaluaciones o tratamiento por terapeutas que no pueden sospechar o “creer en” la posibilidad de una victimización unilateral de los niños por adultos aparentemente normales.
El sindrome de acomodación del abuso sexual es derivado de la experiencia colectiva de docenas de centros de tratamiento de abuso sexual, al tratar con miles de informes o denuncias de victimización adulta de niñitos. En la vasta mayoría de esos casos, el adulto identificado clama una total inocencia o admite solo intentos bien intencionados, triviales de “educación del sexo”, juego de lucha, o cercanía cariñosa. Después de un tiempo en tratamiento, los hombres casi invariablemente conceden que la niña había dicho la verdad. De los niños a los que se consideró haber mal representado sus quejas, la mayoría había buscado subestimar la frecuencia o duración de las experiencias sexuales, aún cuando los informes fueron hechos con rabia y en una aparente represalia contra la violencia y la humillación. Muy pocos niños, no más de dos o tres por mil, han buscado alguna vez exagerar o inventar denuncias de acoso sexual (70). Ha llegado a ser una máxima entre los consejeros e investigadores en la intervención de abuso sexual infantil que los niños nunca fabrican los tipos de manipulación sexual explícita que ellos divulgan en denuncias o en interrogaciones (8).
El clínico con una comprensión del sindrome de acomodación al abuso sexual infantil ofrece al niño un derecho de igualdad con lo adultos en la lucha por credibilidad o abogacía. Ni la víctima, el ofensor, la familia, la siguiente generación de niños en esa familia, ni el bienestar de la sociedad como un todo se pueden beneficiar con la continuación del secreto y la negación del abuso sexual en curso. El ofensor que protege una incómoda posición de poder sobre las víctimas silenciosas no aflojará su control a menos que sea confrontado con un poder externo suficiente para demandarlo y supervisar un cese total del hostigamiento sexual (13, 22, 25, 32, 71).
El consejero por si solo no puede esperar cooperación y recuperación en un ofensor por lo demás reacio e inconfeso. El sistema de justicia por si solo raramente puede probar culpa o imponer sanciones sin preparación y apoyo continuado de todas las partes, sin un efectivo sistema de tratamiento. Todas las agencias que trabajan como un equipo dan una promesa máxima de recuperación efectiva para la víctima, la rehabilitación del ofensor y la sobrevivencia de la familia (24, 71).
El sindrome de acomodación al abuso sexual proporciona un lenguaje común para los varios puntos de vista del equipo de intervención y un mapa más reconocible de la última frontera en el abuso infantil.

CUESTIONARIO PARA PADRES



Instrucciones: Alguna vez ha notado algo de lo siguiente en su niño/a:

1. Tiene dolores de cabeza frecuentes.
2. Tiene dolores de estómago frecuentes.
3. Tiene cambios emocionales o conductuales repentinos.
4. Llora fácilmente.
5. Tiene dificultad para concentrarse.
6. Le es difícil quedarse dormido/a.
7. Duerme más de lo común.
8. Tiene pesadillas.
9. Tiene miedo de quedarse solo/a.
10. Tiene miedo de quedarse con alguien en particular.
11. Tiene miedo de los hombres.
12. Cambió repentinamente a ser un/a niño/a modelo.
13. Actúa de manera demasiado madura o adulta para su edad.
14. Cambió bruscamente a ser retraído/a.
15. Está muy consciente de su cuerpo.
16. Rehusa desvestirse para la clase de gimnasia.
17. Tiene miedo de las salas de baño.
18. Dejó de participar en deportes u otras actividades.
19. Sus notas cambiaron repentinamente.
20. Sabe más sobre las actividades sexuales que lo esperado para su edad.
21. Está muy interesado/a o curioso/a sobre materias sexuales o las partes privadas del cuerpo.
22. Está muy agresivo/a con sus compañeros o con las partes privadas de las muñecas.
23. Se masturba más de lo que pienso es lo normal.
24. Es seductor/a con sus compañeros, profesores u otros adultos.
25. En estos días, se orina en la cama.
26. En estos días, se orina durante el día.
27. Hace tiempo que se constipa repetidamente.
28. Alguna vez presentó daño en sus partes privadas.
29. Historial de fluidos vaginales inusuales.
30. Historial de sangre vaginal antes de la pubertad.



Marianela Soto Hurtado, Licensed clinical mental health counselor -
Taller de Terapias Expresivas para Niños Abusados.
CAVAS, Santiago, Chile. Noviembre-Diciembre 1997 -



Secuencia de Preguntas para Evaluación de Abuso:


De Aaron Hoorwitz, The Clinical Detective New York: Norton
Esta es una secuencia de tipos de preguntas que van de menos a mas sugestivas. Cuanto mas sea posible, elija preguntas de la primera parte de la secuencia.

1. Narrativa Libre y otras Preguntas Abiertas

a. Las preguntas para narrativa libre se usan al principio de la entrevista, después que se ha presentado el tema, para alentar a los niños a describir los eventos usando sus propias palabras. Ejemplos:
“Dime todo lo que puedas sobre...”
“Comienza con la primera cosa que paso y dime todo lo que puedas, aun cosas que no te parecen importantes.”

b. Las preguntas abiertas permiten a los niños seleccionar los detalles específicos que divulgaran. Alientan respuestas de múltiples palabras.
Ejemplos:
“D que te llevo a una pieza. Cuéntame todas las cosas que habían en esa pieza.”
“Dijiste, ‘Esa otra vez.’ Cuéntame sobre esa otra vez.


2. Preguntas Específicas pero No-Sugestivas

Estas preguntas piden detalles sobre temas que los niños ya han mencionado. Use estas preguntas solo cuando los detalles son importantes, porque los niños muchas veces tratan de contestar las preguntas especificas aun cuando no conocen la información pertinente. Ejemplos:
“Te acuerdas lo que estabas haciendo cuando el se te acerco?”
“Como el estaba vestido cuando paso...?”

3. Preguntas Cerradas
Las preguntas cerradas proveen un número limitado de opciones. Los niños comprenden bien 2 tipos de preguntas cerradas: Preguntas a elección múltiple, y preguntas que se pueden responder con si o no. Son preferibles las preguntas a elección múltiple, especialmente si tienen mas de 2 opciones, porque permiten mas opciones en responder. Pero los niños menores de 6 anos no las comprenden. Ejemplos:
«.. .paso en la cocina, en el living, o en alguna otra pieza?”
“Estaba tu mama en casa cuando paso;..?”

La práctica con estructuras de preguntas flexibles puede ayudar a hacer preguntas no sugestivas. Ejemplos de estrucuras flexibles:


1. Elaboración cuéntame mas sobre eso.”
«y entonces que paso?”
WA veces nos acordamos de cosas que escuchamos, como un
sonido o algo que alguien dio. Dime todo lo que escuchaste cuando...”

2. Aclaracion
De objeto o accion: “D(/iste.. .Dime lo que es eso.”
De persona ambigua: Dyiste (abuelo, profesor, tio, etc.) Tienes solo un.. .o mas de uno?”
“Cual .
«Tu . .tiene otro nombre?
“Como llama tu (Mama, Papa, etc) a tu...?”

3. Inconsistencia “Dj/iste..., pero despues dj/iste.... Estoy confundido. Cuentame de nuevo como paso eso.”
“DUiste pero despues d Eso fue la misma vez, o es
que estas hablando de otra vez que paso?”

4. Cuando hay una pausa larga: «Dime mas sobre eso.” “Y entonces que paso?”

5. Pausa avergonzada: “Esta bien decirlo, es okay.” “Es okay hablar sobre esto.”

6. Comentario no audible: “No escuche eso. Que d

7. Cuantas veces? “Paso una vez o mas de una vez?” (si el nino dice, “Muchas veces”)
“Cuentame la ultima vez que algo paso.
“Cuentame sobre otra vez que te paso.”

Evaluaciones: Limitaciones del Lenguaje Infantil De Aaron Hoorwitz, The Clinical Detective New York: Norton
Fonoloqia

a. Hable con buena pronunciacion, no use lenguaje infantil ni tono alto.

b. No trate de adivinar lo que el nino puede haber dicho. Si no puede interpretar un comentario, pida al nino que lo repita.

c. Acuerdese que el nino puede pronunciar palabras de manera diferente que un adulto. Si pudiera haber otra interpretacion de lo que dijo el nino (vuela vs. abuela, por ej.), aclare el significado de la palabra clave haciendo preguntas especificas (“No entiendo adonde hizo pipi. Cuentame mas sobre adonde hizo pipi.”)
Vocabulario

a. Puede que una palabra no signifique lo mismo para el nino que para el adulto. El fino puede usar la palabra de forma
-mas restringida (traje de bano, zapatos o pijamas pueden no ser ‘ropa’ para el nino; solo las manos pueden ser capaces de tocar);
-mas incluyentes (‘en’ puede significar ‘en’ y ‘entre’), o
-idiosincraticas.

b. Evite usar palabras nuevas, como nombres de personas especificas o de partes del cuerpo, hasta despues que el niño las haya usado

c. Antes de los 8 a 10 anos, los niños dificilmente pueden contestar preguntas sobre cuando algo ocurrio. Trate de determinar el rango de tiempo preguntando sobre actividades o eventos que los ninos comprenden, como ser si era un dia de colegio o que estaba haciendo el niño ese dia. Las palabras antes’ y ‘despues’ (“Paso antes o despues de Navidad?”) pueden producir respuestas inconsistentes en niños bajo los 7 años.

d. Cuando el fino menciona a una persona especifica, haga preguntas para asegurarse de una identificacion no ambigua.

e. Tenga cuidado con palabras que cambian segun el contexto, la localizacion o la relacion (ir/venir, aqui/ahi, un/el, relaciones familiares)

f. No use pronombres, No se refiera a eso,’ aunque haya sido nombrado en la frase anterior. Repita ‘el beso’, por ej., o los nombres de personas.

g. No use terminos legales o profesionales
Gramatica

a. Use frases del orden Sujeto-verbo-objeto. No use frases en pasivo.

b. No use clausulas si posible; use frases directas y simples.

c. Pida solo sobre un concepto por pregunta

d. No use negativos como “No viste quien fue?”

e. No use preguntas seguidas, como “Esta muñeca es un Papa, no cierto?

f. Sea repetetivo. Pronombres como e!, ella, eso pueden ser ambiguos. Siempre trate de usar el nombre a que se refiere. “Pablo”, no ‘e!.’

g. Los ninos saben responder a quien y donde antes que a cuando, como y por que

h. No convierta los verbos en sustantivos (ej, el tocar)
Conversacion

a. No corriga la conducta no-verbal de! niño a menos que este interfiriendo con su habilidad para escucharlo o con la evaluación misma

b. Tolere conversaciones que no parecen ir al tema, muy comun en los niños pequeños, y no interrumpa cuando los niños estan hablando

c. Los niños pueden creer que es una forma de respeto estar de acuerdo con un adulto. Es muy importante evitar preguntas sugestivas o que requiren una respuesta de si o no con niños que tratan de complacer a! adulto


Structured Interview for Symptoms Assocaited with Sexual Abuse"(SASA)
de Wells, R.D. ; McC:ann, J. and Adams, J.A.
Emotional behavioral and physical symptoms reported by parents of sexually abused, nonabused, and allegedly abused prepubescent females.
Child Abused and Neglect v19 (Feb. ‘95), p155-163.

miércoles, 1 de julio de 2009

SÓLO UNO DE CADA TRES NIÑAS EXPLICÓ QUE HABÍA SUFRIDO ABUSOS SEXUALES.


Sólo 1 de cada 3 niñas explicó que había sufrido abusos sexuales.

El abuso sexual es una forma de maltrato presente en todas la culturas y clases sociales, que afecta de manera más prevalente a las niñas y chicas, aunque también los niños y chicos pueden ser víctimas. Vulnera los derechos humanos y sexuales y tiene consecuencias relevantes sobre la salud física y mental a medio y largo término.

El abuso sexual intrafamiliar es el más frecuente, y el más grave, provocando en la persona que lo padece un daño que puede condicionar su desarrollo personal y psicosexual futuro. Por ello es muy importante la reacción del entorno familiar y su apoyo para ayudar a las víctimas a reconstruir su autoestima y confianza.

El estudio ‘Abuso sexual en la infancia y la adolescencia: efectos a largo término en la salud sexual y reproductiva y las relaciones sexuales y afectivas en las mujeres adultas’ estima la prevalencia y las características del abuso sexual durante la infancia y adolescencia (ASI) en mujeres adultas que solicitan atención en los Programas de Atención a la Salud Sexual y Reproductiva (PASSIR) de Cataluña. También ha analizado la relación entre la experiencia del ASI y la salud sexual y reproductiva, la satisfacción en las relaciones afectivas y sexuales y la autopercepción de salud.

El estudio ha sido realizado por los equipos del PASSIR y el Instituto de Investigación en Atención Primaria (IDIAP Jordi Gol). También ha recibido una beca del Instituto Catalán de las Mujeres, ha sido premiado con el 20 Premio Ferran Salsas que otorga el Ayuntamiento de Rubí, y con una Ajuda a la Investigación Francesca Bonnemaison que otorga la Diputación de Barcelona.

Han participado 1.015 mujeres mayores de edad que recibian atención psicológica en 24 PASSIR de Cataluña. Los resultados únicamente son extrapolables a poblaciones que reciben atención psicológica de características similares, y no a la población general.

Resultados
Características generales

*Una de cada 3 mujeres que reciben atención psicoterapeuta en los PASSIR ha sufrido algun tipo de abuso sexual en la infancia.
*La despcripción de la tipologia de los abusos muestra:
- 32.4% han sufrido tocamientos sin su consentimiento
- 16.5% han sido obligadas a tocar a alguién sexualmente
- 16.7% han sufrido intento de penetración sin su consentimiento
- 9.6% han sido penetradas sin su consentimiento

*Los abusos fueren en un 80% perpetrados por familiares y conocidos
*En niñas menores de 13 años, la persona que abusó de ellas era mayoritariamente un familiar.
*En niñas mayores de 13 años, era más frecuente que el abusador fuera la pareja, un amigo o conocido de la propia chica.
*La prevalencia del abuso sexual infantil acompañado de agresiones físicas ha sido del 23%
*El porcentaje de niñas y chicas que explican el abuso cuando lo sufren es muy bajo. Sólo 1 de cada 3 lo explica, y de éstas, el 50% recibieron apoyo familiar. Además, entre las chicas que lo explicaron, 1 de cada 5 fue culpabilizada de los hechos.
*Sólo el 6% denunció el intento de penetración o penetración.

Salut global y salud sexual y reproductiva

*Las mujeres con antecedentes de ASI refieren peor autopercepción de salud.
*Entre las mujeres que han reconocido ASI, el porcentaje de las que se han sentido presionadas en sus primeras relaciones sexuales es más del doble que entre las que no han tenido esta experiencia.

*Los embarazos no planificados, la interrupción voluntaria del embarazo, la maternidad y embarazo adolescente son significativamente más frecuentes entre las mujeres que han sufrido ASI.

*Las mujeres que han sufrido ASI presentan más infecciones de transmisión sexual y un mayor número de parejas sexuales, hecho que puede asociarse con más riesgo en su salud sexual y reproductiva.
*El inicio de las relaciones sexuales antes de los 16 años es más frecuente en mujeres que han sufrido ASI.

Relaciones afectivas y sexuales

*Las mujeres que han sufrido ASI manifiestan menor confianza y más dificultades de comunicación con la pareja actual. No se han detectado diferencias en la satisfacción percibida con las relaciones afectivas entre los dos grupos.
*Todas las disfunciones sexuales son más frecuentes en las mujeres que han sufrido ASI
*La situaciones de abuso sexual infantil más graves se relacionan con una mayor frecuencia de dificultades en la excitación, rechazo y inapetencia sexual.
*Fuerte asociación entre la experiencia ASI y todo tipo de maltrato frente a la mujer en edad adulta.

Sugerencias y demandas

Las mujeres que han sufrido ASI demandan a los profesionales que las atiendan con empatía, sensibilidad y confidencialidad. También valoran positivamente no ser juzgadas

Se sienten ayudadas si pueden hablar con privacidad y confidencialidad en las consultas. Valoran que los profesionales que las atienden manifiesten y confirmen que las situaciones que han vivido son inaceptables e inmerecidas.

Destacan la necesidad de la víctima de ser ayudada, escuchada, creída y tratada, tanto en la familia como en espacios especializados.

Aplicabilidad de los resultados


El estudio permite ampliar el conocimiento sobre la magnitud, las características y los factores asociados a largo término en el abuso sexual infantil. Los resultados son relevantes para la sensibilización y formación de todos los profesionales implicados y la mejora de la práctica clínica: aumento de la prevención, detección y mejora de la atención a estas mujeres.

martes, 30 de junio de 2009

ABUSO SEXUAL INFANTIL



escrito pos claudio portocarrero:

Muchos niños (as) no hablan porque temen que si cuentan no les van a creer o les van a culpar.
Todo abuso sexual es una violación al cuerpo, a los límites y a la confianza. Los abusos sexuales infantiles generalmente ocurren a lo largo de mucho tiempo. Ojo con el abuso sexual Aunque parezca difícil de creer el incesto, abuso sexual, violaciones y acosos sexuales suelen ser causas olvidadas u ocultas para quienes los han sufrido.
Los mecanismos de defensa que inicialmente protegieron al abusado le impiden la recuperación y el cambio si no se cuenta y recibe el tratamiento adecuado.
De allí que sea común que aún empezando un tratamiento este tipo de pacientes, estos tarden años antes de revelar que fueron abusados o recordar exactamente qué les pasó.


Está comprobado que existe una relación entre los síntomas o el estrés postraumático y el abuso sexual vivido en las primeras etapas de la vida.

Por ello, es importante que estas personas busquen ayuda psicológica u otro tipo de tratamiento.
Todo abuso sexual es una violación al cuerpo, a los límites y a la confianza. Es una ruptura a los límites personales, emocionales, sexuales y energéticos que provocan heridas profundas y que dejan cicatrices a nivel físico, emocional, espiritual y psicológico. Esto produce en las personas una serie de síntomas que se pueden convertir en las semillas para iniciar el proceso de recuperación.

El abuso sexual en niños, adolescentes y adultos es más común de lo que se piensa. Estudios muestran que una de cada cuatro niñas y uno de cada ocho niños podrán estar expuestos a ser sexualmente agredidos antes de cumplir 16 años. En el 90 por ciento de los casos el abusador es un hombre y en más de un 80 por ciento será un conocido.

En la actualidad, existen al menos 10 millones de "sobrevivientes secretos" que llevan la carga de un abuso, nunca compartido. Muchos niños (as) no hablan porque temen que si cuentan no les van a creer o les van a culpar y además se sienten responsables y avergonzados. Es aún más difícil para un hombre contar, porque si este revela que fue abusado sexualmente, su "hombría" y orientación sexual pueden ser cuestionadas. Por lo general, la gente asume que cuando un hombre ataca o viola sexualmente a otro hombre, el ofensor es homosexual y la víctima lo puede llegar a ser. Estas nociones populares pero equivocadas, tienen su raíz en el mito de que el asalto sexual busca principalmente la gratificación sexual, y la gente ignora que detrás del acto hay asuntos de poder y control. Otro problema grave que se presenta es que hay una fuerte correlación entre abuso sexual y el sexo de alto riesgo y los embarazos no deseados especialmente en adolescentes.

¿Qué es el abuso sexual?
Son actitudes y comportamientos que realiza un adulto (generalmente varón) para su propia satisfacción sexual, con una niña, niño, adolescente, adulto o su propia pareja. Cuando el abusado es un niño (a), el agresor emplea la manipulación emocional como chantajes, engaños, amenazas, violencia, etc.
Es importante considerar que una conducta es abusiva cuando es vivida y sentida de este modo por la persona, es decir, cuando es mirada o tocada de un modo que la hace sentirse intimidada. La victima nunca es culpable y el agresor siempre será el responsable.
El motivo del ataque sexual no es primordialmente el placer o la satisfacción sexual del ofensor, sino que tiene que ver con poder, control, dominación y humillación, indiferentemente de sí la víctima es masculina o femenina.

El ataque sexual es una forma de violencia en la cual el "sexo" es utilizado como arma contra la persona de quien se abusa.
El ofensor El violador por lo general es una persona en apariencia normal, que puede aparentar firmes valores morales y/o religiosos.

La mayoría suele negar el abuso con vehemencia y sólo bajo evidencias legales y presión, algunos aceptan la acusación parcialmente, usando excusas como: "no fue nada grave, nada de importancia", "no le hice daño", "la culpa fue suya", "los niños no sienten", etc. Los delincuentes sexuales, reinciden y repiten sus abusos, a no ser que intervenga alguien y los frene. Prácticamente ninguno desistirá voluntariamente sino que necesitará una intervención judicial y un tratamiento psicológico para hacerlo
. Los abusos sexuales infantiles no son sucesos aislados. Generalmente ocurren a lo largo de mucho tiempo, meses o años. [arriba] Tratamiento Las heridas causadas por abuso sexual sea este incesto, trauma sexual, violaciones, acoso sexual, molestia o la mezcla de estos, en ocasiones puede requerir el tratamiento del problema directamente al lugar donde se encuentra la herida.

El tratamiento toma su tiempo y a veces el camino puede ser largo y doloroso, pero al sanar las heridas es posible recobrar la inocencia del niño que se perdió a una edad temprana. Superando esto, es posible sentirse vivo (a) nuevamente, empezar a relacionarse mejor con otros poniendo sus propios límites y empezando a confiar. La creatividad aumentará y el paciente se sentirá mejor con sí mismo y descubrirá aspectos maravillosos que había olvidado. Como parte del proceso de recuperación es importante buscar un psicólogo que le ayude y con el que se sienta bien.
Para brindar tratamiento efectivo a los pacientes que han sufrido algún trauma, el terapeuta necesita saber sobre este tema, tener experiencia, conocer diferentes técnicas e ir despacio en el proceso porque de lo contrario, podría reforzar ciertos patrones.
Los sobrevivientes pueden andar el camino de diferentes maneras. Unos no van a terapia y continúan viviendo de una forma limitada, otros deciden ir a terapia y ven que como decía P. Levine, "el trauma es un hecho de la vida, sin embargo no tiene que ser una cadena de perpetuidad".

SÓLO SE DENUNCIA EL 6% DE LOS ABUSOS SEXUALESGRAVES A MENORES.


Sólo se denuncia el 6% de los abusos sexuales graves a menores, con penetración o intento de penetración, mientras que las denuncias por tocamientos son "prácticamente inexistentes", según un estudio presentado hoy en Barcelona.


El estudio revela que los abusos sexuales a niñas menores de 13 años tiene lugar especialmente dentro del entorno familiar.

"El abuso sexual intrafamiliar es desgraciadamente la modalidad más frecuente y, a la vez, la más grave, ya que la persona recibe de los seres que supuestamente deben protegerle un daño que puede condicionar su desarrollo personal y psicosexual futuro", según el estudio.

Sólo uno de cada tres niños y niñas explica el abuso cuando lo sufren y, entre estos, la mitad recibió apoyo familiar y la otra mitad no.

Además, una de cada cinco niñas que explican el abuso sexual cuando se produce son culpabilizadas de los hechos.

En este sentido, el estudio insiste en "la importancia de la reacción familiar y el apoyo psicológico" y la necesidad de "ayudar a los chicos y chicas que han sufrido esta experiencia a reconstruir su autoestima y confianza, así como a aprender a poner límites a los demás para impedir nuevos abusos".

De hecho, las mujeres que han sufrido abusos sexuales infantiles son más vulnerables a sufrir malos tratos físicos, psíquicos, económicos o sexuales en la edad adulta, según las conclusiones del citado informe.

Asimismo, las mujeres que han sufrido abusos en la infancia manifiestan más dificultades para comunicarse con su pareja y una mayor frecuencia de dificultades en la excitación, rechazo e inapetencia sexual

LA CONDENA POR ABUSO SEXUAL INFANTIL


La foto que ilustra este artículo marca el inicio de una serie de abusos sexuales contra una menor que comenzaron en octubre de 2001 y finalizaron con la denuncia de la madre de la víctima en 2002 en la seccional 27 de Godoy Cruz.

El hombre, llamado Mario Rodríguez, era el novio de la madre de esa nena que aparece en la foto. El 28 de mayo de este año -siete años después de aquellos abusos- el caso llegó a juicio y el acusado fue condenado por la Séptima Cámara del Crimen a la pena de tres años en suspenso. No irá a prisión.

El ahora condenado (que tenía 48 años por entonces) aparece con la menor en Córdoba, donde él, su víctima, su novia y otro hijo de su novia, fueron de vacaciones en octubre de 2001.

Según la sentencia firmada por la jueza Gabriela Urciuolo, desde aquellas vacaciones en Córdoba hasta la denuncia final, en "al menos 30 oportunidades", Rodríguez abusó de la menor.

¿Qué era lo que hacía el hombre con la niña?, de acuerdo con la sentencia judicial número 2810, "mientras el acusado permanecía en la cama y su novia bajaba para hacer los desayunos, llamaba a la hija de ésta, de ocho años, la sentaba encima de él, le colocaba el pene en la cola y también le pedía que se lo succionara; episodios que la niña soportó aproximadamente en 30 oportunidades".

El juicio

El día del debate, el acusado llegó acompañado de su abogada, la defensora oficial Ana Granados, y se abstuvo de declarar: "También solicitó un juicio abreviado al que yo me opuse", indicó la madre de la víctima a este diario.

Quienes sí declararon fueron madre e hija. La víctima hoy es una adolescente de 15 años y les manifestó a la magistrada y a la fiscal de Cámara, Susana García, que estaba "un poco harta" de contar lo mismo ya que durante años, en testimonios de Cámara Gesell, y ante psicólogos y psiquiatras tuvo que rememorar una y otra vez esos abusos para volverlo a hacer ahora, siete años después. Además, a la víctima le intimidaba la presencia de su abusador en la sala de debates.
Igual, a la ahora adolescente no le quedó más que hacer memoria y relatar los hechos tal como lo había hecho cuando era una niña.

Siempre de acuerdo con lo que dicen los fundamentos de la sentencia, la niña no estaba en condiciones de explicar qué era lo que le hacía el novio de su madre, pero "sospechaba que no estaba bien", aún con la cabeza de una nena de tan corta edad. "Cómo puede estar mal (lo que le hacía Rodríguez), si es una persona que me quiere", les explicaba a los psicólogos que la interrogaban por orden judicial.

En el juicio, su madre declaró en calidad de testigo y contó de qué modo se había enterado de que su novio abusaba de su pequeña hija.

"Me lo dijo mi ex marido; ella (por la hija de ambos) se lo había contado ya que él siempre les decía a mis hijos que le contaran si mi novio les hacía algo que ellos consideraran como extraño. Bueno, mi hija consideró extraño el extraño modo en que mi novio le demostraba afecto; pero a mi ella no me decía nada, cuando le mostré la foto sí habló".

La mujer también dejó en claro que los trastornos psicológicos que su ex pareja dejó en su hija con sus abusos, le valieron a la menor "varios tratamientos en los hospitales Pereyra y El Sauce".

No hablaba

En el relato de la víctima, se lee que ella (cuando era una niña) "no quería hablar de lo que pasaba porque notaba que su madre se llevaba bien con su novio y que éste (por Rodríguez) se portaba bien con ella a los ojos de los demás y hasta la ayudaba en las tareas de la escuela".

Lo que no decía la menor a su madre pero sí a su padre era lo pesado y denso que se ponía el novio de su mamá cuando le pedía que "le chupara el miembro como si fuera un chupetín", tal como se lee en la página 3 de los fundamentos del fallo judicial.

Durante el debate quedaron acreditados los abusos y se llegó a la conclusión de que la menor no fue penetrada por el novio de su madre. En los estudios realizados por médicos forenses se detectaron lesiones anales como si el acusado hubiera intentado la penetración, pero eso es "algo que no ocurrió".

Asimismo, también quedó acreditado que los abusos comenzaron en Córdoba y que siguieron en la casa de la víctima en Godoy Cruz y que ocurrían cada tanto, ya que "el acusado no se quedaba a dormir permanentemente en la vivienda de su novia sino que lo hacía de manera circunstancial".

Esta situación, la de ser un novio con casa propia, favoreció a Rodríguez a la hora de quitarle el agravamiento a su imputación ya que el hecho de no vivir bajo el mismo techo, "y demostrándose que el acusado se quedaba a dormir sólo ocasionalmente, hace que no corresponda la figura agravante en este delito", tal como escribió la jueza Urciuolo en sus considerandos.

Una vez terminado el debate, Rodríguez respiró aliviado: si bien había sido condenado no iría a prisión. Del lado de las víctimas el sabor fue amargo. A la madre de la menor abusada sólo le quedaban fotos de aquellas vacaciones en Córdoba como un mal recuerdo. Pero antes de tirarlas pasó por los medios de prensa, "para advertir a las posibles víctimas de lo que puede ser capaz de hacer lo que en apariencia es un buen hombre".

ABUSO SEXUAL INFANTIL, MÁS CERCA DE LO QUE CREE


Angélica Villanueva y Manuel Tarrés

Se tiene la falsa idea de que los violadores tienen aspecto y actitudes identificables, pero no siempre es así, pues en muchas ocasiones quienes abusan sexualmente de menores son consanguíneos, amigos, niñeras, vecinos o maestros, personas de las que pocas veces se sospecha.

Puede considerarse como abuso sexual infantil todo tipo de manoseo corporal que realiza una persona a un niño sin su autorización con el propósito de estimularse y obtener placer, acto que también puede incluir la exhibición de genitales.

Psicólogos y psiquiatras coinciden que este tipo de abuso incluye las siguientes fases:

•Seducción. El agresor ofrece regalos o dinero a la futura víctima para que acceda a su petición, y si el menor se rehúsa, utiliza la amenaza o fuerza para dominarlo.
•Interacción Sexual. El adulto exhibe sus genitales y exige al niño que los estimule, o bien, puede tocar los de éste; también es posible la penetración anal o vaginal con los dedos o algún objeto.
•Secreto. El violador necesita que la relación continúe, por lo que persuade al niño para que no diga nada, objetivo que logra mediante amenazas o haciéndolo sentir cómplice.
•Descubrimiento. Puede ser accidental e implica crisis para el menor, agresor y/o padres; en caso de que la víctima confiese el acto puede minimizarse su sufrimiento.
•Negación. En la lucha por salir de la crisis provocada por el descubrimiento la reacción más común de la familia es negar la importancia de los efectos del abuso o poner en duda la palabra del niño. Asustado, confundido, con sentimientos de culpa e indefenso ante la presión, el menor puede negar los hechos en un esfuerzo por aliviar la situación y satisfacer a los adultos, actitudes que tienen como fin restablecer el equilibrio en el hogar.

Un niño que conoce y aprecia a quien abusa de él se siente atrapado entre el afecto que tiene hacia esa persona y el conocimiento de que esas actividades sexuales son nocivas e incómodas. En caso de que el menor trate de romper dicha relación, el agresor puede amenazarlo violentamente o negarle su afecto. Si esto ocurre en el núcleo de la familia, es posible que el infante tenga miedo de que ésta se desintegre si se descubre su secreto. Pequeños e indefensos

Puede parecer incomprensible que este tipo de abuso pueda ser practicado por los padres, sin embargo sucede, principalmente, debido a abandono del hogar. Esto ocurre, al parecer, debido a cuestiones de trabajo o incompatibilidades maritales, lo que en consecuencia puede producir en los progenitores un intento desesperado por fortalecer la unión con los hijos, recurriendo, en algunos casos, al coito con ellos.

Por otra parte, un menor puede ser víctima de un violador cuando no se les brinda supervisión y vigilancia adecuadas, pues ello le impide a los padres saber si su pequeño corre peligro. Dicha situación es aprovechada por los agresores, pues lo anterior les permite manipularlo con mensajes contradictorios sobre el sexo, por ejemplo, diciéndole que es normal practicarlo porque es demostración de afecto. En consecuencia, el pequeño entra en estado de confusión, lo cual le impide defenderse o comunicárselo a alguien.

Una vez que ocurre el abuso sexual debe considerarse que los infantes pierden su autoestima, tienen la sensación de que no valen nada y adquieren una perspectiva anormal de la sexualidad. Por tanto, es posible que se vuelvan retraídos, pierdan la confianza en todos los adultos y hasta consideren el suicidio. Otros tienen dificultad para establecer relaciones con otras personas, pues creen que la sexualidad debe estar presente para ser aceptados.Muchas veces los afectados no presentan señales físicas de abuso sexual, por lo que es muy importante estar pendiente de su comportamiento y cambios repentinos de conducta, como los siguientes:

•Interés exagerado en todo lo que hace referencia al sexo, o bien, evitar por completo hablar de ello.
•Insomnio y pesadillas.
•Depresión.
•Aislamiento.
•Expresan que su cuerpo está sucio.
•Temen haber sufrido alguna alteración en sus genitales.
•Se niegan a ir a la escuela.
•Evidencian el abuso o molestias sexuales en sus dibujos, juegos o fantasías.
•Se muestran agresivos e irritables.
•Manifiestan deseos de morir.

Asimismo, resulta necesario seguir algunas medidas para prevenir el abuso sexual hacia los menores:

•Aconsejarles que si alguien trata de tocar su cuerpo o cometer actos que lo hagan sentir incómodo, debe rechazar a esa persona y platicarlo enseguida.

•Dejarles en claro que el respeto hacia los adultos no significa que deban obedecerlos ciegamente, por ejemplo, no es recomendable decirles que tienen que hacer siempre todo lo que la maestra, la niñera, vecinos o parientes les indiquen.

Los niños que han sufrido abuso sexual y sus respectivas familias necesitan tratamiento profesional. Las terapias psicológicas y psiquiátricas ayudan a los infantes a recuperar su autoestima, no tener sentimientos de culpa y superar el trauma, así se reduce el riesgo de que desarrollen graves problemas en la etapa adulta, por ejemplo, fobias sexuales, que ellos mismos abusen de menores o se dediquen a la prostitución.

FUNDACIÓN CONTRA EL ABUSO SEXUAL INFANTIL


Roberto Piazza se mostró indignado por la resolución judicial que dejó anteayer en libertad a su hermano Roberto Pezzone Piazza. La Sala 1 de la Cámara de Apelaciones en lo Penal revocó la acusación que pesaba sobre el hombre –de 61 años– de abusar sexualmente de su hijo mayor desde los siete a los 14 años.


“Hoy (por ayer) es un día de luto nuevamente para todos. Día a día la ley y quienes representan la ley y los derechos humanos en este país nos dejan de luto porque nos siguen matando pedazos de alma.

“Si bien hablo como presidente de mi fundación contra el abuso sexual infantil y la violencia familiar, soy una víctima más como también mi sobrino Ramiro de su padre Ricardo Pezzone Piazza. Y hablo también en nombre de todas las madres, padres y víctimas de abuso, violaciones y crímenes no resueltos, como las Madres del Dolor y tantas asociaciones que deambulan pidiendo justicia eterna y los anónimos que no se animan, por miedo, a decir nada”, aseguró.

Luego se preguntó “¿Por qué los jueces en Santa Fe, en este caso, dejan libre a un perverso puro, palabras dichas y escritas por los psicólogos en peritajes? ¿Para qué? ¿Cómo un abogado o juez puede pedir pruebas a un joven de 24 años luego de haber sido violado 14 años desde los 5 en adelante como me lo hizo a mí, en la misma casa materna, en el terror de la noche y la oscuridad y teniendo de cómplice el silencio familiar?”.

Más adelante siguieron las preguntas a los responsables de impartir justicia: “¿Ustedes saben señores jueces lo que es tener 5, 6 o 15 años y que un padre o un hermano lo ate y lo viole, o lo golpee hasta sangrar y lo viole a la fuerza e insulte mientras hace de nuestro cuerpo un elemento de juego de tortura?“¿Ustedes saben señores jueces qué se siente al ser discriminado, insultado, violado con elementos, con las manos o con cosas que lastiman nuestro cuerpo aún siendo jóvenes? ¿Vieron ustedes alguna vez un chico violado durante años, su cuerpo destrozado y su alma desvanecida? Seguramente se preguntarán qué se siente ¿no? Yo les digo lo que se siente: muerte, muerte y más muerte.

“¿Acaso no juraron cuando se recibieron, ser fieles a Dios y cuidar y proteger con leyes? Pero las leyes no son sólo las que están escritas en un libro, hay más, y ustedes lo saben muy bien y no hicieron nada, en este caso y en miles de casos, día a día en todo el país. ¿Cómo podemos vivir con esas leyes y esos dictámenes?”.

“¿Por qué aceptamos nosotros que un perverso quede libre, día a día por leyes que son mal aplicadas? O no saben o tienen miedo. ¿A qué? ¿A la venganza? ¿A qué? ¿O no saben usarlas o no les importa nada la vida de los demás? ¿Qué grado de compromiso hay?


“Nunca entenderé qué es lo que pasa en la cabeza de un abogado cuando firma la libertad de un violador; como nunca entenderé cómo !un abogado puede defender a un violador! Me pregunto y le pregunto a ellos que saben tanto: ¿qué es lo que piensan o sólo se atan a lo que un libro de leyes dice?

“¿Que pasó con los peritajes psicológicos? ¿Qué pasó con las denuncias? ¿Qué pasó con los testigos de que ese tipo es un perverso? ¿Adónde estamos parados? ¿Quién nos representa y quién nos cuida?”, señala
.

Sin embargo yo confié, luché, peleé contra mil cosas, pero ¡no pasó nunca nada!

“Los jueces, quién sabe por qué, hoy lo dejan libre al señor Ricardo Pezzone Piazza aún sabiendo y escribiendo en ese papel que es ¡un perverso puro!

O sea que no hay pruebas de sexo en el cuerpo de ese joven porque pasaron algunos años, ¿y la mente?, ¿sus declaraciones? ¿Qué pasa? No entiendo señoras, mamás, papás, víctimas que aún están esperando y no les dan solución, no les devuelven la paz, padres y familias. ¿Qué están esperando? ¿Qué la ley nos proteja?”.
UN DÍA DE LUTO

Más adelante Piazza escribió: “Hoy es un día de luto más para los que sufrimos la aberración de la violación y como presidente de una fundación que lucha hasta la muerte contra eso, decreto que el fallo es una injusticia, una tomada de pelo, un sarcasmo siniestro para los que queremos sólo ser felices y vivir en un mundo de armonía y no nos dejan.

“Sólo diré que esto seguirá, no quedará así porque hay mucho por hacer. Quería hacer conocer mi opinión a la gente de mi Santa Fe natal y decirles que, en verdad, estoy avergonzado de quienes nos cuidan, de nuestros jueces y de nuestro cobarde sistema psicópata”.

En el final Piazza quiso dejar un mensaje para todos los abusadores: “Sólo les deseo que esta noche al poner la cabeza en la almohada sueñen con un nene o una nena que es corrompida por su padre y sientan lo que se siente y verán qué equivocados están. Que Dios los ayude de verdad; la vida no termina aquí y tiene sus vueltas.

“Y a ustedes mamás, papás, chicos, chicas: es hora de no ser más un perrito con miedo. ¡Salgamos a denunciar y no callar! Es nuestra vida, es nuestro cuerpo, es nuestra felicidad. Que nadie, por más juez, por más letrado, por más padre o perverso puro, pueda dejarnos con un violador paseando por la peatonal de Santa Fe. , concluyó.

miércoles, 24 de junio de 2009

GRUPOS DE MUJERES TEJEN COLCHAS PARA DENUNCIAR EL ABUSO SEXUAL


Varias latinas de Houston, muchas de ellas amas de casa, con o sin papeles, de escasos recursos económicos, iniciaron una singular campaña contra las agresiones sexuales a través de su trabajo colectivo en varios quilt, o colchas hechas de retazos.

“Estos pedazos de tela, representan la voz de muchas personas que en este momento no pueden usarla. Son voces unidas desafiando el silencio”, dice Concepción Miranda, especialista del Houston Area Women Center (HAWC), en referencia a las colchas que varias mujeres tejen juntas como expresión de protesta por la violencia sexual doméstica.

Las imágenes de las colchas son muchas y poderosas: una mano con un puño cerrado del que brotan gotas de sangre, rosas que pierden pétalos, corazones con y sin espinas, manos abiertas dispuestas a ayudar.

Los mensajes son profundos y reflexivos: “El sexo no es dolor, significa amor”. “Mi cuerpo es mío, no se toca, no se viola, no se mata”. “No calles, tienes que decirlo. La violencia sexual te cambia la vida. Te arranca tus sueños, las sonrisas”, entre otros.

El problema del abuso sexual doméstico es complejo porque tiene un índice muy bajo denuncias.

Sólo el año pasado se reportaron aproximadamente 8,500 casos de asalto sexual en Texas, según el HAWC, pero los especialistas señalan que más del 60% de este tipo de casos en el país queda sin reportar.

La última encuesta realizada por el Texas Council on Family Violence (TCFV), un organismo sin fines de lucro, indica que dos de cada cinco mujeres hispanas en Texas han experimentado abusos severos y una de cada cinco hispanas en Texas ha sido forzada a tener sexo en contra de su voluntad.

La violación y el asalto sexual son de los crímenes de los que menos se habla, pues en muchos casos lo lleva a cabo un conocido o familiar y se teme denunciarlo”, explica Miranda, cuya organización ayuda a víctimas de violencia doméstica y sexual.
Por eso, en HAWC decidieron retomar la tradición del quilt y contar una historia.

Laprimera colcha surgió cuando el HAWC fue a dar una charla a un grupo de mujeres hispanas de la iglesia Impact Houston, en Weber St., a fines del año pasado.

“Nos dijeron: ‘imagínense que alguien está aventando gente de lo más alto al vacío. ¿Ustedes que harían para evitarlo?’ Una señora respondió: ‘Yo pondría un letrero que dijera alto a la violencia’. Pero otra dijo: ‘¿Qué tal si ese papel se pierde?, pues lo hacemos en otro material’. Así nació la cobija. Nuestra idea era crear una comunidad libre de maltrato”, cuenta Magdalena Gallindo, directora del Ministerio de Mujeres de Impact.

Y así, 60 mujeres mexicanas se pusieron manos a la obra: unas escribieron los mensajes en inglés y español, otras los bordaron, otras pusieron lentejuelas.
“Muchas de nosotras estuvimos calladas. Pero hay que terminar con el abuso. Tengo seis hijos, cuatro con el matrimonio sufrido, dos con el matrimonio feliz. Yo ya vi la luz”, cuenta María Martínez, que participó.

En febrero, la colcha estuvo lista. Al conocer lo que habían hecho las mujeres de Impact, empezaron a surgir otras colchas. La idea es que a final de año puedan exhibirse en un museo de Houston, dice Miranda.

Una de ellas fue creada en mayo por mujeres inmigrantes de entre 30 y 60 años que toman cursos de inglés en la escuela de Félix Tijerina, en la calle Sherman. En la cobija aparece un árbol de la vida del que salen nuevos frutos.

Otra, la realizaron amas de casa hispanas que tomaban clases en el programa HIPPY (Home Instruction for Parents of Preschool Youngsters) que enseña a padres a ayudar a sus hijos a tener éxito académico en la escuela Brookline, en el South Loop.

“Es como una cadenita, debemos ir ampliando el tema y mejorando a la comunidad”, dice Ana Marjorie Torres, madre de dos hijos, que participó en esta colcha.
En febrero, las mujeres de Impact viajaron a Austin para pedir más fondos contra la violencia doméstica. “Recuerdo que una de las mujeres me dijo: ‘me trajeron para hacer el quehacer y ahora estoy hablando con congresistas’...”, cuenta Gallindo.

FISCALÍA DE DELITOS SEXUALES DE LA PROCURADURÍA DEL DISTRIFO DEDERAL



"Sin duda el que el Gobierno del Distrito Federal y en especial la Procuraduría mediante la Fiscalía de Delitos Sexuales hayan mejorado sustancialmente las Instalaciones en donde se atienden a las victimas de abuso sexual es un triunfo para aquellos sin voz ni voto, los niños, más sin embargo no podemos dejar de recordar que lamentablemente existen a la fecha de hoy, muchas carencias en la Procuración de Justicia de este Delito Grave.
Como la aprobación de Iniciativas de Ley, que buscan NO REVICTIMAR A LOS QUE YA FUERON VICTIMADOS, y que tristemente NO fueron aprobadas en la actual Legislatura del D.F"
Confiamos que pronto con el apoyo de ciudadanos y Organizaciones Civiles, se logre legislar para la protección de los menores victimas de abuso sexual.


Según la Nota:

Los niños y adultos víctimas de agresiones sexuales ya no tendrán que presentarse a denunciar teniendo como "testigos" a sus presuntos victimarios, ni sus familiares tendrán que compartir las sillas con los parientes de los acusados.

La Fiscalía de Delitos Sexuales de la Procuraduría capitalina (PGJDF) cambió su aspecto duro, por uno amable.

Sin dar a conocer el costo de la inversión, ayer fueron presentadas las nuevas instalaciones del área de atención a víctimas de delitos sexuales en las cuáles se pretende brindar un servicio más cálido, principalmente a infantes.

La remodelación fue realizada a partir de recomendaciones de la CDHDF y el personal que estará a cargo será únicamente mujeres.

"Es una perspectiva donde buscamos generar dignidad, el clima de confianza, el trato especializado, explicó el Procurador Miguel Ángel Mancera.

"Por supuesto la infraestructura adecuada para que nuestro personal de la fiscalía de delitos sexuales pueda realizar las funciones y pueda llegar con mucho mayor prontitud al esclarecimiento de los hechos que aquí se denuncian", añadió.

En el área las paredes están pintadas de múltiples colores, los espacios para niños están adecuados para su estatura, hay una alberca de pelotas, una casita, rompecabezas, crayolas y juguetes.
Mancera comentó que, en promedio, se reciben en la fiscalía entre 30 y 40 averiguaciones previas por distintos tipos de agresiones sexuales, principalmente abusos, de las cuáles se resuelven 7 de cada 10.

martes, 23 de junio de 2009

EFECTOS DEL ABUSO SEXUAL EN LOS NIÑOS.



Al igual que las niñas, los niños experimentan culpa, vergüenza, tristeza y autoestima baja.

• Frecuentemente son autodestructivos, se mutilan, tienen mayor conducta suicida y pueden incurrir en conducta de alto riesgo.

• Pueden padecer de trastornos psicológicos como depresión mayor, bulimia, desorden de personalidad antisocial, problemas de conducta y desorden de personalidad fronterizo.

• Suelen tener fantasías con otros niños, aunque la mayoría no se convierte en agresor sexual.

• Son propensos a reacciones psicológicas y fisiológicas disfuncionales y de estrés, así como la fantasía de un cuerpo pobre (hipertensión, dolor de pecho, perturbación al dormir, pesadillas, respiración corta y trastornos alimentarios). Si sufrieron trauma anal son susceptibles a estreñimiento o a ensuciar su ropa con heces.
Fuente: Dra. Vilmania Mambrú, psicóloga clínica del Programa PAF de la Universidad Carlos Albizu.

Impacto en hombres

• Tienen a menudo problemas severos para relacionarse, tanto con hombres como con mujeres, porque asocian la sexualidad con dolor y humillación. No se sienten capaces de rechazar propuestas sexuales no deseadas o de protegerse de contagios. Los miedos y/o temores de establecer relaciones, obstaculizan la posibilidad de sostener una relación emocional prolongada, y sufren de impotencia circunstancial, sobre todo con parejas que tienen ataduras emocionales; se agudiza porque tienen mayores problemas de autoestima que las mujeres.

• Tienden a ser hipervigilantes con hombres, sobre todo si su abusador fue masculino, por lo cual expresan con mayor facilidad sus problemas emocionales a las mujeres.

• Creen que no pueden proteger sus límites interpersonales y a su vez presentan problemas de confianza, temen que los demás vean sus fracasos o vulnerabilidades y por consiguiente puedan abusar de ellos, tienden a recurrir al aislamiento.

• A menudo se presentan torpes emocionalmente, cargados de rabia y agresividad.

• Es común que exhiban conductas de autosatisfacción y compulsivas como: gastos compulsivos, masturbación excesiva, consumo de pornografía, búsqueda de compañeros anónimos. La sexualidad compulsiva es una manera de demostrarse su propia capacidad para sentir y que no son 'gay' o “débiles”

ABUSO SEXUAL INFANTIL



La mayoría de los niños y niñas que están siendo victimas de ABUSO SEXUAL no se lo cuentan a nadie porque creen que los adultos no les vamos a creer y se avergüenzan por sentirse culpables de esta situación.

A veces no saben como contarlo, que palabras usar, a veces todavía no hablan. Generalmente esta dramática situación se vive en el cuerpo y los chicos muestran cambios en su comportamiento..Hace muchos años atendí a una nena de 1 año que pudo contarme con juegos y señalándome su propio cuerpo y el de una muñeca bebé la cruda y temible realidad de haber sido abusada por su abuelo. Recuerdo que luego de varios encuentros con ella fui hasta su casa, en la provincia de Buenos Aires y me llevó al cuartito de herramientas de su abuelo “tata”” para ella. Allí se despojó cruda y violentamente de su pañal y frotando sus partes más intimas dijo determinante” –tata, tata, tata, ashí-

En general cuando llega un niño a la consulta por sospecha de ser abusado, lo primero que uno desea es que esta sospecha no se confirme, La mayoría de las veces debemos confirmarla.

Los chicos nos muestran, a los gritos aunque estos sean silenciosos, si han sido abusados.


Abordar esta problemática genera angustia, no solo en la victima sino en su entorno familiar. Los padres se sienten responsables de no haberse dado cuenta a tiempo y se culpabilizan unos a otros. En niños grandes sucede a veces que la culpa recae sobre ellos.

Una intervención en el momento adecuado, la posibilidad que pueda contarlo una y mil veces, el trabajo necesario para desculpabilizarlo y desresponsabilizarlo promoverá en el niño ó niña un camino distinto al mundo de relaciones con el adulto y un nuevo encuentro con su cuerpo.

Muchas veces los que cuentan el abuso son adultos que se animan a relatarlo varios años después de haberlo padecido .El trabajo es el mismo, en ese adulto hay atrapado un niño abusado y buscará relaciones abusivas hasta no confrontarse con esa atroz realidad de su pasado que se actualiza.

Siempre digo el abuso infantil es “ un tiro en la cabeza de un niño” Como cirujanos del alma necesitamos abrir y limpiar hasta que no quede mas esquirla que la del recuerdo y que el mismo ayude a través del poder de la resiliencia a gestar nuevas potencias.

Sabemos recupérarlos pero tratamos de no llegar a esa instancia, preferimos prevenir el ABUSO.

Nuestro deber como papás, maestros, familiares es poner ATENCION sin por ello atemorizar a los chicos. Una mirada responsable y sostenida, un buen par de orejas abiertas y ojos que miren profundo ayudará a proteger a nuestros chicos.

El abuso sexual infantil puede manifestarse de diferentes maneras: desde una mirada lasciva e inapropiada de un familiar, la manipulación del cuerpo de niño, la perpetración de actos sexuales orales, la pedofilia hasta la violación.

Los síntomas ocasionados por el Abuso Sexual en los niños, son manifestados de diferentes formas pudiendo ser conductuales, físicas y/o emocionales.

FUNDACIÓN MARGENES Y VINCULOS


El encubrimiento de la familia y la sensación de que puede tratarse de una situación normal hacen que muchos casos de abuso sexual en menores escapen a la justicia.

Hasta los cinco o seis años de edad, y siempre y cuando no haya dolor físico, el niño ni siquiera llega a ser consciente.
De los seis a los nueve generan una sensación de inseguridad, de desagrado, y toman conciencia de que lo que ocurre es algo secreto. A partir de esta edad puede aparecer daño psicológico al comprender que algo no anda bien.

Las conclusiones son de la psicóloga Celia Nevado, coordinadora del equipo de atención a menores víctimas de abusos sexuales de la provincia, que comenzó a funcionar a finales de año.
Este dispositivo está gestionado por la Fundación Márgenes y Vínculos con financiación de la Junta. En ese tiempo los profesionales se han hecho cargo de un total de 45 casos en la provincia que aún permanecen abiertos. La mayoría de ellos tienen como víctima a niñas de entre seis y ocho años de media que se enfrentan a un proceso lento con riesgo de secuelas.

Proceso

Nevado aseguró que «la mayoría de los menores que lo terminan contando son conscientes de que pasa algo raro y es entonces cuando entra en la espiral». De esta forma definió todos los pasos que tienen que recorrer los afectados desde que se constata el abuso hasta que se llega a juicio. Se trata de recordar una y otra vez cómo han ocurrido los hechos y pasar por reconocimientos médicos y psicológicos que generan una sensación de miedo e inseguridad en los pequeños», insistió la especialista.

Para que se abra un proceso con un menor que puede derivar en una denuncia no es necesario que haya habido violencia física o violación. Se considera abuso a contactos y tocamientos para satisfacer los deseos sexuales del agresor. Eso sí, para iniciar el trámite debe constatar el delito un profesional que puede ser un médico, profesor, agente de policía o especialista.

En los últimos años se ha producido un aumento de las denuncias, pero eso no quiere decir que haya más casos sino que son más visibles. En ello ha influido el aumento de los dispositivos de protección como los teléfonos de atención al menor de la Junta, que «llegan a colapsarse, según admitió ayer la directora general de Infancia y Familia de la Junta, Carmen Belinchón, que asistió a la presentación de programas de tratamiento y evaluación de menores víctimas de violencia sexual en Cádiz.

Más visibles

«Hemos visto una mayor implicación de la sociedad para denunciar cuando hay sospecha de un delito de este tipo», insistió la responsable andaluza. El abuso sexual es otra forma más de maltrato infantil y sólo en 2008 supuso el 8,2% de las denuncias por este motivo, según datos del informe anual del Observatorio de la Infancia en Andalucía, publicados recientemente.

Belinchón insistió en que en todo el proceso hay que «proteger la intimidad del menor a toda costa e intentar reparar el daño. Tenemos que tener en cuenta que trabajamos con niños y que la realidad para ellos es muy diferente», señaló. En este sentido, aseguró que se pueden tardar hasta ocho meses en que un niño consiga contar algo, pero también hay otras vías como los dibujos o determinadas reacciones ante estímulos que pueden evidenciar el delito, por lo que instó a padres, familiares y educadores a «estar atentos a cualquier comportamiento extraño que pueda llevar a sospecha.

El equipo de prevención de abusos sexuales a menores es una más de las herramientas con las que cuenta la Junta para detectar situaciones de riesgo. Para ello se ha apoyado en la Fundación Márgenes y Vínculos, que ya gestiona los casos de acogidas temporales y atención a menores con problemas. Su presidente es Francisco Mena, que rescató ayer datos de un informe de ámbito nacional según los cuales, un 23% de las niñas y un 16% de los niños han sido víctimas de abusos, aunque sólo una mínima parte salen a la luz.

Mena aseguró que el 60% de los casos se producen en el entorno familiar, porque «el agresor puede hacerse con la confianza del pequeño y pedirle que no cuente nada». De la misma forma, consideró que si la sospecha está suficientemente fundamentada, «lo mejor es denunciar». Una vez se constata el hecho, se pone en marcha todo el dispositivo jurídico asistencial. Se trata de un proceso duro en el que el sufrimiento del menor es inevitable, por lo que solicitó «una simplificación del mismo para evitar la victimización de los denunciantes.

ACCIONES GUBERNAMENTALES


La inminente celebración del "Día Internacional del Amor por los Muchachos", en el que pedófilos de distintas partes del mundo "festejan" su condición, alertó a distintas organizaciones sociales que calificaron como "un delito grave" al evento difundido a través de Internet.

La asociación de origen suizo Cadena Internacional de Oración por Niños y Adolescentes, CIONA, organizó un acto para repudiar la jornada también conocida como "día del orgullo pedófilo".

A través de una página web, pederastas de todo el mundo alientan a dedicar dos días al año para celebrar su "cariño y amor" hacia los niños. La celebración tiene lugar el primer sábado después del solsticio de verano de ambos hemisferios. Este año será el próximo sábado 27.

El Instituto Nacional Contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) calificó al evento como un delito que utiliza Internet para su difusión y publicidad. "No es una fecha para celebrar. Tras ese mensaje de que son niños para amar, hay una forma de abuso sexual", señaló Adriana Domínguez, titular de la delegación cordobesa de dicha entidad.

Sara Torres, co-coordinadora de la Red No a la Trata y presidenta de la Coalición Internacional Contra la Trata de Personas (CATW) en Argentina, expresó que el evento organizado desde Internet es "un delito grave, una provocación de los pedófilos". "Se trata de una forma de naturalizar el abuso sexual infantil", puntualizó.

"Boylovers". Desde Internet, los organizadores del "día del orgullo pedófilo" piden recluirse en el hogar y homenajear a los "amables, cuidadosos y valientes hombres" que dedicaron sus vidas a "amar, cuidar y acompañar a los muchachos", como así también a los niños que desafían "las maliciosas y artificiales normas" que prohíben las relaciones con adultos.

Los "boylovers" o "amantes de chicos", tal como se definen, rechazan ser calificados como abusadores. Dicen que mantienen relaciones sexuales consentidas con menores, y que desde tiempos inmemoriales los niños se han "interesado" por los adultos.

La celebración pedófila salió a la luz el año pasado en España, cuando varias organizaciones marcharon para repudiar el evento y pidieron al gobierno que tomara medidas contra sitios de pornografía infantil que promueven el abuso sexual.

Tiempo después se supo que la convocatoria publicitada por los pederastas no era de 2008 sino de 2006. Sin embargo, la página del "Día Internacional del Amor por los Muchachos" nunca dejó de actualizarse ni de invitar a los pedófilos de todo el mundo a protestar contra quienes, según ellos, los califican como "monstruos". El sitio se jacta de haber recibido más de 200 mil visitas hasta el momento.

A diferencia de otras jornadas en las que la celebración incluía maratones de chat entre pedófilos de todo el mundo, esta vez, los "boylovers" piden celebrar en la tranquilidad del hogar, encendiendo una vela azul en la casa, o bien, en un lugar público.

Precauciones en la Web . El defensor de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, Héctor David, entiende que las celebraciones pedófilas son una "apología del delito" que deben alertar a los adultos de la importancia de cuidar a los niños cuando se conectan a Internet.

"Con el avance de la tecnología, aparecen nuevas formas de explotación sexual y violencia hacia los niños", señala David.

Según el defensor, aproximadamente uno de cada cinco chicos que navega por la Red es víctima de un ataque.

David asegura que no se trata de negar la tecnología sino de "alertar a los adultos" para que sepan guiar a sus hijos en la Web y los hagan partícipe del aprendizaje de medidas preventivas.

En Córdoba . El repudio de la Cadena Internacional de Oración por Niños y Adolescentes, será el miércoles 24, coincidiendo con la fecha que los pedófilos eligieron el año pasado para el evento mundial. La cita es a las 15.30 en la Plaza de la Intendencia.

En Internet. El pasado 14 de junio y ante la inminencia de una nueva celebración, la entrada sobre el "Internacional BoyLove Day" fue eliminada de la enciclopedia libre y gratuita Wikipedia.

lunes, 22 de junio de 2009

GROOMING


Grooming se denomina a la «estrategia» utilizada por abusadores sexuales para manipular a niños, niñas y adolescentes así como a los adultos de su entorno encargados de su cuidado, para poder tener el control total sobre la víctima en el momento de la situación de abuso.
Se trata de un proceso en el que el abusador vence la resistencia del niño, niña o adolescente mediante una secuencia de acciones de manipulación psicológica.
También se utiliza esta estrategia para silenciarlos una vez que el abuso ha tenido lugar”.
“La generalización de internet –agregó– ha llevado a la aparición de distintos fenómenos y conductas, como que pueden dañar a nuestros niños.
Entendemos que es importante que estén preparados para protegerse frente a estos posibles riesgos; que aprendan las formas en que sus derechos pueden ser vulnerados y que conozcan las pautas saludables para interactuar en línea, así como también a discriminar los contenidos convenientes de los que no lo son”,.

Todo esto conlleva dificultades para la intervención y sanción ante este tipo de delitos. “Ha pasado en los juzgados que algunos dicen que sin penetración, no hay abuso. ¿Qué nos espera cuando vayamos con un caso que sea vía Messenger?”, se interrogó.
El problema está ligado a la existencia de una situación encubierta, producto de un proceso de manipulación, por el cual el menor no se siente violentado.

Sin embargo, todo ello apunta al fin perseguido por el adulto. “La víctima puede ser expuesta a material sexual inadecuado, ilegal, ofensivo o traumático (a través de imágenes pornográficas, videos, dibujos y animaciones, mensajes de texto, correos electrónicos, relatos, sonidos y música). O puede darse una situación de cíber-abuso sexual unidireccional o bidireccional, por medio de texto o imágenes.

Algunas de las acciones que se realizan como parte del proceso de grooming son punibles de acuerdo a la ley penal vigente. Por ejemplo, el envío por internet de fotos y videos de carácter pornográfico a un menor con el que se entabló un contacto por ese medio, y con el propósito de corromperlo, resulta constitutivo del delito de promoción de la corrupción de menores de edad.

LA PEDOFILIA ES SIGNO DE DECADENCIA MORAL


El famoso escritor británico Arthur Clarke,autor de 2001 "Odisea del Espacio" había relatado y reinvindicado, en una entrevista periodística, su costumbre de tener relaciones sexuales con chicos.Y estas declaraciones las hizo en un momento delicado pues el principe Carlos lo investiría como caballero.

Arthur Clarke,vive desde 1956 en Sri Lanka.Tiene una casa junto al mar que es una especie de oasis tecnológico.allí,en la ciudad de Colombo,el autor de "El fin de la infancia" dijo crudamente: " En cuanto llegan a la edad de la pubertad.. OK, no hace daño.Creo que lo que más lastima a los chicos-dijo-es el llorisqueo histérico de sus padres después.Si los chicos no se molestán ,está bien".

Sri Lanka es uno de los "paraísos"mundiales de la pedofilía.Y el sexo de los chicos es un negocio que mueve plata grande.Como dice el refrán, "el que tiene plata hace lo que quiere" con lo cual el dicho popular brinda,a quien tiene fortuna económica la posibilidad de elegir entre el bien y el mal.Destinar parte del dinero a hacer obras de beneficencia, de caridad y solidaridad o usar el dinero para satisfacer bajos instintos producto de la debilidad sexual con lo cual se contribuye a aumentar la corrupción en las costumbres sociales.Entre los cuales figuran estas "vacas sagradas"de la literatura que no tienen ningún empacho de proclamar su debilidad moral.

A los que usan el dinero para estos menesteres los denunció oportunamente la UNICEF,el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia que reveló que turistas y hombres de negocios de países ricos son los principales clientes del millón de niños asiáticos que ejercen la prostitución.

El abuso sexual de niños por parte de turistas extranjeros ha sido denunciado también en varios países sudamericanos,africanos ,Indonesia,Kenia ,la India.

El informe de la UNICEF da cuenta que la prostitución infantil en Asia se conc
entra en prostíbulos o en los deniminados salones de masajes donde muchos niños viven como "virtuales esclavos".¡Que nos deparará el futuro a los habitantes de la ciudad de Buenos Aires!,donde la legislatura porteña se apresta a aprobar la ley sobre contravenciones donde han sido eliminadas la prostitución,la ebriedad y la vagancia.Es decir, que de ser aprobadas estas contravenciones las prostitución no tendrá penas y si será una pena ver como serán prostituidas las personas por los inescrupulosos de siempre.

El informe de la UNICEF explica que hay muchos factores que alientan la prostitución infantil,entre ellos las penurias económicas.Y en esta era del turismo barato son cada vez más los viajeros de las naciones industriales que recurren a la prostitución infantil.Muchos ricos viajan a Asia para satisfacer sus bajos instintos y evitar el riesgo de ser descubiertos y encarcelados en sus países de origen o por creer que las relaciones con niños aleja el peligro del SIDA.

El informe de la UNICEF está basado en un estudio de la organización Pongámos Fin a la Prostitución Infantil en el Turísmo Asiático,dado a conocer en Tailandia.Esta entidad, que también debería crearse en la Argentina,dice que la prostitución infantil se desglosa en 300.000 niños en India; 100.000 en Tailandia; 100.000 en Taiwan; 100.000 en Filipinas; 40.OOO en Vietnam; 30.000 en Sri Lanka y miles en China.

Se estima que 150.000 niñas nepalesas de menos de 16 años,trabajan en prostíbulos y hasta 40.000 niños bengalíes son obligados a ejercer la prostitución en Paquistán.
Aun no se ha dado a conocer el trabajo encomendado por la UNICEF, a una universidad de Yakarta, para que determine cuántos niños de Indonesia se encuentran en "ciercunstancias difíciles", lo que comprende todos los aspectos del abuso sexual.Una vez completado el estudio tendremos un cuadro más preciso sobre cómo se obliga a trabajar a muchos niños,especialmente en este perverso oficio de la prostitución.

Por todo ello hacemos un llamado a la comunidad internacional para que se ponga fin a la violencia en la que viven los niños del mundo.Y pedimos un minuto de silencio por los niños que sufren y para aquellos que mueren o están a punto de morir en el mundo por la irracionalidad de los adultos.

ABUSO SEXUAL INFANTIL EN AMERICA LATINA



El abuso sexual infantil es una amenaza para niñas, niños y adolescentes en todo el mundo. En la mayoría de países de América Latina la violencia contra los niños se incrementa, mientras que el accionar de los gobiernos para prevenir, atender a las víctimas y sancionar a los agresores es insuficiente.

En este sentido, exhortamos a los administradores de justicia de América Latina y el mundo a anteponer el principio del interés superior del niño para asegurar la sanción a los responsables de los abusos sexuales. Asimismo, a la ciudadanía a mantenerse vigilante en la protección y promoción de lo más valioso que tenemos: nuestros niños, niñas y adolescentes.

Solamente en Nicaragua, la Policía Nacional, a través de la Comisaría de la Mujer, atendió el año pasado (2008) 3,797 denuncias de delitos sexuales; el 80% corresponde a los delitos de violación, estupro y abuso sexual infantil.

Sin embargo, esto pasa a formar parte de las estadísticas internacionales que indican que 150 millones de niñas y 73 millones de niños menores de 18 años tuvieron relaciones sexuales forzosas o sufrieron otras formas de violencia sexual con contacto físico (OMS).

Que cada hora 228 niños/as padecen de explotación sexual en América Latina y el Caribe. Dos terceras partes de las víctimas de abuso sexual son de sexo femenino. En la mitad de los casos los atacantes viven con las víctimas y son familiares directos. (Nils Kastberg, Director Regional de Unicef para América Latina y el Caribe)
Es alarmante el incremento progresivo de los casos de agresiones sexuales a niños y adolescentes. Un panorama incierto puesto que las estadísticas son aún subregistros que sólo dan una pincelada a la gravedad del problema.

Si tenemos en cuenta que la mayoría de casos no son denunciados, si incluimos las repercusiones del abuso sexual en las familias, nos damos cuenta que la tarea ciudadana es exigir que las autoridades en cada uno de los países busquen una respuesta inmediata que sancione a los responsables, atienda a las víctimas y establezca acciones preventivas permanentes.

En Nicaragua, las víctimas claman justicia, la ciudadanía sensibilizada y consciente del problema está indignada por la falta de respuestas y políticas que ataquen de raíz ésta pandemia por el contrario estamos siendo testigos de la invisibilización de este problema, que ubica en ventaja a los violadores sexuales de niños, niñas y adolescentes y en desventaja a las víctimas.

Víctimas y familiares que denuncian estos abusos ante las autoridades competentes, que a veces pasan más de ocho meses yendo y viniendo de la policía, los juzgados, la fiscalía y que aún esperan una sanción basada en las leyes.

Muchas de estas víctimas, han tenido que soportar contar una y otra vez cómo le sucedió el abuso, han sufrido humillaciones, reprogramaciones de sus casos, cansancio, hambre y a pesar de todo el dolor, también se enfrentan a la insensibilidad y complicidad de algunos administradores del sistema de justicia cuando emiten sus sentencias.

La mayoría de los ciudadanos desconocemos que nuestra legislación actual, contempla sanciones severas contra los abusadores sexuales, las penas privativas de libertad van desde los 12 hasta los 30 años de prisión. Es importante decir que este nuevo Código aprobado en 2008, incorpora nuevos delitos que sancionan otras formas de violencia sexual, como los delitos relacionados a la explotación sexual comercial.

Sin embargo, el problema no es la falta de leyes, sino, su aplicabilidad en los procesos judiciales, que faciliten a la víctimas restituir su derecho y acceder a la justicia, ya que muchos procesos judiciales terminan en una situación de impunidad. Dentro de este contexto radica la responsabilidad directa de los administradores de justicia, es decir, la Policía Nacional de Nicaragua, Ministerio Público y el Poder Judicial.

Invitamos a los administradores de justicia a ser más vigilantes, honestos y sensibles ante la problemática del abuso sexual, a evitar la revictimización en el sistema de justicia, a ser más capaces en cuanto a sus conocimientos en la aplicación de leyes desde un enfoque humano y con sensibilidad social que no permita la constante reprogramación de los juicios, el cansancio de la familia ante la necesidad de hacer prevalecer la justicia.

La verdad es que todos y todas debemos contribuir a la lucha contra el abuso sexual y está en las autoridades la responsabilidad de difundir estas leyes, no sólo a los adultos, sino también a niñas, niños y adolescentes a quienes es necesario informar sobre las sanciones para quienes atentan contra ellos y ellas y los factores de riesgo implicados tales como maltrato, abandono físico, material y afectivo, hacinamiento, bajo nivel educativo, relaciones de poder (adulto-niño / hombre-mujer) entre otros. Por tanto, es urgente aplicar programas de prevención desde el Estado y el cuidado en las familias que se enfrenta el abuso sexual infantil.


hablemosde.abusosexual@gmail.com
Movimiento contra el abuso sexual – Nicaragua